sábado, 28 de julio de 2012


DOMINGO XVII – B (Día 29/07/2012)
               San Juan 6, 1-15
En aquel tiempo, se fue Jesús a la otra ribera del mar de Galilea, el de Tiberíades, y mucha gente le seguía porque veían las señales que realizaba con los enfermos.
Subió Jesús al monte y se sentó allí en compañía de sus discípulos. Estaba próxima la Pascua, la fiesta de los judíos.
Al levantar Jesús los ojos y ver que acudía a Él mucha gente, dice a Felipe: "¿Dónde vamos a comprar panes para que coman éstos?" Se lo decía para probarle, porque él sabía lo que iba a hacer. Felipe le contestó: "Doscientos denarios de pan no bastan para que cada uno tome un poco."
Le dice uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro: "Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero ¿qué es eso para tantos?"
Dijo Jesús: "Hagan que se sienten la gente." Había en el lugar mucha hierba. Se sentaron, pues, los hombres eran unos cinco mil.
Tomó entonces Jesús los panes y, después de dar gracias, los repartió entre los que estaban sentados y lo mismo los peces, todo lo que quisieron.
Cuando se saciaron, dice a sus discípulos: "Recojan los trozos sobrantes para que nada se pierda."
Los recogieron, pues, y llenaron doce canastos con los trozos de los cinco panes de cebada que sobraron. Al ver la gente la señal que había realizado, decía: "Este es verdaderamente el profeta que iba a venir al mundo."
Dándose cuenta Jesús de que intentaban venir a tomarle por la fuerza para hacerle rey, huyó de nuevo al monte Él solo.


PALABRA DEL SEÑOR.
          REFLEXIÒN
            Estimados amigos y hermanos en el Señor, Paz y Bien.
El domingo pasado hablábamos de la necesidad del descanso, un descanso en el señor, un valor espiritual. Hoy Jesús va un poco más y nos invita a ser sensibles con las necesidades de los demás.  Es bueno interesarnos de la vida espiritual de los demás, que vivan como Dios quiere que vivamos, pero también es importante interesarnos de sus necesidades como su alimentación. Siempre pedimos a Dios que haga milagros y nos olvidamos nosotros de hacerlos porque... ¿no crees que también puedas hacer milagros? Claro que si podemos hacer un milagro.
            Por ejemplo, puedes hacer el milagro de que alguien como un hambriento pueda comer un pan. Que alguien hoy pueda ser más feliz con tu sonrisa. Que alguien hoy se sienta mejor a tu lado. Que hoy un niño sonría porque le ofreces un poco de ternura y amor. Que hoy un enfermo se sienta valorado porque lo visitaste quizá llevando un pequeñito mensaje del evangelio. O quizá, hoy un anciano no se sienta solo porque le ofreces un momento de tu tiempo. Y por qué no hacer que tu esposa misma o tu mismo esposo hoy se sienta feliz porque le ofreces un consuelo del perdón que tanto tiempo esperaba de ti. O simplemente que, hoy alguien recupere la esperanza y ganas de seguir viviendo.
            Los milagros no tienen por qué ser siempre cosas extraordinarias.
A Dios le gustas esos milagros pequeños, ya que no podemos hacer los grandes. Por ejemplo, yo no podré resucitar a un muerto, pero puedo resucitar el corazón del que está triste, que también ese es de los milagros que a Dios le encantan.  A Dios le gustan los milagros pequeños, como ese milagro del jardín donde hoy ha abierto su capullo una rosa. ¿No crees que también ese sea un milagro de la naturaleza?

            Queridos hermanos, el evangelio de hoy resalta estos dos puntos importantes, primero lo que ya dijimos fijarnos en la necesidad de los demás; segundo el símbolo supremo de la santa eucaristía, como es la multiplicación de los panes.
Nosotros hemos valorado mucho la Misa como un acto litúrgico de culto, y lo es, pero nos hemos olvidado de que también es el momento de entrar en contacto con las necesidades de los hermanos y de hacernos solidarios con ellos aportando lo que tenemos.
             Tendríamos que preguntarnos cada vez que nos reunimos para celebrar la Eucaristía si sabemos cuántos huérfanos, cuantas viudas, cuántos enfermos o cuantos ancianos necesitados hay en la comunidad. Además, si sabemos cuántos forasteros están de paso en la comunidad.
             No creo hayamos dado suficiente importancia al momento de la colecta. De ordinario, la mayoría de las veces, en vez de sentarnos y esperar, la hacemos mientras el sacerdote prepara las ofrendas del altar. Como quien dice, para no perder tiempo y no alargar la Misa. Sin embargo, debiera ser el momento de la comunión con los hermanos necesitados de nuestra comunidad. Hasta me parecería bien que antes de la Colecta se hiciese mención a determinadas necesidades más urgentes.
            No basta recordar a los necesitados del hermano de África que vive una cruda miseria hay que recordar también los necesitados que tenemos a nuestro lado, metiendo la mano a nuestro bolsillo. Así entenderíamos mejor luego la Comunión Eucarística al recibir el "cuerpo entregado" y la "sangre derramada por todos nosotros". Porque la ofrenda de los cinco panes y dos peces representa precisamente eso, el desprendimiento para compartir con los que no tienen nada. Y el sostenimiento de la Iglesia.
             A menudo creemos que quienes trabajamos en la grey del señor como consagrados tenemos lo suficiente, cuando no es cierto. Nosotros también tenemos carencias, porque sabemos también vestirnos y comer y llevar el cuidado del convento o parroquia asumiendo el gasto que significa. Y todo lo hacemos con tu aporte de la limosna. A ello es como se hace referencia en dar los cinco panes de ofrenda y dos peces y sobre ella Dios hace el milagro de la multiplicación de los panes. Dios siempre es mas generoso con nosotros, ya nos dijo “se os dará el ciento por uno”. Que dios nos bendiga con el trabajo de cada día pero también nos un corazón caritativo y sensible con las necesidades de los demás.
        
UN SALUDO FRANCISCANO DE PAZ Y BIEN A TODOS MIS HERMANOS PERUANOS POR NUESTRO ANIVERSARIO PATRIO. QUE DIOS NOS SIGA BENDICIENDO Y GUIANDO POR EL BUEN CAMINO.

sábado, 21 de julio de 2012

XVI DOMINGO - B

DOMINGO XVI DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO B (22 DE JULIO DEL 2012)

San Marcos: 6, 30 - 34:

En aquel tiempo, los apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y lo que habían enseñado. Él, entonces, les dice: "Vengan también Uds. aparte, a un lugar solitario, para descansar un poco." Pues los que iban y venían eran muchos, y no les quedaba tiempo ni para comer. Y se fueron en la barca, aparte, a un lugar solitario.  Pero les vieron marcharse y muchos cayeron en cuenta; y fueron allá corriendo, a pie, de todas las ciudades y llegaron antes que ellos. Y al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas que no tienen pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas con calma. PALABRA DEL SEÑOR.

REFLEXION:

Muy estimados amigos y amigas,  Paz y Bien
Es muy cierto que, necesitamos tiempo para los demás. Necesitamos tiempo para Dios. También necesitamos tiempo "para nosotros mismos" porque también nosotros somos personas. Y somos importantes. Y llevamos nuestro mundo interior, ese mundo que somos cada uno. Conocemos a los demás, pero nos conocemos a nosotros mismos. Por eso el ser creyente es una responsabilidad y en disciplina, ello implicara planificar el tiempo. Pues, de ese asunto trata el tema de hoy.

Dice el evangelio: "Vengan también Uds. aparte, a un lugar solitario, para descansar un poco." Pues los que iban y venían eran muchos, y no les quedaba tiempo ni para comer. En efecto, tal pareciera que nos pasa lo mismo cada uno, porque que no tenemos tiempo para nada. No tenemos tiempo para descansar.

Pero, tampoco tenemos tiempo para encontrarnos con nosotros mismos. No tenemos tiempo para encontrarnos con Dios. Es frecuente escuchar: "Padre, he faltado a Misa tantos Domingos, pero no porque quisiera, sino porque no he tenido tiempo." ¡Y pensar que Dios, entre otras cosas, también nos mandó descansar! Desde niños, en el Catecismo hemos aprendido que los Domingos y Fiestas son para descansar y poder cumplir con nuestros deberes religiosos para con Dios como es la Misa. No es que faltemos solo por no ir a Misa. Faltamos también por no descansar. El descanso es como una especie de culto a Dios como lo son los deberes religiosos; sin embargo, nos acusamos de "no escuchar la Misa", pero quién se acusa de no descansar.
Cuidado, nunca digamos no fui a misa porque no tuve tiempo. Porque eso suena blasfemia y saben por qué, porque entonces estas diciendo que las cosas de Dios son para gente que nada tienen que hacer o incluso que Dios es para unos “vagos” (disculpen el término vulgar). No es así, Dios no es para los que nada tienen que hacer, sino al contrario; Dios es para gente responsable, gente disciplinada y ordenada. Por tanto no se diga que, no fui a Misa porque no tuve tiempo, sino; no fui a Misa porque soy desordenado e indisciplinado.

Mis hermanos, lo cierto es que no hemos aprendido a usar bien nuestro tiempo. Por eso caminamos como dice el evangelio como ovejas sin pastor o como ovejas descarriadas, porque no sabemos a dónde vamos, correremos y no sabemos a dónde corremos; el domingo seguimos corriendo, el lunes seguimos corriendo y se nos fue tan pronto la vida porque una vida en hipertensión nos vuelve locos y nos acorta la vida.

La desgracia de los seres humanos procede de una sola cosa que es no saber permanecer en paz dentro de una habitación. Por no saber estar en paz consigo mismo y eso tiene su precio, es en base al esfuerzo y sacrificio, pero eso se consigue siendo ordenados y disciplinados como buenos hijos de Dios. Es esta la estrategia y el camino para llegar al cielo.

Hemos aprendido a trabajar, no hemos aprendido a descansar. Por eso, el descanso termina por ser no un espacio lleno, sino un vacío que no aguantamos. Necesitamos estar "ocupados". Nos quejamos de que no tenemos tiempo, pero cuando lo tenemos no sabemos qué hacer con ese tiempo y lo invertimos en cualquier cosa que nos distraiga. El silencio nos resulta nos resulta pesado, inaguantable, necesitamos de algo que nos distraiga, que nos saque de nosotros mismos, que no nos enfrente con ni con la realidad ni con Dios. Por eso no disponemos de tiempo, no solo para comer sino para dedicarnos a nosotros mismos y a Dios. Lo cual, como es lógico, nos lleva a todos a una despersonalización porque solo somos en la medida en que vivimos con nosotros mismos. Además, sólo podemos hacer experiencia de Dios en la medida en que disponemos de ese silencio para escucharle y hablarle.

Que tenemos que trabajar nadie lo duda. Que tenemos que distraernos tampoco. Pero que necesitamos tiempo para respirar, tiempo para descansar, tiempo para escuchar y escucharnos y escucharle a Él, de eso ya no estamos tan convencidos. Por eso, amigos, no solo faltamos cuando no tenemos tiempo para "ir a Misa" o "para rezar, que es hablar con Dios". También faltamos cuando no podemos "descansar" y relajarnos para no vivir siempre estresados y malhumorados.

Hay gente que dice: “estoy con pastillas porque consume pastillas relajantes contra el estrés”. Yo digo esas pastillas serán mágicas? Y Como es que les quita el estrés? Pues esas pastillas no quitan el mal sino enferman más. Lo que necesitamos es acudir a las pastillas del don espiritual como la Oración y la oración de oración es la santa Misa, un retiro espiritual, un día de reflexión, etc. 

Conocemos a los demás, pero nos conocemos a nosotros mismos. Está bien que podamos conocer a los demás, pero es mucho más importante conocerse uno a sí mismo, ver su verdad para que no vivamos engañándonos. No hay peor mentira, que mentirnos a nosotros mismos. No hay peor engaño, que engañarnos a nosotros mismos. Sería una pena que el último país en visitar, fuésemos nosotros mismos. Por eso es importante descansar pero en el Señor, descansar pero en la oración. Porque permite entrar en sintonía entre nuestro mundo interior y el mundo exterior. Y eso es posible solo con una vida espiritual bien llevada y planificada, donde cada cosa tiene su lugar y espacio. El esposo tiene su lugar y tiempo como la esposa y los hijos. Pero también el trabajo y Dios. Paz y Bien.


MUSICA FRANCISCANA
SITIO VOCACIONAL FRANCISCANO

sábado, 14 de julio de 2012

XV DOMINGO - CICLO B

DOMINGO XV – B (15 de julio del 2012)
San Marcos 6,7-13:
En aquel tiempo Jesús  llamó a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos. Les ordenó que nada tomasen para el camino, fuera de un bastón: ni pan, ni alforja, ni calderilla en la faja; sino: "Calzados con sandalias y no lleven dos túnicas."  Y les dijo: "Cuando entren en una casa, quédense en ella hasta marchar de allí. Si algún lugar no les recibe y no les escuchan, márchense de allí sacudiendo el polvo de la planta de sus pies, en testimonio contra ellos." Y, yéndose de allí, predicaron que se convirtieran; expulsaban a muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban. PALABRA DEL SEÑOR.

REFLEXIÒN:

Muy estimados  hermanos y hermanas, Paz y Bien. En este domingo XV del tiempo ordinario Jesús nos hace referencia a la misión que cada bautizado y toda la iglesia tiene que cumplir si o si, ya que para eso fuimos llamados y convocados y depende de este trabajito nuestra salvación. Hoy Jesús nos da unas pautas de cómo hacer o cumplir esta misión. Pues veamos los detalles:

Dice: Jesús los llamó y los envió a sus discípulos de dos en dos y provistos únicamente por el valor del evangelio, y así es como el buen misionero tiene que marchar a la misión, sin llevar tánica ni sandalias de repuesto. Al respecto muchos santos como el pobrecillo de Asís, se tomó muy a serio este consejo evangélico cuando delante de su padre y de las autoridades de Asís, se desnudó completamente y emprendió el camino la misión aclamando: “esto es lo que quiero y deseo, vivir el santo evangelio de nuestro Señor, sin nada propio, en obediencia y castidad”.

Y es que, la Iglesia no es fuerte por disponer de unas estructuras fuertes, sino por abrirse y dejarse cuestionar por el Evangelio. No tenemos por qué demostrar que somos una institución fuerte, sino más bien, que somos una experiencia de vida evangélica, coherente con el Evangelio, fuerte. Yo prefiero como buen franciscano, aquella Iglesia naciente, llena de testigos de la fe, que llamamos "mártires", pero carente prácticamente de estructuras porque la vida era suficiente para mantenerla viva.

Jesús no quiere seguidores con demasiados apoyos y seguridades sociales, tampoco quiere una Iglesia con todos esos apoyos que, en algún tiempo tuvo, por parte de los políticos. Quiere un seguidor cuya seguridad es el Evangelio en el que cree y una Iglesia sin más seguridades que su fe en lo que representa y anuncia: Jesús y su Evangelio.

Los grandes momentos de la vida solo se pueden vivir desnudos de toda seguridad como lo hizo San Francisco de asís o, mejor dicho, con la única seguridad de la confianza en aquello que se cree y por el que se lucha. De hecho Jesús mismo sube a la cruz despojado de sus atuendos. A la Cruz sólo se puede subir desnudo. A la muerte sólo se le puede enfrentar desnudo. Solo se puede resucitar desnudo incluso del cuerpo físico.

Es posible que nos sintamos un tanto desconcertados pues nosotros nos hemos ilustrado según la historia de la Iglesia que hemos vivido como tal de aquellos tiempos en los que la Iglesia contaba con la protección del Estado y la sociedad (Iglesia del medio evo). En cambio hoy, somos testigos de una Iglesia "sin pan, ni alforja, ni dinero para el camino". Una Iglesia atacada, minada por todas partes. Una Iglesia que tiene que bastarse a sí misma, pues ha perdido las seguridades de aún hace pocos años. Eso nos indica que la Iglesia está volviendo a sus raíces. Así comenzó, sin más apoyo y seguridad que la que le daba el saber que Jesús estaba en ella, mientras tanto era perseguida por todas partes.

Era una Iglesia libre. Pobre pero libre. No dependía de nadie más que de su propia vitalidad y de su propia confianza en Jesús. Hay momentos en los que los fulgores externos no pasan de ser unas grandes dependencias porque el apoyo de los Estados no era gratuito, se pagaba con muchas infidelidades al Evangelio. En cambio, prefiero una Iglesia que brille menos, pero que tenga luz propia. Una Iglesia sin apoyo alguno, pero segura de que el Espíritu que la anima la hace fuerte.

Jesús envía a los suyos no armados de seguridades humanas, sino desnudos de toda seguridad, confiados únicamente en la misión que se les encomiendo. No me preocupan los desamparos que el cristiano sufre de la sociedad. Lo que sí me preocupa es que nosotros mismos seamos fieles al mandato del Señor y fieles a las exigencias del Evangelio. Pero me fortalece mucho el cumulo de riqueza espiritual de nuestro gran santo San Francisco de asís con su modo de dar al respecto una respuesta drástica: vivir el Evangelio sin nada propio y esto es lo que el franciscano trata de hacer en la misión. Digo trata porque por momentos los bienes materiales es una gran tentación, pero reitero el ejemplo de San Francisco nos fortalece para esta forma de misión. Paz y bien.

sábado, 30 de junio de 2012

XIII DOMINGO CICLO - B


DOMINGO XIII DEL TIEMPO ORDINARIO
Lectura del santo Evangelio según San Marcos 5, 21-43

En aquel tiempo Jesús atravesó de nuevo a la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor, y se quedó junto al lago. Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y al verlo se echó a sus pies, rogándole con insistencia:
–Mi niña está en las últimas; ven, pon las manos sobre ella, para que se cure y viva.
Jesús se fue con él, acompañado de mucha gente que lo apretujaba.
[Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años. Muchos médicos la habían sometido a toda clase de tratamientos y se había gastado en eso toda su fortuna; pero en vez de mejorar, se había puesto peor. Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, pensando que con solo tocarle el vestido, curaría.
Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias y notó que su cuerpo estaba curado. Jesús, notando que había salido fuerza de él, se volvió en seguida, en medio de la gente, preguntando:
–¿Quién me ha tocado el manto?
Los discípulos le contestaron:
–Ves cómo te apretuja la gente y preguntas: «¿quién me ha tocado ?»
El seguía mirando alrededor, para ver quién había sido. La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado, se le echó a los pies y le confesó todo. El le dijo:
–Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y con salud.
Todavía estaba hablando, cuando] llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle:
–Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?
Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga:
–No temas; basta que tengas fe.
No permitió que lo acompañara nadie más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegaron a casa del jefe de la sinagoga y encontró el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos. Entro y les dijo:
–¿Qué estrépito y qué lloros son estos ? La niña no está muerta, está dormida.
Se reían de él. Pero él los echó fuera a todos, y con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes entró donde estaba la niña, la cogió de la mano y le dijo:
–Talitha qumi (que significa: contigo hablo, niña, levántate).
La niña se puso en pie inmediatamente y echó a andar –tenía doce años–.Y se quedaron viendo visiones.
Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña.

 PALABRA DEL SEÑOR

Estimados hermanos y hermanas en el Señor, Paz y Bien.

El domingo pasado el evangelio nos hacía referencia al nacimiento de San Juan Bautista, hoy nos habla sobre la importancia de la fe: Un relato con enorme trasfondo y valor de orden espiritual. Un hombre y una mujer. Un hombre cuya hija se está muriendo, una mujer que padece una enfermedad que en la cultura judía la hacía impura y la margina de la sociedad.

Jairo, el jefe de la sinagoga, se acerca a Jesús y le habla y la ruega por su hija. Una mujer que no se atreve a hablarle precisamente por su complejo de mujer impura.

Jairo que sigue teniendo fe en Jesús, incluso luego que le anuncian la muerte de su hija. Una mujer que tiene fe en que con solo tocarle el vestido o el flejo del manto de Jesús quedará curada, es consciente que Jesús no la rechazará como los demás hombres de la Ley; pero demuestra, por una parte, su complejo femenino y de impureza y, por otra, demuestra que en Jesús hay algo diferente y que lo que no pudieron hacer los hombres de la ley, sí lo puede hacer Jesús, el hombre de la religión del amor.

Para Jesús todos somos iguales ante Dios, no hay judíos y no judíos. Jesús no es ningún feminista, para Él no existe ni el machismo ni el feminismo que trata de devolverle a la mujer su propio sitio. Jesús no vivió esas que llamamos hoy "luchas de género". Para Él hombre y mujer son iguales, tienen la misma dignidad.

Aunque me temo que esa lección todavía no la hemos aprendido ni siquiera en la Iglesia porque, por mucho que digamos, la mujer, no es que sea impura, pero aún no le hemos reconocido su igualdad y dignidad.
 
Jesús sana a la niña y le devuelve a la vida. Jesús sana a la mujer y la reintegra a la sociedad y le devuelve su pureza y su dignidad. Nosotros tendremos que seguir pidiéndole a Dios este sentimiento de humildad para entender que el varón es parte de la mujer y la mujer parte del varón. La mujer no reclama privilegios, solo pide lo que es suyo y le corresponde según los planes de Dios.

jueves, 28 de junio de 2012

SAN FRANCISCO DE ASIS Y LA EUCARISTIA

CORPUS CHRISTI



SAN FRANCISCO DE ASÍS SOBRE LA EUCARISTÍA

«Así, pues, besándoos los pies y con la caridad que puedo, os suplico a todos vosotros, hermanos, que tributéis toda reverencia y todo el honor, en fin, cuanto os sea posible, al santísimo cuerpo y sangre de nuestro Señor Jesucristo, en quien todas las cosas que hay en cielos y tierra han sido pacificadas y reconciliadas con el Dios omnipotente [+Col 1,20]» (12-13). Él, personalmente, «ardía de amor en sus entrañas hacia el sacramento del cuerpo del Señor, sintiéndose oprimido y anonadado por el estupor al considerar tan estimable dignación y tan ardentísima caridad. Reputaba un grave desprecio no oír, por lo menos cada día, a ser posible, una misa. Comulgaba muchísimas veces, y con tanta devoción, que infundía fervor a los presentes. Sintiendo especial reverencia por el Sacramento, digno de todo respeto, ofrecía el sacrificio de todos sus miembros, y al recibir al Cordero sin mancha, inmolaba el espíritu con aquel sagrado fuego que ardía siempre en el altar de su corazón» (II Celano 201).

JESUS EUCARISTIA

Jesús antes de su flagelación en el jueves santo, celebro la ultima cena con sus discípulos en el que bendijo el pan diciendo: “Tomad y comed que esto es mi cuerpo… Tomad y bebed que este es el cáliz de mi sangre, sangre de la nueva alianza y eterna que será entregado por vosotros para el perdón de los pecados y haced esto en conmemoración mía” (Lc 22,19). Esta claro que Jesús instituyó la santa Eucaristía y el sacerdocio como sacramento de salvación.
Son varios los caminos por los que podemos acercarnos al Señor Jesús y así vivir una existencia realmente cristiana, es decir, según la medida de Cristo mismo, de tal manera que sea Él mismo quien viva en nosotros (ver Gál 2,20). Una vez ascendido a los cielos el Señor nos dejó su Espíritu. Por su promesa es segura su presencia hasta el fin del mundo (ver Mt 28, 20). Jesucristo se hace realmente presente en su Iglesia no sólo a través de la Sagrada Escritura, sino también, y de manera más excelsa, en la Eucaristía.

¿Qué quiere decir Jesús con "venid a mí"? Él mismo nos revela el misterio más adelante: "Yo soy el pan de vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, el que crea en mí no tendrá nunca sed." (Jn 6, 35). Jesús nos invita a alimentarnos de Él. Es en la Eucaristía donde nos alimentamos del Pan de Vida que es el Señor Jesús mismo.

¿No está Cristo hablando de forma simbólica?

Cristo, se arguye, podría estar hablando simbólicamente. Él dijo: "Yo soy la vid" y Él no es una vid; "Yo soy la puerta" y Cristo no es una puerta.

Pero el contexto en el que el Señor Jesús afirma que Él es el pan de vida no es simbólico o alegórico, sino doctrinal. Es un diálogo con preguntas y respuestas como Jesús suele hacer al exponer una doctrina.

A las preguntas y objeciones que le hacen los judíos en el Capítulo 6 de San Juan, Jesucristo responde reafirmando el sentido inmediato de sus palabras. Entre más rechazo y oposición encuentra, más insiste Cristo en el sentido único de sus palabras: "Mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida" (v.55).

Esto hace que los discípulos le abandonen (v. 66). Y Jesucristo no intenta retenerlos tratando de explicarles que lo que acaba de decirles es tan solo una parábola. Por el contrario, interroga a sus mismos apóstoles: "¿También vosotros queréis iros?". Y Pedro responde: "Pero Señor... ¿con quién nos vamos si sólo tú tienes palabras de vida eterna?" (v. 67-68).

Los Apóstoles entendieron en sentido inmediato las palabras de Jesús en la última cena. "Tomó pan... y dijo: "Tomad y comed, esto es mi cuerpo." (Lc 22,19). Y ellos en vez de decirle: "explícanos esta parábola," tomaron y comieron, es decir, aceptaron el sentido inmediato de las palabras. Jesús no dijo "Tomad y comed, esto es como si fuera mi cuerpo.es un símbolo de mi sangre".

Alguno podría objetar que las palabras de Jesús "haced esto en memoria mía" no indican sino que ese gesto debía ser hecho en el futuro como un simple recordatorio, un hacer memoria como cualquiera de nosotros puede recordar algún hecho de su pasado y, de este modo, "traerlo al presente" . Sin embargo esto no es así, porque memoria, anamnesis o memorial, en el sentido empleado en la Sagrada Escritura, no es solamente el recuerdo de los acontecimientos del pasado, sino la proclamación de las maravillas que Dios ha realizado en favor de los hombres. En la celebración litúrgica, estos acontecimientos se hacen, en cierta forma, presentes y actuales. Así, pues, cuando la Iglesia celebra la Eucaristía, hace memoria de la Pascua de Cristo y ésta se hace presente: el sacrificio que Cristo ofreció de una vez para siempre en la cruz permanece siempre actual (ver Hb 7, 25-27). Por ello la Eucaristía es un sacrificio (ver Catecismo de la Iglesia Católica nn. 1363-1365).

San Pablo expone la fe de la Iglesia en el mismo sentido: "La copa de bendición que bendecimos, ¿no es acaso comunión con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo?". (1Cor 10,16). La comunidad cristiana primitiva, los mismos testigos de la última cena, es decir, los Apóstoles, no habrían permitido que Pablo transmitiera una interpretación falsa de este acontecimiento.

Los primeros cristianos acusan a los docetas (aquellos que afirmaban que el cuerpo de Cristo no era sino una mera apariencia) de no creer en la presencia de Cristo en la Eucaristía: "Se abstienen de la Eucaristía, porque no confiesan que es la carne de nuestro Salvador." San Ignacio de Antioquía (Esmir. VII).

Finalmente, si fuera simbólico cuando Jesús afirma: "El que come mi carne y bebe mi sangre...", entonces también sería simbólico cuando añade: "...tiene vida eterna y yo le resucitaré en el último día" (Jn 6,54). ¿Acaso la resurrección es simbólica? ¿Acaso la vida eterna es simbólica?

Todo, por lo tanto, favorece la interpretación literal o inmediata y no simbólica del discurso. No es correcto, pues, afirmar que la Escritura se debe interpretar literalmente y, a la vez, hacer una arbitraria y brusca excepción en este pasaje.

Si la misa rememora el sacrificio de Jesús, ¿Cristo vuelve a padecer el Calvario en cada Misa?

La carta a los Hebreos dice: "Pero Él posee un sacerdocio perpetuo, porque permanece para siempre... Así es el sacerdote que nos convenía: santo inocente...que no tiene necesidad de ofrecer sacrificios cada día... Nosotros somos santificados, mediante una sola oblación ... y con la remisión de los pecados ya no hay más oblación por los pecados." (Hb 7, 26-28 y 10, 14-18).

La Iglesia enseña que la Misa es un sacrificio, pero no como acontecimiento histórico y visible, sino como sacramento y, por lo tanto, es incruento, es decir, sin dolor ni derramamiento de sangre (ver Catecismo de la Iglesia Católica n. 1367).

Por lo tanto, en la Misa Jesucristo no sufre una "nueva agonía", sino que es la oblación amorosa del Hijo al Padre, "por la cual Dios es perfectamente glorificado y los hombres son santificados" (Concilio Vaticano II. Sacrosanctum Concilium n. 7).

El sacrificio de la Misa no añade nada al Sacrificio de la Cruz ni lo repite, sino que "representa," en el sentido de que "hace presente" sacramentalmente en nuestros altares, el mismo y único sacrificio del Calvario (ver Catecismo de la Iglesia Católica n. 1366; Pablo VI, Credo del Pueblo de Dios n. 24).

El texto de Hebreos 7, 27 no dice que el sacrificio de Cristo lo realizó "de una vez y ya se acabó", sino "de una vez para siempre". Esto quiere decir que el único sacrificio de Cristo permanece para siempre (ver Catecismo de la Iglesia Católica n. 1364). Por eso dice el Concilio: "Nuestro Salvador, en la última cena, ... instituyó el sacrificio eucarístico de su cuerpo y sangre, con el cual iba a perpetuar por los siglos, hasta su vuelta, el sacrificio de la cruz." (ver Concilio Vaticano II, Sacrosanctum Concilium n. 47). Por lo tanto, el sacrificio de la Misa no es una repetición sino re-presentación y renovación del único y perfecto sacrificio de la cruz por el que hemos sido reconciliados.