domingo, 5 de abril de 2026

SEGUNDO DOMINGO DE PASCUA – A (12 de Abril del 2026)

 SEGUNDO DOMINGO DE PASCUA – A (12 de Abril del 2026)

Proclamación del santo Evangelio según San Juan 20, 19 – 31:

20,19 Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: "¡La paz esté con ustedes!"

20,20 Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor.

20,21 Jesús les dijo de nuevo: "¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes".

20,22 Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: "Reciban el Espíritu Santo.

20,23 Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan".

20,24 Tomás, uno de los Doce, de sobrenombre el Mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús.

20,25 Los otros discípulos le dijeron: "¡Hemos visto al Señor!" Él les respondió: "Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré".

20,26 Ocho días más tarde, estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa, y estaba con ellos Tomás. Entonces apareció Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio de ellos y les dijo: "¡La paz esté con ustedes!"

20,27 Luego dijo a Tomás: "Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe".

20,28 Tomás respondió: "¡Señor mío y Dios mío!"

20,29 Jesús le dijo: "Ahora crees, porque me has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!".

20,30 Jesús realizó además muchos otros signos en presencia de sus discípulos, que no se encuentran relatados en este Libro.

20,31 Estos han sido escritos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y creyendo, tengan Vida en su Nombre. PALABRA DEL SEÑOR.

 REFLEXIÓN:

Estimados hermanos(as) en el Señor Glorificado y Resucitado Paz y Bien.
"Sean misericordiosos como vuestro padre celestial es misericordioso" (Lc 6,36). hoy celebramos el domingo de la misericordia, porque el Señor resucitado es misericordioso con su discípulos y es más; ya había dicho: “No los dejaré huérfanos, volveré a ustedes. Dentro de poco el mundo ya no me verá, pero ustedes sí me verán, porque yo vivo y también ustedes vivirán (Jn 14,18-19). “Me han oído decir: Me voy y volveré a ustedes. Si me amaran, se alegrarían de que vuelva junto al Padre, porque el Padre es más grande que yo. Les he dicho esto antes que suceda, para que cuando se cumpla, ustedes crean” (Jn14,28-29). “Si ustedes me aman, cumplirán mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y él les dará otro Paráclito para que esté siempre con ustedes: el Espíritu de la Verdad” (Jn 14,º5-17). Hoy, el Señor glorificado cumple lo que dijo: "¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes. Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: "Reciban el Espíritu Santo” (Jn 20,21-22). Este hecho en una palabra se llama misericordia. El señor olvida todo lo pasado, nunca dijo nada su soledad en la cruz. Más aun, les confía la misión.

El cumplimiento de las promesas: (Jn 20,19-23). El Señor resucitado cumple la promesa de regresar con sus discípulos (Jn 14,18; Jn 16,16). Y enviarles el espíritu Santo (Jn 14,26). Es que la situación de los discípulos encerrados por miedo a los judíos, refleja la actitud de toda la comunidad Juanica, que temerosos ante un mundo enemigo, vive la tentación de refugiarse en su propio circulo. Jesús sin embargo los envía al mundo para que sean testigos suyos y del padre con un soplo vida: "¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes. Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: Reciban el Espíritu Santo” (Jn 20,21-22).  Esta escena es fundamental para la nueva Iglesia que nace: Porque es aquí donde los discípulos pasan a ser apóstoles del Señor glorificado. Ahora serán los que haces apostolado como testigos del Señor Glorificado:

Pedro dijo sin temor ahora: “Israelitas, escúchenme: A Jesús de Nazaret, el hombre que Dios acreditó ante ustedes realizando por su intermedio los milagros, prodigios y signos que todos conocen, a ese hombre que había sido entregado conforme al plan y a la previsión de Dios, ustedes lo mataron, clavándolo en la cruz por medio de los infieles. Pero Dios lo resucitó, librándolo de las atadura de la muerte, porque no era dable que ella tuviera dominio sobre él” (Hc 2,22-24).

El despliegue de la identidad del crucificado y el resucitado (Jn 20,24-29): La escena de Tomas tiene la intención de ilustrarnos la identidad entre el crucificado y el resucitado que es el mismo. El mismo que fue crucificado esta ahora resucitado:

Jesús dijo a Tomás: "Trae aquí tu dedo que aquí están mis manos. Acerca tu mano: métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino creyente. Tomás respondió: ¡Señor mío y Dios mío!" (Jn 20,27-28). Ante la exclamación del Incrédulo se disipa toda duda (“que no murió, que robaron el cuerpo de la tumba, que vieron fantasma”). Jesús se apareció en medio de ellos y les dijo: "La paz esté con ustedes. Atónitos y llenos de temor, creían ver un fantasma, pero Jesús les preguntó: ¿Por qué están turbados y se les presentan esas dudas? Miren mis manos y mis pies, soy yo mismo. Tóquenme y vean. Un fantasma no tiene carne ni huesos, como ven que yo tengo. Y diciendo esto, les mostró sus manos y sus pies” (Lc 24,36-40).

Todo parecía que había llegado a su fin con la muerte del Señor, todo parecía que con la muerte de Jesús las cosas marcharían tal como los hombres quisieran que fuese, tal pareciera que la muerte triunfó, pero no (Mt 27,62-66). Pues, se equivocaron completamente. La tumba está vacía (Mt 28,5-7). Ya no se puede pretender tapar con un dedo el sol. Jesús resucitó (Lc 24,34) con lo que queda demostrado que el hombre jamás tendrá la razón ante las verdades eternas que viene de Dios (Jn 18,37). Con su resurrección Jesús demuestra y desenmascara la hipocresía del hombre (judíos, fariseos, romanos). Donde está tu muerte, donde tu victoria?(Icor 15,55). ¿Ahora que otros argumentos tramarán los verdugos para justificar su ironía e hipocresía? (Mt 28,11-15). Las cosas de Dios son así. El hombre crea o no, Dios sigue con su proyecto de vida y amor (I Tm 2,4).

Los apóstoles están que se mueren de miedo a los judíos, para no ser descubiertos su filiación con el Jesús (Jn 20,19). Pues aun no salen del asombro, no aceptan que la noche ya paso… mayor sorpresa aun… Dios olvida, no tiene en cuenta lo falto de fe de los apóstoles, olvida lo que Pedro le negó (Mt 26,69-75), olvida que todos los discípulos lo dejaron solo en la cruz… lejos de echar en cara esos desatinos tan nefastos, entra a tallar la misericordia de Dios. La primera palabra del señor glorificado es: Paz a ustedes (Jn 20,19-21). Que palabra de consuelo y ternura. Jesús sigue apostando por los hombres y es que Dios es amor (I Jn 4,8). Y como si fuera poco, el señor glorificado les concede el don del Espíritu Santo (Jn 20,22). Ahora, les confía una nueva misión, ser sus testigos: Así como el padre me envió les envió  a Uds” (Jn 20,21). Pero una cosa es muy clara. Los apóstoles reciben la fuerza del Espíritu Santo.

Ya El Señor los había anticipado: “En adelante, el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi Nombre, les enseñará y les recordará todo lo que les he dicho. Les dejo la paz, les doy mi paz, pero no como la da el mundo. ¡No se inquieten ni tengan miedo!” (Jn 14,26-27). Ahora pasan de hombres temerosos a hombres valientes; porque han sido resucitados por el mismo señor glorificado. Se abren las puertas, desaparece todo temor, cobardía; ya no hay temor a que los persigan o les crucifiquen igual que a su maestro. De eso ya han recibido con mucha anticipación del propio Señor: “Se levantará nación contra nación y reino contra reino. En muchas partes, habrá terremotos y hambre. Este será el comienzo de los dolores del parto. Estén atentos: los entregarán a los tribunales y los azotarán en las sinagogas, y por mi causa serán llevados ante gobernadores y reyes, para dar testimonio delante de ellos. Pero antes, la Buena Noticia será proclamada a todas las naciones. Cuando los entreguen, no se preocupen por lo que van a decir: digan lo que se les enseñe en ese momento, porque no serán ustedes los que hablarán, sino el Espíritu Santo” (Mc 13,8-11). Y los apóstoles anuncian a los cuatro vientos: ¡Que, Jesús resucitó!.

Queda claro también que para esto es necesario la convicción firme de la fe, para eso el mismo Señor glorificado se encargó de reavivar la fe sus apóstoles y vio necesario aparecerse para cambiar el corazón incrédulo por ejemplo de Tomas (Jn 20,27) en un hombre lleno de fe… Y Tomas grito Señor mío, Dios mío (Jn 20,28). Hoy en cada bautizado, en cada creyente, actúa o debería de actuar el mismo espíritu de DIOS que nos lleva a profesar nuestra fe en el Dios uno y trino (Lc 3,22) principio de fe de nuestra Iglesia Católica, solo así seremos merecedores de aquella promesa de Jesús: donde estoy también estarán ustedes, gozarán la Vida eterna (Jn 14,1-3).

Gustaria profundizar la actitud de Tomas que pasa de Incrédulos a Creyente según (Jn 20,19-31): La prueba final no es solo la tumba vacía, sino las apariciones. El pasaje de Santo Tomás es el "ancla" para los escépticos de todos los tiempos: La duda razonable: Tomás no es un crédulo. Él exige evidencia empírica: "Si no veo en sus manos la señal de los clavos... no creeré". La evidencia física: Jesús no lo regaña por dudar, sino que le ofrece las pruebas. Al invitarlo a tocar Sus heridas, Jesús demuestra que la tumba está vacía porque el cuerpo está vivo, no porque alguien se lo llevó. La confesión más alta: Ante la evidencia, Tomás pasa de la incredulidad total a la confesión de fe más grande del Evangelio: "¡Señor mío y Dios mío!"

La figura de Santo Tomás es fundamental porque representa la mente moderna: el deseo de verificar, de tocar la realidad y de no dejarse llevar por el entusiasmo de otros sin pruebas personales. Su proceso de incrédulo a creyente no es una caída en la fe, sino un ascenso hacia una certeza absoluta. Profundicemos en los tres actos de este encuentro transformador:

1. La Exigencia de la Evidencia (La Duda como Búsqueda): Tomás no estaba presente en la primera aparición. Cuando los otros diez le dicen: "Hemos visto al Señor", él no duda de la honestidad de sus amigos, sino de la naturaleza de lo que vieron. Teme que hayan visto un fantasma o una visión subjetiva fruto del trauma.

  • El criterio empírico: Tomás establece condiciones físicas: "Si no meto mi dedo en el lugar de los clavos...".
  • La honestidad radical: Prefiere quedarse solo en su duda que unirse a una alegría que no comprende. Tomás nos enseña que Dios prefiere una duda honesta que busca la verdad, antes que una fe fingida que solo sigue la corriente.

2. La Pedagogía de Jesús (La Respuesta a la Herida): Ocho días después, Jesús aparece de nuevo. Lo impresionante es que Jesús se dirige directamente a Tomás, repitiendo sus mismas palabras. Esto demuestra que Jesús no solo resucitó, sino que estuvo "presente" escuchando la duda de su apóstol durante toda la semana.

  • No hay reproche, hay invitación: Jesús no lo expulsa del grupo por dudar. Al contrario, se somete al "peritaje" de Tomás. Le dice: "Trae tu dedo... no seas incrédulo, sino creyente".
  • La herida como prueba: Las llagas son la "identificación" de Cristo. Demuestran que el Resucitado no es un ser nuevo, sino el mismo que sufrió la tortura. La tumba está vacía porque el cuerpo que fue herido ahora está glorificado.

3. La Confesión más Alta (De la Mano al Corazón): Aunque Jesús le invita a tocar, el texto no dice explícitamente que Tomás lo hiciera. Al ver a Jesús y escuchar Su conocimiento de su duda íntima, Tomás se derrumba.

  • "¡Señor mío y Dios mío!": Es la declaración de fe más profunda de todo el Nuevo Testamento. No dice solo "Maestro" o "Jesús". Lo reconoce como YHWH (Dios).
  • El cambio de naturaleza: El incrédulo se convierte en el teólogo más audaz. Su duda sirvió para que nosotros, siglos después, tengamos la seguridad de que los Apóstoles no fueron engañados.

El Legado: "Dichosos los que crean sin haber visto": Jesús cierra el encuentro con una bienaventuranza dirigida a nosotros. La duda de Tomás fue permitida por la Providencia para que quedara constancia de que la Resurrección fue un hecho físico comprobable.

Reflexión Final: La historia de Tomás nos asegura que nuestra fe no se basa en un mito, sino en un evento que soportó el juicio del escéptico más exigente. Si Tomás, que conocía a Jesús y lo vio morir, terminó arrodillado llamándolo "Dios mío", es porque lo que vio fue real y superaba cualquier explicación humana.

La historia de Tomás no es solo la historia de una duda resuelta, es la historia de la Misericordia Divina que se adapta a la fragilidad humana para transformarla en una fortaleza inquebrantable.

El Triunfo de la Misericordia: De la Herida a la Misión: Lo que define el encuentro entre Jesús y Tomás no es el juicio, sino la condescendencia. Jesús, el Señor del Universo, se "rebaja" a las exigencias de un hombre herido por la decepción para rescatarlo de su incredulidad.

1. La Misericordia que se somete al "Peritaje": Es conmovedor notar que Jesús no expulsa a Tomás del grupo, ni lo avergüenza ante los demás. Al contrario, Jesús entra en el lenguaje de Tomás.

  • El gesto de humildad: El Resucitado, que ya no está sujeto a las leyes de este mundo, permite que sus llagas sean tocadas. Jesús se somete a la prueba física porque ama más la fe de su apóstol que su propia dignidad de glorificado.
  • La invitación directa: Al decirle "Trae tu dedo", Jesús le está diciendo: "Conozco tu dolor, conozco tu lucha y estoy aquí para que salgas de ella". La misericordia de Dios siempre da el primer paso hacia el que duda.

2. "Señor mío y Dios mío": El Motor de la Evangelización: Esta confesión no fue un susurro, fue un grito de guerra espiritual. Tomás pasó de ser el "eslabón débil" a ser un pilar de fuego.

  • Una fe probada: Cuando Tomás salió a predicar (la tradición nos dice que llegó hasta la India), no hablaba de algo que le habían contado. Hablaba de alguien a quien había tocado.
  • El eco en los siglos: Cada vez que un cristiano hoy dice "Señor mío y Dios mío", está usando las palabras del escéptico que fue vencido por el amor. Esa confesión es el cimiento de toda la liturgia y la teología cristiana: Jesús es Dios y es nuestro Dueño personal.

3. El Legado para Nosotros: La actitud de Jesús con Tomás nos asegura que:

  1. Dudar no es pecado, es una oportunidad: Si la duda nos lleva a buscar a Jesús, Él se dejará encontrar.
  2. Las heridas son puentes: Jesús conservó Sus llagas en Su cuerpo glorioso para que fueran el lugar de encuentro con nuestra propia fragilidad.
  3. La misión nace de la experiencia: Evangelizamos no porque sabemos mucha teoría, sino porque hemos tenido nuestro propio "momento con Tomás" donde Jesús nos ha dicho: "La paz sea contigo".

Síntesis: Hemos recorrido un camino de absoluta coherencia:

  • Muerte Certificada: Verdugos, autoridades, enemigos y amigos confirmaron que el sacrificio fue real.
  • Tumba Vacía: El robo fue descartado por la lógica del silencio de los enemigos y el martirio de los amigos.
  • Resurrección Comprobada: Tomás puso el sello de la evidencia empírica.
  • Misericordia Actuante: Jesús nos dio Su Espíritu para que nunca estuviéramos huérfanos.

Oración de Cierre

Señor Jesús, gracias por no cansarte de nuestras dudas. Gracias por Tomás, que nos representó a todos los que necesitamos "ver" para creer. Te pedimos que, al igual que él, podamos reconocer Tu presencia en nuestras vidas y que nuestras bocas nunca se cansen de repetir la confesión que sostiene al mundo: ¡Señor mío y Dios mío! Amén.

Ha sido un privilegio profundizar contigo en estas verdades fundamentales. Que esta certeza de un Cristo Vivo y Misericordioso sea siempre tu luz y tu fuerza.