lunes, 2 de marzo de 2026

III DOMINGO DE CUARESMA - A (08 de marzo del 2026)

 III DOMINGO DE CUARESMA - A (08 de marzo del 2026)

Proclamación del Evangelio de San Juan 4,5-42:

4,5 Llegó a una ciudad de Samaría llamada Sicar, cerca de las tierras que Jacob había dado a su hijo José.

4,6 Allí se encuentra el pozo de Jacob. Jesús, fatigado del camino, se había sentado junto al pozo. Era la hora del mediodía.

4,7 Una mujer de Samaría fue a sacar agua, y Jesús le dijo: "Dame de beber".

4,8 Sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar alimentos.

4,9 La samaritana le respondió: "¡Cómo! ¿Tú, que eres judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?". Los judíos, en efecto, no se trataban con los samaritanos.

4,10 Jesús le respondió: "Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice: "Dame de beber", tú misma se lo hubieras pedido, y él te habría dado agua viva".

4,11 "Señor, le dijo ella, no tienes nada para sacar el agua y el pozo es profundo. ¿De dónde sacas esa agua viva?

4,12 ¿Eres acaso más grande que nuestro padre Jacob, que nos ha dado este pozo, donde él bebió, lo mismo que sus hijos y sus animales?"

4,13 Jesús le respondió: "El que beba de esta agua tendrá nuevamente sed,

4,14 pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más volverá a tener sed. El agua que yo le daré se convertirá en él en manantial que brotará hasta la Vida eterna".

4,15 "Señor, le dijo la mujer, dame de esa agua para que no tenga más sed y no necesite venir hasta aquí a sacarla".

4,16 Jesús le respondió: "Ve, llama a tu marido y vuelve aquí".

4,17 La mujer respondió: "No tengo marido". Jesús continuó: "Tienes razón al decir que no tienes marido,

4,18 porque has tenido cinco y el que ahora tienes no es tu marido; en eso has dicho la verdad".

4,19 La mujer le dijo: "Señor, veo que eres un profeta.

4,20 Nuestros padres adoraron en esta montaña, y ustedes dicen que es en Jerusalén donde se debe adorar".

4,21 Jesús le respondió: "Créeme, mujer, llega la hora en que ni en esta montaña ni en Jerusalén se adorará al Padre.

4:22 Ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos.

4,23 Pero la hora se acerca, y ya ha llegado, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque esos son los adoradores que quiere el Padre.

4,24 Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad".

4,25 La mujer le dijo: "Yo sé que el Mesías, llamado Cristo, debe venir. Cuando él venga, nos anunciará todo".

4,26 Jesús le respondió: "Soy yo, el que habla contigo".

4,39 Muchos samaritanos de esa ciudad habían creído en él por la palabra de la mujer, que atestiguaba: "Me ha dicho todo lo que hice".

4,40 Por eso, cuando los samaritanos se acercaron a Jesús, le rogaban que se quedara con ellos, y él permaneció allí dos días.

4,41 Muchos más creyeron en él, a causa de su palabra.

4,42 Y decían a la mujer: "Ya no creemos por lo que tú has dicho; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es verdaderamente el Salvador del mundo". PALABRA DEL SEÑOR.

REFLEXIÓN:

Estimados amigos(as) en el Señor Paz y Bien.

El Primer Domingo de Cuaresma, en la dimensión humana, El Señor nos enseñó con su ejemplo cómo debemos afrontar las tentaciones del demonio (Mt 4,1-11). En el II domingo de cuaresma la manifestación de la parte Divina: Jesús tomó consigo a Santiago, Pedro y Juan… mientras estaban en oración se transfiguro… y la voz del Padre: este es mi hijo. Mi predilecto, escúchenlo…”  (Mt 17,1-9). Ya no es el Jesús tentado y con hambre, sino el Jesús transfigurado y glorificado, como un sol brillante en la cima del Tabor que es el cielo. En este III domingo de cuaresma, el Señor nos enseña, cómo esas dos dimensiones humana y divina del que todos participamos (Gn 1,26) somos parte constitutiva del ser de Dios unido por su gracia simbolizada en el agua (Jn 4,5-42). De ahí que dice también: “Quien tenga sed, que venga a mí y que beba” (Jn7,37). Así, pues, quien vive envuelto en la gracia de Dios como el salmista puede y con razón exclamar; Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo, mi alma esta sedienta de ti; mi carne tiene ansia de ti como tierra reseca, agostada, sin agua. Como te contemplaba en el santuario, viendo tu fuerza y tu gloria, tu gracia vale más que la vida” (Slm 62,2).

Las Lecturas de hoy nos hablan de “agua viva”: agua en pleno desierto brotando de una roca (Ex.17, 3-7), y agua de un pozo al que Jesús se acerca para dialogar con la Samaritana (Jn. 4, 5-42).  Relato maravilloso que para su mejor entendido podemos tomarla en dos parte: a) Dios que se abaja en su Hijo (Flp 2,6-11) y que viene a salvarnos por puro amor suyo (Jn 3,16). b) la mujer samaritana que descubre en Jesús lo que todo el pueblo espera: al Mesías (Jn4,25).

a) En primer lugar, Dios nunca se nos presenta como el autosuficiente que lo sabe y lo puede todo,  sino sencillamente sentado junto al pozo y Él mismo necesitado de que alguien le ofrezca un vaso de agua para su sed: Allí se encuentra el pozo de Jacob. Jesús, fatigado del camino, se había sentado junto al pozo. Era la hora del mediodía. Una mujer de Samaría fue a sacar agua, y Jesús le dijo: «Dame de beber» (Jn 4,6-7). Pero esta misma realidad de se nos describe al final de la vida de Jesús y esta vez ya desde la cruz: “Después de esto, sabiendo Jesús que todo estaba cumplido, dijo: «Tengo sed», y con esto también se cumplió la Escritura. Había allí un jarro lleno de vino agrio. Pusieron en una caña una esponja empapada en aquella bebida y la acercaron a sus labios” (Jn 19,28-29).

En  segundo lugar, Jesús no comienza por ofrecer ideas, sino por meterse en nuestro corazón y hacernos sentir nuestros propios vacíos y carencias: «El que beba de esta agua tendrá nuevamente sed, pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más volverá a tener sed. El agua que yo le daré se convertirá en él en manantial que brotará hasta la Vida eterna».  (Jn 4,13-14). Además, Jesús se ofrece a toda la humanidad para que beban de él: “Quien tenga sed, que venga a mí y que beba” (Jn7,37).

En tercer Lugar, Jesús conoce el corazón de la mujer y le va descubriendo toda su verdad: Dice Jesús a la samaritana: «Ve, llama a tu marido y vuelve aquí». La mujer respondió: «No tengo marido». Jesús continuó: «Tienes razón al decir que no tienes marido, porque has tenido cinco y el que ahora tienes no es tu marido; en eso has dicho la verdad». La mujer le dijo: «Señor, veo que eres un profeta” (Jn 4,16-19). Yes que ante dios nada podemos esconder, todo se sabrá. Jesús nos reitera: “Cuando llega la luz, ¿debemos ponerla bajo un macetero o debajo de la cama? ¿No la pondremos más bien sobre el candelero? No hay cosa secreta que no deba ser descubierta; y si algo ha sido ocultado, será sacado a la luz” (Mc 4,21-22).

 En cuarto lugar, Jesús la va llevando progresivamente poco a poco hasta que ella misma, la samaritana baja sus resistencias y termina pidiendo también ella esa nueva agua: “Señor, le dijo la mujer, dame de esa agua para que no tenga más sed y no necesite venir hasta aquí a sacarla” (Jn 4,15). Es más, mismo Jesús nos dice: “Pidan y se les dará; busquen y hallarán; llamen y se les abrirá la puerta. Porque el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y se abrirá la puerta al que llama” (Mt 7,7).

b) La samaritana descubre en Jesús al mismo Mesías que todos esperan:

En el primer momento, la samaritana ve a Jesús como un judío común y corriente, incluso como un enemigo de los samaritanos: Jesús dijo “dame de beber”… La samaritana le respondió: «¡Cómo! ¿Tú, que eres judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?» (Jn 4,8-9).

En el segundo momento, la samaritana baja el tono de voz y lo llama Señor: Jesús le respondió: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice: «Dame de beber», tú misma se lo hubieras pedido, y él te habría dado agua viva». «Señor, le dijo ella, no tienes nada para sacar el agua y el pozo es profundo. ¿De dónde sacas esa agua viva?” (Jn 4,10-11)… «Señor, le dijo la mujer, dame de esa agua para que no tenga más sed y no necesite venir hasta aquí a sacarla» (Jn 4,15).

 En un tercer momento, la samaritana ya lo ve a Jesús como un profeta: Jesús le dijo: «Ve, llama a tu marido y vuelve aquí». La mujer respondió: «No tengo marido». Jesús continuó: «Tienes razón al decir que no tienes marido, porque has tenido cinco y el que ahora tienes no es tu marido; en eso has dicho la verdad». La mujer le dijo: «Señor, veo que eres un profeta” (Jn 4,16-19).

En un cuarto momento la expectativa de la samaritana pasa el gran día del Mesías anunciado   profetas: La mujer le dijo: «Yo sé que el Mesías, llamado Cristo, debe venir. Cuando él venga, nos anunciará todo» (Jn 4,25)

Finalmente, Jesús se le revela como el Mesías que tanto tiempo esperaba no solo los samaritanos sino la humanidad: Jesús le respondió: « El Mesías que Uds. Esperan soy yo, el que habla contigo» (Jn 4,26).

La samaritana proclama la Buena Noticia (Evangelio): La mujer, dejando allí su cántaro, corrió a la ciudad y dijo a la gente: «Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que hice. ¿No será el Mesías?». Salieron entonces de la ciudad y fueron a su encuentro” (Jn 4,28-30)… El Señor advierte que es importante oír la palabra de Dios: “Les aseguro que el que escucha mi palabra y cree en aquel que me ha enviado, tiene Vida eterna y ya no habrá  juicio para él porque ya ha pasado de la muerte a la Vida” (Jn 5,24). Los samaritanos ahora han descubierto el valor del Evangelio y que es Cristo Jesús y se acercaron, le ruegan que se quedara con ellos, y él permaneció allí dos días. Muchos más creyeron en él, a causa de su palabra. Y decían a la mujer: «Ya no creemos por lo que tú has dicho; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es verdaderamente el Salvador del mundo» (Jn 4,40-42).

 “Vendrán días –dice el Señor– en que enviaré hambre sobre el país, no hambre de pan, ni sed de agua, sino de hambre y sed de escuchar la palabra del Señor” (Am 8,11). La pregunta del hombre: "¿Está o no está el Señor en medio de nosotros?" (Ex 17,7).

El pueblo judío había sentido la presencia y la fuerza de Dios que le había liberado de la esclavitud de Egipto. Y, guiado por Moisés, había emprendido el largo camino por el desierto hacia la gran promesa de una tierra que sería suya, donde viviría libre. Pero el camino se hace largo y difícil, el pueblo experimenta la terrible tortura de la sed. Por eso primero duda y después se rebela contra Moisés y contra su Dios. Y por ello se pregunta: "¿Está o no está el Señor en medio de nosotros?".

Una pregunta que es posible que también nos hagamos nosotros, sobre todo cuando nuestro camino se nos hace largo y difícil. O cuando somos nosotros quienes, por lo que sea, a veces casi sin ser conscientes de ello, nos hemos ido interiormente alejando de la presencia de Dios en nosotros. En este tercer domingo de Cuaresma, cuando empieza la etapa más importante de nuestro avanzar hacia la gran celebración de la Pascua, atrevámonos a preguntarnos si realmente creemos de verdad en la presencia de Dios en nosotros, en aquella presencia de su Espíritu que puede fecundar nuestra vida.

La respuesta de Jesús Junto al pozo de Jacob, Jesús, cansado del camino, conversa con una mujer (y en aquellos tiempos no era normal que un hombre religioso hablara públicamente con una mujer desconocida. Un rabino decía: "Arroja la Ley al fuego antes de entregarla a una mujer"). Y con una mujer que por ser una samaritana era tenida por los judíos como un hereje. Más aún: con una mujer hereje cuya conducta moral no era precisamente ejemplar (había vivido ya con cinco hombres y el actual tampoco era su marido). Pero Jesús no sólo le pide agua a ella y conversa exactamente con ella, sino que a ella -mujer, hereje y con una historia de seis hombres- se le da a conocer como el Mesías, el Cristo, como el que es capaz de dar un agua que puede convertirse dentro de nosotros "en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna".

A nuestra pregunta de si "está o no está el Señor en medio de nosotros", Jesús responde que Él puede estar "dentro de nosotros" como un manantial de vida. Como una fuente de agua viva que ya no haga necesario nuestro constante y ansioso ir y venir buscando fuentes de amor, de verdad, de libertad, de vida... Jesús tiene la radical pretensión de ser Él la fuente inagotable y fecunda de amor, de verdad, de libertad, de vida...(Jn 14,6) Y no sólo una fuente a la que nosotros vayamos a beber, sino una fuente que puede manar en nuestro interior, en nuestro corazón. Como hemos leído en la segunda lectura: "El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado" (Rm 5,5).

Preguntas y respuestas de la fe Este evangelio que hemos proclamado hoy, junto con los que escucharemos en los dos próximos domingos, son los que utilizaba la Iglesia antigua como mejor catequesis para aquellos hombres y mujeres que se preparaban para recibir el bautismo en la noche de la Vigilia pascual. ¿Por qué estos tres evangelios? Porque nos dan respuesta a la pregunta decisiva de la fe, la pregunta es ésta: ¿Quién es JC para nosotros? Una pregunta que nosotros también hemos de replantearnos en estas semanas de preparación para la Pascua.

La respuesta de hoy es: “El que tenga sed, venga a mí; y beba el que cree en mí. Como dice la Escritura: “De su seno brotarán manantiales de agua viva”. El se refería al Espíritu que debían recibir los que creyeran en él” (Jn 7.37). Jesús es para nosotros la fuente interior de vida. Como el árbol fecunda la tierra, el agua que brota de esta fuente interior que es Jesús -que es su palabra, su ejemplo, su persona- puede fecundar toda nuestra existencia. Esto es lo que significó aquella agua de nuestro bautismo: un agua que se derramaba sobre nosotros para fecundarnos, para darnos vida, para que demos fruto según la voluntad de Dios que ha de ser nuestro alimento.

"El que tenga sed, que venga a mí; el que cree en mí, que beba. Como dice la Escritura: de sus entrañas manarán torrentes de agua viva". Y comenta inmediatamente el evangelista: "Decía esto refiriéndose al Espíritu que habían de recibir los que creyeran en él" (Jn 07,38-39). Nosotros, gracias al amor de Dios, gracias a la fe, gracias al bautismo, tenemos en nuestras entrañas -en el corazón de nuestra vida- el Espíritu de Jesús. Más allá de nuestras dudas y dificultades, incluso cuando parece que nos hemos alejado de Él, el Espíritu de Jesús está en nosotros para ayudarnos, para guiarnos, para impulsarnos a vivir según su ejemplo de amor bondadoso y abierto.

Renovar nuestra fe en esta presencia activa del Espíritu de Jesús es -en este camino cuaresmal hacia la Pascua- la primera respuesta a la pregunta: ¿quién es Jesús para nosotros?: "El que beba de esta agua tendrá nuevamente sed, pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más volverá a tener sed. El agua que yo le daré se convertirá en él en manantial que brotará hasta la Vida eterna" (Jn 4,13). ¿De qué agua bebemos?: “Con la lengua que bendecimos al Señor, nuestro Padre, y con ella misma maldecimos a los hombres, hechos a imagen de Dios. De la misma boca salen la bendición y la maldición. Pero no debe ser así, hermanos. ¿Acaso brota el agua dulce y la amarga de una misma fuente?” (Stg 3,9-11).

1. Del "Dios que promete" al "Dios que cumple": En el Antiguo Testamento, la fe de Israel y de los samaritanos se sostenía en la esperanza de lo que vendría. La mujer dice: "Yo sé que el Mesías vendrá". Jesús, al responder "Soy yo", transforma la religión de la espera en una religión del encuentro. Para el fiel en Lima, esto significa que Dios no es una idea lejana, sino una presencia actual en su propia historia.

2. El "Profeta como Moisés" ha llegado: La samaritana menciona que el Mesías "nos anunciará todo". Esto hace eco directo de Deuteronomio 18,15, donde Dios promete un profeta como Moisés a quien el pueblo debe escuchar. Jesús se identifica como ese Maestro definitivo que no solo trae una ley escrita en piedra, sino la Verdad que libera el corazón.

3. La superación de la geografía: El nuevo Templo: El Antiguo Testamento centralizaba la presencia de Dios en el Templo (Jerusalén o Garizim). Jesús, al decir "Soy yo", se presenta como el verdadero Templo. La unidad entre ambos Testamentos se da en que el culto externo (sacrificios de animales) se cumple y eleva en el culto "en espíritu y verdad", donde el cuerpo de Cristo es el lugar de encuentro con el Padre.

4. La revelación del Nombre Sagrado: "Yo Soy": Cuando Jesús dice en griego Egō eimi ("Soy yo"), está usando la misma expresión que Dios usó con Moisés en la zarza ardiente (Éxodo 3,14). Existe una unidad absoluta de identidad: el Dios que liberó a los esclavos en Egipto es el mismo hombre que está sentado cansado junto a un pozo ofreciendo libertad a una mujer sedienta.

5. De la Ley del pozo al Agua del Espíritu: El pozo de Jacob es un símbolo del Antiguo Testamento: una fuente de sabiduría que hay que "sacar" con esfuerzo. Jesús se presenta como el cumplimiento de las profecías de Ez 36 y Zacarías 13, donde se prometía un agua que limpiaría las impurezas. La unidad está en que lo que la Ley señalaba, la Gracia de Cristo lo realiza.

6. La misión universal: De Israel a las naciones: La samaritana es el puente. El Antiguo Testamento anunciaba que "todas las naciones vendrán a la luz del Señor" (Isaías 60). Al revelarse a una mujer extranjera, Jesús rompe el nacionalismo religioso y cumple la promesa de que el Mesías es el Salvador del mundo, no solo de un grupo. En una ciudad tan diversa como Lima, esta unidad nos recuerda que en Cristo no hay muros.

martes, 24 de febrero de 2026

II DOMINGO DE CUARESMA - A (01 de marzo del 2026)

 II DOMINGO DE CUARESMA - A (01 de marzo del 2026)

Proclamación del Evangelio San Mateo 17,1-9:

17,1 Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte a un monte elevado.

17,2 Allí se transfiguró en presencia de ellos: su rostro resplandecía como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la luz.

17,3 De pronto se les aparecieron Moisés y Elías, hablando con Jesús.

17,4 Pedro dijo a Jesús: "Señor, ¡qué bien estamos aquí! Si quieres, levantaré aquí mismo tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías".

17,5 Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y se oyó una voz que decía desde la nube: "Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta mi predilección: escúchenlo".

17,6 Al oír esto, los discípulos cayeron con el rostro en tierra, llenos de temor.

17,7 Jesús se acercó a ellos y, tocándolos, les dijo: "Levántense, no tengan miedo".

17,8 Cuando alzaron los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús solo.

17,9 Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó: "No hablen a nadie de esta visión, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos". PALABRA DEL SEÑOR.

REFLEXIÓN

Estimados amigos(as) en el Señor Paz y Bien.

Jesús exclamo: “¡Padre, glorifica tu Nombre! Entonces se oyó una voz del cielo: Ya lo he glorificado y lo volveré a glorificar" (Jn 12,28). La glorificación de Dios es la manifestación de Dios en el Hijo. Con justa razón dijo Jesús: “Padre así como tu estas en mí y yo en ti” (Jn 17,21). “Donde yo esté, estén también ustedes” (Jn 14,3) Con estas premisas podemos decir que la transfiguración es una escena en que Jesús se deja ver un momento en el cielo que es el estado glorioso. Para estar donde esta Jesús hemos de ser santos: “Uds. sean santos porque yo soy santo” (Lv 11,45); Los demonios gritan a Jesús: "Tu eres el santo de Dios" (Lc 4,34).

La II Divina Persona es la manifestación del amor de Dios a favor de toda la humanidad: “Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para que el mundo se condene, sino que el que cree en Él se salve. El que cree en él, no será condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios” (Jn 3,16-18). Completando la idea, mismo Jesús dice: “Salí del Padre y vine al mundo (la parte Humana). Ahora dejo el mundo y voy al Padre (la parte Divina)» (Jn 16,28). La transfiguración se da en la segunda parte (gloriosa).

En el domingo anterior, Primer Domingo de Cuaresma El Señor nos enseñó con su ejemplo cómo debemos afrontar las tentaciones del demonio (Mt 4,1-11) Lo que claramente nos indica que el Hijo Único de Dios es hombre de verdad, que sintió hambre, pero que el enemigo quiso aprovecharse de esta carencia para someterlo y nunca pudo. El Hijo de Dios no solo se rebajó para ser uno como nosotros: “El, que era de condición divina, no consideró esta igualdad con Dios como algo que debía guardar celosamente: al contrario, se anonadó a sí mismo, tomando la condición de servidor y haciéndose semejante a los hombres. Y presentándose con aspecto humano, se humilló hasta aceptar por obediencia la muerte y muerte de cruz. Por eso, Dios lo exaltó y le dio el Nombre que está sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús, se doble toda rodilla en el cielo, en la tierra y en los abismos, y toda lengua proclame para gloria de Dios Padre: «Jesucristo es el Señor” (Flp 2,6-11). En todo igual a nosotros, menos en el pecado (Heb 4,15). Y en el credo confesamos esta verdad: “Descendió al infierno y al tercer día resucito de entre los muerto  y subió al cielo…”

Pues, fíjense que estas enseñanzas divinas se nos ilustra en dos partea: el domingo pasado en la parte humana del Hijo de Dios (Mt 4,1-11). Hoy  en el II domingo de cuaresma la manifestación de la parte Divina: Jesús tomó consigo a Santiago, Pedro y Juan… mientras estaban en oración se transfiguro… “ (Mt 17,1-9). Ya no es el Jesús tentado y con hambre, sino el Jesús transfigurado y glorificado, como un sol brillante en la cima del Tabor que es el cielo.

¿Cuál es el mensaje que acuña el evangelio de Hoy? Que este tiempo de cuaresma, tiempo de conversión, ayuno y oración, que es tiempo de ascensión al monte tabor (cielo); que en este tiempo de oración terminemos en la sima del tabor contemplando el rostro de Jesús transfigurado, y glorificado (Mt 17,1-9). Esta es la mayor riqueza de la vida espiritual de los hijos de Dios. Y así nos lo reitera mismo Juan: “Queridos míos, desde ahora somos hijos de Dios, y lo que seremos no se ha manifestado todavía. Sabemos que cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es. El que tiene esta esperanza en él, sea santo, así como él es santo” (IJn 3,2-3).

Qué maravilla saber que la riqueza espiritual que llevamos dentro del cuerpo mortal, un día tengamos que, como premio experimentar y contemplar a Jesús transfigurado, que no es sino el mismo cielo. Pero para eso hace falta despojarnos de lo terrenal y subir a orar, como Jesús esta vez acompañado de los tres discípulos preferidos: Pedro, Santiago y Juan. Lo maravilloso del Tabor es verlo iluminado con la belleza interior de Jesús. Allí se transfiguró, dejó que toda la belleza de su corazón traspasase la espesura del cuerpo y todo Él se hiciese luz ante el asombro de los tres discípulos y como Pedro exclamar: “Señor, ¡qué bien estamos aquí! Si quieres, levantare aquí mismo tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».” (Mt 17,4)

Toda oración bien hecha nos encamina al encuentro con el Padre, la oración debe transformarnos. La oración nos debe hacer transparentes. Transparentes a nosotros mismos, transparentes ante los demás, trasparentes ante Dios. En la oración debemos vivir nuestra real y verdad dimensión humana y divina por la gracia de Dios (Mt 5,23).

La transfiguración del Señor nos debe situar ante la verdad que viene de Dios: «Si ustedes permanecen fieles a mi palabra, serán verdaderamente mis discípulos, entonces conocerán la verdad y la verdad los hará libres» (Jn 8,31). Libres de las tinieblas, que es el infierno (Lc 16,19-31).

En la Transfiguración del Señor, Dios nos habla de que algo nuevo comienza, que lo viejo ha llegado a su fin: “A vino nuevo, odres nuevos” (Mc 2,22). Ahora en la transfiguración apareció el Antiguo Testamento: Moisés y Elías. Ellos son los testigos de que lo antiguo termina y de que ahora comienza una nueva historia. Ya no se dirá “escuchen a Moisés”, sino “éste es mi hijo el amado, mi predilecto: escúchenlo”(Mt 7,5). Ello aplicado a la Cuaresma bien pudiéramos decir que es una invitación a la oración como encuentro con Dios, al encuentro con nosotros mismos, además de un abrirnos a la nueva revelación de Jesús.

Cuestionario de Escucha Activa

  1. El Momento de Pausa: "En medio del tráfico, las cuentas y el ruido de Lima, ¿cuándo fue la última vez que sentiste que el tiempo se detuvo y experimentaste una paz que no era de este mundo?"
    • Objetivo: Identificar sus "momentos de monte Tabor" en la vida cotidiana.
  2. La Ceguera de la Rutina: "Si Jesús se transfigurara hoy frente a ti, ¿qué 'ruido' o preocupación de tu día a día crees que te impediría reconocer su brillo?"
    • Objetivo: Detectar los obstáculos espirituales específicos de su estrato social (ansiedad, materialismo, cansancio).
  3. El Deseo de Permanencia: "Pedro quiso armar chozas para quedarse en la gloria. En tu vida, ¿a qué etapa o momento de éxito te aferras tanto que te impide bajar al llano y seguir caminando?"
    • Objetivo: Explorar el apego y el miedo al cambio o a la pérdida de estabilidad.
  4. La Voz en el Silencio: "La voz del Padre dice: 'Escúchenlo'. Con tanta oferta de información y redes sociales, ¿qué frase o palabra de Jesús es la que tu corazón necesita desesperadamente escuchar de Dios esta semana?"
    • Objetivo: Filtrar el mensaje bíblico hacia una necesidad emocional concreta.
  5. El Rostro Tras la Máscara: "A veces nos presentamos ante los demás con una imagen perfecta. ¿En qué aspecto de tu vida necesitas que la luz de Dios 'transfigure' tus sombras o aquello que te avergüenza?"
    • Objetivo: Conectar con la vulnerabilidad mística; ir más allá de las apariencias.
  6. El Regreso al Llano: "Al bajar del monte, los discípulos volvieron a la realidad pero con una mirada nueva. ¿Qué situación difícil de tu familia o trabajo cambiaría si pudieras verla con los ojos de quien ha visto la gloria de Dios?"
    • Objetivo: Aplicar la mística a la acción social y familiar.

Cómo usar esta información para un mensaje místico

Una vez que recibas sus respuestas, no las uses como estadísticas, sino como puntos de contacto entre el cielo y la tierra. Aquí te sugiero cómo estructurar tu reflexión:

  • La Ascensión: Describe la subida al monte no como un viaje físico, sino como el despojo de las etiquetas sociales limeñas (el cargo, el apellido, el distrito) para quedar a solas con lo Divino.
  • La Visión (Mística): Utiliza sus descripciones de "paz" para explicar que la Transfiguración no es un evento del pasado, sino una irrupción de la eternidad en el presente. Usa la metáfora de la luz que atraviesa la neblina gris de Lima.
  • La Escucha: Si ellos mencionan ruidos urbanos, habla de la "oración del corazón" como el único lugar donde la voz del Padre es audible.
  • El Descenso: Termina con un llamado a la acción. La mística no es para quedarse en las nubes, sino para que, al volver a la Vía Expresa o a la oficina, sus rostros reflejen una luz que otros no pueden explicar.

Nota Espiritual: Recuerda que para el fiel, el reto es entender que lo sagrado no está reñido con su realidad, sino que es lo único que le da sentido a su esfuerzo diario.

Para que el borrador sea lo más profundo y conectado posible con tu comunidad en Lima, cuando tengas las respuestas de tus fieles, fíjate especialmente en estos tres puntos y compártemelos:

  1. Sus "sombras" recurrentes: ¿Qué es lo que más les pesa? (¿El miedo al futuro económico? ¿La soledad en la pareja? ¿El estrés del éxito?). Esto nos servirá para contrastar con la luz del Tabor.
  2. Sus "momentos de paz": ¿Dónde encuentran a Dios fuera del templo? (¿En el mar? ¿En el silencio de la madrugada? ¿En un abrazo?). Esto nos dará las imágenes poéticas para el mensaje.
  3. Sus "ruidos": ¿Qué les impide escuchar? (¿El celular? ¿La autoexigencia?). Esto nos ayudará a proponer una ascesis práctica.

¿Cómo procederemos? Una vez que engamos esos "insumos espirituales", estructuraremos la reflexión siguiendo este hilo místico:

  • El Ascenso: Dejar atrás la Lima gris y ruidosa para entrar en el silencio interior.
  • El Resplandor: Reconocer que la gloria de Dios ya habita en sus fragilidades.
  • La Voz: Qué les dice el Padre hoy, en 2026, en medio de sus desafíos actuales.
  • El Regreso: Cómo ser "luz del mundo" en una oficina, en un aula o en el tráfico de la Javier Prado.

Un tono directo y práctico permitirá que la Transfiguración no se quede en un cuadro bonito del siglo I, sino que se convierta en una herramienta de transformación para su propia casa en San Borja, Surco, o su oficina en San Isidro.

Para que el mensaje sea realmente movilizador, estructuraremos la reflexión bajo esta lógica de "Mística del Compromiso":

  1. El Monte como "Desconexión": Presentar la oración no como un lujo, sino como una necesidad de higiene mental y espiritual frente al estrés limeño.
  2. La Luz en lo Cotidiano: Identificar que el rostro de Cristo resplandece en la honestidad del trabajo y en la paciencia con la familia, no solo en el incienso.
  3. El Examen de Escucha: Un llamado directo a apagar las notificaciones del mundo para escuchar la voz del Padre que nos dice quiénes somos realmente (hijos amados), más allá de nuestros logros económicos.
  4. Bajar al Llano con Tarea: Un compromiso concreto. Si viste la luz, no puedes seguir tratando igual al subordinado en la oficina, al vigilante de la cuadra o al pariente con el que no te hablas.

Con estos puntos de referencia: economía, inseguridad, inestabilidad familiar y crisis de fe tenemos el "presupuesto" real que vamos a transfigurar con la luz del Evangelio. En Lima, estas preocupaciones no son solo noticias; son el ruido de fondo que no deja dormir a un padre o madre de familia de clase media y trabajadora.

"El Tabor en medio del asfalto"

1. El Ascenso: Dejar el "ruido de la calle" abajo

  • Punto práctico: Subir al monte con Jesús no es ignorar que Lima es insegura o que los precios suben; es tomar distancia para no dejar que el miedo sea quien tome las decisiones en casa.
  • Mensaje: "Hermanos, subir al monte hoy significa apagar el celular, dejar de contar los soles por un momento y permitir que Dios nos recuerde que somos más que nuestro presupuesto o nuestro miedo al robo".

2. La Transfiguración: Ver la luz en la crisis

  • Punto práctico: Jesús se transfigura para mostrar que el final no es la Cruz (el fracaso, la quiebra, la separación), sino la Gloria.
  • Mensaje: Nuestra fe no es ciega. Reconocemos que la situación familiar es inestable, pero la Transfiguración nos dice que esa no es la última palabra. Hay una luz que puede brillar incluso en una sala de casa donde ya no se habla, o en una billetera ajustada. Es la luz de la esperanza que nos hace creativos para solucionar problemas en lugar de rendirnos.

3. "Escúchenlo a Él": El antídoto contra la falta de fe

  • Punto práctico: La falta de fe suele ser falta de escucha. Escuchamos más a los noticieros sobre la inseguridad que la promesa de Dios de estar con nosotros.
  • Compromiso: Proponer un ayuno de "noticias trágicas" o de "quejas constantes" durante la semana, para sustituirlo por 5 minutos de lectura de la Palabra. "Si escuchas más al mundo que a Dios, es normal que tu fe se debilite".

4. Bajar al llano: Transfigurar el entorno (Compromiso Social y Familiar)

  • Punto práctico: No nos quedamos en la "choza" de la misa. Bajamos a una Lima que nos necesita.
  • Acciones concretas:
    • En la familia: Si hay inestabilidad, mi compromiso es ser "luz": menos gritos, más escucha, más perdón. Transfigurar mi hogar con paciencia.
    • En lo social: Frente a la inseguridad y la crisis, no cerrarnos en el egoísmo. Ayudar al que tiene menos, ser honestos en el trabajo (no alimentar la corrupción que genera inseguridad).
    • En la fe: La fe se fortalece dándola. Si veo a un vecino desanimado por la economía, mi palabra de aliento es mi "momento Tabor" para él.

Conclusión para el mensaje: "No podemos cambiar la economía del país mañana, ni eliminar la inseguridad de un plumazo, pero sí podemos transfigurar nuestra manera de vivirlas. Al salir hoy de esta misa, que tu familia note que has visto a Jesús: que traes paz donde había pleito y confianza donde había temor".

Vamos a darle cuerpo a este esquema. He redactado esta reflexión pensando en ese fiel que se sienta en la banca un domingo en Lima, con la mente dividida entre el Evangelio y la preocupación por el lunes.

Título: Transfigurar el miedo en esperanza: El Tabor en la Lima de hoy

El cansancio de la subida: Hermanos, subir al monte con Jesús no es un paseo de descanso; es un esfuerzo. Para nosotros, ese "monte" es llegar hoy a misa dejando atrás el tráfico de las calles de Lima, la preocupación por el recibo de la luz que sube, el temor por la inseguridad en nuestra calle o la tensión que se respira en la mesa de nuestra propia casa.

Venimos cargados. Pero Jesús nos invita a subir para que, por un momento, dejemos de mirar el suelo y miremos su rostro glorificado.

1. La Luz que atraviesa nuestra neblina: En el Tabor, los discípulos vieron a Jesús resplandeciente. No es que Jesús cambió, es que ellos por fin lo vieron como realmente Jesús es (Dios mismo).

Nuestra Lima a veces se siente gris, no solo por el cielo, sino por la falta de fe. Nos han hecho creer que solo somos lo que tenemos en el banco o lo que podemos perder en un robo. Pero la Transfiguración nos dice: "Tú eres más que tus problemas económicos". La luz de Cristo nos recuerda que, aunque la situación familiar sea inestable, hay una chispa de divinidad en nosotros que ninguna crisis puede apagar. La fe no es negar que hay problemas; es saber que los problemas no tienen la última palabra, el mal no triunfa sino el bien. El resplandor de la fe hará que el mal disipe y resplandezca el bien.

2. El peligro de las "chozas" (El compromiso): Pedro quiso armar chozas para quedarse allí. Es la tentación de la clase media: encerrarnos en nuestro "condominio espiritual", en nuestro grupo pequeño, y olvidarnos de la realidad de afuera.

Pero Jesús nos dice: "No se queden aquí". La mística de hoy no es para flotar en las nubes, es para bajar al llano, pisar tierra y fortalecer la fe de la familia.

  • Si te preocupa la economía, transfigúrala siendo honesto y solidario, no cayendo en la viveza o la avaricia.
  • Si te preocupa la inseguridad, transfigura tu barrio siendo un buen vecino, creando comunidad, dejando de vivir con el corazón cerrado bajo siete llaves.

3. Escuchar en medio del ruido: El Padre dice: "Escúchenlo a Él". ¿A quién escuchas tú durante la semana? ¿A los profetas del desastre en la televisión? ¿A los que dicen que todo está perdido en el Perú? O ¿al maestro que te hace ver la luz de esperanza?

La falta de fe nace de escuchar demasiado al mundo y muy poco al Maestro. El compromiso práctico de esta semana es este: Busca 5 minutos de silencio real. Apaga el celular. Deja que la voz de Jesús sea más fuerte que tu ansiedad por el dinero. Escúchalo decirte: "Levántate, no temas, Yo estoy contigo".

4. Bajar al llano: El rostro transfigurado: Hermanos, el éxito de esta misa no se mide por lo bien que nos sentimos aquí dentro, sino por cómo vamos a volver y entrar a nuestra casa dentro de un rato.

  • Si hay inestabilidad familiar, tu tarea es ser el primero en llevar la luz: menos crítica, más abrazo y ternura.
  • Si hay falta de fe, que tu confianza en Dios —a pesar de las dificultades— sea el milagro que convierta a los tuyos en una familia donde todos se sientan bien y digan en familia, que bien se está aquí.
Conclusión: Bajemos del monte o salgamos de la misa. La sociedad, familia nos espera con sus ruidos y sus sombras, pero nosotros bajamos distintos. Que cuando mañana te vean en la oficina o en la calle, no vean a alguien derrotado por la coyuntura, sino a alguien que ha visto la Gloria y sabe que, con Dios, siempre hay un camino nuevo.

I DOMINGO DE CUARESMA - A (22 de febrero del 2026)

 I DOMINGO DE CUARESMA - A  (22 de febrero del 2026)

Proclamación del Santo Evangelio según San Mateo 4,1 - 11:

4,1 Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el demonio.

4,2 Después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, sintió hambre.

4,3 Y el tentador, acercándose, le dijo: "Si tú eres Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes".

4,4 Jesús le respondió: "Está escrito: El hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios".

4,5 Luego el demonio llevó a Jesús a la Ciudad santa y lo puso en la parte más alta del Templo,

4,6 diciéndole: "Si tú eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: Dios dará órdenes a sus ángeles, y ellos te llevarán en sus manos  para que tu pie no tropiece con ninguna piedra".

4,7 Jesús le respondió: "También está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios".

4,8 El demonio lo llevó luego a una montaña muy alta; desde allí le hizo ver todos los reinos del mundo con todo su esplendor,

4,9 y le dijo: "Te daré todo esto, si te postras para adorarme".

4,10 Jesús le respondió: "Retírate, Satanás, porque está escrito: Adorarás al Señor, tu Dios, y a él solo rendirás culto".

4,11 Entonces el demonio lo dejó, y unos ángeles se acercaron para servirlo. PALABRA DEL SEÑOR.

REFLEXIÓN:

“Oren para no caer en la tentación, porque el espíritu es fuerte, pero la carne es débil" (Mt 26,41). ¿Cuál es la mayor tentación del hombre? Hoy, la mayor tentación del hombre es sentirse igual a Dios: “La serpiente dijo a la mujer: De ninguna manera morirán. Es que Dios sabe muy bien que el día en que coman del árbol prohibido, se les abrirán los ojos y serán como dioses, conocedores del bien y del mal” (Gn 3,4-5).

Hemos iniciado el tiempo de cuaresma con el miércoles de ceniza y en la imposición de la ceniza se nos ha recordado: “Comerás el pan con el sudor de tu frente, hasta que vuelvas a la tierra, de donde fuiste sacado. ¡Porque eres polvo y al polvo volverás!» (Gn 3,19). O también «El tiempo se ha cumplido: el Reino de Dios está cerca. Conviértete y cree en la Evangelio» (Mr 1,15).

“Escucha, Israel: el Señor, nuestro Dios, es el único Señor. Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas” (Dt 6,4). “Uds me darán culto solo a mí y yo bendeciré tu pan y tu agua. Y apartaré de ti todas las enfermedades” (Ex 23,25). “No te postrarás ante esos dioses(falsos) ni les darás culto, porque yo Yahveh, tu Dios, soy un Dios celoso, que castigo la iniquidad de los padres en los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me odian” (Ex 20,5). Estas citas del A.T. nos recuerdan que Dios es único. Pero alguien dividido o apartado de Dios que se hace igual a Dios es precisamente el demonio.

En este primer domingo de la cuaresma, llamado el domingo de la tentación, Jesús sufre tres fuertes tentaciones. Que son las tres grandes tentaciones tuyas y mías, de la Iglesia y de la sociedad. Tentaciones que están latentes a cada momento de nuestra vida terrenal.

1) La tentación de que Dios solucione el hambre del mundo: El tentador, acercándose a Jesús le dijo: «Si tú eres Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes». Jesús le respondió: «Está escrito: "El hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios» (Mt 4,3-4). Episodio que nos recuerda al pueblo de Israel en el desierto: “El pueblo de Israel partió de Elim, y el día quince del segundo mes después de su salida de Egipto, toda la comunidad de los israelitas llegó al desierto de Sin, que está entre Elim y el Sinaí. En el desierto, los israelitas comenzaron a protestar contra Moisés y Aarón. «Ojalá el Señor nos hubiera hecho morir en Egipto, les decían, cuando nos sentábamos delante de las ollas de carne y comíamos pan hasta saciarnos. Porque ustedes nos han traído a este desierto para matar de hambre a toda esta asamblea» (Ex 16,1-3).

2) La tentación del exhibicionismo y la admiración: «Si tú eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: "Dios dará órdenes a sus ángeles, y ellos te llevarán en sus manos para que tu pie no tropiece con ninguna piedra"». Jesús le respondió: «También está escrito: "No tentarás al Señor, tu Dios"» (Mt 4,6-7). Otra escena que nos recuerda la tentación del pueblo de Israel torturado por la sed: Toda la comunidad de los israelitas partió del desierto de Sin y siguió avanzando por etapas, conforme a la orden del Señor. Cuando acamparon en Refidim, el pueblo no tenía agua para beber. Entonces acusaron a Moisés y le dijeron: «Danos agua para que podamos beber». Moisés les respondió: «¿Por qué me acusan? ¿Por qué tientan al Señor?». Pero el pueblo, torturado por la sed, protestó contra Moisés diciendo: «¿Para qué nos hiciste salir de Egipto? ¿Sólo para hacernos morir de sed, junto con nuestros hijos y nuestro ganado?». Moisés pidió auxilio al Señor, diciendo: «¿Cómo tengo que comportarme con este pueblo, si falta poco para que me maten a pedradas?». El Señor respondió a Moisés: «Pasa delante del pueblo, acompañado de algunos ancianos de Israel, y lleva en tu mano el bastón con que golpeaste las aguas del Nilo. Ve, porque yo estaré delante de ti, allá sobre la roca, en Horeb. Tú golpearás la roca, y de ella brotará agua para que beba el pueblo» (Ex 17,1-6).

3) La tentación de hacernos dueños del mundo: «Te daré todo esto, si te postras para adorarme». Jesús le respondió: «Retírate, Satanás, porque está escrito: "Adorarás al Señor, tu Dios, y a él solo rendirás culto"» (Mt 4,9-10). Esta escena nos recuerda otra escena del desierto: Cuando el pueblo vio que Moisés demoraba en bajar de la montaña, se congregó alrededor de Aarón y le dijo: «Fabrícanos un Dios que vaya al frente de nosotros, porque no sabemos qué le ha pasado a Moisés, ese hombre que nos hizo salir de Egipto» Aarón les respondió: «Quiten a sus mujeres, a sus hijos y a sus hijas, las argollas de oro que llevan prendidas a sus orejas, y tráiganlas aquí». Entonces todos se quitaron sus aros y se los entregaron a Aarón. El recibió el oro, lo trabajó con el cincel e hizo un ternero de metal fundido. Ellos dijeron entonces: «Este es tu Dios, Israel, el que te hizo salir de Egipto». Al ver esto, Aarón erigió un altar delante de la estatua y anunció en alta voz: «Mañana habrá fiesta en honor del Señor». Y a la mañana siguiente, bien temprano, ofrecieron holocaustos y sacrificios de comunión. Luego el pueblo se sentó a comer y a beber, y después se levantó para divertirse. El Señor dijo a Moisés: «Baja en seguida, porque tu pueblo, ese que hiciste salir de Egipto, se ha pervertido. Ellos se han apartado rápidamente del camino que yo les había señalado, y se han fabricado un ternero de metal fundido. Después se postraron delante de él, le ofrecieron sacrificios y exclamaron: «Este es tu Dios, Israel, el que te hizo salir de Egipto». Luego le siguió diciendo: «Ya veo que este es un pueblo obstinado. Por eso, déjame obrar: mi ira arderá contra ellos y los exterminaré. De ti, en cambio, suscitaré una gran nación» (Ex 32,1-10).

No olvidemos que este episodio de la tentación del Señor sucede después del bautismo: “Apenas fue bautizado, Jesús salió del agua. En ese momento se abrieron los cielos, y vio al Espíritu de Dios descender como una paloma y dirigirse hacia él. Y se oyó una voz del cielo que decía: Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección” (Mt 3,16-17). Es decir, Jesús empieza a compartir la experiencia de nuestra vida humana con todo lo que es e incluso la experiencia del Pueblo de Dios en la escena de la salida de la esclavitud.

Dios es quien toma la iniciativa de hacerlo salir de esclavo a un pueblo libre. Es Dios que lo lleva al desierto y lo acompaña en su andar. Ahora es el Espíritu el que empuja a Jesús al desierto. El desierto es camino de libertad, pero también camino de tentación. El Evangelio reúne en una sola escena todas las tentaciones. El Pueblo vivió la tentación de regresar a la esclavitud. Jesús es tentado de todo aquello que lo puede desviar de los caminos de Dios.

La Cuaresma es un tiempo de búsqueda de la libertad pascual en base al ayuno, oración y la caridad (Mt 6,2-16). Aunque nosotros tenemos la tentación de sentirnos bien con nuestras esclavitudes, la tentación de renunciar a nuestra libertad. Cada uno sabe de qué esclavitudes Dios lo quiere sacar. Cada uno sabe que la esclavitud del pecado está maquillada de bondad y belleza. El pecado tiene mucho de maquillaje. Se presenta como algo bueno y termina destruyéndonos. El pecado se presenta como algo sabroso y termina amargándonos el corazón. ¿Hemos hecho la prueba de cómo vemos el pecado antes y cómo lo vemos luego de caer?

Una de esas tentaciones más peligrosas, porque la peor tentación es lo de no creerse tentado. La peor tentación es no tomar conciencia de que estamos tentados, ¿Cómo sanar al que no se cree enfermo? Y al respecto, nuestras mayores tentaciones son: Creer que nosotros somos buenos y no necesitamos de la ayuda de nadie. Creer que la santidad no es para nosotros. Creer que no necesito de la Iglesia porque también ella está cargada de defectos. Creer que no necesito confesarme porque no tengo pecado y, en todo caso, el confesor también es pecador. Creer que no necesito de los demás porque yo me basto a mí mismo. Creer que basta ser bueno y puedo prescindir de los demás: Me basta el amor a Dios sin necesidad del amor al prójimo. Creer que la Cuaresma no me va a cambiar. No tomar en serio nuestro camino cuaresmal hacia la Pascua y, por tanto, no tomarnos en serio a notros mismos.

Preguntas de Exploración para la Comunidad

Estas preguntas buscan identificar dónde aprieta el zapato entre la fe y la vida urbana en Lima:

  1. Sobre la Necesidad (El Pan): "¿En qué momentos de crisis económica o laboral han sentido la urgencia de 'convertir las piedras en pan', es decir, de priorizar una solución rápida o poco ética por encima de la confianza en la providencia de Dios?"
  2. Sobre la Seguridad (El Templo): "En una ciudad que a veces percibimos como insegura o caótica, ¿cuántas veces hemos 'puesto a prueba a Dios' exigiendo protección o milagros como condición para mantener nuestra fe activa?"
  3. Sobre la Ambición (Los Reinos): "Al observar el éxito de otros en nuestro entorno social o profesional, ¿qué tanto nos tienta la idea de 'postrarnos' ante los valores del mundo (poder, prestigio, apariencias) para asegurar nuestra posición?"
  4. Sobre el Desierto Moderno: "¿Qué ruidos de la ciudad o distracciones del día a día funcionan como ese 'desierto' que nos hace sentir aislados de la voz de Dios, aun estando rodeados de gente?"
  5. Sobre el Ayuno Real: "Más allá de la comida, ¿de qué cosa lícita (redes sociales, compras innecesarias, necesidad de tener siempre la razón) les costaría más 'ayunar' para hacer espacio al Espíritu?"
  6. Sobre la Palabra como Escudo: "Cuando llegan los momentos de mayor debilidad emocional, ¿cuál es esa 'Palabra que sale de la boca de Dios' (un versículo o promesa) que les sirve de ancla para no caer?"

Cómo transformar estas respuestas en un Mensaje Místico

1. El Desierto en medio de la Ciudad: Plantea que el desierto de Jesús no fue solo un lugar geográfico, sino un estado del alma. La clase media limeña vive en un "desierto de cemento". El mensaje místico es que el silencio no se encuentra huyendo de Lima, sino creando un sagrario interior donde la tentación del consumo no tenga eco.

2. De la Necesidad a la Contemplación: Usa la respuesta sobre el "pan" para entender que el hambre del hombre es, en el fondo, hambre de Infinito. La mística nos enseña que las tentaciones son "distracciones del Amor". No se trata de no querer progresar, sino de no dejar que el progreso ocupe el lugar del Amado.

3. El Abandono en la Voluntad: La mística culmina en el Fiat (Hágase). Frente a la tentación del poder o la seguridad mágica, el mensaje debe invitar a la comunidad a una confianza radical: "Solo a Él adorarás" y lo hacemos en la santa Misa cuando nos arrodillamos en el momento de la consagración: “Tomen y coman… tomen y beban que esto es mi cuerpo…” (Lc 22,19). Es pasar de usar a Dios para nuestros fines, a ser instrumentos de sus fines en la vida para DIOS y  con Dios.

Nota: Para una audiencia de clase media, funciona muy bien usar metáforas de "limpieza de la mirada". La tentación empaña el vidrio a través del cual vemos a Dios; la vida espiritual es el proceso de volver a ver claro.

A menudo vivimos bajo el estrés de la planificación, el control y la búsqueda de seguridad, el abandono en las manos de Dios no es solo un acto de piedad, sino un acto de rebeldía espiritual contra el demonio.

Aquí una propuesta de Guía de Oración Contemplativa diseñada para ser realizada en comunidad o de forma individual, enfocada en el abandono radical como escudo.

Guía de Oración: "El Amparo en el Desierto"

I. Preparación: El Silencio de la Metrópoli

Invita a los fieles a cerrar los ojos y visualizar el ruido de Lima (el tráfico, las preocupaciones del trabajo, las deudas) como una marea que se retira.

  • Gesto: Colocar las manos con las palmas hacia arriba sobre las rodillas. Es el gesto del mendigo y del que recibe.
  • Jaculatoria inicial: "Señor, no soy yo quien controla el mañana, eres Tú."

II. Lectura Profunda (Mt 4, 1-11)

Se lee el pasaje no como un relato histórico, sino como un espejo.

“No solo de pan vive el hombre…”

Reflexión breve: El diablo tienta a Jesús en su necesidad. A nosotros nos tienta en nuestra búsqueda de seguridad material. El abandono comienza cuando reconocemos que nuestro "pan" más urgente es la Voluntad del Padre.

III. El Ejercicio de las Tres Entregas (Mística del Abandono)

Para repeler la tentación, realizaremos tres actos de confianza inspirados en las tres tentaciones:

1. Entrega de las Necesidades (Contra el Pan)

"Señor, te entrego mi miedo a que me falte el sustento, el estatus o el éxito. Renuncio a la ansiedad de querer convertir mis piedras en pan por mis propias fuerzas. Me abandono a Tu providencia."

  • Momento de silencio.

2. Entrega de las Seguridades (Contra el Templo)

"Señor, renuncio a la tentación de exigirte pruebas de Tu amor. No necesito lanzarme al vacío para ver si me sostienes; ya sé que estoy en Tus manos. Te entrego mi necesidad de controlar el futuro de mis hijos y mi salud."

  • Momento de silencio.

3. Entrega de la Voluntad (Contra los Reinos)

"Señor, el mundo me ofrece reinos de prestigio y poder si me postro ante sus reglas. Hoy decido postrarme solo ante Ti. Mi libertad es Tuya. Que Tu voluntad sea mi único anhelo."

  • Momento de silencio.

IV. Oración de compromiso

Se reza a coro, con énfasis en la entrega total:

"Padre, me pongo en Tus manos. Haz de mí lo que quieras. Sea lo que sea, te doy las gracias. No deseo nada más, Dios mío, sino que Tu voluntad se cumpla en mí y en todas Tus criaturas. En Tus manos encomiendo mi alma; te la doy con todo el amor de que soy capaz, porque para mí es una necesidad de amor el darme, el entregarme en Tus manos sin medida, con una confianza infinita, porque Tú eres mi Padre."

V. Conclusión: El Escudo de la Paz

Al final del pasaje, los ángeles sirven a Jesús. Al abandonarnos, la paz de Dios (su "ejército de ángeles") custodia nuestro corazón. El demonio no tiene poder sobre quien no posee nada, porque quien se ha abandonado a Dios, lo posee Todo.

Sugerencia de cierre para el mensaje: Recuerda que el abandono no es pasividad, es la actividad máxima de la fe: es dejar que Dios pelee nuestras batallas mientras nosotros descansamos en Su pecho.

Oración breve de protección (tipo letanía) para que los fieles puedan llevarse impresa en un pequeño recordatorio para rezar durante la semana en sus trayectos o trabajos

El demonio no suele ofrecer "el infierno" con fuego y azufre, sino que lo disfraza de un "reino" de éxito, autonomía absoluta y seguridad material que, al final, nos deja el alma seca y vacía.

Aquí tienes una propuesta de esquema de homilía que resalta el Don del Bautismo, la Fe y la Oración como armas de victoria.

El Reino del Padre o el Espejismo del Mundo Basada en Mt 4, 1-11

1. El Bautismo: Nuestra Armadura de Luz

Queridos hermanos, hace unos momentos recordábamos nuestro Bautismo. Al ser bautizados, no solo recibimos un nombre; recibimos una identidad: SOMOS HIJOS DE DIOS.

El demonio comienza su tentación a Jesús diciendo: "Si eres Hijo de Dios...". Esa es su estrategia favorita con nosotros en el mundo: hacernos dudar de nuestra filiación. Nos susurra al oído en la oficina, en el tráfico, en las crisis familiares: "Si Dios te amara tanto, no pasarías por esto". La fe es el escudo que responde: "Soy hijo, y mi Padre tiene el control". El Bautismo nos dio el ADN de la victoria, pero la fe es la que activa ese poder.

2. El Reino de la Mentira (El Espejismo del Infierno)

En la tercera tentación, el diablo ofrece "todos los reinos del mundo". Para nosotros, esos reinos no son países, son ídolos:

  • El reino de la apariencia (el proyectar lo que no somos, el "qué dirán").
  • El reino del poder económico a cualquier costo.
  • El reino del control absoluto sobre nuestra vida y el futuro.

El demonio nos ofrece un reino donde nosotros somos los reyes, pero ese es, precisamente, el Reino del Infierno: un lugar donde Dios no está y donde terminamos siendo esclavos de nuestros propios deseos (Stg 1,14:Concupiscencia). El infierno comienza aquí cuando decidimos que no necesitamos de la Providencia de Dios.

3. La Oración: El Aliento del Soldado

¿Cómo resistió Jesús? No discutió con el demonio. No razonó con la tentación. Jesús oró con la Palabra.

Para ustedes, que enfrentan el ritmo frenético de esta ciudad, la oración no puede ser un lujo de "tiempo libre". La oración es el abandono radical. Orar es decirle al diablo: "No me des nada de lo que me ofreces, porque mi Padre ya me lo ha dado todo en la Cruz".

  • Cuando la tentación del desánimo llegue: Ora.
  • Cuando el brillo del dinero fácil te seduzca: Ora.
  • Cuando sientas que tu fe flaquea: Recuerda tu Bautismo.

4. Conclusión: El Triunfo de la Humildad

Al final, el diablo se retira. ¿Por qué? Porque no pudo encontrar una grieta de orgullo en Jesús. El abandono en manos de Dios es el arma que el demonio no entiende y a la que teme profundamente.

Hermanos, no tengan miedo de las tentaciones. Ténganle miedo a dejar de orar. Porque el que ora, se mantiene unido a la Vid (Dios), y nadie puede arrancarlo de las manos del Padre. Que nuestra fe sea hoy el "No" rotundo al reino del enemigo y el "Sí" jubiloso al Reino de Dios.

Un gesto para la comunidad

Como sugerencia final. Al terminar la homilía, cierren los ojos y repitan tres veces en su interior: "Soy hijo de Dios por el sacramento del Bautismo. Señor en tus manos me abandono".

Esta oración está diseñada para ser un recurso práctico y poderoso. Para la familia, que valora la protección de la fe y el bienestar del hogar, este "compromiso" actúa como un recordatorio de que su casa y su vida no pertenecen al caos del mundo, sino al Reino de Dios.

Propuesta de oración, estructurada para ser rezada en comunidad o en el seno del hogar.

Oración y Protección del Hogar

(Para rezar frente a un crucifijo o la imagen de la Virgen en casa)

I. Invocación Inicial

Líder: En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Todos: Amén. Líder: Recordamos hoy nuestro Bautismo, la marca imborrable que nos hace propiedad de Dios. Renovamos nuestra fe para rechazar las promesas vacías del enemigo.

II. El Sellado de la Fe (Letanía de Abandono)

A cada invocación, respondemos: "Sella nuestra vida, Señor".

  1. De la tentación de confiar solo en el dinero y el éxito material... R.
  2. De la soberbia de querer controlar el futuro y el destino de los nuestros... R.
  3. Del miedo que nos hace dudar de Tu providencia en medio de la crisis... R.
  4. De la división en nuestra familia y de la falta de perdón... R.
  5. De los engaños del demonio que nos ofrece reinos de apariencia y poder... R.

III. Oración de Protección Directa

(Se sugiere que todos extiendan las manos hacia adelante o se tomen de las manos si están en familia)

"Señor Jesús, por el poder de Tu Sangre Preciosa y la gracia de nuestro Bautismo, sellamos hoy los umbrales de nuestro hogar, nuestras mentes y nuestros corazones.

Declaramos que esta familia pertenece al Reino de la Luz. Rechazamos cualquier 'reino de oscuridad' que intente entrar bajo el disfraz de la ambición desmedida, el desánimo o el rencor. Que Tu Espíritu Santo sea el muro de fuego que nos rodee, y que Tu paz, que sobrepasa todo entendimiento, sea la que gobierne nuestras decisiones.

Madre María, tú que aplastaste la cabeza de la serpiente con tu humildad, enséñanos a decir siempre 'Hágase en mí según Tu palabra'. Amén."

IV. Gesto de Bendición: Si se lleva a casa, se puede sugerir que el padre o la madre de familia haga una pequeña señal de la cruz en la frente de sus hijos y diga: "Eres hijo de Dios, no temas; Él pelea por ti".

Sugerencia para el "Recordatorio": Si decides imprimirla en volantes o tarjetas pequeñas para los fieles, podrías incluir este versículo al reverso: "Sométanse, pues, a Dios; resistan al diablo, y huirá de Uds." (Stg 4,7).

domingo, 8 de febrero de 2026

DOMINGO VI T.O. - A (15 de Febrero del 2026)

 DOMINGO VI T.O. - A (15 de Febrero del 2026)

Proclamación del Evangelio San Mateo 5,17-37.

5:17 No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento.

5:18 Les aseguro que no desaparecerá ni una i ni una coma de la Ley, antes que desaparezcan el cielo y la tierra, hasta que todo se realice.

5:19 El que no cumpla el más pequeño de estos mandamientos, y enseñe a los otros a hacer lo mismo, será considerado el menor en el Reino de los Cielos. En cambio, el que los cumpla y enseñe, será considerado grande en el Reino de los Cielos.

5:20 Les aseguro que si la justicia de ustedes no es superior a la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos.

5:21 Ustedes han oído que se dijo a los antepasados: No matarás, y el que mata, será condenado por el tribunal.

5:22 Pero yo les digo que todo aquel que se irrita contra su hermano, será condenado por el tribunal. Y todo aquel que lo insulta, será castigado por el Sanedrín. Y el que lo maldice, será condenado a la Gehena de fuego.

5:23 Por lo tanto, si al presentar tu ofrenda en el altar, te acuerdas de que tu hermano tiene alguna queja contra ti,

5:24 deja tu ofrenda ante el altar, ve a reconciliarte con tu hermano, y sólo entonces vuelve a presentar tu ofrenda.

5:25 Trata de llegar en seguida a un acuerdo con tu adversario, mientras vas caminando con él, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al guardia, y te pongan preso.

5:26 Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo.

5:27 Ustedes han oído que se dijo: No cometerás adulterio.

5:28 Pero yo les digo: El que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón.

5:29 Si tu ojo derecho es para ti una ocasión de pecado, arráncalo y arrójalo lejos de ti: es preferible que se pierda uno solo de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado a la Gehena.

5:30 Y si tu mano derecha es para ti una ocasión de pecado, córtala y arrójala lejos de ti: es preferible que se pierda uno solo de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado a la Gehena.

5:31 También se dijo: El que se divorcia de su mujer, debe darle una declaración de divorcio.

5:32 Pero yo les digo: El que se divorcia de su mujer, excepto en caso de unión ilegal, la expone a cometer adulterio; y el que se casa con una mujer abandonada por su marido, comete adulterio.

5:33 Ustedes han oído también que se dijo a los antepasados: No jurarás falsamente, y cumplirás los juramentos hechos al Señor.

5:34 Pero yo les digo que no juren de ningún modo ni por el cielo, porque es el trono de Dios;

5:35 ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; Isaías 66, 1 ni por Jerusalén, porque es la Ciudad del gran Rey.

5:36 No jures tampoco por tu cabeza, porque no puedes convertir en blanco o negro uno solo de tus cabellos.

5:37 Cuando ustedes digan "sí", que sea sí, y cuando digan "no", que sea no. Todo lo que se dice de más, viene del Maligno. PALABRA DEL SEÑOR.

REFLEXIÓN:

Queridos amigos(as) en el Señor Paz y Bien.

Hoy el mensaje del evangelio aborda varios temas:  1) Jesús ante la ley: “No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento” (Mt 5,17). 2) El homicidio: “Ustedes han oído que se dijo a los antepasados: No matarás, y el que mata, será condenado por el tribunal. Pero yo les digo…” (Mt 5,21). 3). El adulterio: “Ustedes han oído que se dijo: No cometerás adulterio. Pero yo les digo... “ (Mt 5,27). 4) El divorcio: “Ustedes han oído que se dijo el que se divorcia de su mujer, debe darle una declaración de divorcio. Pero yo les digo…” (Mt 5,31). 5). El juramento: “Ustedes han oído también que se dijo a los antepasados: No jurarás falsamente, y cumplirás los juramentos hechos al Señor. Pero yo les digo…” (Mt 5,33).

Para nuestra reflexión conviene resaltar tres aspectos:

1) Recordemos la ley de los diez mandamientos que el pueblo de Israel tiene que cumplir porque fueron dadas por Dios a Moisés ( Ex 31,18; 20,1-17). Luego en el N.T. se nos dice: “La Ley y los Profetas llegan hasta Juan. Desde entonces se proclama el Reino de Dios, y todos tienen que esforzarse para entrar en él. Es más fácil que dejen de existir el cielo y la tierra, antes que deje de cumplirse una coma de la Ley” (Lc 16,16-17). Los fariseos le preguntaron cuándo llegaría el Reino de Dios. Él les respondió: "El Reino de Dios no viene ostensiblemente, y no se podrá decir: Está aquí o Está allí. Porque el Reino de Dios está entre ustedes" (Lc 17,20,21). Jesús les dijo: “Si yo expulso a los demonios con la fuerza del dedo de Dios, quiere decir que el Reino de Dios ha llegado a ustedes” (Lc 11,20).

2) Un escriba pregunta a Jesús: "¿Cuál es el primero de los mandamientos? Jesús respondió: El primero es: Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor;  y tú amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, con todo tu espíritu y con todas tus fuerzas. El segundo es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento más grande que estos" (Mc 12,28-31). En suma: Porque Dios es amor (I Jn 4,8). Y el amor a Dios tiene que pasar por el amor al hermano: “Quien dice amar a Dios y no ama a su hermano es un mentiroso” (I Jn 14,20).

3) Quien vive en el amor de Dios ama a su prójimo por tanto: la nueva ley es como el Señor mismo nos dice: “Les doy un mandamiento nuevo, que se amen los unos a los otros. Así como yo los he amado, ámense también ustedes los unos a los otros. En esto todos reconocerán que ustedes son mis discípulos: en el amor que se tengan los unos a los otros" (Jn 13,34-35). Y el que sabe vivir en el amor a Dios, acepta el mensaje de Dios integro tanto del A.T- y N.T. porque se complementan. Opta por la vida y no atenta contra el quinto mandamiento. Que nos dice no mataras, y el sexto mandamiento: No cometerás adulterio. No atentará contra el primer mandamiento: Amar a Dios sobre todas las cosas y menos contra el segundo que nos dice: No levantaras el nombre de Dios en vano.

Jesús no viene a abolir la Ley del Antiguo Testamento. Al contrario, la viene a perfeccionar pasando por una exhaustiva purificación, porque a lo largo del tiempo nosotros la hemos deformado y una ley deformada ya no sirve ni para ser imagen de Dios (Gn 1,26), ni para convivir como hermanos (Jn 13,34). O recordemos este episodio: "El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. Él me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor" (Is 61). Jesús cerró el Libro, lo devolvió al ayudante y se sentó. Todos en la sinagoga tenían los ojos fijos en él. Entonces comenzó a decirles: “Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír” (Lc 4,18-20).

Nos dice también que, no basta ser como los demás, no podemos ser como los escribas y fariseos: “Les aseguro que si no son mejores que los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos” (Mt 5,20).  Con frecuencia, nosotros nos medimos según la medida de los demás, pero para Dios cada uno tiene su propia medida. No basta que yo sea como los demás, sino que tengo que dar la talla que Dios ha pensado para mí. No pensemos que Dios nos exige cosas imposibles, así no es: “Este mandamiento que hoy te prescribo no es superior a tus fuerzas ni está fuera de tu alcance. No está en el cielo, para que digas: ¿Quién subirá por nosotros al cielo y lo traerá hasta aquí, de manera que podamos escucharlo y ponerlo en práctica? Ni tampoco está más allá del mar, para que digas: ¿Quién cruzará por nosotros a la otra orilla y lo traerá hasta aquí, de manera que podamos escucharlo y ponerlo en práctica? No, la palabra está muy cerca de ti, en tu boca y en tu corazón, para que la practiques” (Dt 30,11-14).

Jesús sitúa la nueva ley en el corazón del hombre. Un buen día preguntaron a Jesús: Un escriba que los oyó discutir, al ver que les había respondido bien, se acercó y le preguntó: “¿Cuál es el primero de los mandamientos?”. Jesús respondió: “El primero es: Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor; y tú amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, con todo tu espíritu y con todas tus fuerzas. El segundo es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento más grande que estos” (Mc 12,28-31). Quien sabe amar, no sabe lo que es matar. Hasta llega a hacer una afirmación que para nosotros pudiera parecernos extraña. Yo diría que la reconciliación, la amistad y el perdón están por encima del mismo culto o, dicho de otra manera, son una especie de culto. No se puede acercar uno al altar, si en su corazón lleva el veneno de la enemistad con su hermano. Mejor damos vuelta atrás, amistamos y nos perdonamos y recién ahora podemos acercarnos al altar (Mt 5,23).

Jesús nos invita a ver y entender de una manera nueva la ley: “han oído que se dijo… pero yo les digo” (Mt 5,21)… Ustedes han oído que se dijo: "Amarás a tu prójimo" y odiarás a tu enemigo. Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores; así serán hijos del Padre que está en el cielo, porque él hace salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos. Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen lo mismo los publicanos? Y si saludan solamente a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen lo mismo los paganos? Por lo tanto, sean perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo” (Mt 5,44-48).

Solo Cristo Jesús es el modelo de la humanidad. Nadie es modelo de lo que tenemos que ser, sino solo Jesús. La vida de los demás puede despertar alicientes como también puede despertar apatías. Jesús es bien claro en esto: “Les aseguro: Si no son mejores que los escribas y fariseos, no entraran en el reino de los cielos” (Mt 5,20). En aquel entonces, los modelos de religiosidad eran tanto los escribas como los fariseos. Digamos que eran los buenos, los santos según la Ley, pero sus vidas no eran suficientes para ser modelos de santidad en el nuevo Reino que predicaba Jesús. Jesús era de los que caminaba contra la corriente, contra la costumbre, contra la tradición, contra lo que consideraban el camino y la voluntad de Dios, su misión fue marcar un camino diferente, un camino contracorriente.

El gran peligro que todos corremos es querer ser como los demás, como los otros. El qué dirán los demás tiene una tremenda fuerza dentro de nosotros. El qué dirán o pensarán los demás tiene el poder de marcar y señalar nuestras vidas. Los demás tienen una enorme fuerza en nuestras vidas. “Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, que son ladrones, injustos y adúlteros; ni tampoco como ese publicano” (Lc. 18,11). ¿Quién de nosotros no ha experimentado esa fuerza en su vida en compararse con los demás? ¿Qué pensarán de nosotros? Porque nuestro prestigio está no en lo que pensamos nosotros ni, muchas veces en lo que pueda pensar Dios, sino en lo que “piensan los otros”.

Hablamos como hablan y de lo que hablan los demás. No podemos llamar la atención. Tenemos miedo a lo que dirán de nosotros. Vestimos como visten los demás. No podemos sentirnos marginados. Hay que ser como todos. Compramos lo que compran todos. Hay que estar al día y a tono con los demás. Nos divertimos como se divierten todos. Nadie quiere pasar por un aburrido. Hoy Jesús nos dice otra cosa: "Si no son distintos y mejores que los demás, no podrán entrar en el Reino de los cielos” (Mt 5,20).

Si la humanidad de hoy busca modelos que seguir entre los hombres de hoy se equivoca. Cree que prescindiendo de Dios o escapando de Dios le va mejor, pues no es cierto. Mejor te miras en el espejo de Jesús y del Evangelio. Por eso, no podemos juzgar a los demás ni considerarnos menos ni más que los demás. Ante Dios somos únicos. “El hombre es tanto ante Dios y no más” (San Francisco de Asís).