DOMINGO XI – CICLO A (14 de Junio de 2026)
Proclamación del Santo Evangelio según san Mateo 9:36--10:8
9,36 Y al ver a la muchedumbre, sintió compasión de ella,
porque estaban vejados y abatidos como ovejas que no tienen pastor.
9,37 Entonces dice a sus discípulos: «La mies es mucha y los
obreros pocos.
9,38 Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su
mies.»
10,1Y llamando a sus doce discípulos, les dio poder sobre
los espíritus inmundos para expulsarlos, y para curar toda enfermedad y toda
dolencia.
10,2 Los nombres de los doce Apóstoles son éstos: primero
Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago el de Zebedeo y su hermano
Juan;
10,3 Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo el publicano;
Santiago el de Alfeo y Tadeo;
10,4 Simón el Cananeo y Judas el Iscariote, el mismo que le
entregó.
10,5 A estos doce envió Jesús, después de darles estas instrucciones:
«No tomen camino de gentiles ni entren en ciudad de samaritanos;
10,6 diríjanse más bien a las ovejas perdidas de la casa de
Israel.
10,7 Vayan proclamando que el Reino de los Cielos está
cerca.
10,8 Curen enfermos, resuciten muertos, purifiquen leprosos,
expulsen demonios. Gratis lo recibieron; denlo gratis. PALABRA DEL SEÑOR.
Estimados hermanos en el Señor Paz y Bien.
“Vayan y proclamen que el reino de los cielos está
cerca". Curen enfermos, resuciten muertos, limpien leprosos, expulsen
demonios» (Mt 10,7-8).
Dios salva por su Hijo (Jn 3,17): El primer paso en la
historia de Israel es el "éxodo" o salida de la esclavitud de Egipto
(Lv 11,45). Por tanto, un paso hacia la libertad. Israel interpreta su historia
como un proceso de liberación en el que Dios lleva la iniciativa. Israel
confiesa que Dios le ha sacado de Egipto. El primer paso de la nueva vida es el
paso hacia la libertad de los hijos de Dios, una salida de la esclavitud del
pecado.
Es Dios el que lleva siempre la iniciativa, pues todos
necesitamos de la gracia de Dios. Y estando nosotros todavía sin fuerzas,
cuando éramos pecadores, Cristo murió por nosotros y por todos los hombres (Rm
5,8). La iniciativa de Dios en favor de los hombres es la prueba de que nos ama
y nos ama gratuitamente. ¿Acaso se puede amar de otra manera? No, si es Dios el
que ama. Tampoco, si nosotros nos amamos mutuamente como hemos sido amados por
Dios en Jesucristo. El amor auténtico que viene de Dios, el amor gratuito,
libera, salva, vivifica...; pero hay amores que matan y esclavizan, amores que
son un torpe disfraz del egoísmo.
Los doce apóstoles en este momento exacto del envío (Mateo
10:1-4) nos revela que el grupo elegido por Jesús no era un bloque
homogéneo de santos perfectos e intelectuales, sino un reflejo providencial
de la complejidad humana y social de su época: “Llamo a los que el quiso” (Mc
3,13).
(Mt 16,18) Jesús no funda su Iglesia sobre un ejército de
eruditos, sino sobre la diversidad de lo cotidiano. Veamos el significado
teológico e histórico de sus nombres y de cómo estaban agrupados:
1. El número "Doce": Una refundación espiritual:
Antes de los nombres individuales, el número en sí mismo es un mensaje
potentísimo. Doce eran las tribus de Israel. Al elegir a Doce, Jesús
está declarando visualmente la restauración y la refundación del Pueblo de
Dios. La Iglesia nace con la misión de reunir lo que estaba disperso.
2. Los cuatro primeros: Los pescadores (La base del
grupo): El texto los nombra en parejas, reflejando que la misión nunca se
hace en solitario:
Simón, llamado Pedro: Simón significa "el que
escucha", pero Jesús le añade el sobrenombre de Pedro (Cefas, Roca). Es la
paradoja andante: un hombre de carácter inestable, impulsivo, que llega a negar
a Jesús, pero que por pura gracia es transformado en el cimiento del grupo.
Andrés: Su nombre es de origen griego y significa
"varonil" o "valiente". Es el hermano de Pedro, el que
siempre tiende puentes y pasa desapercibido, uniendo a la gente con Jesús sin
buscar el protagonismo.
Santiago (Jacobo) y Juan, los hijos de Zebedeo: Jesús
los llamará más tarde Boanerges ("Hijos del trueno") por su
temperamento explosivo y ambicioso. Santiago será el primer apóstol en morir
mártir; Juan, el teólogo del amor. Curiosamente, el amor y el ímpetu radical
van de la mano en la misión.
3. Los del trasfondo cultural y la periferia
Felipe: Su nombre también es griego ("el que ama
los caballos"). Proviene de Betsaida, una zona fronteriza y muy
helenizada. Representa la apertura de la Iglesia a la cultura exterior.
Bartolomé: Tradicionalmente identificado como
Natanael. Su nombre es un patronímico arameo (Bar-Tolmay: "Hijo de
Tolomeo"). Jesús lo definió como "un verdadero israelita en quien no
hay doblez". Representa la búsqueda sincera y honesta de la verdad.
Tomás: Significa "gemelo" (Dídimo). Ha
pasado a la historia como el incrédulo, pero su nombre nos recuerda el
"gemelo" que todos llevamos dentro: esa dualidad humana entre la fe
profunda y la duda honesta que también tiene espacio en la misión.
4. La paradoja política: El opresor y el revolucionario
La convivencia de estos dos nombres en el mismo grupo es el
mayor milagro social de Jesús, algo que debió generar tensiones humanas
brutales al principio:
Mateo, el recaudador de impuestos: Llamado también
Leví. Era considerado un traidor a la patria, un colaborador corrupto del
Imperio Romano que se enriquecía a costa de sus hermanos.
Simón el Zelote (o el Cananeo): Los zelotes eran una
facción política radical, nacionalista y armada que buscaba derrocar a los
romanos mediante la violencia y el asesinato.
El milagro del Reino: Jesús sentó a la misma mesa al
colaborador del invasor (Mateo) y al guerrillero ultra-nacionalista (Simón). En
el Reino de los Cielos, la vieja polarización política e ideológica queda
disuelta por una lealtad mayor: el amor a Cristo.
5. Los últimos de la lista
Santiago, hijo de Alfeo: Conocido como "el
Menor" para distinguirlo del hijo de Zebedeo. Representa a los miles de
obreros de la Iglesia que hacen su labor en el más absoluto anonimato
histórico, esenciales pero discretos.
Tadeo (o Judas, hijo de Santiago): Su nombre
significa "magnánimo" o "pecho robusto" (valiente). San
Jerónimo lo llamaba "el hombre de los tres nombres" (Mateo lo llama
Tadeo, Lucas lo llama Judas de Santiago).
Judas Iscariote: El drama del grupo. Iscariote
probablemente significa "hombre de Queriot" (una aldea del sur, lo
que lo convertía en el único no-galileo del grupo). Mateo añade con dolor:
"el que lo entregó". Su inclusión demuestra que Jesús arriesga e
invierte su amor incluso sabiendo el misterio de la libertad humana y de la
traición.
El significado para la Misión de la Iglesia
La lista de los nombres en el momento del envío nos deja una
lección profunda: Jesús no eligió a los que ya estaban preparados, sino que
preparó a los que eligió.
La sagrada misión de la Iglesia no se le confía a seres
angélicos, sino a una comunidad de pecadores perdonados, donde conviven el
traidor, el violento, el cobarde, el intelectual y el sencillo. Si Dios pudo
reconciliar a este grupo y encender el mundo a través de ellos, hay esperanza
para nuestra Iglesia y nuestras comunidades hoy.
El pasaje de Mateo 9:36-10:8 es fundamental en el
Nuevo Testamento porque marca la transición de la misión individual de Jesús a
la misión comunitaria de la Iglesia. Aquí, Jesús no solo define qué debe
hacer la Iglesia, sino desde dónde y con qué espíritu debe hacerlo.
Ahondar en este texto nos permite descubrir los cuatro
pilares que constituyen la sagrada misión de la comunidad creyente:
1. El motor de la misión: La compasión visceral de Cristo
«Al ver a las multitudes, tuvo compasión de ellas, porque
estaban angustiadas y abatidas como ovejas que no tienen pastor» (Mt 9,36).
La misión de la Iglesia no nace de una estrategia de
marketing, de una necesidad de auto-perpetuarse o de una ideología. Nace de la compasión.
La palabra griega utilizada aquí (esplanjnísthe) hace referencia a una
conmoción en las entrañas; es un dolor físico ante el sufrimiento ajeno.
El diagnóstico: Jesús ve a la humanidad «angustiada y
abatida» (en otras traducciones, "extenuadas y desamparadas"). La
Iglesia está llamada a mirar el mundo con los ojos de Jesús, no para juzgarlo
ni condenarlo, sino para dejarse conmover por sus heridas, su desorientación y
su falta de referentes auténticos ("ovejas sin pastor").
2. El método de la misión: La oración y la
corresponsabilidad
«La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos.
Rueguen, por tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos»
(Mt 9,37-38).
Antes de enviar a los discípulos a hacer cualquier cosa,
Jesús les pide rezar. La misión es de Dios (Él es el "dueño de la
mies"), no de los hombres.
Esto quita a la Iglesia la presión de creerse la
"salvadora" autónoma del mundo y la sitúa en una postura de humilde
colaboración.
Inmediatamente después de pedir oración, Jesús llama a los
doce por su nombre y los envía. Hay una paradoja hermosa: los que rezan por
trabajadores se convierten en los trabajadores. La oración transforma al
intercesor en misionero.
3. El contenido de la misión: El Reino de los Cielos y la
restauración integral
“Vayan y proclamen que el reino de los cielos está
cerca". Curen enfermos, resuciten muertos, limpien leprosos, expulsen
demonios» (Mt 10,7-8).
La misión es una unidad indisoluble entre la palabra que
anuncia y la acción que transforma. La Iglesia no solo ofrece un
discurso bonito, sino una fuerza liberadora que toca los cuerpos y las
realidades concretas.
El anuncio: Comunicar que Dios está interviniendo a
favor de la humanidad, que el desamparo se terminó.
Los signos: Sanar, resucitar, limpiar y liberar.
Estos cuatro imperativos representan la victoria del Reino sobre el sufrimiento
físico (la enfermedad), el destino fatal (la muerte), la exclusión social y
religiosa (la lepra) y la opresión del mal (los demonios). La sagrada misión de
la Iglesia es, por tanto, devolver la vida plena.
4. El estilo de la misión: La gratuidad absoluta
«Gratis lo recibieron, denlo gratis» (Mt 10,8).
Este es el sello de autenticidad de la Iglesia. El amor del
Padre es gratuito; por lo tanto, sus administradores no pueden cobrar por él,
ni económicamente ni exigiendo cuotas de poder, prestigio o control moral.
El término original evoca "dar de balde", como un
regalo puro.
Cuando la Iglesia olvida la gratuidad y se vuelve
transaccional o busca su propio beneficio, desfigura el rostro de Dios y el mensaje
del Reino pierde toda su fuerza transformadora.
En síntesis: Según este mandato evangélico, la
Iglesia no es una aduana espiritual ni una ONG asistencialista. Su sagrada
misión consiste en ser una extensión de las entrañas compasivas de Jesús en
la historia, enviada a sanar las heridas del mundo con la misma gratuidad
absoluta con la que ella misma ha sido amada y salvada.
Profundizar esta frase teniendo en cuenta las ideas
siguientes: «Vayan y proclamen que el reino de los cielos está cerca» (Mt
10,7). Porque en esta frase estaba sintetizada todo. Lo absoluto que es el
reino de Dios: la presencia misteriosa de Dios en medio de los hombres.
Jesús quiere que los suyos introduzcan en el mundo la
experiencia y el mensaje de su amor. No irán a los abandonados para
compadecerlos, sino para comunicarles que hay alguien que los ama
gratuitamente: el Padre del cielo. Esta expresión podemos traducirla así:
Anuncien que Dios está interviniendo en favor de los hombres; como Salvador.
Miren que comienza un tiempo nuevo para Uds. Porque ya no son los abandonados
de Dios y de los hombres... Son amados, y mira cómo… La breve frase de Jesús
fue el catecismo de aquel pequeño grupo que suscito el germen del reino de Dios.
En necesario profundizar este mandato de Jesús: «Vayan y
proclamen que el reino de los cielos está cerca» (Mt 10,7) nos revela que no se
trata de una simple directriz histórica, sino de la columna vertebral del
cristianismo original. Es un vuelco absoluto a la forma en que entendemos
la religión, la sociedad y el sufrimiento humano.
A continuación, desglosamos las ideas clave para profundizar
en su peso teológico y existencial:
1. El Reino de Dios como lo Único Absoluto
Cuando la frase dice que "en esta frase estaba
sintetizado todo", sitúa al Reino como la prioridad periférica de la vida.
El Reino no es un territorio geográfico ni un sistema político; es la
presencia misteriosa y activa de Dios en medio de la historia humana.
Al definirlo como lo "absoluto", todo lo demás
(las estructuras, las leyes e incluso las instituciones religiosas) pasa a ser
secundario o instrumental.
Lo importante no es la supervivencia del grupo de
discípulos, sino que el mundo se entere de que Dios ha acortado la distancia.
2. De la Lástima Social al Amor Gratuito
Una de las intuiciones más profundas del texto es la
distinción entre la compasión asistencialista y la revelación del amor del
Padre: "No irán a los abandonados para compadecerlos, sino para
comunicarles que hay alguien que los ama gratuitamente".
La lástima o la mera conmiseración horizontal a veces puede
mantener la distancia entre el que "está bien" y el
"desgraciado". Jesús rompe esa lógica.
El discípulo no va a ofrecer una limosna emocional, sino a
restituir la dignidad del otro. El mensaje es subversivo: el marginado,
el abandonado por los hombres, descubre que es el predilecto de Dios. Su
valor no depende de su utilidad social, sino de un amor previo, gratuito e
incondicional (el Padre del cielo).
3. Dios como Salvador Activo e Histórico
Traducir la cercanía del Reino como "Dios está
interviniendo en favor de los hombres; como Salvador" quita a la fe
cualquier tinte de pasividad o de alienación para el "más allá".
El Reino está cerca porque Dios ya se ha puesto en marcha.
Es un Dios que se ensucia las manos con la realidad humana.
Esta intervención no es un juicio condenatorio, sino una acción
liberadora. Dios interviene para rescatar, para sanar lo que estaba roto y
para hacer justicia a los que no la tienen.
4. La Ruptura del Tiempo: El Comienzo de una Nueva Era
"Miren que comienza un tiempo nuevo para Uds."
comporta una dimensión kairótica (un tiempo de gracia). La proclamación del
Reino actúa como una frontera en la historia personal y colectiva:
Antes: El abandono, la intemperie espiritual, el peso
del destino o de la exclusión social.
Ahora: La certeza de la filiación. Al saberse amados
("y mira cómo…", reflejado en la entrega misma de Jesús), cambia la
autopercepción del ser humano. El desamparado ya no se define por su desamparo,
sino por su condición de hijo y ciudadano del Reino.
5. El "Catecismo" de la Semilla: El Germen del
Cambio
Finalmente, el texto define esta breve frase como el
catecismo de aquel pequeño grupo. Un catecismo concentra lo esencial que se
debe aprender y practicar. Lo fascinante es que este mínimo contenido doctrinal
bastó para suscitar el germen del Reino de Dios.
No necesitaron grandes manuales de teología ni pesadas
estructuras jurídicas. Les bastó una convicción y un estilo de vida errante y
ligero de equipaje (como describe el resto de Mateo 10).
Como un germen o una semilla de mostaza, la potencia de esa
síntesis radical modificó las estructuras del Imperio Romano y de la historia,
demostrando que la experiencia del amor de Dios compartida desde la
vulnerabilidad es la fuerza transformadora más grande del mundo.
En conclusión: Profundizar en Mt 10,7 nos exige pasar
de una fe de "creencias" a una fe de "presencia". El
mandato sigue vigente: introducir en las grietas de nuestro mundo actual —tan
lleno de nuevos abandonados— la certeza de que la última palabra de la historia
no la tienen la soledad ni la injusticia, sino un Dios que salva y ama
gratuitamente.