lunes, 8 de junio de 2026

DOMINGO XI – CICLO A (14 de Junio de 2026)

  DOMINGO XI – CICLO A (14 de Junio de 2026)

Proclamación del Santo Evangelio según san Mateo 9:36--10:8

9,36 Y al ver a la muchedumbre, sintió compasión de ella, porque estaban vejados y abatidos como ovejas que no tienen pastor.

9,37 Entonces dice a sus discípulos: «La mies es mucha y los obreros pocos.

9,38 Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies.»

10,1Y llamando a sus doce discípulos, les dio poder sobre los espíritus inmundos para expulsarlos, y para curar toda enfermedad y toda dolencia.

10,2 Los nombres de los doce Apóstoles son éstos: primero Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan;

10,3 Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo el publicano; Santiago el de Alfeo y Tadeo;

10,4 Simón el Cananeo y Judas el Iscariote, el mismo que le entregó.

10,5 A estos doce envió Jesús, después de darles estas instrucciones: «No tomen camino de gentiles ni entren en ciudad de samaritanos;

10,6 diríjanse más bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel.

10,7 Vayan proclamando que el Reino de los Cielos está cerca.

10,8 Curen enfermos, resuciten muertos, purifiquen leprosos, expulsen demonios. Gratis lo recibieron; denlo gratis. PALABRA DEL SEÑOR.

Estimados hermanos en el Señor Paz y Bien.

“Vayan y proclamen que el reino de los cielos está cerca". Curen enfermos, resuciten muertos, limpien leprosos, expulsen demonios» (Mt 10,7-8).

Dios salva por su Hijo (Jn 3,17): El primer paso en la historia de Israel es el "éxodo" o salida de la esclavitud de Egipto (Lv 11,45). Por tanto, un paso hacia la libertad. Israel interpreta su historia como un proceso de liberación en el que Dios lleva la iniciativa. Israel confiesa que Dios le ha sacado de Egipto. El primer paso de la nueva vida es el paso hacia la libertad de los hijos de Dios, una salida de la esclavitud del pecado.

Es Dios el que lleva siempre la iniciativa, pues todos necesitamos de la gracia de Dios. Y estando nosotros todavía sin fuerzas, cuando éramos pecadores, Cristo murió por nosotros y por todos los hombres (Rm 5,8). La iniciativa de Dios en favor de los hombres es la prueba de que nos ama y nos ama gratuitamente. ¿Acaso se puede amar de otra manera? No, si es Dios el que ama. Tampoco, si nosotros nos amamos mutuamente como hemos sido amados por Dios en Jesucristo. El amor auténtico que viene de Dios, el amor gratuito, libera, salva, vivifica...; pero hay amores que matan y esclavizan, amores que son un torpe disfraz del egoísmo.

Los doce apóstoles en este momento exacto del envío (Mateo 10:1-4) nos revela que el grupo elegido por Jesús no era un bloque homogéneo de santos perfectos e intelectuales, sino un reflejo providencial de la complejidad humana y social de su época: “Llamo a los que el quiso” (Mc 3,13).

(Mt 16,18) Jesús no funda su Iglesia sobre un ejército de eruditos, sino sobre la diversidad de lo cotidiano. Veamos el significado teológico e histórico de sus nombres y de cómo estaban agrupados:

1. El número "Doce": Una refundación espiritual: Antes de los nombres individuales, el número en sí mismo es un mensaje potentísimo. Doce eran las tribus de Israel. Al elegir a Doce, Jesús está declarando visualmente la restauración y la refundación del Pueblo de Dios. La Iglesia nace con la misión de reunir lo que estaba disperso.

2. Los cuatro primeros: Los pescadores (La base del grupo): El texto los nombra en parejas, reflejando que la misión nunca se hace en solitario:

Simón, llamado Pedro: Simón significa "el que escucha", pero Jesús le añade el sobrenombre de Pedro (Cefas, Roca). Es la paradoja andante: un hombre de carácter inestable, impulsivo, que llega a negar a Jesús, pero que por pura gracia es transformado en el cimiento del grupo.

Andrés: Su nombre es de origen griego y significa "varonil" o "valiente". Es el hermano de Pedro, el que siempre tiende puentes y pasa desapercibido, uniendo a la gente con Jesús sin buscar el protagonismo.

Santiago (Jacobo) y Juan, los hijos de Zebedeo: Jesús los llamará más tarde Boanerges ("Hijos del trueno") por su temperamento explosivo y ambicioso. Santiago será el primer apóstol en morir mártir; Juan, el teólogo del amor. Curiosamente, el amor y el ímpetu radical van de la mano en la misión.

3. Los del trasfondo cultural y la periferia

Felipe: Su nombre también es griego ("el que ama los caballos"). Proviene de Betsaida, una zona fronteriza y muy helenizada. Representa la apertura de la Iglesia a la cultura exterior.

Bartolomé: Tradicionalmente identificado como Natanael. Su nombre es un patronímico arameo (Bar-Tolmay: "Hijo de Tolomeo"). Jesús lo definió como "un verdadero israelita en quien no hay doblez". Representa la búsqueda sincera y honesta de la verdad.

Tomás: Significa "gemelo" (Dídimo). Ha pasado a la historia como el incrédulo, pero su nombre nos recuerda el "gemelo" que todos llevamos dentro: esa dualidad humana entre la fe profunda y la duda honesta que también tiene espacio en la misión.

4. La paradoja política: El opresor y el revolucionario

La convivencia de estos dos nombres en el mismo grupo es el mayor milagro social de Jesús, algo que debió generar tensiones humanas brutales al principio:

Mateo, el recaudador de impuestos: Llamado también Leví. Era considerado un traidor a la patria, un colaborador corrupto del Imperio Romano que se enriquecía a costa de sus hermanos.

Simón el Zelote (o el Cananeo): Los zelotes eran una facción política radical, nacionalista y armada que buscaba derrocar a los romanos mediante la violencia y el asesinato.

El milagro del Reino: Jesús sentó a la misma mesa al colaborador del invasor (Mateo) y al guerrillero ultra-nacionalista (Simón). En el Reino de los Cielos, la vieja polarización política e ideológica queda disuelta por una lealtad mayor: el amor a Cristo.

5. Los últimos de la lista

Santiago, hijo de Alfeo: Conocido como "el Menor" para distinguirlo del hijo de Zebedeo. Representa a los miles de obreros de la Iglesia que hacen su labor en el más absoluto anonimato histórico, esenciales pero discretos.

Tadeo (o Judas, hijo de Santiago): Su nombre significa "magnánimo" o "pecho robusto" (valiente). San Jerónimo lo llamaba "el hombre de los tres nombres" (Mateo lo llama Tadeo, Lucas lo llama Judas de Santiago).

Judas Iscariote: El drama del grupo. Iscariote probablemente significa "hombre de Queriot" (una aldea del sur, lo que lo convertía en el único no-galileo del grupo). Mateo añade con dolor: "el que lo entregó". Su inclusión demuestra que Jesús arriesga e invierte su amor incluso sabiendo el misterio de la libertad humana y de la traición.

El significado para la Misión de la Iglesia

La lista de los nombres en el momento del envío nos deja una lección profunda: Jesús no eligió a los que ya estaban preparados, sino que preparó a los que eligió.

La sagrada misión de la Iglesia no se le confía a seres angélicos, sino a una comunidad de pecadores perdonados, donde conviven el traidor, el violento, el cobarde, el intelectual y el sencillo. Si Dios pudo reconciliar a este grupo y encender el mundo a través de ellos, hay esperanza para nuestra Iglesia y nuestras comunidades hoy.

El pasaje de Mateo 9:36-10:8 es fundamental en el Nuevo Testamento porque marca la transición de la misión individual de Jesús a la misión comunitaria de la Iglesia. Aquí, Jesús no solo define qué debe hacer la Iglesia, sino desde dónde y con qué espíritu debe hacerlo.

Ahondar en este texto nos permite descubrir los cuatro pilares que constituyen la sagrada misión de la comunidad creyente:

1. El motor de la misión: La compasión visceral de Cristo

«Al ver a las multitudes, tuvo compasión de ellas, porque estaban angustiadas y abatidas como ovejas que no tienen pastor» (Mt 9,36).

La misión de la Iglesia no nace de una estrategia de marketing, de una necesidad de auto-perpetuarse o de una ideología. Nace de la compasión. La palabra griega utilizada aquí (esplanjnísthe) hace referencia a una conmoción en las entrañas; es un dolor físico ante el sufrimiento ajeno.

El diagnóstico: Jesús ve a la humanidad «angustiada y abatida» (en otras traducciones, "extenuadas y desamparadas"). La Iglesia está llamada a mirar el mundo con los ojos de Jesús, no para juzgarlo ni condenarlo, sino para dejarse conmover por sus heridas, su desorientación y su falta de referentes auténticos ("ovejas sin pastor").

2. El método de la misión: La oración y la corresponsabilidad

«La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen, por tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos» (Mt 9,37-38).

Antes de enviar a los discípulos a hacer cualquier cosa, Jesús les pide rezar. La misión es de Dios (Él es el "dueño de la mies"), no de los hombres.

Esto quita a la Iglesia la presión de creerse la "salvadora" autónoma del mundo y la sitúa en una postura de humilde colaboración.

Inmediatamente después de pedir oración, Jesús llama a los doce por su nombre y los envía. Hay una paradoja hermosa: los que rezan por trabajadores se convierten en los trabajadores. La oración transforma al intercesor en misionero.

3. El contenido de la misión: El Reino de los Cielos y la restauración integral

“Vayan y proclamen que el reino de los cielos está cerca". Curen enfermos, resuciten muertos, limpien leprosos, expulsen demonios» (Mt 10,7-8).

La misión es una unidad indisoluble entre la palabra que anuncia y la acción que transforma. La Iglesia no solo ofrece un discurso bonito, sino una fuerza liberadora que toca los cuerpos y las realidades concretas.

El anuncio: Comunicar que Dios está interviniendo a favor de la humanidad, que el desamparo se terminó.

Los signos: Sanar, resucitar, limpiar y liberar. Estos cuatro imperativos representan la victoria del Reino sobre el sufrimiento físico (la enfermedad), el destino fatal (la muerte), la exclusión social y religiosa (la lepra) y la opresión del mal (los demonios). La sagrada misión de la Iglesia es, por tanto, devolver la vida plena.

4. El estilo de la misión: La gratuidad absoluta

«Gratis lo recibieron, denlo gratis» (Mt 10,8).

Este es el sello de autenticidad de la Iglesia. El amor del Padre es gratuito; por lo tanto, sus administradores no pueden cobrar por él, ni económicamente ni exigiendo cuotas de poder, prestigio o control moral.

El término original evoca "dar de balde", como un regalo puro.

Cuando la Iglesia olvida la gratuidad y se vuelve transaccional o busca su propio beneficio, desfigura el rostro de Dios y el mensaje del Reino pierde toda su fuerza transformadora.

En síntesis: Según este mandato evangélico, la Iglesia no es una aduana espiritual ni una ONG asistencialista. Su sagrada misión consiste en ser una extensión de las entrañas compasivas de Jesús en la historia, enviada a sanar las heridas del mundo con la misma gratuidad absoluta con la que ella misma ha sido amada y salvada.

Profundizar esta frase teniendo en cuenta las ideas siguientes: «Vayan y proclamen que el reino de los cielos está cerca» (Mt 10,7). Porque en esta frase estaba sintetizada todo. Lo absoluto que es el reino de Dios: la presencia misteriosa de Dios en medio de los hombres.

Jesús quiere que los suyos introduzcan en el mundo la experiencia y el mensaje de su amor. No irán a los abandonados para compadecerlos, sino para comunicarles que hay alguien que los ama gratuitamente: el Padre del cielo. Esta expresión podemos traducirla así: Anuncien que Dios está interviniendo en favor de los hombres; como Salvador. Miren que comienza un tiempo nuevo para Uds. Porque ya no son los abandonados de Dios y de los hombres... Son amados, y mira cómo… La breve frase de Jesús fue el catecismo de aquel pequeño grupo que suscito el germen del reino de Dios.

En necesario profundizar este mandato de Jesús: «Vayan y proclamen que el reino de los cielos está cerca» (Mt 10,7) nos revela que no se trata de una simple directriz histórica, sino de la columna vertebral del cristianismo original. Es un vuelco absoluto a la forma en que entendemos la religión, la sociedad y el sufrimiento humano.

A continuación, desglosamos las ideas clave para profundizar en su peso teológico y existencial:

1. El Reino de Dios como lo Único Absoluto

Cuando la frase dice que "en esta frase estaba sintetizado todo", sitúa al Reino como la prioridad periférica de la vida. El Reino no es un territorio geográfico ni un sistema político; es la presencia misteriosa y activa de Dios en medio de la historia humana.

Al definirlo como lo "absoluto", todo lo demás (las estructuras, las leyes e incluso las instituciones religiosas) pasa a ser secundario o instrumental.

Lo importante no es la supervivencia del grupo de discípulos, sino que el mundo se entere de que Dios ha acortado la distancia.

2. De la Lástima Social al Amor Gratuito

Una de las intuiciones más profundas del texto es la distinción entre la compasión asistencialista y la revelación del amor del Padre: "No irán a los abandonados para compadecerlos, sino para comunicarles que hay alguien que los ama gratuitamente".

La lástima o la mera conmiseración horizontal a veces puede mantener la distancia entre el que "está bien" y el "desgraciado". Jesús rompe esa lógica.

El discípulo no va a ofrecer una limosna emocional, sino a restituir la dignidad del otro. El mensaje es subversivo: el marginado, el abandonado por los hombres, descubre que es el predilecto de Dios. Su valor no depende de su utilidad social, sino de un amor previo, gratuito e incondicional (el Padre del cielo).

3. Dios como Salvador Activo e Histórico

Traducir la cercanía del Reino como "Dios está interviniendo en favor de los hombres; como Salvador" quita a la fe cualquier tinte de pasividad o de alienación para el "más allá".

El Reino está cerca porque Dios ya se ha puesto en marcha. Es un Dios que se ensucia las manos con la realidad humana.

Esta intervención no es un juicio condenatorio, sino una acción liberadora. Dios interviene para rescatar, para sanar lo que estaba roto y para hacer justicia a los que no la tienen.

4. La Ruptura del Tiempo: El Comienzo de una Nueva Era

"Miren que comienza un tiempo nuevo para Uds." comporta una dimensión kairótica (un tiempo de gracia). La proclamación del Reino actúa como una frontera en la historia personal y colectiva:

Antes: El abandono, la intemperie espiritual, el peso del destino o de la exclusión social.

Ahora: La certeza de la filiación. Al saberse amados ("y mira cómo…", reflejado en la entrega misma de Jesús), cambia la autopercepción del ser humano. El desamparado ya no se define por su desamparo, sino por su condición de hijo y ciudadano del Reino.

5. El "Catecismo" de la Semilla: El Germen del Cambio

Finalmente, el texto define esta breve frase como el catecismo de aquel pequeño grupo. Un catecismo concentra lo esencial que se debe aprender y practicar. Lo fascinante es que este mínimo contenido doctrinal bastó para suscitar el germen del Reino de Dios.

No necesitaron grandes manuales de teología ni pesadas estructuras jurídicas. Les bastó una convicción y un estilo de vida errante y ligero de equipaje (como describe el resto de Mateo 10).

Como un germen o una semilla de mostaza, la potencia de esa síntesis radical modificó las estructuras del Imperio Romano y de la historia, demostrando que la experiencia del amor de Dios compartida desde la vulnerabilidad es la fuerza transformadora más grande del mundo.

En conclusión: Profundizar en Mt 10,7 nos exige pasar de una fe de "creencias" a una fe de "presencia". El mandato sigue vigente: introducir en las grietas de nuestro mundo actual —tan lleno de nuevos abandonados— la certeza de que la última palabra de la historia no la tienen la soledad ni la injusticia, sino un Dios que salva y ama gratuitamente.