lunes, 15 de junio de 2026

DOMINGO XII – A (21 de junio de 2026)

 DOMINGO XII – A (21 de junio de 2026)

Proclamación del Santo Evangelio según San Mateo 10,26-33

10,26 No les teman. No hay nada oculto que no deba ser revelado, y nada secreto que no deba ser conocido.

10,27 Lo que yo les digo en la oscuridad, repítanlo en pleno día; y lo que escuchen al oído, proclámenlo desde lo alto de las casas.

10,28 No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman más bien a aquel que puede arrojar el alma y el cuerpo a la Gehena.

10,29 ¿Acaso no se vende un par de pájaros por unas monedas? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae en tierra, sin el consentimiento del Padre que está en el cielo.

10,30 Ustedes tienen contados todos sus cabellos.

10,31 No teman entonces, porque valen más que muchos pájaros.

10:32 Al que me reconozca abiertamente ante los hombres, yo lo reconoceré ante mi Padre que está en el cielo.

10,33 Pero yo renegaré ante mi Padre que está en el cielo de aquel que reniegue de mí ante los hombres. PALABRA DEL SEÑOR.

Estimados amigos en el Señor Paz y Bien.

“Les dije la verdad que he oído a mi Padre, por cuál de esas verdades me quieren mata?” (Jn 8,40). “Los judíos dan estas razones para matar a Jesús: porque no sólo violaba el sábado (haciendo curaciones), sino que se hacía igual a Dios, llamándolo su propio Padre” (Jn 5,18). ¿Quiénes son esos judíos y por qué no aceptan que Jesús es el Hijo de Dios? Juan dice: ¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Ese es el Anticristo: el que niega al Padre y al Hijo” (I Jn 2,22). Jesús les dijo a los judíos: “Ustedes tienen por padre al demonio y quieren cumplir los deseos de su padre. Desde el comienzo él fue homicida y no tiene nada que ver con la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando miente, habla conforme a lo que es, porque es mentiroso y padre de la mentira” (Jn 8,44). La mentira se opone a la verdad por eso Jesús les dice: “A mí no me creen, porque les digo la verdad” (Jn 8,45). “ Yo soy la verdad” (Jn 14,6). Jesús dijo también a sus discípulos: “si esto hacen conmigo qué no harán con ud” (Lc 23,31). “Les digo esto para que encuentren la paz en mí. En el mundo tendrán que sufrir; pero tengan valor: yo he vencido al mundo" (Jn 16,33). En suma el señor ha puesto las condiciones y el precio del cielo. La única forma de merecer el cielo es trabajando en la misión no obstante las duras limitaciones.

En el discurso de la montaña Jesús advirtió sobre la adversidad que implica promover el reino de los cielos al decir: “Felices ustedes, cuando sean insultados y perseguidos, y cuando los calumnie en toda forma por mi causa. Alégrense y regocíjense, porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo; de la misma manera persiguieron a los profetas que los precedieron” (Mt 5,11-12). Y en el discurso sobre la misión, Jesús dice a sus apóstoles no solamente qué es lo que deben hacer (Mt 10,5-15) y cuáles son las dificultades que les aguardan (Mt 10,16-25), sino también cómo deben superar las situaciones desfavorables en la misión (Mt 10,26-33).

 

El misionero ante los peligros: Una vez que Jesús terminó las primeras instrucciones a sus apóstoles (Mateo 10,5-15), dijo: “Mirad que los envío como ovejas en medio de lobos” (Mt 10,16). Desde ese momento se capta que la misión implica peligros: juicios en los “tribunales” (Mt 10,17), “azotes” (Mt 10,17) e incluso “muerte por los de su propia familia” (Mt 10,21). Una frase de Jesús describe crudamente este ambiente de persecución y rechazo: “Serán odiados de todos por causa de mi nombre” (Mt 10,22).

Todo esto hay que entenderlo como una verificación de la estrecha comunión del discípulo con su Maestro, es decir, es parte del seguimiento: “No está el discípulo por encima del Maestro… Ya le basta al discípulo ser como el Maestro” (Mt 10,24.25).

Enfrentar los miedos: Sentimos que no podemos asegurarlo todo con nuestros propios esfuerzos. Todo lo que somos y nos pertenece nos expone a heridas y pérdidas, es objeto de amenaza, de recelos y temores. En el texto afloran cuatro “miedos” del misionero: Miedo a hablar en público (Mt 10,26-27). Miedo a que destruyan su integridad física  (Mt 10,28-31). El miedo verdadero debe estar en: Miedo a perder la comunión definitiva con Jesús (Mt 10,32-33); y miedo a perder la salvación, “muerte del alma” (Mt 10,28-31).

¿Qué es lo que deben hacer los apóstoles que, precisamente por cumplir la misión que Jesús le encomienda, son criticados y perseguidos?; ¿Dejar la misión? ¿Renunciar a su confesión de fe para sobrevivir en medio del ambiente hostil? ¿Aplazar la tarea para cuando lleguen tiempos mejores? ¿Amoldarse a la vida de la sociedad haciendo concesiones que le eviten los conflictos? ¿Quedarse callados ante lo que sucede en el mundo y permitir que todo siga como siempre?

La enseñanza de Jesús: Ante las situaciones desfavorables descritas y el dilema correspondiente, la enseñanza de Jesús a los misioneros gira en torno a una misma expresión que tres veces repite con fuerza: “¡No tengan miedo!”: 1) “No les tengan miedo. Pues nada hay encubierto que no haya de ser descubierto” (Mt 10,26). 2) “No tengan miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma” (Mt 10,28). 3) “No tengan miedo, pues, Uds valen más que muchos pajarillos” (Mt 10,31).

Jesús no niega que los misioneros pasarán por momentos amargos. Él mismo se refiere a ello varias veces y quiere que sus apóstoles no se hagan falsas ilusiones: su tarea de anunciar el Reino y su pertenencia a él en calidad de discípulos los hacen mucho más vulnerables ante el entorno social. En el centro está el Dios Padre de Jesús (Jn 17,21): Él es la realidad determinante frente al cual nada debe ser preferido, a cuya voluntad nada escapa, quien cuida a los suyos con amor paterno (I Jn 4,8).

"El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida a causa de mí, la encontrará. ¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar el hombre a cambio de su vida?” (Jn 16,24-26). Buscando la salvación de los demás es como podemos asegurar nuestra salvación; ello implicará incluso dar la vida por la cusa del evangelio. Pero esta conducta tiene su recompensa: “Al final de los tiempos, el Hijo del hombre vendrá en la gloria de su Padre, rodeado de sus ángeles, y entonces pagará a cada uno de acuerdo con sus obras” (Mt 16,27).

 “No Teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; temed más bien a aquel que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la gehenna. ¿No se venden dos pajarillos por un as? Pues bien, ni uno de ellos caerá en tierra sin el consentimiento de su Padre. En cuanto a Uds. hasta los cabellos de su cabeza están todos contados. No teman, pues; Uds valen más que muchos pajarillos” (Mt 10,28-31). Ante el rechazo o el martirio prevalece la confianza en el Dueño de la Vida. En efecto, la exhortación a “no temer” ahora es más concreta: se trata de la eventualidad de la muerte. Por pertenecer a Jesús, el discípulo puede sufrir una muerte violenta.

Jesús nos habla también de un “temor” que sí hay que tener: el temor de Dios, que es ante todo respeto. De hecho, hay que saber distinguir entre el verdadero y el falso temor, así como lo hace el profeta Isaías: “No teman ni tiemblen de lo que el (pueblo) teme; a Dios que es santo, a Él si su temor” (Mt 8,12-13). Este pensamiento nos remite a la exhortación para el martirio que encontramos en el libro de los Macabeos. El viejo Eleazar, ya moribundo por la tremenda paliza, dice: “El Señor, que posee la ciencia santa, sabe bien que, pudiendo librarme de la muerte, soporto flagelado en mi cuerpo recios dolores, pero en mi alma los sufro con gusto por temor de él” (2 Macabeos 6,30). Claro está, a diferencia de la historia de Eleazar, esta vez la motivación proviene de Jesús y con antecedencia a la situación de peligro de muerte de un discípulo suyo.

Valoración del poder: La motivación fundamental que Jesús da para atreverse a dar el paso del martirio: la vida en última instancia depende de Dios. Para comprender mejor esto hay que hacer una valoración del poder: 1) El poder de los hombres, quienes pueden matar el cuerpo pero no matar el alma. 2) El poder de Dios, que puede mandar a la perdición el cuerpo y el alma a la gehena. (en el mundo bíblico la “gehena” es concebida como lugar de pena eterna). Jesús pide valentía también frente al daño extremo e irrevocable en el que podemos caer, esto es, frente a la muerte. El hecho que nosotros continuemos viviendo o que nuestra vida se acabe de repente, puede depender de los hombres. Con todo, Jesús nos recuerda que la muertes es solamente realidad penúltima, que la vida terrena no es el bien mayor y que la muerte no es el mal más grande, y que, a pesar de su poder para matar, los hombres no tienen ningún poder discrecional sobre la salvación o sobre la condenación. Aquí termina el poder humano y comienza el ámbito del poder exclusivo de Dios.

Jesús envía a los apóstoles a predicar el evangelio sin miedo y les reitera tres veces, que no tengan miedo. ¿Por qué habían de tener miedo?; ¿acaso predicar el evangelio es una misión peligrosa? Si lo es. Lo era entonces y lo será. Jesús fue detenido, juzgado, sentenciado a muerte por el sanedrín y ejecutado en una cruz por los romanos...., sólo por hablar y anunciar a los pobres el evangelio del reinado de Dios. Y lo mismo pasó antes con todos los profetas; por ejemplo, con Jeremías, que fue denigrado y perseguido por alzar su voz contra el templo y los señores del templo. Y así también tenía que suceder y sucedió después con los apóstoles. Por eso les dijo Jesús que no tuvieran miedo.

El evangelio no es una palabra abstracta o lejana. Ni una verdad teórica, que puede comprenderse o no pero no molesta a nadie aunque pueda aburrir a la mayoría...; sino una verdad práctica, eficaz, que obliga a tomar partido por ella o contra ella, que cambia nuestras relaciones con Dios, a quien nos enseña a llamar Padre, y con los hombres a quienes debemos tratar como hermanos. Por eso entra en diálogo, pero también en dialéctica y en lucha. Por eso levanta la contradicción y la oposición de la mentira. Porque es la luz contra las tinieblas.

La mentira que se opone al evangelio no está sólo delante de nosotros y fuera de nosotros mismos, sino también en nuestro interior. Y es preciso exorcizarla de nosotros con la palabra de Dios, recibiendo con fe el evangelio. Sabiendo que sólo podemos predicar a otros si nosotros mismos hacemos lo que predicamos. La mentira nos domina muchas veces sirviéndose del miedo, metiéndonos el miedo a confesar el evangelio, a practicarlo, a dar testimonio de él delante de Dios y de los hombres. El que lucha contra la mentira, no puede hacerlo con las armas propias de la mentira, utilizando el poder que todo lo corrompe y sólo sirve para dominar. La verdad nos hace libres, el evangelio es una fuerza de liberación. No podemos utilizar, por tanto, la fuerza, la imposición. Sólo podemos dar testimonio, dejar que la verdad desarrolle su propia fuerza.

Esquema Analítico: Mateo 10, 26-33

El Envío a Predicar sin Miedo

1. La Realidad del Miedo: ¿Por qué una misión peligrosa?

Jesús reitera tres veces "no tengan miedo" porque la predicación del Evangelio no es un acto neutral, sino una misión de alto riesgo histórico y existencial.

El destino de los profetas (Pasado):

    • Ejemplo de Jeremías: Denigrado y perseguido.
    • Causa: Alzar la voz contra las estructuras de poder (el Templo y sus señores).

El destino de Jesús (Presente del relato):

    • Sufrió la detención, el juicio y la sentencia de muerte por el Sanedrín.
    • Sufrió la ejecución en la cruz por el Imperio Romano.
    • Causa: Anunciar el Reinado de Dios a los pobres.

El destino de los Apóstoles y la Iglesia (Futuro):

    • Continuidad del mismo rechazo histórico.
    • La persecución como consecuencia lógica de la fidelidad al mensaje.

2. La Naturaleza del Evangelio: Verdad Teórica vs. Verdad Práctica

El peligro de la misión radica en la esencia misma de lo que se anuncia. El Evangelio no es inofensivo porque obliga tomar partido a favor o en contra.

Dinámica del mensaje: Entra en diálogo, pero inevitablemente genera dialéctica, lucha y contradicción.

Conflicto cósmico/existencial: Es el choque inevitable de la Luz contra las tinieblas.

3. El Doble Frente de la Mentira

La oposición al Evangelio no es solo un enemigo externo; es un combate en dos frentes simultáneos:

Frente Externo: Delante y fuera de nosotros (estructuras, persecución, rechazo social).

Frente Interno: En nuestro propio interior.

    • El mecanismo del miedo: La mentira utiliza el miedo como herramienta de dominación para evitar que confesemos, practiquemos y demos testimonio del Evangelio.
    • El antídoto: Exorcizar la mentira interior mediante la Palabra de Dios y la fe, bajo el principio de la coherencia: solo se puede predicar lo que se vive.

4. Las Armas de la Verdad frente a la Mentira

El texto establece una frontera ética infranqueable respecto a los medios que se deben utilizar para la misión.

Armas prohibidas (Las armas de la mentira):

    • El poder corruptor.
    • La dominación, la fuerza y la imposición.

Armas legítimas (Las armas del Evangelio):

El Testimonio: Mostrar con la vida la coherencia del mensaje.

La Libertad: Dejar que la verdad desarrolle su propia fuerza interna, ya que el Evangelio es, por definición, una fuerza de liberación ("La verdad nos hace libres").

Eje Central del Texto: El miedo se vence cuando se comprende que el Evangelio no se impone con el poder del mundo, sino que se testimonia desde la libertad de la verdad, asumiendo las consecuencias conflictivas que esto genera en la historia.

Cuando Jesús insiste tres veces en ese pasaje con el "No tengan miedo" (Mt 10, 26.28.31), lo hace precisamente porque el panorama que les acaba de pintar en los versículos anteriores es aterrador.

Profundicemos en los motivos históricos y teológicos de ese miedo, y por qué la predicación del Evangelio era —y es— una de las tareas más subversivas y peligrosas del mundo.

1. ¿Por qué tenían motivos reales para el miedo?

Jesús no les oculta la verdad. En el mismo capítulo 10 de Mateo, antes de decirles que no teman, les advierte explícitamente:

"Los entregarán a los tribunales y los azotarán en sus sinagogas" (v. 17).

"Serán llevados ante gobernadores y reyes por mi causa" (v. 18).

"El hermano entregará a la muerte al hermano... y serán odiados por todos por causa de mi nombre" (v. 21-22).

El miedo radicaba en la pérdida de las tres redes de seguridad más grandes que tiene un ser humano: la familia (que los traicionaría), la religión oficial (las sinagogas que los azotarían) y el Estado (los gobernadores romanos que los juzgarían). Iban a quedar completamente desamparados a los ojos del mundo.

2. El Evangelio como peligro político y religioso

Como bien señalas con el ejemplo de Jesús y del profeta Jeremías, la predicación del Reinado de Dios no era un mensaje espiritual desencarnado o una simple invitación a "ser buenos". Era un mensaje profundamente perturbador para el statu quo:

Para las autoridades religiosas (el Sanedrín): Anunciar que Dios reinaba implicaba que las estructuras de poder del Templo ya no eran las mediadoras exclusivas de la salvación. Decir que Dios estaba del lado de los marginados, los pobres y los pecadores rompía el sistema de control basado en la pureza ritual.

Para el Imperio Romano: Decir que "Jesús es el Señor" era un desafío directo al culto imperial. En Roma solo había un Kyrios (Señor), y ese era el César. Anunciar otro reino, aunque no fuera militar, sembraba la sospecha de sedición.

3. El sentido de las tres llamadas a "no tener miedo"

En Mt 10, 26-33, cada vez que Jesús dice "no teman", ofrece un antídoto teológico específico para desmontar el miedo de los apóstoles:

Primer "No teman" (v. 26): La advertencia: El miedo a la calumnia, a que el mensaje sea distorsionado o acallado en secreto. El antídoto de Jesús: La verdad prevalecerá: "No hay nada oculto que no deba ser descubierto". La historia y Dios les darán la razón.

Segundo "No teman" (v. 28). La advertencia: El miedo a la tortura y a la muerte física (los azotes, la cruz). El antídoto de Jesús: El límite del poder humano: Los perseguidores solo pueden matar el cuerpo, no el alma. Hay una justicia eterna que escapa a los tribunales de la tierra.

Tercer "No teman" (v. 31). La advertencia: El miedo al abandono, a sentirse solos e insignificantes en medio de la persecución. El antídoto de Jesús: La Providencia amorosa: Si Dios cuida de los pajaritos y tiene contados los cabellos de su cabeza, ¿cómo los va a olvidar a ellos en el momento de la prueba?

Conclusión: La paradoja del envío.

La gran paradoja que Jesús les plantea es que la única forma de vencer el miedo al mundo es teniendo un "temor" (respeto, reverencia y fidelidad) mucho mayor hacia Dios.

Al final del pasaje, Jesús vincula el no tener miedo con el testimonio público: "Al que me reconozca abierto ante los hombres, yo también lo reconoceré ante mi Padre" (v. 32). El miedo paraliza y silencia; el amor y la confianza en la Providencia ponen a los discípulos en camino, sabiendo que el destino del siervo no es diferente al del Maestro. Lo que pasó con Jeremías, con Jesús y con los apóstoles demostró que el Evangelio, cuando se predica en su verdad radical, siempre genera conflicto porque cuestiona los poderes de este mundo.

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