DOMINGO XII – A (21 de junio de 2026)
Proclamación del Santo Evangelio según San Mateo 10,26-33
10,26 No les teman. No hay nada oculto que no deba ser
revelado, y nada secreto que no deba ser conocido.
10,27 Lo que yo les digo en la oscuridad, repítanlo en pleno
día; y lo que escuchen al oído, proclámenlo desde lo alto de las casas.
10,28 No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden
matar el alma. Teman más bien a aquel que puede arrojar el alma y el cuerpo a
la Gehena.
10,29 ¿Acaso no se vende un par de pájaros por unas monedas?
Sin embargo, ni uno solo de ellos cae en tierra, sin el consentimiento del
Padre que está en el cielo.
10,30 Ustedes tienen contados todos sus cabellos.
10,31 No teman entonces, porque valen más que muchos
pájaros.
10:32 Al que me reconozca abiertamente ante los hombres, yo
lo reconoceré ante mi Padre que está en el cielo.
10,33 Pero yo renegaré ante mi Padre que está en el cielo de
aquel que reniegue de mí ante los hombres. PALABRA DEL SEÑOR.
Estimados amigos en el Señor Paz y Bien.
“Les dije la verdad que he oído a mi Padre, por cuál de esas
verdades me quieren mata?” (Jn 8,40). “Los judíos dan estas razones para matar
a Jesús: porque no sólo violaba el sábado (haciendo curaciones), sino que se
hacía igual a Dios, llamándolo su propio Padre” (Jn 5,18). ¿Quiénes son esos
judíos y por qué no aceptan que Jesús es el Hijo de Dios? Juan dice: ¿Quién es
el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Ese es el Anticristo:
el que niega al Padre y al Hijo” (I Jn 2,22). Jesús les dijo a los judíos:
“Ustedes tienen por padre al demonio y quieren cumplir los deseos de su padre.
Desde el comienzo él fue homicida y no tiene nada que ver con la verdad, porque
no hay verdad en él. Cuando miente, habla conforme a lo que es, porque es
mentiroso y padre de la mentira” (Jn 8,44). La mentira se opone a la verdad por
eso Jesús les dice: “A mí no me creen, porque les digo la verdad” (Jn 8,45). “
Yo soy la verdad” (Jn 14,6). Jesús dijo también a sus discípulos: “si esto
hacen conmigo qué no harán con ud” (Lc 23,31). “Les digo esto para que
encuentren la paz en mí. En el mundo tendrán que sufrir; pero tengan valor: yo
he vencido al mundo" (Jn 16,33). En suma el señor ha puesto las
condiciones y el precio del cielo. La única forma de merecer el cielo es trabajando
en la misión no obstante las duras limitaciones.
En el discurso de la montaña Jesús advirtió sobre la
adversidad que implica promover el reino de los cielos al decir: “Felices
ustedes, cuando sean insultados y perseguidos, y cuando los calumnie en toda
forma por mi causa. Alégrense y regocíjense, porque ustedes tendrán una gran
recompensa en el cielo; de la misma manera persiguieron a los profetas que los
precedieron” (Mt 5,11-12). Y en el discurso sobre la misión, Jesús dice a sus
apóstoles no solamente qué es lo que deben hacer (Mt 10,5-15) y cuáles son las
dificultades que les aguardan (Mt 10,16-25), sino también cómo deben superar
las situaciones desfavorables en la misión (Mt 10,26-33).
El misionero ante los peligros: Una vez que Jesús terminó
las primeras instrucciones a sus apóstoles (Mateo 10,5-15), dijo: “Mirad que
los envío como ovejas en medio de lobos” (Mt 10,16). Desde ese momento se capta
que la misión implica peligros: juicios en los “tribunales” (Mt 10,17),
“azotes” (Mt 10,17) e incluso “muerte por los de su propia familia” (Mt 10,21).
Una frase de Jesús describe crudamente este ambiente de persecución y rechazo:
“Serán odiados de todos por causa de mi nombre” (Mt 10,22).
Todo esto hay que entenderlo como una verificación de la
estrecha comunión del discípulo con su Maestro, es decir, es parte del
seguimiento: “No está el discípulo por encima del Maestro… Ya le basta al
discípulo ser como el Maestro” (Mt 10,24.25).
Enfrentar los miedos: Sentimos que no podemos asegurarlo
todo con nuestros propios esfuerzos. Todo lo que somos y nos pertenece nos
expone a heridas y pérdidas, es objeto de amenaza, de recelos y temores. En el
texto afloran cuatro “miedos” del misionero: Miedo a hablar en público (Mt
10,26-27). Miedo a que destruyan su integridad física (Mt 10,28-31). El
miedo verdadero debe estar en: Miedo a perder la comunión definitiva con Jesús
(Mt 10,32-33); y miedo a perder la salvación, “muerte del alma” (Mt 10,28-31).
¿Qué es lo que deben hacer los apóstoles que, precisamente
por cumplir la misión que Jesús le encomienda, son criticados y perseguidos?;
¿Dejar la misión? ¿Renunciar a su confesión de fe para sobrevivir en medio del
ambiente hostil? ¿Aplazar la tarea para cuando lleguen tiempos mejores?
¿Amoldarse a la vida de la sociedad haciendo concesiones que le eviten los
conflictos? ¿Quedarse callados ante lo que sucede en el mundo y permitir que
todo siga como siempre?
La enseñanza de Jesús: Ante las situaciones desfavorables
descritas y el dilema correspondiente, la enseñanza de Jesús a los misioneros
gira en torno a una misma expresión que tres veces repite con fuerza: “¡No
tengan miedo!”: 1) “No les tengan miedo. Pues nada hay encubierto que no haya
de ser descubierto” (Mt 10,26). 2) “No tengan miedo a los que matan el cuerpo,
pero no pueden matar el alma” (Mt 10,28). 3) “No tengan miedo, pues, Uds valen
más que muchos pajarillos” (Mt 10,31).
Jesús no niega que los misioneros pasarán por momentos
amargos. Él mismo se refiere a ello varias veces y quiere que sus apóstoles no
se hagan falsas ilusiones: su tarea de anunciar el Reino y su pertenencia a él
en calidad de discípulos los hacen mucho más vulnerables ante el entorno
social. En el centro está el Dios Padre de Jesús (Jn 17,21): Él es la realidad
determinante frente al cual nada debe ser preferido, a cuya voluntad nada
escapa, quien cuida a los suyos con amor paterno (I Jn 4,8).
"El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí
mismo, que cargue con su cruz y me siga. Porque el que quiera salvar su vida,
la perderá; y el que pierda su vida a causa de mí, la encontrará. ¿De qué le
servirá al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar el
hombre a cambio de su vida?” (Jn 16,24-26). Buscando la salvación de los demás
es como podemos asegurar nuestra salvación; ello implicará incluso dar la vida
por la cusa del evangelio. Pero esta conducta tiene su recompensa: “Al final de
los tiempos, el Hijo del hombre vendrá en la gloria de su Padre, rodeado de sus
ángeles, y entonces pagará a cada uno de acuerdo con sus obras” (Mt 16,27).
“No Teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden
matar el alma; temed más bien a aquel que puede llevar a la perdición alma y
cuerpo en la gehenna. ¿No se venden dos pajarillos por un as? Pues bien, ni uno
de ellos caerá en tierra sin el consentimiento de su Padre. En cuanto a Uds.
hasta los cabellos de su cabeza están todos contados. No teman, pues; Uds valen
más que muchos pajarillos” (Mt 10,28-31). Ante el rechazo o el martirio
prevalece la confianza en el Dueño de la Vida. En efecto, la exhortación a “no
temer” ahora es más concreta: se trata de la eventualidad de la muerte. Por
pertenecer a Jesús, el discípulo puede sufrir una muerte violenta.
Jesús nos habla también de un “temor” que sí hay que tener:
el temor de Dios, que es ante todo respeto. De hecho, hay que saber distinguir
entre el verdadero y el falso temor, así como lo hace el profeta Isaías: “No
teman ni tiemblen de lo que el (pueblo) teme; a Dios que es santo, a Él si su
temor” (Mt 8,12-13). Este pensamiento nos remite a la exhortación para el
martirio que encontramos en el libro de los Macabeos. El viejo Eleazar, ya
moribundo por la tremenda paliza, dice: “El Señor, que posee la ciencia santa,
sabe bien que, pudiendo librarme de la muerte, soporto flagelado en mi cuerpo
recios dolores, pero en mi alma los sufro con gusto por temor de él” (2
Macabeos 6,30). Claro está, a diferencia de la historia de Eleazar, esta vez la
motivación proviene de Jesús y con antecedencia a la situación de peligro de
muerte de un discípulo suyo.
Valoración del poder: La motivación fundamental que Jesús da
para atreverse a dar el paso del martirio: la vida en última instancia depende
de Dios. Para comprender mejor esto hay que hacer una valoración del poder: 1)
El poder de los hombres, quienes pueden matar el cuerpo pero no matar el alma.
2) El poder de Dios, que puede mandar a la perdición el cuerpo y el alma a la
gehena. (en el mundo bíblico la “gehena” es concebida como lugar de pena
eterna). Jesús pide valentía también frente al daño extremo e irrevocable en el
que podemos caer, esto es, frente a la muerte. El hecho que nosotros
continuemos viviendo o que nuestra vida se acabe de repente, puede depender de
los hombres. Con todo, Jesús nos recuerda que la muertes es solamente realidad
penúltima, que la vida terrena no es el bien mayor y que la muerte no es el mal
más grande, y que, a pesar de su poder para matar, los hombres no tienen ningún
poder discrecional sobre la salvación o sobre la condenación. Aquí termina el
poder humano y comienza el ámbito del poder exclusivo de Dios.
Jesús envía a los apóstoles a predicar el evangelio sin
miedo y les reitera tres veces, que no tengan miedo. ¿Por qué habían de tener
miedo?; ¿acaso predicar el evangelio es una misión peligrosa? Si lo es. Lo era
entonces y lo será. Jesús fue detenido, juzgado, sentenciado a muerte por el
sanedrín y ejecutado en una cruz por los romanos...., sólo por hablar y
anunciar a los pobres el evangelio del reinado de Dios. Y lo mismo pasó antes
con todos los profetas; por ejemplo, con Jeremías, que fue denigrado y
perseguido por alzar su voz contra el templo y los señores del templo. Y así
también tenía que suceder y sucedió después con los apóstoles. Por eso les dijo
Jesús que no tuvieran miedo.
El evangelio no es una palabra abstracta o lejana. Ni una
verdad teórica, que puede comprenderse o no pero no molesta a nadie aunque
pueda aburrir a la mayoría...; sino una verdad práctica, eficaz, que obliga a
tomar partido por ella o contra ella, que cambia nuestras relaciones con Dios,
a quien nos enseña a llamar Padre, y con los hombres a quienes debemos tratar
como hermanos. Por eso entra en diálogo, pero también en dialéctica y en lucha.
Por eso levanta la contradicción y la oposición de la mentira. Porque es la luz
contra las tinieblas.
La mentira que se opone al evangelio no está sólo delante de
nosotros y fuera de nosotros mismos, sino también en nuestro interior. Y es
preciso exorcizarla de nosotros con la palabra de Dios, recibiendo con fe el
evangelio. Sabiendo que sólo podemos predicar a otros si nosotros mismos
hacemos lo que predicamos. La mentira nos domina muchas veces sirviéndose del
miedo, metiéndonos el miedo a confesar el evangelio, a practicarlo, a dar
testimonio de él delante de Dios y de los hombres. El que lucha contra la
mentira, no puede hacerlo con las armas propias de la mentira, utilizando el
poder que todo lo corrompe y sólo sirve para dominar. La verdad nos hace
libres, el evangelio es una fuerza de liberación. No podemos utilizar, por
tanto, la fuerza, la imposición. Sólo podemos dar testimonio, dejar que la
verdad desarrolle su propia fuerza.
Esquema Analítico: Mateo 10, 26-33
El Envío a Predicar sin Miedo
1. La Realidad del Miedo: ¿Por qué una misión peligrosa?
Jesús reitera tres veces "no tengan miedo" porque
la predicación del Evangelio no es un acto neutral, sino una misión de alto
riesgo histórico y existencial.
El destino de los profetas (Pasado):
- Ejemplo
de Jeremías: Denigrado y perseguido.
- Causa:
Alzar la voz contra las estructuras de poder (el Templo y sus señores).
El destino de Jesús (Presente del relato):
- Sufrió
la detención, el juicio y la sentencia de muerte por el Sanedrín.
- Sufrió
la ejecución en la cruz por el Imperio Romano.
- Causa:
Anunciar el Reinado de Dios a los pobres.
El destino de los Apóstoles y la Iglesia (Futuro):
- Continuidad
del mismo rechazo histórico.
- La
persecución como consecuencia lógica de la fidelidad al mensaje.
2. La Naturaleza del Evangelio: Verdad Teórica vs. Verdad
Práctica
El peligro de la misión radica en la esencia misma de lo que
se anuncia. El Evangelio no es inofensivo porque obliga tomar partido a favor o
en contra.
Dinámica del mensaje: Entra en diálogo, pero
inevitablemente genera dialéctica, lucha y contradicción.
Conflicto cósmico/existencial: Es el choque
inevitable de la Luz contra las tinieblas.
3. El Doble Frente de la Mentira
La oposición al Evangelio no es solo un enemigo externo; es
un combate en dos frentes simultáneos:
Frente Externo: Delante y fuera de nosotros
(estructuras, persecución, rechazo social).
Frente Interno: En nuestro propio interior.
- El
mecanismo del miedo: La mentira utiliza el miedo como herramienta de dominación
para evitar que confesemos, practiquemos y demos testimonio del
Evangelio.
- El
antídoto: Exorcizar la mentira interior mediante la Palabra de
Dios y la fe, bajo el principio de la coherencia: solo se puede predicar
lo que se vive.
4. Las Armas de la Verdad frente a la Mentira
El texto establece una frontera ética infranqueable respecto
a los medios que se deben utilizar para la misión.
Armas prohibidas (Las armas de la mentira):
- El
poder corruptor.
- La
dominación, la fuerza y la imposición.
Armas legítimas (Las armas del Evangelio):
El Testimonio: Mostrar con la vida la coherencia del
mensaje.
La Libertad: Dejar que la verdad desarrolle su propia
fuerza interna, ya que el Evangelio es, por definición, una fuerza de
liberación ("La verdad nos hace libres").
Eje Central del Texto: El miedo se vence cuando se
comprende que el Evangelio no se impone con el poder del mundo, sino que se
testimonia desde la libertad de la verdad, asumiendo las consecuencias
conflictivas que esto genera en la historia.
Cuando Jesús insiste tres veces en ese pasaje con el "No
tengan miedo" (Mt 10, 26.28.31), lo hace precisamente porque el panorama
que les acaba de pintar en los versículos anteriores es aterrador.
Profundicemos en los motivos históricos y teológicos de ese
miedo, y por qué la predicación del Evangelio era —y es— una de las tareas más
subversivas y peligrosas del mundo.
1. ¿Por qué tenían motivos reales para el miedo?
Jesús no les oculta la verdad. En el mismo capítulo 10 de
Mateo, antes de decirles que no teman, les advierte explícitamente:
"Los entregarán a los tribunales y los azotarán en sus
sinagogas" (v. 17).
"Serán llevados ante gobernadores y reyes por mi
causa" (v. 18).
"El hermano entregará a la muerte al hermano... y serán
odiados por todos por causa de mi nombre" (v. 21-22).
El miedo radicaba en la pérdida de las tres redes de
seguridad más grandes que tiene un ser humano: la familia (que los
traicionaría), la religión oficial (las sinagogas que los azotarían) y el
Estado (los gobernadores romanos que los juzgarían). Iban a quedar
completamente desamparados a los ojos del mundo.
2. El Evangelio como peligro político y religioso
Como bien señalas con el ejemplo de Jesús y del profeta
Jeremías, la predicación del Reinado de Dios no era un mensaje espiritual
desencarnado o una simple invitación a "ser buenos". Era un mensaje
profundamente perturbador para el statu quo:
Para las autoridades religiosas (el Sanedrín):
Anunciar que Dios reinaba implicaba que las estructuras de poder del Templo ya
no eran las mediadoras exclusivas de la salvación. Decir que Dios estaba del
lado de los marginados, los pobres y los pecadores rompía el sistema de control
basado en la pureza ritual.
Para el Imperio Romano: Decir que "Jesús es el
Señor" era un desafío directo al culto imperial. En Roma solo había un Kyrios
(Señor), y ese era el César. Anunciar otro reino, aunque no fuera militar,
sembraba la sospecha de sedición.
3. El sentido de las tres llamadas a "no tener
miedo"
En Mt 10, 26-33, cada vez que Jesús dice "no
teman", ofrece un antídoto teológico específico para desmontar el miedo de
los apóstoles:
Primer "No teman" (v. 26): La
advertencia: El miedo a la calumnia, a que el mensaje sea distorsionado o
acallado en secreto. El antídoto de Jesús: La verdad prevalecerá: "No
hay nada oculto que no deba ser descubierto". La historia y Dios les darán
la razón.
Segundo "No teman" (v. 28). La
advertencia: El miedo a la tortura y a la muerte física (los azotes, la
cruz). El antídoto de Jesús: El límite del poder humano: Los
perseguidores solo pueden matar el cuerpo, no el alma. Hay una justicia eterna
que escapa a los tribunales de la tierra.
Tercer "No teman" (v. 31). La
advertencia: El miedo al abandono, a sentirse solos e insignificantes en
medio de la persecución. El antídoto de Jesús: La Providencia amorosa:
Si Dios cuida de los pajaritos y tiene contados los cabellos de su cabeza,
¿cómo los va a olvidar a ellos en el momento de la prueba?
Conclusión: La paradoja del envío.
La gran paradoja que Jesús les plantea es que la única forma
de vencer el miedo al mundo es teniendo un "temor" (respeto,
reverencia y fidelidad) mucho mayor hacia Dios.
Al final del pasaje, Jesús vincula el no tener miedo con el testimonio
público: "Al que me reconozca abierto ante los hombres, yo también lo
reconoceré ante mi Padre" (v. 32). El miedo paraliza y silencia; el amor y
la confianza en la Providencia ponen a los discípulos en camino, sabiendo que
el destino del siervo no es diferente al del Maestro. Lo que pasó con Jeremías,
con Jesús y con los apóstoles demostró que el Evangelio, cuando se predica en
su verdad radical, siempre genera conflicto porque cuestiona los poderes de
este mundo.
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