martes, 24 de febrero de 2026

I DOMINGO DE CUARESMA - A (22 de febrero del 2026)

 I DOMINGO DE CUARESMA - A  (22 de febrero del 2026)

Proclamación del Santo Evangelio según San Mateo 4,1 - 11:

4,1 Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el demonio.

4,2 Después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, sintió hambre.

4,3 Y el tentador, acercándose, le dijo: "Si tú eres Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes".

4,4 Jesús le respondió: "Está escrito: El hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios".

4,5 Luego el demonio llevó a Jesús a la Ciudad santa y lo puso en la parte más alta del Templo,

4,6 diciéndole: "Si tú eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: Dios dará órdenes a sus ángeles, y ellos te llevarán en sus manos  para que tu pie no tropiece con ninguna piedra".

4,7 Jesús le respondió: "También está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios".

4,8 El demonio lo llevó luego a una montaña muy alta; desde allí le hizo ver todos los reinos del mundo con todo su esplendor,

4,9 y le dijo: "Te daré todo esto, si te postras para adorarme".

4,10 Jesús le respondió: "Retírate, Satanás, porque está escrito: Adorarás al Señor, tu Dios, y a él solo rendirás culto".

4,11 Entonces el demonio lo dejó, y unos ángeles se acercaron para servirlo. PALABRA DEL SEÑOR.

REFLEXIÓN:

“Oren para no caer en la tentación, porque el espíritu es fuerte, pero la carne es débil" (Mt 26,41). ¿Cuál es la mayor tentación del hombre? Hoy, la mayor tentación del hombre es sentirse igual a Dios: “La serpiente dijo a la mujer: De ninguna manera morirán. Es que Dios sabe muy bien que el día en que coman del árbol prohibido, se les abrirán los ojos y serán como dioses, conocedores del bien y del mal” (Gn 3,4-5).

Hemos iniciado el tiempo de cuaresma con el miércoles de ceniza y en la imposición de la ceniza se nos ha recordado: “Comerás el pan con el sudor de tu frente, hasta que vuelvas a la tierra, de donde fuiste sacado. ¡Porque eres polvo y al polvo volverás!» (Gn 3,19). O también «El tiempo se ha cumplido: el Reino de Dios está cerca. Conviértete y cree en la Evangelio» (Mr 1,15).

“Escucha, Israel: el Señor, nuestro Dios, es el único Señor. Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas” (Dt 6,4). “Uds me darán culto solo a mí y yo bendeciré tu pan y tu agua. Y apartaré de ti todas las enfermedades” (Ex 23,25). “No te postrarás ante esos dioses(falsos) ni les darás culto, porque yo Yahveh, tu Dios, soy un Dios celoso, que castigo la iniquidad de los padres en los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me odian” (Ex 20,5). Estas citas del A.T. nos recuerdan que Dios es único. Pero alguien dividido o apartado de Dios que se hace igual a Dios es precisamente el demonio.

En este primer domingo de la cuaresma, llamado el domingo de la tentación, Jesús sufre tres fuertes tentaciones. Que son las tres grandes tentaciones tuyas y mías, de la Iglesia y de la sociedad. Tentaciones que están latentes a cada momento de nuestra vida terrenal.

1) La tentación de que Dios solucione el hambre del mundo: El tentador, acercándose a Jesús le dijo: «Si tú eres Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes». Jesús le respondió: «Está escrito: "El hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios» (Mt 4,3-4). Episodio que nos recuerda al pueblo de Israel en el desierto: “El pueblo de Israel partió de Elim, y el día quince del segundo mes después de su salida de Egipto, toda la comunidad de los israelitas llegó al desierto de Sin, que está entre Elim y el Sinaí. En el desierto, los israelitas comenzaron a protestar contra Moisés y Aarón. «Ojalá el Señor nos hubiera hecho morir en Egipto, les decían, cuando nos sentábamos delante de las ollas de carne y comíamos pan hasta saciarnos. Porque ustedes nos han traído a este desierto para matar de hambre a toda esta asamblea» (Ex 16,1-3).

2) La tentación del exhibicionismo y la admiración: «Si tú eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: "Dios dará órdenes a sus ángeles, y ellos te llevarán en sus manos para que tu pie no tropiece con ninguna piedra"». Jesús le respondió: «También está escrito: "No tentarás al Señor, tu Dios"» (Mt 4,6-7). Otra escena que nos recuerda la tentación del pueblo de Israel torturado por la sed: Toda la comunidad de los israelitas partió del desierto de Sin y siguió avanzando por etapas, conforme a la orden del Señor. Cuando acamparon en Refidim, el pueblo no tenía agua para beber. Entonces acusaron a Moisés y le dijeron: «Danos agua para que podamos beber». Moisés les respondió: «¿Por qué me acusan? ¿Por qué tientan al Señor?». Pero el pueblo, torturado por la sed, protestó contra Moisés diciendo: «¿Para qué nos hiciste salir de Egipto? ¿Sólo para hacernos morir de sed, junto con nuestros hijos y nuestro ganado?». Moisés pidió auxilio al Señor, diciendo: «¿Cómo tengo que comportarme con este pueblo, si falta poco para que me maten a pedradas?». El Señor respondió a Moisés: «Pasa delante del pueblo, acompañado de algunos ancianos de Israel, y lleva en tu mano el bastón con que golpeaste las aguas del Nilo. Ve, porque yo estaré delante de ti, allá sobre la roca, en Horeb. Tú golpearás la roca, y de ella brotará agua para que beba el pueblo» (Ex 17,1-6).

3) La tentación de hacernos dueños del mundo: «Te daré todo esto, si te postras para adorarme». Jesús le respondió: «Retírate, Satanás, porque está escrito: "Adorarás al Señor, tu Dios, y a él solo rendirás culto"» (Mt 4,9-10). Esta escena nos recuerda otra escena del desierto: Cuando el pueblo vio que Moisés demoraba en bajar de la montaña, se congregó alrededor de Aarón y le dijo: «Fabrícanos un Dios que vaya al frente de nosotros, porque no sabemos qué le ha pasado a Moisés, ese hombre que nos hizo salir de Egipto» Aarón les respondió: «Quiten a sus mujeres, a sus hijos y a sus hijas, las argollas de oro que llevan prendidas a sus orejas, y tráiganlas aquí». Entonces todos se quitaron sus aros y se los entregaron a Aarón. El recibió el oro, lo trabajó con el cincel e hizo un ternero de metal fundido. Ellos dijeron entonces: «Este es tu Dios, Israel, el que te hizo salir de Egipto». Al ver esto, Aarón erigió un altar delante de la estatua y anunció en alta voz: «Mañana habrá fiesta en honor del Señor». Y a la mañana siguiente, bien temprano, ofrecieron holocaustos y sacrificios de comunión. Luego el pueblo se sentó a comer y a beber, y después se levantó para divertirse. El Señor dijo a Moisés: «Baja en seguida, porque tu pueblo, ese que hiciste salir de Egipto, se ha pervertido. Ellos se han apartado rápidamente del camino que yo les había señalado, y se han fabricado un ternero de metal fundido. Después se postraron delante de él, le ofrecieron sacrificios y exclamaron: «Este es tu Dios, Israel, el que te hizo salir de Egipto». Luego le siguió diciendo: «Ya veo que este es un pueblo obstinado. Por eso, déjame obrar: mi ira arderá contra ellos y los exterminaré. De ti, en cambio, suscitaré una gran nación» (Ex 32,1-10).

No olvidemos que este episodio de la tentación del Señor sucede después del bautismo: “Apenas fue bautizado, Jesús salió del agua. En ese momento se abrieron los cielos, y vio al Espíritu de Dios descender como una paloma y dirigirse hacia él. Y se oyó una voz del cielo que decía: Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección” (Mt 3,16-17). Es decir, Jesús empieza a compartir la experiencia de nuestra vida humana con todo lo que es e incluso la experiencia del Pueblo de Dios en la escena de la salida de la esclavitud.

Dios es quien toma la iniciativa de hacerlo salir de esclavo a un pueblo libre. Es Dios que lo lleva al desierto y lo acompaña en su andar. Ahora es el Espíritu el que empuja a Jesús al desierto. El desierto es camino de libertad, pero también camino de tentación. El Evangelio reúne en una sola escena todas las tentaciones. El Pueblo vivió la tentación de regresar a la esclavitud. Jesús es tentado de todo aquello que lo puede desviar de los caminos de Dios.

La Cuaresma es un tiempo de búsqueda de la libertad pascual en base al ayuno, oración y la caridad (Mt 6,2-16). Aunque nosotros tenemos la tentación de sentirnos bien con nuestras esclavitudes, la tentación de renunciar a nuestra libertad. Cada uno sabe de qué esclavitudes Dios lo quiere sacar. Cada uno sabe que la esclavitud del pecado está maquillada de bondad y belleza. El pecado tiene mucho de maquillaje. Se presenta como algo bueno y termina destruyéndonos. El pecado se presenta como algo sabroso y termina amargándonos el corazón. ¿Hemos hecho la prueba de cómo vemos el pecado antes y cómo lo vemos luego de caer?

Una de esas tentaciones más peligrosas, porque la peor tentación es lo de no creerse tentado. La peor tentación es no tomar conciencia de que estamos tentados, ¿Cómo sanar al que no se cree enfermo? Y al respecto, nuestras mayores tentaciones son: Creer que nosotros somos buenos y no necesitamos de la ayuda de nadie. Creer que la santidad no es para nosotros. Creer que no necesito de la Iglesia porque también ella está cargada de defectos. Creer que no necesito confesarme porque no tengo pecado y, en todo caso, el confesor también es pecador. Creer que no necesito de los demás porque yo me basto a mí mismo. Creer que basta ser bueno y puedo prescindir de los demás: Me basta el amor a Dios sin necesidad del amor al prójimo. Creer que la Cuaresma no me va a cambiar. No tomar en serio nuestro camino cuaresmal hacia la Pascua y, por tanto, no tomarnos en serio a notros mismos.

Preguntas de Exploración para la Comunidad

Estas preguntas buscan identificar dónde aprieta el zapato entre la fe y la vida urbana en Lima:

  1. Sobre la Necesidad (El Pan): "¿En qué momentos de crisis económica o laboral han sentido la urgencia de 'convertir las piedras en pan', es decir, de priorizar una solución rápida o poco ética por encima de la confianza en la providencia de Dios?"
  2. Sobre la Seguridad (El Templo): "En una ciudad que a veces percibimos como insegura o caótica, ¿cuántas veces hemos 'puesto a prueba a Dios' exigiendo protección o milagros como condición para mantener nuestra fe activa?"
  3. Sobre la Ambición (Los Reinos): "Al observar el éxito de otros en nuestro entorno social o profesional, ¿qué tanto nos tienta la idea de 'postrarnos' ante los valores del mundo (poder, prestigio, apariencias) para asegurar nuestra posición?"
  4. Sobre el Desierto Moderno: "¿Qué ruidos de la ciudad o distracciones del día a día funcionan como ese 'desierto' que nos hace sentir aislados de la voz de Dios, aun estando rodeados de gente?"
  5. Sobre el Ayuno Real: "Más allá de la comida, ¿de qué cosa lícita (redes sociales, compras innecesarias, necesidad de tener siempre la razón) les costaría más 'ayunar' para hacer espacio al Espíritu?"
  6. Sobre la Palabra como Escudo: "Cuando llegan los momentos de mayor debilidad emocional, ¿cuál es esa 'Palabra que sale de la boca de Dios' (un versículo o promesa) que les sirve de ancla para no caer?"

Cómo transformar estas respuestas en un Mensaje Místico

1. El Desierto en medio de la Ciudad: Plantea que el desierto de Jesús no fue solo un lugar geográfico, sino un estado del alma. La clase media limeña vive en un "desierto de cemento". El mensaje místico es que el silencio no se encuentra huyendo de Lima, sino creando un sagrario interior donde la tentación del consumo no tenga eco.

2. De la Necesidad a la Contemplación: Usa la respuesta sobre el "pan" para entender que el hambre del hombre es, en el fondo, hambre de Infinito. La mística nos enseña que las tentaciones son "distracciones del Amor". No se trata de no querer progresar, sino de no dejar que el progreso ocupe el lugar del Amado.

3. El Abandono en la Voluntad: La mística culmina en el Fiat (Hágase). Frente a la tentación del poder o la seguridad mágica, el mensaje debe invitar a la comunidad a una confianza radical: "Solo a Él adorarás" y lo hacemos en la santa Misa cuando nos arrodillamos en el momento de la consagración: “Tomen y coman… tomen y beban que esto es mi cuerpo…” (Lc 22,19). Es pasar de usar a Dios para nuestros fines, a ser instrumentos de sus fines en la vida para DIOS y  con Dios.

Nota: Para una audiencia de clase media, funciona muy bien usar metáforas de "limpieza de la mirada". La tentación empaña el vidrio a través del cual vemos a Dios; la vida espiritual es el proceso de volver a ver claro.

A menudo vivimos bajo el estrés de la planificación, el control y la búsqueda de seguridad, el abandono en las manos de Dios no es solo un acto de piedad, sino un acto de rebeldía espiritual contra el demonio.

Aquí una propuesta de Guía de Oración Contemplativa diseñada para ser realizada en comunidad o de forma individual, enfocada en el abandono radical como escudo.

Guía de Oración: "El Amparo en el Desierto"

I. Preparación: El Silencio de la Metrópoli

Invita a los fieles a cerrar los ojos y visualizar el ruido de Lima (el tráfico, las preocupaciones del trabajo, las deudas) como una marea que se retira.

  • Gesto: Colocar las manos con las palmas hacia arriba sobre las rodillas. Es el gesto del mendigo y del que recibe.
  • Jaculatoria inicial: "Señor, no soy yo quien controla el mañana, eres Tú."

II. Lectura Profunda (Mt 4, 1-11)

Se lee el pasaje no como un relato histórico, sino como un espejo.

“No solo de pan vive el hombre…”

Reflexión breve: El diablo tienta a Jesús en su necesidad. A nosotros nos tienta en nuestra búsqueda de seguridad material. El abandono comienza cuando reconocemos que nuestro "pan" más urgente es la Voluntad del Padre.

III. El Ejercicio de las Tres Entregas (Mística del Abandono)

Para repeler la tentación, realizaremos tres actos de confianza inspirados en las tres tentaciones:

1. Entrega de las Necesidades (Contra el Pan)

"Señor, te entrego mi miedo a que me falte el sustento, el estatus o el éxito. Renuncio a la ansiedad de querer convertir mis piedras en pan por mis propias fuerzas. Me abandono a Tu providencia."

  • Momento de silencio.

2. Entrega de las Seguridades (Contra el Templo)

"Señor, renuncio a la tentación de exigirte pruebas de Tu amor. No necesito lanzarme al vacío para ver si me sostienes; ya sé que estoy en Tus manos. Te entrego mi necesidad de controlar el futuro de mis hijos y mi salud."

  • Momento de silencio.

3. Entrega de la Voluntad (Contra los Reinos)

"Señor, el mundo me ofrece reinos de prestigio y poder si me postro ante sus reglas. Hoy decido postrarme solo ante Ti. Mi libertad es Tuya. Que Tu voluntad sea mi único anhelo."

  • Momento de silencio.

IV. Oración de compromiso

Se reza a coro, con énfasis en la entrega total:

"Padre, me pongo en Tus manos. Haz de mí lo que quieras. Sea lo que sea, te doy las gracias. No deseo nada más, Dios mío, sino que Tu voluntad se cumpla en mí y en todas Tus criaturas. En Tus manos encomiendo mi alma; te la doy con todo el amor de que soy capaz, porque para mí es una necesidad de amor el darme, el entregarme en Tus manos sin medida, con una confianza infinita, porque Tú eres mi Padre."

V. Conclusión: El Escudo de la Paz

Al final del pasaje, los ángeles sirven a Jesús. Al abandonarnos, la paz de Dios (su "ejército de ángeles") custodia nuestro corazón. El demonio no tiene poder sobre quien no posee nada, porque quien se ha abandonado a Dios, lo posee Todo.

Sugerencia de cierre para el mensaje: Recuerda que el abandono no es pasividad, es la actividad máxima de la fe: es dejar que Dios pelee nuestras batallas mientras nosotros descansamos en Su pecho.

Oración breve de protección (tipo letanía) para que los fieles puedan llevarse impresa en un pequeño recordatorio para rezar durante la semana en sus trayectos o trabajos

El demonio no suele ofrecer "el infierno" con fuego y azufre, sino que lo disfraza de un "reino" de éxito, autonomía absoluta y seguridad material que, al final, nos deja el alma seca y vacía.

Aquí tienes una propuesta de esquema de homilía que resalta el Don del Bautismo, la Fe y la Oración como armas de victoria.

El Reino del Padre o el Espejismo del Mundo Basada en Mt 4, 1-11

1. El Bautismo: Nuestra Armadura de Luz

Queridos hermanos, hace unos momentos recordábamos nuestro Bautismo. Al ser bautizados, no solo recibimos un nombre; recibimos una identidad: SOMOS HIJOS DE DIOS.

El demonio comienza su tentación a Jesús diciendo: "Si eres Hijo de Dios...". Esa es su estrategia favorita con nosotros en el mundo: hacernos dudar de nuestra filiación. Nos susurra al oído en la oficina, en el tráfico, en las crisis familiares: "Si Dios te amara tanto, no pasarías por esto". La fe es el escudo que responde: "Soy hijo, y mi Padre tiene el control". El Bautismo nos dio el ADN de la victoria, pero la fe es la que activa ese poder.

2. El Reino de la Mentira (El Espejismo del Infierno)

En la tercera tentación, el diablo ofrece "todos los reinos del mundo". Para nosotros, esos reinos no son países, son ídolos:

  • El reino de la apariencia (el proyectar lo que no somos, el "qué dirán").
  • El reino del poder económico a cualquier costo.
  • El reino del control absoluto sobre nuestra vida y el futuro.

El demonio nos ofrece un reino donde nosotros somos los reyes, pero ese es, precisamente, el Reino del Infierno: un lugar donde Dios no está y donde terminamos siendo esclavos de nuestros propios deseos (Stg 1,14:Concupiscencia). El infierno comienza aquí cuando decidimos que no necesitamos de la Providencia de Dios.

3. La Oración: El Aliento del Soldado

¿Cómo resistió Jesús? No discutió con el demonio. No razonó con la tentación. Jesús oró con la Palabra.

Para ustedes, que enfrentan el ritmo frenético de esta ciudad, la oración no puede ser un lujo de "tiempo libre". La oración es el abandono radical. Orar es decirle al diablo: "No me des nada de lo que me ofreces, porque mi Padre ya me lo ha dado todo en la Cruz".

  • Cuando la tentación del desánimo llegue: Ora.
  • Cuando el brillo del dinero fácil te seduzca: Ora.
  • Cuando sientas que tu fe flaquea: Recuerda tu Bautismo.

4. Conclusión: El Triunfo de la Humildad

Al final, el diablo se retira. ¿Por qué? Porque no pudo encontrar una grieta de orgullo en Jesús. El abandono en manos de Dios es el arma que el demonio no entiende y a la que teme profundamente.

Hermanos, no tengan miedo de las tentaciones. Ténganle miedo a dejar de orar. Porque el que ora, se mantiene unido a la Vid (Dios), y nadie puede arrancarlo de las manos del Padre. Que nuestra fe sea hoy el "No" rotundo al reino del enemigo y el "Sí" jubiloso al Reino de Dios.

Un gesto para la comunidad

Como sugerencia final. Al terminar la homilía, cierren los ojos y repitan tres veces en su interior: "Soy hijo de Dios por el sacramento del Bautismo. Señor en tus manos me abandono".

Esta oración está diseñada para ser un recurso práctico y poderoso. Para la familia, que valora la protección de la fe y el bienestar del hogar, este "compromiso" actúa como un recordatorio de que su casa y su vida no pertenecen al caos del mundo, sino al Reino de Dios.

Propuesta de oración, estructurada para ser rezada en comunidad o en el seno del hogar.

Oración y Protección del Hogar

(Para rezar frente a un crucifijo o la imagen de la Virgen en casa)

I. Invocación Inicial

Líder: En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Todos: Amén. Líder: Recordamos hoy nuestro Bautismo, la marca imborrable que nos hace propiedad de Dios. Renovamos nuestra fe para rechazar las promesas vacías del enemigo.

II. El Sellado de la Fe (Letanía de Abandono)

A cada invocación, respondemos: "Sella nuestra vida, Señor".

  1. De la tentación de confiar solo en el dinero y el éxito material... R.
  2. De la soberbia de querer controlar el futuro y el destino de los nuestros... R.
  3. Del miedo que nos hace dudar de Tu providencia en medio de la crisis... R.
  4. De la división en nuestra familia y de la falta de perdón... R.
  5. De los engaños del demonio que nos ofrece reinos de apariencia y poder... R.

III. Oración de Protección Directa

(Se sugiere que todos extiendan las manos hacia adelante o se tomen de las manos si están en familia)

"Señor Jesús, por el poder de Tu Sangre Preciosa y la gracia de nuestro Bautismo, sellamos hoy los umbrales de nuestro hogar, nuestras mentes y nuestros corazones.

Declaramos que esta familia pertenece al Reino de la Luz. Rechazamos cualquier 'reino de oscuridad' que intente entrar bajo el disfraz de la ambición desmedida, el desánimo o el rencor. Que Tu Espíritu Santo sea el muro de fuego que nos rodee, y que Tu paz, que sobrepasa todo entendimiento, sea la que gobierne nuestras decisiones.

Madre María, tú que aplastaste la cabeza de la serpiente con tu humildad, enséñanos a decir siempre 'Hágase en mí según Tu palabra'. Amén."

IV. Gesto de Bendición: Si se lleva a casa, se puede sugerir que el padre o la madre de familia haga una pequeña señal de la cruz en la frente de sus hijos y diga: "Eres hijo de Dios, no temas; Él pelea por ti".

Sugerencia para el "Recordatorio": Si decides imprimirla en volantes o tarjetas pequeñas para los fieles, podrías incluir este versículo al reverso: "Sométanse, pues, a Dios; resistan al diablo, y huirá de Uds." (Stg 4,7).

domingo, 8 de febrero de 2026

DOMINGO VI T.O. - A (15 de Febrero del 2026)

 DOMINGO VI T.O. - A (15 de Febrero del 2026)

Proclamación del Evangelio San Mateo 5,17-37.

5:17 No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento.

5:18 Les aseguro que no desaparecerá ni una i ni una coma de la Ley, antes que desaparezcan el cielo y la tierra, hasta que todo se realice.

5:19 El que no cumpla el más pequeño de estos mandamientos, y enseñe a los otros a hacer lo mismo, será considerado el menor en el Reino de los Cielos. En cambio, el que los cumpla y enseñe, será considerado grande en el Reino de los Cielos.

5:20 Les aseguro que si la justicia de ustedes no es superior a la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos.

5:21 Ustedes han oído que se dijo a los antepasados: No matarás, y el que mata, será condenado por el tribunal.

5:22 Pero yo les digo que todo aquel que se irrita contra su hermano, será condenado por el tribunal. Y todo aquel que lo insulta, será castigado por el Sanedrín. Y el que lo maldice, será condenado a la Gehena de fuego.

5:23 Por lo tanto, si al presentar tu ofrenda en el altar, te acuerdas de que tu hermano tiene alguna queja contra ti,

5:24 deja tu ofrenda ante el altar, ve a reconciliarte con tu hermano, y sólo entonces vuelve a presentar tu ofrenda.

5:25 Trata de llegar en seguida a un acuerdo con tu adversario, mientras vas caminando con él, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al guardia, y te pongan preso.

5:26 Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo.

5:27 Ustedes han oído que se dijo: No cometerás adulterio.

5:28 Pero yo les digo: El que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón.

5:29 Si tu ojo derecho es para ti una ocasión de pecado, arráncalo y arrójalo lejos de ti: es preferible que se pierda uno solo de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado a la Gehena.

5:30 Y si tu mano derecha es para ti una ocasión de pecado, córtala y arrójala lejos de ti: es preferible que se pierda uno solo de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado a la Gehena.

5:31 También se dijo: El que se divorcia de su mujer, debe darle una declaración de divorcio.

5:32 Pero yo les digo: El que se divorcia de su mujer, excepto en caso de unión ilegal, la expone a cometer adulterio; y el que se casa con una mujer abandonada por su marido, comete adulterio.

5:33 Ustedes han oído también que se dijo a los antepasados: No jurarás falsamente, y cumplirás los juramentos hechos al Señor.

5:34 Pero yo les digo que no juren de ningún modo ni por el cielo, porque es el trono de Dios;

5:35 ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; Isaías 66, 1 ni por Jerusalén, porque es la Ciudad del gran Rey.

5:36 No jures tampoco por tu cabeza, porque no puedes convertir en blanco o negro uno solo de tus cabellos.

5:37 Cuando ustedes digan "sí", que sea sí, y cuando digan "no", que sea no. Todo lo que se dice de más, viene del Maligno. PALABRA DEL SEÑOR.

REFLEXIÓN:

Queridos amigos(as) en el Señor Paz y Bien.

Hoy el mensaje del evangelio aborda varios temas:  1) Jesús ante la ley: “No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento” (Mt 5,17). 2) El homicidio: “Ustedes han oído que se dijo a los antepasados: No matarás, y el que mata, será condenado por el tribunal. Pero yo les digo…” (Mt 5,21). 3). El adulterio: “Ustedes han oído que se dijo: No cometerás adulterio. Pero yo les digo... “ (Mt 5,27). 4) El divorcio: “Ustedes han oído que se dijo el que se divorcia de su mujer, debe darle una declaración de divorcio. Pero yo les digo…” (Mt 5,31). 5). El juramento: “Ustedes han oído también que se dijo a los antepasados: No jurarás falsamente, y cumplirás los juramentos hechos al Señor. Pero yo les digo…” (Mt 5,33).

Para nuestra reflexión conviene resaltar tres aspectos:

1) Recordemos la ley de los diez mandamientos que el pueblo de Israel tiene que cumplir porque fueron dadas por Dios a Moisés ( Ex 31,18; 20,1-17). Luego en el N.T. se nos dice: “La Ley y los Profetas llegan hasta Juan. Desde entonces se proclama el Reino de Dios, y todos tienen que esforzarse para entrar en él. Es más fácil que dejen de existir el cielo y la tierra, antes que deje de cumplirse una coma de la Ley” (Lc 16,16-17). Los fariseos le preguntaron cuándo llegaría el Reino de Dios. Él les respondió: "El Reino de Dios no viene ostensiblemente, y no se podrá decir: Está aquí o Está allí. Porque el Reino de Dios está entre ustedes" (Lc 17,20,21). Jesús les dijo: “Si yo expulso a los demonios con la fuerza del dedo de Dios, quiere decir que el Reino de Dios ha llegado a ustedes” (Lc 11,20).

2) Un escriba pregunta a Jesús: "¿Cuál es el primero de los mandamientos? Jesús respondió: El primero es: Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor;  y tú amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, con todo tu espíritu y con todas tus fuerzas. El segundo es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento más grande que estos" (Mc 12,28-31). En suma: Porque Dios es amor (I Jn 4,8). Y el amor a Dios tiene que pasar por el amor al hermano: “Quien dice amar a Dios y no ama a su hermano es un mentiroso” (I Jn 14,20).

3) Quien vive en el amor de Dios ama a su prójimo por tanto: la nueva ley es como el Señor mismo nos dice: “Les doy un mandamiento nuevo, que se amen los unos a los otros. Así como yo los he amado, ámense también ustedes los unos a los otros. En esto todos reconocerán que ustedes son mis discípulos: en el amor que se tengan los unos a los otros" (Jn 13,34-35). Y el que sabe vivir en el amor a Dios, acepta el mensaje de Dios integro tanto del A.T- y N.T. porque se complementan. Opta por la vida y no atenta contra el quinto mandamiento. Que nos dice no mataras, y el sexto mandamiento: No cometerás adulterio. No atentará contra el primer mandamiento: Amar a Dios sobre todas las cosas y menos contra el segundo que nos dice: No levantaras el nombre de Dios en vano.

Jesús no viene a abolir la Ley del Antiguo Testamento. Al contrario, la viene a perfeccionar pasando por una exhaustiva purificación, porque a lo largo del tiempo nosotros la hemos deformado y una ley deformada ya no sirve ni para ser imagen de Dios (Gn 1,26), ni para convivir como hermanos (Jn 13,34). O recordemos este episodio: "El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. Él me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor" (Is 61). Jesús cerró el Libro, lo devolvió al ayudante y se sentó. Todos en la sinagoga tenían los ojos fijos en él. Entonces comenzó a decirles: “Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír” (Lc 4,18-20).

Nos dice también que, no basta ser como los demás, no podemos ser como los escribas y fariseos: “Les aseguro que si no son mejores que los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos” (Mt 5,20).  Con frecuencia, nosotros nos medimos según la medida de los demás, pero para Dios cada uno tiene su propia medida. No basta que yo sea como los demás, sino que tengo que dar la talla que Dios ha pensado para mí. No pensemos que Dios nos exige cosas imposibles, así no es: “Este mandamiento que hoy te prescribo no es superior a tus fuerzas ni está fuera de tu alcance. No está en el cielo, para que digas: ¿Quién subirá por nosotros al cielo y lo traerá hasta aquí, de manera que podamos escucharlo y ponerlo en práctica? Ni tampoco está más allá del mar, para que digas: ¿Quién cruzará por nosotros a la otra orilla y lo traerá hasta aquí, de manera que podamos escucharlo y ponerlo en práctica? No, la palabra está muy cerca de ti, en tu boca y en tu corazón, para que la practiques” (Dt 30,11-14).

Jesús sitúa la nueva ley en el corazón del hombre. Un buen día preguntaron a Jesús: Un escriba que los oyó discutir, al ver que les había respondido bien, se acercó y le preguntó: “¿Cuál es el primero de los mandamientos?”. Jesús respondió: “El primero es: Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor; y tú amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, con todo tu espíritu y con todas tus fuerzas. El segundo es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento más grande que estos” (Mc 12,28-31). Quien sabe amar, no sabe lo que es matar. Hasta llega a hacer una afirmación que para nosotros pudiera parecernos extraña. Yo diría que la reconciliación, la amistad y el perdón están por encima del mismo culto o, dicho de otra manera, son una especie de culto. No se puede acercar uno al altar, si en su corazón lleva el veneno de la enemistad con su hermano. Mejor damos vuelta atrás, amistamos y nos perdonamos y recién ahora podemos acercarnos al altar (Mt 5,23).

Jesús nos invita a ver y entender de una manera nueva la ley: “han oído que se dijo… pero yo les digo” (Mt 5,21)… Ustedes han oído que se dijo: "Amarás a tu prójimo" y odiarás a tu enemigo. Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores; así serán hijos del Padre que está en el cielo, porque él hace salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos. Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen lo mismo los publicanos? Y si saludan solamente a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen lo mismo los paganos? Por lo tanto, sean perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo” (Mt 5,44-48).

Solo Cristo Jesús es el modelo de la humanidad. Nadie es modelo de lo que tenemos que ser, sino solo Jesús. La vida de los demás puede despertar alicientes como también puede despertar apatías. Jesús es bien claro en esto: “Les aseguro: Si no son mejores que los escribas y fariseos, no entraran en el reino de los cielos” (Mt 5,20). En aquel entonces, los modelos de religiosidad eran tanto los escribas como los fariseos. Digamos que eran los buenos, los santos según la Ley, pero sus vidas no eran suficientes para ser modelos de santidad en el nuevo Reino que predicaba Jesús. Jesús era de los que caminaba contra la corriente, contra la costumbre, contra la tradición, contra lo que consideraban el camino y la voluntad de Dios, su misión fue marcar un camino diferente, un camino contracorriente.

El gran peligro que todos corremos es querer ser como los demás, como los otros. El qué dirán los demás tiene una tremenda fuerza dentro de nosotros. El qué dirán o pensarán los demás tiene el poder de marcar y señalar nuestras vidas. Los demás tienen una enorme fuerza en nuestras vidas. “Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, que son ladrones, injustos y adúlteros; ni tampoco como ese publicano” (Lc. 18,11). ¿Quién de nosotros no ha experimentado esa fuerza en su vida en compararse con los demás? ¿Qué pensarán de nosotros? Porque nuestro prestigio está no en lo que pensamos nosotros ni, muchas veces en lo que pueda pensar Dios, sino en lo que “piensan los otros”.

Hablamos como hablan y de lo que hablan los demás. No podemos llamar la atención. Tenemos miedo a lo que dirán de nosotros. Vestimos como visten los demás. No podemos sentirnos marginados. Hay que ser como todos. Compramos lo que compran todos. Hay que estar al día y a tono con los demás. Nos divertimos como se divierten todos. Nadie quiere pasar por un aburrido. Hoy Jesús nos dice otra cosa: "Si no son distintos y mejores que los demás, no podrán entrar en el Reino de los cielos” (Mt 5,20).

Si la humanidad de hoy busca modelos que seguir entre los hombres de hoy se equivoca. Cree que prescindiendo de Dios o escapando de Dios le va mejor, pues no es cierto. Mejor te miras en el espejo de Jesús y del Evangelio. Por eso, no podemos juzgar a los demás ni considerarnos menos ni más que los demás. Ante Dios somos únicos. “El hombre es tanto ante Dios y no más” (San Francisco de Asís).

domingo, 1 de febrero de 2026

DOMINGO V T.O. - A (08 de febrero del 2026)

 DOMINGO V T.O. - A (08 de febrero del 2026)

Proclamación del santo Evangelio de San Mateo 5,13-16:

5,13 Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se la volverá a salar? Ya no sirve para nada, sino para ser tirada y pisada por los hombres.

5,14 Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad situada en la cima de una montaña.

5,15 Y no se enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón, sino que se la pone sobre el candelero para que ilumine a todos los que están en la casa.

5,16 Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el cielo. PALABRA DEL SEÑOR.

Estimados hermanos(as) en la fe, Paz y Bien.

¿De qué sirve que el hombre viva muchos años si no es feliz? (Ecl6,6). ¿Qué sentido tiene ser cristiano en el mundo de hoy? Pues bien, el evangelio nos da una respuesta a través de dos símbolos sobre cuyo significado no hará falta hacer grandes especulaciones. El cristiano está llamado, en primer lugar, a ser sal de la tierra (Mt 5,13). Con la sal damos sabor a las comidas. De lo que se desprende que el cristiano está llamado a dar sabor a la vida y una vida en felicidad.

¿Qué significado tiene la sal? Indica las funciones de purificación, de dar sabor, de conservar aquello perecedero, de dar valor, etc. Aplicado a los discípulos indica que con sus obras y su testimonio del Evangelio han de dar sabor y valor a la humanidad. «Si la sal se vuelve sosa» (Mt 5,13): Lo que los discípulos pueden perder es la capacidad de manifestar, con sus obras y su testimonio, el Evangelio. Esta posibilidad de fracaso se aplica a la imagen de la sal, subrayando que, de la misma manera que sería totalmente inútil una sal que no tuviera sabor, también lo sería la comunidad si no hiciese presente en el mundo las obras de la fe.

Uds son la luz del mundo, nos dice Jesús (Mt 5,14). Y si la sal era importante, la luz todavía lo es más. Sin luz la vida sería imposible. La luz es la que nos permite ver las cosas en su realidad y andar por el camino correcto. En cambio, si vamos a oscuras, lo más normal es que nos caigamos o causemos destrozos. La luz tiene una gran fuerza simbólica: en todos los tiempos y culturas el ser humano ha buscado la luz de la verdad, ha buscado poner luz a los interrogantes más profundos de la existencia. La fe en Jesús Resucitado es la luz que puede dar respuestas a todas las inquietudes del hombre. 

La imagen de la luz nos es familiar, porque a menudo es usada en los evangelios. Pero nosotros estamos acostumbrados a aplicarla a Jesús. En efecto, él mismo nos dice en otro texto: “Yo soy la luz del mundo, y el que me sigue no anda en tinieblas” (Jn 8,12). Aquí, en cambio, no se nos dice que Jesús es la luz del mundo, sino que nosotros somos la luz del mundo (Mt 5,14). Se trata, por tanto, de darnos cuenta de que todos nosotros, los seguidores de Jesús, estamos prolongando la acción de Jesús en cuanto damos testimonio de él. Nosotros seremos la luz del mundo si somos capaces de aportar a nuestra sociedad la fe en Jesús. No podemos ocultarnos, no podemos disimular nuestra fe. Jesús lo dice claramente: No se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de la casa. Del mismo modo nosotros debemos ser luz para los demás a través de nuestras buenas obras glorificar a nuestro padre celestial (Mt 5,16); es la misión evangelizadora que todos los cristianos tenemos encomendada con el testimonio de nuestra vida.

Lo de ser luz es ciertamente una imagen expresiva y sugerente. Sin embargo, nos podríamos preguntar: ¿Y en qué consiste eso de ser luz?

Nos lo dicen muy claro la primera lectura y el salmo. El profeta Isaías nos decía: Parte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres sin techo, viste al que va desnudo. Entonces romperá tu luz como la aurora. Ésa es la verdadera luz que podemos vivir y transmitir. Si vivimos en nuestra vida los valores de la caridad, el amor desinteresado, la justicia, la solidaridad, entonces brillará la luz en las tinieblas. Lo mismo nos decía el salmo: En las tinieblas brilla como una luz el que es justo, clemente y compasivo. En definitiva, será por nuestras obras como podremos ser sal de la tierra y luz del mundo. Será por el modo de vivir como podremos mostrar a los demás la luz que ilumina nuestra vida. Será por los valores que vivimos como podremos contagiar la fe, seremos testigos evangelizadores para las personas que nos rodean. Tal como concluía Jesús sus palabras en el evangelio de hoy: Para que vean sus buenas obras y den gloria a su Padre que está en el cielo. Es decir, hacer visible en nuestra vida la fuerza transformadora del evangelio; demostrar que el amor nuevo -del que Cristo ha dado ejemplo- es posible. Jesús, pues, está hablando del deber misionero de su comunidad.

Pero hay algo importante: la sal sólo sirve si está fuera del salero. (...) Isaías nos dice cómo debemos salir del «salero»

La luz alumbra cuando se destierra la opresión, la injusticia... y se edifica el amor, la justicia, la fraternidad... En la medida en que los hombres vean que los que se dicen creyentes proyectan la luz de la liberación total, en esa misma medida darán gloria al Padre. La liberación de todo mal es el signo de la presencia de Dios entre los hombres.

Llevar una vida de santidad (Lv 20,26): "El que cree en mí, en realidad no cree en mí, sino en aquel que me envió. Y el que me ve, ve al que me envió. Yo soy la luz, y he venido al mundo para que todo el que crea en mí no permanezca en las tinieblas. Al que escucha mis palabras y no las cumple, yo no lo juzgo, porque no vine a juzgar al mundo, sino a salvarlo” (Jn 12,44). “Yo soy la luz del mundo, el que me sigue no camina en tinieblas si no que tendrá la luz de la vida” (Jn 8,12). “Quien crea y se bautice se salvará, quien se resista en creer será condenado” (Mc 16,15). En el bautismo recibimos la luz de la gracia. ¿Cómo encender esa luz para que brille en nosotros y para los demás? San Pablo nos da un buen consejo: “No apaguen la acción del Espíritu Santo; no desprecien las enseñanzas de la escritura; examínenlo todo y quédense con lo bueno. Apártense de todo lo malo” (I Tes 5,19-22).

Como vemos, el mensaje que el evangelio hoy nos transmite es: “Brille así su luz delante de los hombres, mediante sus buenas obras para glorificar a su Padre que está en el cielo” (Mt 5,16). ¿Por qué es necesario que brille nuestras obras? Para que como dice el mismo Señor: “Así como se arranca la cizaña y se la quema en el fuego, de la misma manera sucederá al fin del mundo. El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y estos quitarán de su Reino todos a los que obraron en el mal, y los arrojarán en el horno encendido. Allí será el llanto y rechinar de dientes. Pero los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. ¡El que tenga oídos, que oiga! (Mt 13,40-43). San Pedro agrega: “Lleven una vida ejemplar en medio de los que no conocen a Dios; de este modo, los mismos que ahora los calumnian como a malhechores, al ver sus buenas obras, tendrán que glorificar a Dios el día de su Visita” (I Pe 2,12).

¿Cómo hacer que brillen nuestras buenas obras delante de los hombres? Siendo la sal que da sabor a la comida (Mt 5,13), siendo luz para los demás (Mt 5,14). Y como el domingo anterior hemos meditado cuando el Seños nos ha dicho: “Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados” (Mt 5,6; Is 55,1; Ap 21,6); “Felices los que son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos” (Mt 5,10; I Pe 3,14). Y además: “Felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia. Felices los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios. Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios (Mt 5,7-9).

“Felices ustedes, cuando sean insultados y perseguidos, y cuando se los calumnie en toda forma a causa de mí. Alégrense y regocíjense, porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo; de la misma manera persiguieron a los profetas que los precedieron” (Mt 5,11-12). Incluso nos dice: “El hermano entregará a su hermano para que sea condenado a muerte, y el padre a su hijo; los hijos se rebelarán contra sus padres y los harán morir” (Mt 10,21). Y como si esto fuera poco: Todos les odiaran por mi causa, pero el que persevere hasta el final se salvará” (Mt 10,22).

Para ser files al Señor aun a costa de nuestra vida se requiere: Empaparnos de la palabra de Dios para conocerlo, así nos lo recuerda el salmista: “Qué dulce es tu palabra para mi paladar, más dulce que la miel” (Slm 118,103). “Tu palabra es una lámpara para mis pasos, una luz en mi camino” (Slm 118,105). “Yo amo tus mandamientos y los prefiero más que el oro fino” (Slm 118,27). El mismo evangelio nos dice en los amigos de Emaús: “¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?" (Lc 24,32).

Para nuestra reflexión pastoral: Como vemos, el Evangelio de hoy está contextualizado entre la luz del sol que alumbra e ilumina y el alimento del pan material. Si alguien creía que Jesús no sabía de cocina se equivoca. Jesús sabía de cocina y no le gustaban las comidas sin sal. Me supongo que más de una vez fue testigo de cómo su Mamá María echaba la sal en los pucheros y como a Él le encanta hablar desde las realidades de la vida, hoy nos hace una llamada bonita: “Uds son la sal de la tierra” (Mt 5,13). “Uds son la luz del mundo”(Mt 5,14) Entre la sal que tiene que ver con el mundo interior de uno y la luz que tiene que ver con el mundo exterior. Dos imágenes bien gráficas y bonitas para expresar la misión y el sentido de la vida del creyente en el mundo y, por lo demás, bien actuales.

¿Quién no conoce la sal y la función de la misma? Da sabor, da gusto a la comida. Por algo decimos cuando alguien dice en son de broma: está en una vida “sin sal”. Sólo que a nosotros no nos dicen que seamos sal para la comida sino “sal para el mundo”. No es lo mismo darle gusto y sabor a la comida que darle gusto y sabor a la vida y al mundo. Frente a un mundo sin sabor y que carece de sentido, alguien tiene que darle al mundo algo sabroso, algo que dé gusto vivir en él. Ser sal es darle sabor a la vida, una vida que uno la vive gozosa y feliz y siente ganas de vivir. Esta es nuestra misión de cristianos, hacer que la vida tenga sentido, hacer que la gente viva a gusto.

¿Quién no conoce lo que es la luz? Posiblemente una de las cosas que más nos fastidia es cuando sufrimos un apagón o simplemente se nos fue un fusible. Acostumbrados a la luz, ya no sabemos vivir a la luz de una vela o un candil.

Esta es la misión también del cristiano y de la Iglesia, iluminar, alumbrar. ¿Recuerdan a aquel ciego que durante la noche caminaba con una linterna encendido? Alguien le preguntó por qué llevaba la linterna si él no veía. La respuesta fue linda: “Pero así puedo hacer que usted vea mejor el camino.” En la vida y en el mundo hay demasiadas sombras y oscuridades. Alguien tiene que ser luz para que otros puedan ver. Si dejamos de alumbrar, ¿qué sentido tiene nuestra fe? Al respecto Un bueno día dijo Jesús a los fariseos: “Guías ciegos, Uds. Cuelan el mosquito, mientras se tragan un camello” (Mt 23,24). San Pablo nos agrega: “Nadie se en engañe, nadie se burle de Dios. Se cosecha de lo que se siembra, quien siembra en la carne, cosecha de la carne corrupción y muerte, quien siembra en el espíritu, cosecha del espíritu vida eterna” (Gal 6,7).

Estimados hermanos(as): Superemos esa falsa humildad de creernos menos de lo que somos. Superemos esa falsa humildad de que los demás no ven lo malo sino solo bueno que hacemos. Tarde o temprano se llega a saber todo (Mt 10,26). La luz no se enciende para esconderla, sino para ponerla sobre el candelero. Si Dios ha encendido la luz en tu vida no es para que la escondas. No se trata de hacer exhibicionismos, pero sí de manifestarnos en lo que somos.

Si soy practicante no tengo por qué hacerlo a escondidas. Si voy a Misa no tengo por qué avergonzarme ante los que no van. Si soy creyente no tengo por qué avergonzarme delante de los ateos. ¿No te das cuenta de cómo los ateos no se avergüenzan de declararse tales en público? ¿Y por qué voy avergonzarme yo de ser creyente? ¿Por qué voy a sentirme menos declarándome creyente? Yo respetaré al que no cree, pero igual derecho tengo a que se respete mi fe. No se trata de sentirme más que ellos, pero tampoco de acomplejarme ante ellos.

Si tengo que hablar del Evangelio: “No me avergüenzo del Evangelio” (Rm 1,16). ¿Por qué avergonzarme del evangelio? Cuando yo anuncio el Evangelio no lo impongo a nadie, simplemente lo ofrezco. Si hago el bien a los demás no tengo por qué hacerlo en secreto. No se trata de aprovecharlo para que me consideren más. ¿Se avergüenza el sol de brillar en el firmamento? ¿Se avergüenzan las luces de la calle por alumbrar de noche? ¿Y por qué me he de avergonzar yo de que creo en Dios, en Jesús, en el Evangelio? Con razón dice san Pablo: “Vivo yo, pero no soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mi” (Gal 2,20).

domingo, 25 de enero de 2026

DOMINGO IV T.O. – A (Domingo 01 de febrero de 2026).

 DOMINGO IV T.O. – A (Domingo 01 de febrero de 2026).

Proclamación del Santo evangelio según San Mateo: 5,1-12:

5,1 Viendo la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron.

5,2 Y tomando la palabra, les enseñaba diciendo:

5,3 “Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos.

5,4 Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra.

5,5 Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.

5,6 Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados.

5,7 Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

5,8 Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

5,9 Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

5,10 Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos.

5,11 Bienaventurados cuando los injurien, y los persigan y digan con mentira toda clase de mal contra uds. por mi causa.

5,12 Alégrense y regocíjense, porque su recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a uds. PALABRA DEL SEÑOR.

Estimados amigos en el Señor Paz y Bien.

Las bienaventuranzas (Felices) no son diferentes caminos para llegar al Reino de Dios, de manera que cada uno pueda elegir el que mejor le cuadre. No, Jesús ofrece desde perspectivas distintas el único camino (Jn 14,6). En primer lugar se señala una actitud inicial básica que se convierte en exigencia para llegar al Reino de Dios. El que adopta esa actitud es ya "dichoso o feliz", pues hay para él una promesa. En la primera y en la última bienaventuranza la promesa es expresamente el Reino de los Cielos, en las otras se trata de la misma realidad considerada bajo diversos aspectos.

Las bienaventuranzas son una recapitulación anunciada en el A.T. e invitación a ser parte del Reino de Dios y que bien se puede resumir así: “Feliz el que cumple lo que enseña, porque será grande en el Reino de los Cielos” (Mt 5,19). Y que se complementa con esta cita: "Los escribas y fariseos ocupan la cátedra de Moisés; ustedes hagan y cumplan todo lo que ellos les digan, pero no se guíen por sus obras, porque no hacen lo que dicen. Atan pesadas cargas y las ponen sobre los hombros de los demás, mientras que ellos no quieren moverlas ni siquiera con el dedo” (Mt 23,2-4). Al Reino de Dios no se puede entrar con bonitas ideas o apariencias. Sino en base a esfuerzo y sacrificio. Incluso hoy nos ha dicho: “Felices ustedes, cuando sean insultados y perseguidos, y cuando los calumnien en toda forma a causa de mí” (Mt 5,11). En lugar de estar tristes, “alégrense y regocíjense entonces, porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo; de la misma manera persiguieron a los profetas que los precedieron” (Mt 5,12).

El Evangelio de Mateo, presenta a Jesús como el nuevo Moisés, el nuevo legislador. En el AT la Ley de Moisés fue codificada en cinco libros: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio. Imitando el modelo antiguo, Mateo presenta la Nueva Ley en cinco grandes Sermones dispersos en el evangelio: a) el Sermón del Monte (Mt 5,1 a 7,29); b) el Sermón de la Misión (Mt 10,1-42); c) El Sermón de las Parábolas (Mt 13,1-52); d) el Sermón de la Comunidad (Mt 18,1-35); e) El Sermón del Futuro del Reino (Mt 24,1 a 25,46). Las partes narrativas, intercaladas entre los cinco Sermones, describen la práctica de Jesús y muestran como él observaba la nueva Ley y la encarnaba en su vida.

Mateo 5,1-2: El solemne anuncio de la Nueva Ley. De acuerdo con el contexto del evangelio de Mateo, en el momento en que Jesús pronunció el Sermón del Monte, había apenas cuatro discípulos con él (Mt 4,18-22). Poca gente. Pero una multitud inmensa le seguía (Mt 4,25). En el AT, Moisés subió al Monte Sinaí para recibir la Ley de Dios. Al igual que Moisés, Jesús sube al Monte y, mirando a la multitud, proclama la Nueva Ley. Es significativo: Es significativa la manera solemne como Mateo introduce la proclamación de la Nueva Ley: “Viendo la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron. Y, tomando la palabra, les enseñaba diciendo: «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos.” Las ocho Bienaventuranzas forman una solemne apertura del “Sermón de la Montaña”. En ellas Jesús define quien puede ser considerado bienaventurado, quien puede entrar en el Reino. Son ochos categorías de personas, ocho puertas para entrar en el Reino, para la Comunidad. ¡No hay otras entradas! Quien quiere entrar en el Reino tendrá que identificarse por lo menos con una de estas categorías.

Mateo 5,3: Bienaventurados los pobres de espíritu. Jesús reconoce la riqueza y el valor de los pobres (Mt 11,25-26). Define su propia misión como la de “anunciar la Buena Nueva a los pobres” (Lc 4,18). El mismo, vive como pobre. No posee nada para sí, ni siquiera una piedra donde reclinar la cabeza (Mt 8,20). Y a quien quiere seguirle manda escoger:¡o Dios, o el dinero! (Mt 6,24). En el evangelio de Lucas se dice: “¡Bienaventurados los pobres!” (Lc 6,20). Entonces, ¿quién es “pobre de espíritu”? Es el pobre que tiene el mismo espíritu que animó a Jesús. No es el rico. Ni es el pobre como mentalidad de rico. Es el pobre que, como Jesús, piensa en los pobres y reconoce su valor. Es el pobre que dice: “Pienso que el mundo será mejor cuando el menor que padece piensa en el menor”.

Mateo 5,4-9: El nuevo proyecto de vida. Cada vez que en la Biblia se intenta renovar la Alianza, se empieza estableciendo el derecho de los pobres y de los excluidos. Sin esto, ¡la Alianza no se rehace! Así hacían los profetas, así hace Jesús. En las bienaventuranzas, anuncia al pueblo el nuevo proyecto de Dios que acoge a los pobres y a los excluidos. Denuncia el sistema que ha excluido a los pobres y que persigue a los que luchan por la justicia. La primera categoría de los “pobres en espíritu” y la última categoría de los “perseguidos por causa de la justicia” reciben la misma promesa del Reino de los Cielos. Y la reciben desde ahora, en el presente, pues Jesús dice “¡de ellos es el Reino!” El Reino ya está presente en su vida. Entre la primera y la última categoría, hay tres otras categorías de personas que reciben la promesa del Reino. En estos tres dúos transpare el nuevo proyecto de vida que quiere reconstruirla en su totalidad a través de un nuevo tipo de relaciones: con los bienes materiales (1er dúo); con las personas entre sí (2º dúo); con Dios (3er dúo). La comunidad cristiana debe ser una muestra de este Reino, un lugar donde el Reino empieza a tomar forma desde ahora.

Los tres: Primera dúo: los mansos y los que lloran: Los mansos son los pobres de los que habla el salmo 37. Se les quitó su tierra y la van a heredar de nuevo (Sal 37,11; Sal 37.22.29.34). Los afligidos son los que lloran ante la injusticia en el mundo y entre la gente (Sl 119,136; Ez 9,4; Tob 13,16; 2Pd 2,7). Estas dos bienaventuranzas quieren reconstruir la relación con los bienes materiales: la posesión de la tierra y el mundo reconciliado.

Segundo dúo: los que tienen hambre y sed de justicia y los misericordiosos. Lo que tienen hambre y sed de justicia son los que desean renovar la convivencia humana, para que esté de nuevo de acuerdo con las exigencias de la justicia. Los misericordiosos son los que tienen el corazón en la miseria de los otros porque quieren eliminar las desigualdades entre los hermanos y las hermanas. Estas dos bienaventuranzas quieren reconstruir la relación entre las personas mediante la práctica de la justicia y de la solidaridad.

Tercer dúo: los puros de corazón y los pacíficos: Los puros de corazón son los que tienen una mirada contemplativa que les permite percibir la presencia de Dios en todo. Los que promueven la paz serán llamados hijos de Dios, porque se esfuerzan para que la nueva experiencia de Dios pueda penetrar en todo y realice la integración de todo. Estas dos bienaventuranzas quieren reconstruir la relación con Dios: ver la presencia actuante de Dios en todo y ser llamado hijo e hija de Dios.

Mateo 5,10-12: Los perseguidos por causa de la justicia y del evangelio. Las bienaventuranzas dicen exactamente lo contrario de lo que dice la sociedad en la que vivimos. En ésta, el perseguido por la justicia es considerado como un infeliz. El pobre es un infeliz. Feliz es el que tiene dinero y puede ir al supermercado y gastar según su voluntad. Los infelices son los pobres, los que lloran.

Felices dice el Señor, ¿y quién son los felices?. En el Antiguo Testamento, se definen felices a los viven las indicaciones de la Sabiduría (Eclo 25,7-10), también dice. “Guarda los preceptos y los mandamientos que yo te prescribo hoy, para que seas feliz”, (Deuteronomio 4), “Yahveh tu Dios te bendecirá en todas tus cosechas y en todas tus obras, y serás plenamente feliz.” (Deuteronomio 16), también en los Salmos se reza que es “feliz” quien ama al Señor, y feliz el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni en la senda de los pecadores  (Salmos 1,1).

La bienaventuranza del sermón de la montaña prometida nos coloca ante opciones morales decisivas. Nos invita a purificar nuestro corazón de sus malvados instintos y a buscar el amor de Dios por encima de todo. Nos enseña que la verdadera dicha no reside ni en la riqueza o el bienestar, ni en la gloria humana o el poder, ni en ninguna obra humana, por útil que sea, como las ciencias, las técnicas y las artes, ni en ninguna criatura, sino sólo en Dios, fuente de todo bien y de todo amor.

El Sermón de la Montaña, específicamente las Bienaventuranzas (Mt 5,1-12), no es simplemente un poema de consuelo, sino un manifiesto radical que redefine el éxito, la felicidad y el propósito humano. A continuación, exploramos cómo este pasaje nos sitúa frente a una transformación profunda del corazón y la voluntad.

1. Una Opción Moral Decisiva: Las Bienaventuranzas funcionan como un espejo que nos obliga a elegir. No son sugerencias opcionales, sino que presentan un cambio de paradigma. Cada "Dichoso..." es una invitación a decidir si queremos construir nuestra vida sobre los valores del mundo o sobre la lógica del Reino de Dios.

El contraste: Mientras el mundo premia la autosuficiencia y la fuerza, Jesús bendice al "pobre de espíritu" y al "sufrido".

La decisión: Seguir este camino implica la renuncia deliberada al egoísmo para abrazar una ética basada en la confianza absoluta en Dios.

2. La Purificación del Corazón: Jesús enfatiza que la verdadera moralidad no es solo externa (cumplir leyes), sino interna. La promesa de "ver a Dios" está reservada para los limpios de corazón. Contra los instintos: Nos invita a identificar y purificar esos impulsos de dominio, envidia o rencor que anidan en el interior. El Amor como prioridad: Purificar el corazón significa vaciarlo de ídolos para que el amor de Dios sea el motor de cada acción. Como dice el texto, se trata de buscar a Dios por encima de todo.

3. ¿Dónde reside la verdadera dicha? El sermón es una advertencia directa contra las falsas seguridades. Jesús desplaza el concepto de "felicidad" de lo material y lo humano hacia lo divino. La verdadera paz viene de la justicia y la confianza en la providencia. La grandeza se halla en la humildad y en trabajar por la paz. Ciencia, Técnica y Artes: Son útiles, pero incapaces de saciar el hambre de eternidad del hombre. Las Criaturas: Son reflejos de Dios, pero no son la Fuente; solo Dios es el fin último.

4. Dios es fuente Única de Bien y Amor: La enseñanza central es que ninguna obra humana, por más noble o útil que sea (como los avances científicos o las expresiones artísticas), puede sustituir la comunión con el Creador. La bienaventuranza es, en esencia, participar de la naturaleza de Dios. Él es el único capaz de llenar el vacío del corazón humano porque Él es la fuente de donde emana todo amor auténtico. Al final, las Bienaventuranzas nos dicen que ser felices es, sencillamente, parecerse a Dios porque el hombre ha sido creado a imagen y semejanza de Dios (Gn 1,27).

Felices los que tienen corazón limpio, verán a Dios (Mt 5,8); felices los que trabajan por la paz, serán hijos de Dios" (Mt 5,9). Estas dos bienaventuranzas son piezas clave para entender la ética cristiana, ya que conectan la integridad interior (corazón limpio) con la acción exterior (trabajar por la paz). En un mundo lleno de polarización y ruido digital, estas promesas se convierten en un desafío moral directo.

1. "Felices los que tienen corazón limpio, porque verán a Dios": Tener un "corazón limpio" no significa ser perfecto o carecer de errores, sino tener un corazón no dividido. Es la rectitud de intención: que lo que dices, lo que piensas y lo que haces estén en sintonía con el amor de Dios.

El dilema actual: La cultura de la apariencia y la doble vida. Vivimos en la era de la "curaduría de imagen" en redes sociales, donde a menudo proyectamos una virtud que no practicamos en privado. El dilema moral aquí es la hipocresía o la fragmentación del yo.

La opción moral: Purificar el corazón implica renunciar a los "malvados instintos" de la vanidad y el engaño. Solo quien es transparente consigo mismo y con los demás puede desarrollar la sensibilidad espiritual necesaria para "ver" la presencia de Dios en el prójimo y en la creación.

2. "Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios": Jesús no dice "felices los que son pacíficos" (una actitud pasiva), sino los que trabajan (hacedores de paz"). Es una labor activa, a veces incómoda y costosa. El dilema actual: La polarización y el "cancelamiento". Ante un conflicto social o político, la tendencia instintiva es tomar bandos, atacar al "enemigo" y alimentar la división. El dilema es: ¿Busco tener la razón y aplastar al otro, o busco la reconciliación aunque me cueste el orgullo? La opción moral: Trabajar por la paz nos obliga a buscar el bien común por encima de los intereses particulares o ideológicos. Ser "hijo de Dios" implica imitar al Padre, que ama a todos por igual, convirtiéndonos en puentes en lugar de muros.

Aplicación práctica: El cruce de ambas Bienaventuranzas: Cuando unimos estas dos, obtenemos una hoja de ruta para decisiones difíciles: Pregunta del Corazón Limpio: "¿Estoy haciendo esto por justicia real o para alimentar mi ego y quedar bien ante los demás?" Pregunta del Constructor de Paz: "¿Mi respuesta ante esta ofensa genera más odio o abre una puerta al diálogo?"

Nota: Estas bienaventuranzas nos enseñan que la paz no es la ausencia de conflicto, sino la presencia de una justicia que nace de un corazón que ya no busca poseer ni dominar, sino servir.

Vamos a centrar la reflexión ahora en el entorno social y digital, que es donde hoy más se pone a prueba nuestra integridad y nuestra capacidad de construir paz. Esta guía no busca juzgar acciones externas, sino las opciones morales decisivas que nacen del interior, contrastando nuestros instintos con la invitación de las Bienaventuranzas.

I. La Limpieza de Corazón (Integridad y Rectitud para "Ver a Dios").

¿Busco la verdad o la conveniencia? En mis conversaciones o publicaciones, ¿busco la verdad objetiva o solo aquello que refuerza mi ideología y alimenta mi orgullo?

La transparencia de intención: Cuando ayudo a alguien o defiendo una causa, ¿lo hago por amor genuino o para obtener reconocimiento, "likes" o una imagen de superioridad moral?

La purificación de la mirada: ¿Veo en los demás (especialmente en los que piensan distinto) a personas con dignidad sagrada, o los he convertido en "objetos" de mi ira o indiferencia?

II. El Trabajo por la Paz (Acción Reconciliadora). La promesa: "Serán llamados hijos de Dios".

¿Soy puente o muro? Ante una discusión o conflicto social, ¿mis palabras buscan calmar las aguas y encontrar puntos de unión, o disfruto echando leña al fuego de la discordia?

La renuncia al poder: ¿Estoy dispuesto a ceder en mi derecho de "tener la última palabra" con tal de preservar la caridad y la armonía?

Justicia sin violencia: Al buscar lo que es justo, ¿lo hago con el corazón limpio de odio? ¿Entiendo que la verdadera paz solo nace del amor de Dios y no de la imposición técnica o el poder humano?

Reflexión Final: La verdadera dicha no es un estado de bienestar emocional pasivo. Es la seguridad de saber que, al elegir la limpieza de corazón, eliminamos los obstáculos que nos impiden ver a Dios en el día a día. Al elegir trabajar por la paz, dejamos de ser esclavos de nuestros impulsos violentos para convertirnos en instrumentos de Su amor.

Como bien se ha dicho, ni la técnica más avanzada ni la gloria humana pueden darnos la plenitud que da el actuar como verdaderos "hijos de Dios".

domingo, 18 de enero de 2026

DOMINGO III T.O. – A (25 de Enero del 2026).

 DOMINGO III T.O. – A (25 de Enero del 2026).

Proclamación del santo evangelio según San Mateo 4,12-23

4,12 Cuando Jesús se enteró de que Juan había sido arrestado, se retiró a Galilea.

4,13 Y, dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaún, a orillas del lago, en los confines de Zabulón y Neftalí,

4,14 para que se cumpliera lo que había sido anunciado por el profeta Isaías:

4,15 ¡Tierra de Zabulón, tierra de Neftalí, camino del mar, país de la Transjordania, Galilea de las naciones!

4,16 El pueblo que se hallaba en tinieblas vio una gran luz; sobre los que vivían en las oscuras regiones de la muerte, se levantó una luz.

4,17 A partir de ese momento, Jesús comenzó a proclamar: "Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca.

4,18 Mientras caminaba a orillas del mar de Galilea, Jesús vio a dos hermanos: a Simón, llamado Pedro, y a su hermano Andrés, que echaban las redes al mar porque eran pescadores.

4,19 Entonces les dijo: "Síganme, y yo los haré pescadores de hombres".

4,20 Inmediatamente, ellos dejaron las redes y lo siguieron.

4,21 Continuando su camino, vio a otros dos hermanos: a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca con Zebedeo, su padre, arreglando las redes; y Jesús los llamó.

4,22 Inmediatamente, ellos dejaron la barca y a su padre, y lo siguieron.

4,23 Jesús recorría toda la Galilea, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias de la gente. PALABRA DEL SEÑOR.

Estimados amigos(as) Paz y Bien.

El Evangelio se centra en tres ideas: 1) en Galilea Jesús anuncia: «Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca» (Mt 4,17). 2) resalta la idea: «Síganme, y yo los haré pescadores de hombres»” (Mt 4,19). 3) “Jesús recorría toda la Galilea, enseñando en sus sinagogas la Buena Noticia del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias de la gente” (Mt 4,23).

1)En Galilea Jesús comenzó a proclamar: «Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca». (Mt 4,17). Resaltamos esta primera idea subrayando el verbo convertir: "Examinenlo todo y quédense con lo bueno y apártense de todo lo malo" (ITes 5,21). Para que la Buena Noticia, la semilla nueva tenga mucho fruto conviene dejar lo malo y pasar a lo bueno, que muy bien se resume en esta exhortación: “Nadie usa un pedazo de tela nuevo para remendar un vestido viejo, porque el pedazo añadido tira del vestido viejo y la rotura se hace más grande. Tampoco se pone vino nuevo en odres viejos, porque hará reventar los odres, y ya no servirán más ni el vino ni los odres. ¡A vino nuevo, odres nuevos!» (Mc 2,22).

Tres citas pueden resumir esquemáticamente el tema de la conversión: 1) “Les daré un corazón nuevo y pondré en ustedes un espíritu nuevo: les arrancaré de su cuerpo el corazón de piedra y les daré un corazón de carne. Infundiré mi espíritu en ustedes y haré que sigan mis preceptos, y que observen y practiquen mis leyes” (Ez 36,26-27). 2) Jesús le respondió a Nicodemo: Te aseguro que el que no renace de lo alto no puede ver el Reino de Dios. Nicodemo le preguntó otra vez: "¿Cómo un hombre puede nacer cuando ya es viejo? ¿Acaso puede entrar por segunda vez en el seno de su madre y volver a nacer?" Jesús le respondió: Te aseguro que el que no nace del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu. No te extrañes de que te haya dicho: Ustedes tienen que renacer de lo alto. El viento sopla donde quiere: tú oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Lo mismo sucede con todo el que ha nacido del Espíritu" (Jn 3,3-8). 3) “Renuévense en la mente y en el espíritu. Revestirse del hombre nuevo, para ser imagen de Dios en la justicia y en la verdadera santidad” (Ef 4,23).

La conversión es el paso de un estado a otra: De la vida en corazón de piedra a la vida en corazón de carne; de la vida según la carne y la vida según el espíritu; de la vida como hombre viejo a la vida de un hombre nuevo. Que a su vez se puede resumir así: “Vivan según el Espíritu de Dios, y así no serán arrastrados por los deseos de la carne. Porque los deseos de la carne se oponen contra los deseos del espíritu y el espíritu contra la carne. Ambos luchan entre sí, y por eso, ustedes no pueden hacer todo el bien que quieren. Pero si están animados por el Espíritu, ya no están sometidos a la Ley” (Gal 5,16-18).

“Conviértanse, porque está cerca el Reino de los cielos” (Mt 4,17). Esta poderosa frase de Jesús marca el inicio de su ministerio público. No es solo un anuncio, sino una invitación urgente que resuena con la misma fuerza hoy que hace dos mil años. Para profundizar en su significado, podemos desglosar la frase en sus dos componentes fundamentales:

a) La llamada a la conversión (Metanoia): En el original griego, la palabra utilizada es Metanoia. Esto va mucho más allá de simplemente "sentirse mal" por los errores cometidos.

Cambio de mentalidad: Significa girar la mirada, cambiar la forma de pensar y de percibir la realidad. Es como recalibrar una brújula que apuntaba hacia el ego para que ahora apunte hacia Dios.

Acción, no solo emoción: La conversión bíblica exige un cambio de dirección. Si caminas hacia la oscuridad, convertirte es dar media vuelta y caminar hacia la luz.

Una invitación positiva: A menudo vemos la "conversión" como algo punitivo, pero en labios de Jesús es una oferta de libertad. Es la oportunidad de dejar atrás lo que nos pesa para recibir algo nuevo.

b) La cercanía del Reino de los cielos: Jesús no dice que el Reino "llegará algún día", sino que "está cerca":

El Reino es una Persona: En la teología cristiana, el Reino de Dios se hace presente en Jesús mismo. Donde está Él, está el Reino. Por lo tanto, decir que el Reino está cerca es decir que Dios se ha hecho accesible.

Una nueva soberanía: El "Reino" implica que Dios desea reinar en nuestros corazones, no con tiranía, sino con amor, justicia y paz.

El motivo de la alegría: La urgencia de convertirse no nace del miedo al castigo, sino de la magnitud del regalo. Nos convertimos porque el Reino está aquí; el cambio es nuestra respuesta lógica ante la llegada de la gracia.

Reflexión espiritual para hoy: Esta palabra de Mateo 4,17 nos invita a hacernos una pregunta vital: ¿Qué hay en mi forma de vivir hoy que me impide ver que Dios está cerca? A veces estamos tan sumergidos en nuestras preocupaciones, planes y ruidos internos que el "Reino" nos parece una idea abstracta y lejana. Jesús nos recuerda que el cielo no es solo un destino final, sino una realidad que empieza a latir aquí y ahora cuando decidimos vivir bajo la lógica del Evangelio. "La conversión es el esfuerzo por vivir cada día el Evangelio, no como una ley impuesta, sino como una amistad que transforma."

2) Resalta la idea: «Síganme, y yo los haré pescadores de hombres»” (Mt 4,19). En otros episodios se nos dice: “Jesús subió a la montaña y llamó a su lado a los que él quiso. Ellos fueron hacia él, y Jesús instituyó a Doce para que estuvieran con él, y para enviarlos a predicar con el poder de expulsar a los demonios” (Mc 3,13-15). Jesús dijo a sus discípulos: “No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes, y los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero. Así todo lo que pidan al Padre en mi Nombre, él se lo concederá” (Jn 15,16).

Por su parte san Pablo nos dice. “Hermanos, tengan en cuenta quiénes son los que han sido llamados: no hay entre ustedes muchos sabios, hablando humanamente, ni son muchos los poderosos ni los nobles. Al contrario, Dios eligió lo que el mundo tiene por necio, para confundir a los sabios; lo que el mundo tiene por débil, para confundir a los fuertes; lo que es vil y despreciable y lo que no vale nada, para aniquilar a lo que vale. Así, nadie podrá gloriarse delante de Dios. Por él, ustedes están unidos a Cristo Jesús, que por disposición de Dios, se convirtió para nosotros en sabiduría y justicia, en santificación y redención, a fin de que, como está escrito: El que se gloría, que se gloríe en el Señor” (I Cor 1,26-30).

3) “Jesús recorría toda la Galilea, enseñando en sus sinagogas la Buena Noticia del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias de la gente” (Mt 4,23). Otros episodios nos ayudan ilustrarnos Más y mucho mejor:

“Los fariseos le preguntaron cuándo llegaría el Reino de Dios. Él les respondió: El Reino de Dios no viene ostensiblemente, y no se podrá decir: Está aquí o Está allí. Porque el Reino de Dios está entre ustedes" (Lc 17,20-21). Jesús dijo a los fariseos: “Si yo expulso a los demonios con el poder de Belzebul, ¿con qué poder los expulsan los discípulos de ustedes? Por eso, ustedes los tendrán a ellos como jueces. Pero si yo expulso a los demonios con el poder de Dios, quiere decir que el Reino de Dios ha llegado a ustedes” (Lc 11,19-20). Jesús les dijo: ¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes. Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: Reciban el Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan" (Jn 20,21-23).

Para instituir el Reino de Dios, Jesús llamó a los que él quiso (Mc 3,13). Luego les enseño con ejemplo la misión cuando dice a sus discípulos: “Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo servidores, porque el servidor ignora lo que hace su señor; yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que aprendí de mi Padre” (Jn 15,14-15). Les trasmitió el poder del Espíritu (Jn 20,22). Y les dio este mandato:

Jesús les dijo: "Vayan por todo el mundo, anuncien El Evangelio a toda la creación. El que crea y se bautice, se salvará. El que no crea, se condenará. Y estos prodigios acompañarán a los que crean: arrojarán a los demonios en mi Nombre y hablarán nuevas lenguas; podrán tomar a las serpientes con sus manos, y si beben un veneno mortal no les hará ningún daño; impondrán las manos sobre los enfermos y los curarán" (Mc 16,15-18). “Vayan, entonces, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estoy con ustedes hasta el fin del mundo" (Mt 28,19-20).

¿Cómo han de ir?: “Vayan, por las ovejas perdidas del pueblo de Israel. Por el camino, proclamen que el Reino de los Cielos está cerca. Curen a los enfermos, resuciten a los muertos, purifiquen a los leprosos, expulsen a los demonios. Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente. No lleven encima oro ni plata, ni monedas, ni provisiones para el camino, ni dos túnicas, ni calzado, ni bastón; porque el que trabaja merece su sustento. Cuando entren en una ciudad o en un pueblo, busquen a alguna persona respetable y permanezcan en su casa hasta el momento de partir. Al entrar en la casa, salúdenla invocando la paz sobre ella. Si esa casa lo merece, que la paz descienda sobre ella; pero si es indigna, que esa paz vuelva a ustedes. Y si no los reciben ni quieren escuchar sus palabras, al irse de esa casa o de esa ciudad, sacudan hasta el polvo de sus pies” (Mt 10,6-14).

Advertencia: “Yo los envío como a ovejas en medio de lobos. Sean entonces astutos como serpientes y sencillos como palomas. Cuídense de los hombres, porque los entregarán a los tribunales y los azotarán en sus sinagogas. A causa de mí, serán llevados ante gobernadores y reyes, para dar testimonio delante de ellos y de los paganos. Cuando los entreguen, no se preocupen de cómo van a hablar o qué van a decir: lo que deban decir se les dará a conocer en ese momento, porque no serán ustedes los que hablarán, sino que el Espíritu de su Padre hablará en ustedes” (Mt 10.16-20). Quien me reconozca abiertamente ante los hombres, yo lo reconoceré ante mi Padre que está en el cielo. Pero yo renegaré ante mi Padre que está en el cielo de aquel que reniegue de mí ante los hombres” (Mt 10,32-33).

Jesús no buscó gente preparada, gente con una cultura adecuada, ni tampoco gente de prestigio para su obra de instaurar el Reino de Dios. A Jesús le bastaron unos simples pescadores que algo sabían de pesca, pero poco más. Cuando Dios llama no vale eso de “yo no valgo”, “yo no estoy preparado”, “yo no sirvo”. Tanto mejor si no sirves ni vales porque es entonces donde mejor se pone de manifiesto el poder de la gracia y que muy bien lo manifiesta san Pablo: “Mientras los judíos piden milagros y los griegos van en busca de sabiduría, nosotros, en cambio, predicamos a un Cristo crucificado, escándalo para los judíos y locura para los paganos, pero fuerza y sabiduría de Dios para los que han sido llamados, tanto judíos como griegos. Porque la locura de Dios es más sabia que la sabiduría de los hombres, y la debilidad de Dios es más fuerte que la fortaleza de los hombres. Hermanos, tengan en cuenta quiénes son los que han sido llamados: no hay entre ustedes muchos sabios, hablando humanamente, ni son muchos los poderosos ni los nobles. Al contrario, Dios eligió lo que el mundo tiene por necio, para confundir a los sabios; lo que el mundo tiene por débil, para confundir a los fuertes; lo que es vil y despreciable y lo que no vale nada, para aniquilar a lo que vale. Así, nadie podrá gloriarse delante de Dios” (I Cor 1,22-29).

Las piedras fundamento de la Iglesia no fueron escogidas en las grandes canteras de la gente preparada del templo sino gente que sabe de peces, de barcas, de redes y de lago. El resto lo hace Dios en nosotros. Son las sorpresas de Dios. Son esos momentos de Dios que llama, que toca a la puerta de nuestros corazones. Puede que tú seas de los que ni pienses en El, como tampoco pensaban ellos. Y de repente, tu vida puede dar un vuelco y comenzar un nuevo camino. No sé si estarás recogiendo los redes o estarás camino de la oficina. Pero puede que El pase a tu lado y tu vida dé un viraje que nunca te has imaginado.

Jesús nos llama desde el momento de nuestro bautismo a una misión sagrada y depende de esa misión nuestra salvación: “Este es mi mandamiento: Ámense los unos a los otros, como yo los he amado. No hay amor más grande que dar la vida por los amigos. Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo servidores, porque el servidor ignora lo que hace su señor; yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre. No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes, y los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero. Así todo lo que pidan al Padre en mi Nombre, él se lo concederá. Lo que yo les mando es que se amen los unos a los otros. Si el mundo los odia, sepan que antes me ha odiado a mí” (Jn 15, 12-18).