I DOMINGO DE CUARESMA - A (22 de febrero del 2026)
Proclamación del Santo Evangelio según San Mateo 4,1 - 11:
4,1 Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto,
para ser tentado por el demonio.
4,2 Después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches,
sintió hambre.
4,3 Y el tentador, acercándose, le dijo: "Si tú eres
Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes".
4,4 Jesús le respondió: "Está escrito: El hombre no
vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios".
4,5 Luego el demonio llevó a Jesús a la Ciudad santa y lo
puso en la parte más alta del Templo,
4,6 diciéndole: "Si tú eres Hijo de Dios, tírate abajo,
porque está escrito: Dios dará órdenes a sus ángeles, y ellos te llevarán en
sus manos para que tu pie no tropiece con ninguna piedra".
4,7 Jesús le respondió: "También está escrito: No
tentarás al Señor, tu Dios".
4,8 El demonio lo llevó luego a una montaña muy alta; desde
allí le hizo ver todos los reinos del mundo con todo su esplendor,
4,9 y le dijo: "Te daré todo esto, si te postras para
adorarme".
4,10 Jesús le respondió: "Retírate, Satanás, porque
está escrito: Adorarás al Señor, tu Dios, y a él solo rendirás
culto".
4,11 Entonces el demonio lo dejó, y unos ángeles se
acercaron para servirlo. PALABRA DEL SEÑOR.
REFLEXIÓN:
“Oren para no caer en la tentación, porque el espíritu es
fuerte, pero la carne es débil" (Mt 26,41). ¿Cuál es la mayor tentación
del hombre? Hoy, la mayor tentación del hombre es sentirse igual a Dios: “La
serpiente dijo a la mujer: De ninguna manera morirán. Es que Dios sabe muy bien
que el día en que coman del árbol prohibido, se les abrirán los ojos y serán como
dioses, conocedores del bien y del mal” (Gn 3,4-5).
Hemos iniciado el tiempo de cuaresma con el miércoles de
ceniza y en la imposición de la ceniza se nos ha recordado: “Comerás el pan con
el sudor de tu frente, hasta que vuelvas a la tierra, de donde fuiste sacado.
¡Porque eres polvo y al polvo volverás!» (Gn 3,19). O también «El tiempo se ha
cumplido: el Reino de Dios está cerca. Conviértete y cree en la Evangelio» (Mr
1,15).
“Escucha, Israel: el Señor, nuestro Dios, es el único Señor.
Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus
fuerzas” (Dt 6,4). “Uds me darán culto solo a mí y yo bendeciré tu pan y tu
agua. Y apartaré de ti todas las enfermedades” (Ex 23,25). “No te postrarás
ante esos dioses(falsos) ni les darás culto, porque yo Yahveh, tu Dios, soy un
Dios celoso, que castigo la iniquidad de los padres en los hijos hasta la
tercera y cuarta generación de los que me odian” (Ex 20,5). Estas citas del
A.T. nos recuerdan que Dios es único. Pero alguien dividido o apartado de Dios
que se hace igual a Dios es precisamente el demonio.
En este primer domingo de la cuaresma, llamado el domingo de
la tentación, Jesús sufre tres fuertes tentaciones. Que son las tres grandes
tentaciones tuyas y mías, de la Iglesia y de la sociedad. Tentaciones que están
latentes a cada momento de nuestra vida terrenal.
1) La tentación de que Dios solucione el hambre del mundo:
El tentador, acercándose a Jesús le dijo: «Si tú eres Hijo de Dios, manda que
estas piedras se conviertan en panes». Jesús le respondió: «Está escrito:
"El hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la
boca de Dios» (Mt 4,3-4). Episodio que nos recuerda al pueblo de Israel en el
desierto: “El pueblo de Israel partió de Elim, y el día quince del segundo mes
después de su salida de Egipto, toda la comunidad de los israelitas llegó al
desierto de Sin, que está entre Elim y el Sinaí. En el desierto, los israelitas
comenzaron a protestar contra Moisés y Aarón. «Ojalá el Señor nos hubiera hecho
morir en Egipto, les decían, cuando nos sentábamos delante de las ollas de
carne y comíamos pan hasta saciarnos. Porque ustedes nos han traído a este
desierto para matar de hambre a toda esta asamblea» (Ex 16,1-3).
2) La tentación del exhibicionismo y la admiración: «Si tú
eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: "Dios dará órdenes a
sus ángeles, y ellos te llevarán en sus manos para que tu pie no tropiece con
ninguna piedra"». Jesús le respondió: «También está escrito: "No
tentarás al Señor, tu Dios"» (Mt 4,6-7). Otra escena que nos recuerda la
tentación del pueblo de Israel torturado por la sed: Toda la comunidad de los
israelitas partió del desierto de Sin y siguió avanzando por etapas, conforme a
la orden del Señor. Cuando acamparon en Refidim, el pueblo no tenía agua para
beber. Entonces acusaron a Moisés y le dijeron: «Danos agua para que podamos
beber». Moisés les respondió: «¿Por qué me acusan? ¿Por qué tientan al Señor?».
Pero el pueblo, torturado por la sed, protestó contra Moisés diciendo: «¿Para
qué nos hiciste salir de Egipto? ¿Sólo para hacernos morir de sed, junto con
nuestros hijos y nuestro ganado?». Moisés pidió auxilio al Señor, diciendo:
«¿Cómo tengo que comportarme con este pueblo, si falta poco para que me maten a
pedradas?». El Señor respondió a Moisés: «Pasa delante del pueblo, acompañado
de algunos ancianos de Israel, y lleva en tu mano el bastón con que golpeaste
las aguas del Nilo. Ve, porque yo estaré delante de ti, allá sobre la roca, en
Horeb. Tú golpearás la roca, y de ella brotará agua para que beba el pueblo»
(Ex 17,1-6).
3) La tentación de hacernos dueños del mundo: «Te daré todo
esto, si te postras para adorarme». Jesús le respondió: «Retírate, Satanás,
porque está escrito: "Adorarás al Señor, tu Dios, y a él solo rendirás
culto"» (Mt 4,9-10). Esta escena nos recuerda otra escena del desierto:
Cuando el pueblo vio que Moisés demoraba en bajar de la montaña, se congregó
alrededor de Aarón y le dijo: «Fabrícanos un Dios que vaya al frente de
nosotros, porque no sabemos qué le ha pasado a Moisés, ese hombre que nos hizo
salir de Egipto» Aarón les respondió: «Quiten a sus mujeres, a sus hijos y a
sus hijas, las argollas de oro que llevan prendidas a sus orejas, y tráiganlas
aquí». Entonces todos se quitaron sus aros y se los entregaron a Aarón. El
recibió el oro, lo trabajó con el cincel e hizo un ternero de metal fundido.
Ellos dijeron entonces: «Este es tu Dios, Israel, el que te hizo salir de
Egipto». Al ver esto, Aarón erigió un altar delante de la estatua y anunció en
alta voz: «Mañana habrá fiesta en honor del Señor». Y a la mañana siguiente,
bien temprano, ofrecieron holocaustos y sacrificios de comunión. Luego el
pueblo se sentó a comer y a beber, y después se levantó para divertirse. El
Señor dijo a Moisés: «Baja en seguida, porque tu pueblo, ese que hiciste salir
de Egipto, se ha pervertido. Ellos se han apartado rápidamente del camino que
yo les había señalado, y se han fabricado un ternero de metal fundido. Después
se postraron delante de él, le ofrecieron sacrificios y exclamaron: «Este es tu
Dios, Israel, el que te hizo salir de Egipto». Luego le siguió diciendo: «Ya
veo que este es un pueblo obstinado. Por eso, déjame obrar: mi ira arderá
contra ellos y los exterminaré. De ti, en cambio, suscitaré una gran nación»
(Ex 32,1-10).
No olvidemos que este episodio de la tentación del Señor
sucede después del bautismo: “Apenas fue bautizado, Jesús salió del agua. En
ese momento se abrieron los cielos, y vio al Espíritu de Dios descender como
una paloma y dirigirse hacia él. Y se oyó una voz del cielo que decía: Este es
mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección” (Mt 3,16-17).
Es decir, Jesús empieza a compartir la experiencia de nuestra vida humana con
todo lo que es e incluso la experiencia del Pueblo de Dios en la escena de la
salida de la esclavitud.
Dios es quien toma la iniciativa de hacerlo salir de
esclavo a un pueblo libre. Es Dios que lo lleva al desierto y lo acompaña en su
andar. Ahora es el Espíritu el que empuja a Jesús al desierto. El desierto es
camino de libertad, pero también camino de tentación. El Evangelio reúne en una
sola escena todas las tentaciones. El Pueblo vivió la tentación de regresar a
la esclavitud. Jesús es tentado de todo aquello que lo puede desviar de los
caminos de Dios.
La Cuaresma es un tiempo de búsqueda de la libertad pascual
en base al ayuno, oración y la caridad (Mt 6,2-16). Aunque nosotros tenemos la
tentación de sentirnos bien con nuestras esclavitudes, la tentación de
renunciar a nuestra libertad. Cada uno sabe de qué esclavitudes Dios lo quiere
sacar. Cada uno sabe que la esclavitud del pecado está maquillada de bondad y
belleza. El pecado tiene mucho de maquillaje. Se presenta como algo bueno y
termina destruyéndonos. El pecado se presenta como algo sabroso y termina
amargándonos el corazón. ¿Hemos hecho la prueba de cómo vemos el pecado antes y
cómo lo vemos luego de caer?
Una de esas tentaciones más peligrosas, porque la peor
tentación es lo de no creerse tentado. La peor tentación es no tomar conciencia
de que estamos tentados, ¿Cómo sanar al que no se cree enfermo? Y al respecto,
nuestras mayores tentaciones son: Creer que nosotros somos buenos y no
necesitamos de la ayuda de nadie. Creer que la santidad no es para nosotros.
Creer que no necesito de la Iglesia porque también ella está cargada de
defectos. Creer que no necesito confesarme porque no tengo pecado y, en todo
caso, el confesor también es pecador. Creer que no necesito de los demás porque
yo me basto a mí mismo. Creer que basta ser bueno y puedo prescindir de los
demás: Me basta el amor a Dios sin necesidad del amor al prójimo. Creer que la
Cuaresma no me va a cambiar. No tomar en serio nuestro camino cuaresmal hacia
la Pascua y, por tanto, no tomarnos en serio a notros mismos.
Preguntas de
Exploración para la Comunidad
Estas preguntas
buscan identificar dónde aprieta el zapato entre la fe y la vida urbana en
Lima:
- Sobre la Necesidad (El Pan):
"¿En qué momentos de crisis económica o laboral han sentido la
urgencia de 'convertir las piedras en pan', es decir, de priorizar una
solución rápida o poco ética por encima de la confianza en la providencia
de Dios?"
- Sobre la Seguridad (El Templo):
"En una ciudad que a veces percibimos como insegura o caótica,
¿cuántas veces hemos 'puesto a prueba a Dios' exigiendo protección o
milagros como condición para mantener nuestra fe activa?"
- Sobre la Ambición (Los Reinos):
"Al observar el éxito de otros en nuestro entorno social o
profesional, ¿qué tanto nos tienta la idea de 'postrarnos' ante los
valores del mundo (poder, prestigio, apariencias) para asegurar nuestra
posición?"
- Sobre el Desierto Moderno: "¿Qué
ruidos de la ciudad o distracciones del día a día funcionan como ese
'desierto' que nos hace sentir aislados de la voz de Dios, aun estando
rodeados de gente?"
- Sobre el Ayuno Real: "Más allá
de la comida, ¿de qué cosa lícita (redes sociales, compras innecesarias,
necesidad de tener siempre la razón) les costaría más 'ayunar' para hacer
espacio al Espíritu?"
- Sobre la Palabra como Escudo:
"Cuando llegan los momentos de mayor debilidad emocional, ¿cuál es
esa 'Palabra que sale de la boca de Dios' (un versículo o promesa) que les
sirve de ancla para no caer?"
Cómo transformar
estas respuestas en un Mensaje Místico
1. El Desierto en
medio de la Ciudad: Plantea que el desierto de Jesús no fue solo un lugar
geográfico, sino un estado del alma. La clase media limeña vive en un
"desierto de cemento". El mensaje místico es que el silencio no se
encuentra huyendo de Lima, sino creando un sagrario interior donde la tentación
del consumo no tenga eco.
2. De la
Necesidad a la Contemplación: Usa la respuesta sobre el "pan" para entender
que el hambre del hombre es, en el fondo, hambre de Infinito. La mística nos
enseña que las tentaciones son "distracciones del Amor". No se trata
de no querer progresar, sino de no dejar que el progreso ocupe el lugar del
Amado.
3. El Abandono en
la Voluntad: La mística culmina en el Fiat (Hágase). Frente a la tentación del
poder o la seguridad mágica, el mensaje debe invitar a la comunidad a una
confianza radical: "Solo a Él adorarás" y lo hacemos en la santa Misa
cuando nos arrodillamos en el momento de la consagración: “Tomen y coman… tomen
y beban que esto es mi cuerpo…” (Lc 22,19). Es pasar de usar a Dios para
nuestros fines, a ser instrumentos de sus fines en la vida para DIOS y con Dios.
Nota: Para una
audiencia de clase media, funciona muy bien usar metáforas de "limpieza de
la mirada". La tentación empaña el vidrio a través del cual vemos a Dios;
la vida espiritual es el proceso de volver a ver claro.
A menudo vivimos
bajo el estrés de la planificación, el control y la búsqueda de seguridad, el
abandono en las manos de Dios no es solo un acto de piedad, sino un acto de
rebeldía espiritual contra el demonio.
Aquí una
propuesta de Guía de Oración Contemplativa diseñada para ser realizada en
comunidad o de forma individual, enfocada en el abandono radical como escudo.
Guía de Oración:
"El Amparo en el Desierto"
I. Preparación:
El Silencio de la Metrópoli
Invita a los
fieles a cerrar los ojos y visualizar el ruido de Lima (el tráfico, las
preocupaciones del trabajo, las deudas) como una marea que se retira.
- Gesto: Colocar las manos con las
palmas hacia arriba sobre las rodillas. Es el gesto del mendigo y del que
recibe.
- Jaculatoria inicial: "Señor, no
soy yo quien controla el mañana, eres Tú."
II. Lectura Profunda
(Mt 4, 1-11)
Se lee el pasaje
no como un relato histórico, sino como un espejo.
“No solo de pan
vive el hombre…”
Reflexión breve:
El diablo tienta a Jesús en su necesidad. A nosotros nos tienta en nuestra
búsqueda de seguridad material. El abandono comienza cuando reconocemos que
nuestro "pan" más urgente es la Voluntad del Padre.
III. El Ejercicio
de las Tres Entregas (Mística del Abandono)
Para repeler la
tentación, realizaremos tres actos de confianza inspirados en las tres
tentaciones:
1. Entrega de las
Necesidades (Contra el Pan)
"Señor, te
entrego mi miedo a que me falte el sustento, el estatus o el éxito. Renuncio a
la ansiedad de querer convertir mis piedras en pan por mis propias fuerzas. Me
abandono a Tu providencia."
- Momento de silencio.
2. Entrega de las
Seguridades (Contra el Templo)
"Señor,
renuncio a la tentación de exigirte pruebas de Tu amor. No necesito lanzarme al
vacío para ver si me sostienes; ya sé que estoy en Tus manos. Te entrego mi
necesidad de controlar el futuro de mis hijos y mi salud."
- Momento de silencio.
3. Entrega de la
Voluntad (Contra los Reinos)
"Señor, el
mundo me ofrece reinos de prestigio y poder si me postro ante sus reglas. Hoy
decido postrarme solo ante Ti. Mi libertad es Tuya. Que Tu voluntad sea mi único
anhelo."
- Momento de silencio.
IV. Oración de compromiso
Se reza a coro,
con énfasis en la entrega total:
"Padre, me
pongo en Tus manos. Haz de mí lo que quieras. Sea lo que sea, te doy las
gracias. No deseo nada más, Dios mío, sino que Tu voluntad se cumpla en mí y en
todas Tus criaturas. En Tus manos encomiendo mi alma; te la doy con todo el
amor de que soy capaz, porque para mí es una necesidad de amor el darme, el
entregarme en Tus manos sin medida, con una confianza infinita, porque Tú eres
mi Padre."
V. Conclusión: El
Escudo de la Paz
Al final del
pasaje, los ángeles sirven a Jesús. Al abandonarnos, la paz de Dios (su
"ejército de ángeles") custodia nuestro corazón. El demonio no tiene
poder sobre quien no posee nada, porque quien se ha abandonado a Dios, lo posee
Todo.
Sugerencia de
cierre para el mensaje: Recuerda que el abandono no es pasividad, es la
actividad máxima de la fe: es dejar que Dios pelee nuestras batallas mientras
nosotros descansamos en Su pecho.
Oración breve de
protección (tipo letanía) para que los fieles puedan llevarse impresa en un
pequeño recordatorio para rezar durante la semana en sus trayectos o trabajos
El demonio no
suele ofrecer "el infierno" con fuego y azufre, sino que lo disfraza
de un "reino" de éxito, autonomía absoluta y seguridad material que,
al final, nos deja el alma seca y vacía.
Aquí tienes una
propuesta de esquema de homilía que resalta el Don del Bautismo, la Fe y la
Oración como armas de victoria.
El Reino del Padre
o el Espejismo del Mundo Basada en Mt 4, 1-11
1. El Bautismo:
Nuestra Armadura de Luz
Queridos
hermanos, hace unos momentos recordábamos nuestro Bautismo. Al ser bautizados,
no solo recibimos un nombre; recibimos una identidad: SOMOS HIJOS DE DIOS.
El demonio
comienza su tentación a Jesús diciendo: "Si eres Hijo de Dios...".
Esa es su estrategia favorita con nosotros en el mundo: hacernos dudar de
nuestra filiación. Nos susurra al oído en la oficina, en el tráfico, en las
crisis familiares: "Si Dios te amara tanto, no pasarías por esto". La
fe es el escudo que responde: "Soy hijo, y mi Padre tiene el
control". El Bautismo nos dio el ADN de la victoria, pero la fe es la que
activa ese poder.
2. El Reino de la
Mentira (El Espejismo del Infierno)
En la tercera
tentación, el diablo ofrece "todos los reinos del mundo". Para
nosotros, esos reinos no son países, son ídolos:
- El reino de la apariencia (el
proyectar lo que no somos, el "qué dirán").
- El reino del poder económico a
cualquier costo.
- El reino del control absoluto sobre nuestra
vida y el futuro.
El demonio nos
ofrece un reino donde nosotros somos los reyes, pero ese es, precisamente, el
Reino del Infierno: un lugar donde Dios no está y donde terminamos siendo
esclavos de nuestros propios deseos (Stg 1,14:Concupiscencia). El infierno
comienza aquí cuando decidimos que no necesitamos de la Providencia de Dios.
3. La Oración: El
Aliento del Soldado
¿Cómo resistió
Jesús? No discutió con el demonio. No razonó con la tentación. Jesús oró con la
Palabra.
Para ustedes, que
enfrentan el ritmo frenético de esta ciudad, la oración no puede ser un lujo de
"tiempo libre". La oración es el abandono radical. Orar es decirle al
diablo: "No me des nada de lo que me ofreces, porque mi Padre ya me lo ha dado
todo en la Cruz".
- Cuando la tentación del desánimo
llegue: Ora.
- Cuando el brillo del dinero fácil te
seduzca: Ora.
- Cuando sientas que tu fe flaquea:
Recuerda tu Bautismo.
4. Conclusión: El
Triunfo de la Humildad
Al final, el
diablo se retira. ¿Por qué? Porque no pudo encontrar una grieta de orgullo en
Jesús. El abandono en manos de Dios es el arma que el demonio no entiende y a
la que teme profundamente.
Hermanos, no
tengan miedo de las tentaciones. Ténganle miedo a dejar de orar. Porque el que
ora, se mantiene unido a la Vid (Dios), y nadie puede arrancarlo de las manos
del Padre. Que nuestra fe sea hoy el "No" rotundo al reino del
enemigo y el "Sí" jubiloso al Reino de Dios.
Un gesto para la
comunidad
Como sugerencia
final. Al terminar la homilía, cierren los ojos y repitan tres veces en su
interior: "Soy hijo de Dios por el sacramento del Bautismo. Señor en tus
manos me abandono".
Esta oración está
diseñada para ser un recurso práctico y poderoso. Para la familia, que valora
la protección de la fe y el bienestar del hogar, este "compromiso"
actúa como un recordatorio de que su casa y su vida no pertenecen al caos del
mundo, sino al Reino de Dios.
Propuesta de
oración, estructurada para ser rezada en comunidad o en el seno del hogar.
Oración y
Protección del Hogar
(Para rezar
frente a un crucifijo o la imagen de la Virgen en casa)
I. Invocación
Inicial
Líder: En el
nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Todos: Amén. Líder:
Recordamos hoy nuestro Bautismo, la marca imborrable que nos hace propiedad de
Dios. Renovamos nuestra fe para rechazar las promesas vacías del enemigo.
II. El Sellado de
la Fe (Letanía de Abandono)
A cada
invocación, respondemos: "Sella nuestra vida, Señor".
- De la tentación de confiar solo en el
dinero y el éxito material... R.
- De la soberbia de querer controlar el
futuro y el destino de los nuestros... R.
- Del miedo que nos hace dudar de Tu
providencia en medio de la crisis... R.
- De la división en nuestra familia y
de la falta de perdón... R.
- De los engaños del demonio que nos
ofrece reinos de apariencia y poder... R.
III. Oración de
Protección Directa
(Se sugiere que
todos extiendan las manos hacia adelante o se tomen de las manos si están en
familia)
"Señor
Jesús, por el poder de Tu Sangre Preciosa y la gracia de nuestro Bautismo, sellamos
hoy los umbrales de nuestro hogar, nuestras mentes y nuestros corazones.
Declaramos que
esta familia pertenece al Reino de la Luz. Rechazamos cualquier 'reino de
oscuridad' que intente entrar bajo el disfraz de la ambición desmedida, el
desánimo o el rencor. Que Tu Espíritu Santo sea el muro de fuego que nos rodee,
y que Tu paz, que sobrepasa todo entendimiento, sea la que gobierne nuestras
decisiones.
Madre María, tú
que aplastaste la cabeza de la serpiente con tu humildad, enséñanos a decir
siempre 'Hágase en mí según Tu palabra'. Amén."
IV. Gesto de Bendición: Si se lleva a casa, se puede sugerir que el padre o la madre de familia haga una pequeña señal de la cruz en la frente de sus hijos y diga: "Eres hijo de Dios, no temas; Él pelea por ti".
Sugerencia para el "Recordatorio": Si decides imprimirla en volantes o tarjetas pequeñas para los fieles, podrías incluir este versículo al reverso: "Sométanse, pues, a Dios; resistan al diablo, y huirá de Uds." (Stg 4,7).