DOMINGO DE RAMOS – A (29 de marzo del 2026)
Anuncio del Evangelio de San Mateo: 26,14-27,54.
26,14 Entonces uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue
a ver a los sumos sacerdotes
26,15 y les dijo: "¿Cuánto me darán si se lo
entrego?" Y resolvieron darle treinta monedas de plata.
26,16 Desde ese momento, Judas buscaba una ocasión favorable
para entregarlo.
26,17 El primer día de los Ácimos, los discípulos fueron a
preguntar a Jesús: "¿Dónde quieres que te preparemos la comida
pascual?"
26,18 Él respondió: "Vayan a la ciudad, a la casa de
tal persona, y díganle: "El Maestro dice: Se acerca mi hora, voy a
celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos"".
26,19 Ellos hicieron como Jesús les había ordenado y
prepararon la Pascua.
26,20 Al atardecer, estaba a la mesa con los Doce
26,21 y, mientras comían, Jesús les dijo: "Les aseguro
que uno de ustedes me entregará".
26,22 Profundamente apenados, ellos empezaron a preguntarle
uno por uno: "¿Seré yo, Señor?"
26,23 Él respondió: "El que acaba de servirse de la
misma fuente que yo, ese me va a entregar.
26,24 El Hijo del hombre se va, como está escrito de él,
pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre será entregado: más le valdría
no haber nacido!"
26,25 Judas, el que lo iba a entregar, le preguntó:
"¿Seré yo, Maestro?" "Tú lo has dicho", le respondió Jesús.
26,26 Mientras comían, Jesús tomó el pan, pronunció la
bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: "Tomen y coman,
esto es mi Cuerpo".
26,27 Después tomó una copa, dio gracias y se la entregó,
diciendo: "Beban todos de ella,
26,28 porque esta es mi Sangre, la Sangre de la Alianza, que
se derrama por muchos para la remisión de los pecados.
26,29 Les aseguro que desde ahora no beberé más de este
fruto de la vid, hasta el día en que beba con ustedes el vino nuevo en el Reino
de mi Padre"…
27,31 Después de haberse burlado de él, le quitaron el
manto, le pusieron de nuevo sus vestiduras y lo llevaron a crucificar.
27,32 Al salir, se encontraron con un hombre de Cirene,
llamado Simón, y lo obligaron a llevar la cruz.
27,33 Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota, que
significa "lugar del Cráneo",
27,34 le dieron de beber vino con hiel. Él lo probó, pero no
quiso tomarlo.
27,35 Después de crucificarlo, los soldados sortearon sus
vestiduras y se las repartieron;
27,36 y sentándose allí, se quedaron para custodiarlo.
27,37 Colocaron sobre su cabeza una inscripción con el
motivo de su condena: "Este es Jesús, el rey de los judíos".
27,38 Al mismo tiempo, fueron crucificados con él dos
bandidos, uno a su derecha y el otro a su izquierda.
27,39 Los que pasaban, lo insultaban y, moviendo la cabeza,
27,40 decían: "Tú, que destruyes el Templo y en tres
días lo vuelves a edificar, ¡sálvate a ti mismo, si eres Hijo de Dios, y baja
de la cruz!"
27,41 De la misma manera, los sumos sacerdotes, junto con
los escribas y los ancianos, se burlaban, diciendo:
27,42 "¡Ha salvado a otros y no puede salvarse a sí
mismo! Es rey de Israel: que baje ahora de la cruz y creeremos en él.
27,43 Ha confiado en Dios; que él lo libre ahora si lo ama,
ya que él dijo: "Yo soy Hijo de Dios"".
27,44 También lo insultaban los bandidos crucificados con
él.
27,45 Desde el mediodía hasta las tres de la tarde, las
tinieblas cubrieron toda la región.
27,46 Hacia las tres de la tarde, Jesús exclamó en alta voz:
"Elí, Elí, lemá sabactani", que significa: "Dios mío, Dios mío,
¿por qué me has abandonado?"
27,47 Algunos de los que se encontraban allí, al oírlo,
dijeron: "Está llamando a Elías".
27,48 En seguida, uno de ellos corrió a tomar una esponja,
la empapó en vinagre y, poniéndola en la punta de una caña, le dio de beber.
27,49 Pero los otros le decían: "Espera, veamos si
Elías viene a salvarlo".
27,50 Entonces Jesús, clamando otra vez con voz potente,
entregó su espíritu.
27,51 Inmediatamente, el velo del Templo se rasgó en dos, de
arriba abajo, la tierra tembló, las rocas se partieron
27,52 y las tumbas se abrieron. Muchos cuerpos de santos que
habían muerto resucitaron
27,53 y, saliendo de las tumbas después que Jesús resucitó,
entraron en la Ciudad santa y se aparecieron a mucha gente.
27,54 El centurión y los hombres que custodiaban a Jesús, al
ver el terremoto y todo lo que pasaba, se llenaron de miedo y dijeron:
"¡Verdaderamente, este era Hijo de Dios!" PALABRA DEL SEÑOR.
REFLEXION:
Estimados amigos(as) en el Señor Paz y Bien.
Como Dios es amor (I Jn 4,8), dice por el profeta: "Yo
no quiero la muerte del pecador, sino que se convierta y viva” (Ez 33,11).
¿Cómo cumplió su promesa Dios? San Pablo dice: “La prueba que Dios nos ama es
que siendo nosotros pecadores, Cristo murió por nosotros” (Rm 5,8). “Jesucristo
no hizo alarde su categoría de Dios; sino que, se abajó hasta someterse incluso
a la muerte y muerte de cruz” (Flp 2,8). “Si confiesas con tu boca que Jesús es
el Señor y crees en tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, te
salvaras” (Rm 10,9). La muerte no es el final; pues, viene la resurrección. Por
eso dijo Jesús: "Levántense, no tengan miedo… y no hablen a
nadie de esta visión, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los
muertos"(Mt 17,7-9). “El hijo del hombre tiene sobre la tierra poder para
perdonar los pecados” (Lc 5,24). Con su muerte pago nuestras deudas o pecados.
Jesús es verdaderamente hombre y verdaderamente Dios. Para la
homilía del domingo de ramos según Mt 26,14-27,66: La mejor prueba de su humanidad
de Jesús es su pasión y muerte y la mejor prueba de su divinidad es su resurrección:
Filipenses 2, 6-11: Hermosa síntesis Cristológica: Antítesis luminosa entre los
dos estados de Cristo: 1) El estado «glorioso» que le correspondía en su
calidad de Hijo de Dios (Flp 2,6) y 2) El que escoge al tomar la naturaleza
humana de humillación (Kenosis), despojo (Tapeinosis) y obediencia: En
condición humana, sin privilegio alguno y con todas las humanas limitaciones y
miserias (excepto la del pecado Heb 4, 15). «Anonadado» (Flp 2,7), «Siervo
Obediente», acepta el plan del Padre; se sujeta a la muerte; a muerte de cruz. Al
trasluz de este cuadro se nos transparenta la contraposición entre el Adán
viejo (AT) y el Adán Nuevo (NT). Adán quiso usurpar los derechos divinos (Gn
3,1-8): Ser como Dios; y, desobediente, se rebeló. Cristo, (Adán Nuevo),
renuncia sus derechos divinos; se hace en todo como nosotros menos en el pecado;
se somete en total obediencia al Padre. Con esto Cristo repara la obra nefasta
de Adán. Nos salva. Con su obediencia, el Siervo expía todas las desobediencias
humanas; y merece para Sí mismo, para su humana naturaleza, la suprema
exaltación a la diestra del Padre (Flp 2,9. 10). Jesús es el cordero de Dios
que quita el pecado del mundo (Jn 1,29); No hay amor mas grande que el que da la
vida por sus amigos (Jn 15,13); “la prueba que Dios nos ama es que siendo
pecadores, l dio su vida por nosotros” (Rm 5,8).
Esta es una base teológica profunda y conmovedora para una
homilía de Domingo de Ramos. Para predicar sobre el misterio de la Unión
Hipostática (Jesús como verdadero Dios y verdadero hombre) basándonos en el
relato de la Pasión según San Mateo y el himno de Filipenses, podemos
estructurar la reflexión en tres momentos clave:
1. La Humanidad: El abismo de la Kenosis (Mt 26, 14 – 27,
66)
La Pasión no es una representación teatral; es el momento
donde la humanidad de Jesús brilla en su máxima fragilidad. San Mateo nos
muestra a un Jesús que siente la angustia en Getsemaní, el dolor de la traición
y el abandono.
- La
prueba definitiva: Su muerte. Solo quien es verdaderamente hombre
puede morir. Al asumir la naturaleza humana, Jesús no pidió privilegios.
- La
debilidad asumida: Como dice Hebreos 4, 15, Él se hizo
semejante a nosotros en todo, experimentando el hambre, el cansancio y el
dolor físico y emocional, para poder compadecerse de nuestras miserias.
- El
"Anonadamiento" (Kenosis): En la cruz, Jesús llega al
fondo de la condición humana. No hay "escudo divino" que le
reste dolor a los clavos; hay una entrega total de su voluntad.
2. La Divinidad: El triunfo de la obediencia y la
Exaltación
Si la Pasión demuestra que es hombre, la forma en que la
vive y su posterior Resurrección demuestran que es Dios. Filipenses 2, 6-11 nos
regala la antítesis luminosa:
- Estado
Glorioso vs. Estado de Siervo: Siendo de condición divina, no hizo
alarde de su categoría de Dios. Su divinidad no se manifiesta en el poder
que domina, sino en el amor que se entrega.
- El
Nuevo Adán: Mientras el primer Adán intentó "ser como Dios"
mediante la desobediencia y el orgullo (Génesis 3), Cristo, el Nuevo Adán,
siendo Dios, se hace hombre para restaurar la alianza.
- Adán
Viejo: Usurpación, soberbia, caída.
- Adán
Nuevo (Cristo): Renuncia, obediencia, salvación.
"Se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la
muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo exaltó sobre todo..." (Flp
2, 8-9).
3. El Propósito: Una reparación por amor
¿Por qué Dios se hizo hombre para sufrir? La respuesta está
en la Expiación.
- El
Cordero de Dios (Jn 1,29): Jesús toma el lugar de la humanidad
pecadora. Su obediencia perfecta repara la desobediencia de todos
nosotros.
- La
prueba del amor (Rm 5,8): No esperamos a ser "buenos" para
ser salvados. Él dio su vida cuando aún éramos pecadores. Es el amor más
grande (Jn 15,13).
- El
Adan viejo: Buscó ser como Dios por cuenta propia. Adan nuevo, Jesus: Siendo
Dios, se hizo hombre por nosotros. Aquel trajo la muerte al mundo. Este venció
a la muerte con su propia muerte.
Al contemplar la Pasión este domingo, no veamos solo a un
mártir o a una víctima del sistema político de su época. Veamos al Hijo de
Dios que, por amor, decidió "vaciarse" de su gloria para
llenarnos a nosotros de su vida. Su humanidad lo hace nuestro hermano; su
divinidad lo hace nuestro Salvador.
Es una excelente idea profundizar en estos dos juicios, ya
que representan el nudo teológico de la Pasión: en el juicio religioso
se cuestiona su Divinidad y en el juicio político se cuestiona su
Realeza (que es la forma humana de su señorío).
1. El Juicio ante Caifás: La Verdad sobre su Divinidad
(Mt 26, 57-66) En este escenario, Jesús es juzgado
por la ley judía. El Sumo Sacerdote va directo a l grano: "Te conjuro
por el Dios vivo a que nos digas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios".
- La
Afirmación Rotunda: Jesús no solo dice "Tú lo has dicho",
sino que cita a Daniel y los Salmos: "Veréis al Hijo del hombre
sentado a la derecha del Poder". Aquí, Jesús afirma su preexistencia
y su gloria eterna (Flp 2, 6).
- La
Acusación de Blasfemia: Para el Sanedrín, que un hombre se haga igual
a Dios es el mayor pecado. La ironía trágica es que lo condenan por decir
la verdad.
- Meditación
para el fiel: ¿Cuántas veces "condenamos" a Dios en nuestra
vida cuando sus planes no encajan con nuestras normas o expectativas
religiosas? Jesús acepta ser llamado blasfemo para que nosotros podamos
ser llamados hijos de Dios.
2. El Juicio ante Pilato: La Verdad sobre su Humanidad y
Realeza
(Mt 27, 11-26): Aquí el escenario cambia al poder
imperial. La pregunta de Pilato es política: "¿Eres tú el rey de los
judíos?".
- Un
Rey sin Privilegios: Jesús está allí despojado, atado y golpeado. Su
realeza no es de este mundo; no tiene ejércitos que lo defiendan. Es la
culminación de la Kenosis (Flp 2, 7): el Rey del Universo se somete
a un gobernador provincial.
- El
Intercambio (Barrabás): Pilato ofrece una opción entre la Vida y la
muerte. El pueblo elige al violento (Barrabás) y entrega al Inocente.
Jesús acepta este intercambio: Él muere como un criminal para que el
criminal (nosotros) quede en libertad.
- Meditación
para el fiel: Pilato se lava las manos por comodidad. ¿En qué áreas de
mi vida prefiero la "paz social" o el quedar bien con el mundo
antes que defender la soberanía de Cristo en mi corazón?
3. Guía de Meditación: "El Camino de la
Humildad"
Proponga a los fieles estos tres pasos para su reflexión
durante la Semana Santa:
I. Contemplar el Rostro (Silencio)
Dedica un momento a mirar la imagen del Crucificado. No veas
solo dolor; ve la obediencia. Mira al que es "Verdadero Dios"
permitiendo que criaturas de barro lo juzguen.
- Pregunta:
¿Qué parte de mi orgullo me cuesta más "anonadar" ante Dios?
II. Escuchar la Palabra (Filipenses 2, 5)
"Tened entre vosotros los mismos sentimientos que
Cristo Jesús". La Pasión no es solo un evento para observar, es un
estilo de vida para imitar.
- Pregunta:
¿Soy capaz de obedecer al Padre incluso cuando el camino pasa por la
"cruz" de la incomprensión o el sacrificio personal?
III. Responder al Amor (Acción de Gracias)
Jesús es el Adán Nuevo que repara mi desobediencia.
Mi salvación no es barata; costó la sangre del Cordero de Dios (Jn 1, 29).
- Oración:
"Señor, gracias porque en tu juicio ante Caifás confirmaste que eres
mi Dios, y en tu juicio ante Pilato demostraste que eres mi Rey
humilde".
"El Trono de la Obediencia "La Síntesis de la
Fe en el Calvario
En el Domingo de Ramos, entramos en la ciudad santa con
aclamaciones, pero el relato de la Pasión (Mt 26-27) nos conduce rápidamente al
silencio del Gólgota. Allí, suspendido entre el cielo y la tierra, contemplamos
la "Antítesis Luminosa" que san Pablo describe en Filipenses 2: el que
es verdaderamente Dios se manifiesta en el que es verdaderamente
Hombre.
En el Juicio ante Caifás, Jesús afirma su divinidad:
"Veréis al Hijo del Hombre sentado a la derecha del Poder". Es el Rey
eterno. Pero en el Juicio ante Pilato, acepta la fragilidad humana, el
despojo y la burla. El Nuevo Adán no arrebata la igualdad con Dios como el
primero, sino que la "vacía" (Kenosis) para llenarnos a
nosotros de gracia.
Las Siete Palabras no son solo frases de un moribundo; son
el cumplimiento de la reparación. En ellas, el Cordero de Dios quita el pecado
del mundo a través de una obediencia que vence a la muerte. Al decir "Todo
está cumplido", Jesús sella la victoria del Amor sobre el abismo de la
caída humana.
Oración de los Fieles: Las Siete Palabras del Dios-Hombre
Sacerdote: Dirijamos nuestra oración al Padre,
contemplando a Cristo Jesús, quien siendo de condición divina, se humilló por
nosotros hasta la muerte de cruz.
Respuesta: Por tu Pasión y Cruz, sálvanos, Señor.
- "Padre,
perdónalos, porque no saben lo que hacen" Por la Iglesia; para
que, a imagen de Cristo, sea instrumento de misericordia y perdón en un
mundo dividido, reconociendo que solo el amor divino puede reparar la
desobediencia humana. Roguemos al Señor.
- "Hoy
estarás conmigo en el paraíso" Por los que sufren, los
agonizantes y los que han perdido la esperanza; para que en la realeza
humilde de Jesús encuentren la promesa de la vida eterna que Él, como
Dios, nos ha merecido. Roguemos al Señor.
- "Mujer,
ahí tienes a tu hijo... Ahí tienes a tu madre" Por todas las
familias y por aquellos que se sienten solos; para que, bajo el amparo de
María, vivamos la fraternidad que Cristo fundó al pie de la cruz. Roguemos
al Señor.
- "Dios
mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" Por quienes
atraviesan el "silencio de Dios" y las pruebas de la fe; para
que recuerden que Jesús asumió nuestras limitaciones y angustias más
profundas para que nunca estemos solos. Roguemos al Señor.
- "Tengo
sed" Por los pobres, los marginados y los que carecen de lo
necesario; para que sepamos reconocer en su sed humana la sed que Dios
tiene de nuestro amor y compromiso. Roguemos al Señor.
- "Todo
está cumplido" Por nuestra comunidad parroquial; para que, imitando
la obediencia del Nuevo Adán, busquemos siempre cumplir la voluntad del
Padre en nuestras labores cotidianas. Roguemos al Señor.
- "Padre,
en tus manos encomiendo mi espíritu" Por todos nosotros; para que
al final de nuestra jornada terrenal, podamos entregarnos con confianza al
Padre, sabiendo que la muerte ha sido vencida por la Resurrección de
Cristo. Roguemos al Señor.
Exhortación para la Bendición de las Palmas
"El Camino de la Humildad: De los Ramos a la
Cruz"
Queridos hermanos y hermanas:
Al comenzar hoy la celebración de la Pasión del Señor, nos
hemos reunido para iniciar, con toda la Iglesia, la celebración del misterio
pascual. Hoy acompañamos a Jesús en su entrada triunfal en Jerusalén. Las
palmas que sostenemos en nuestras manos son signo de victoria, pero de una
victoria que no se logra por la fuerza de las armas, sino por la fuerza de la obediencia.
Al levantar estos ramos, reconozcamos que Jesús es nuestro
Dios y nuestro Rey. Pero no un rey según los criterios de este mundo. Como nos
recordará san Pablo en su carta a los Filipenses, Él, siendo de condición
divina, no hizo alarde de su categoría de Dios, sino que se "anonadó"
a sí mismo.
Por eso, al bendecir estas palmas, hagamos un compromiso
en nuestro corazón:
- No
seamos como el "Viejo Adán", que buscó su propia gloria y
desobedeció a Dios.
- Seamos
como el "Nuevo Adán", que entra hoy en Jerusalén aceptando
el camino de la humillación (Tapeinosis) y el despojo por amor a
nosotros.
Que estos ramos no sean solo un adorno en nuestras casas,
sino un recordatorio de que aclamamos al Cordero de Dios que quita el pecado
del mundo. Sigamos sus pasos con humildad, sabiendo que el camino que hoy
empieza entre vítores, pasa necesariamente por la Cruz para llegar a la gloria
de la Resurrección.
1. Gesto para la Paz: "La Paz del Siervo"
(Sugerencia para el momento del Rito de la Paz)
Monición al gesto: Hermanos, la paz que Cristo nos da
no es la paz del mundo, que se basa en el equilibrio de poderes. La paz de
Cristo nace de su humillación y obediencia (Flp 2, 8). Él, siendo Dios,
se hizo siervo para reconciliarnos con el Padre.
Hoy, al dar la paz, no lo hagamos como un simple saludo
social. Hagámoslo como el Nuevo Adán: renunciando a nuestro derecho de
tener la razón, perdonando las ofensas y "anonadando" nuestro orgullo
frente al hermano. Que este abrazo sea un signo de que estamos dispuestos a
servirnos unos a otros, como el Cordero que quita el pecado del mundo.
2. Monición Final: "Hacia el Silencio de la
Kenosis"
(Para decir antes de la bendición final o el envío)
Hermanos: Hoy hemos aclamado a Jesús como Rey, pero
también hemos escuchado el relato de su Pasión. Nos llevamos a casa las palmas
benditas como signo de nuestra fe en el Hijo de Dios.
Pero la Semana Santa no termina aquí. Al salir de este
templo, entramos en los días del "silencio de Dios". Del lunes al miércoles
santo, la Iglesia nos invita a contemplar el misterio de la Kenosis:
cómo el Creador se hace criatura, cómo el Eterno se sujeta al tiempo y cómo el
Inocente se entrega por el pecador.
Les invito a que, al llegar a sus hogares:
- Coloquen
sus palmas junto a un crucifijo.
- Busquen
momentos de silencio interior para agradecer que "no hay amor más
grande que el que da la vida por sus amigos" (Jn 15, 13).
- Mediten
en que cada una de nuestras desobediencias ha sido reparada por la obediencia
total de Cristo.
Vayamos a vivir estos días no como espectadores de un drama
antiguo, sino como discípulos que acompañan al Maestro en su camino de despojo
para participar, luego, de su gloriosa Resurrección.
Guía de Examen de Conciencia: "Del Viejo al Nuevo
Adán"
Preparándonos para la Confesión Pascual
“Como por la desobediencia de un solo hombre, todos
fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno solo, todos
serán constituidos justos” (Rm 5, 19).
1. La Tentación de la Divinidad (Soberbia vs. Kenosis)
- El
Viejo Adán: Quiso "ser como Dios" por sus propias fuerzas
(Gn 3, 5).
- Examen:
¿He intentado dirigir mi vida al margen de Dios, creyendo que yo soy el
dueño absoluto de mi destino? ¿Me dejo llevar por la soberbia, creyéndome
superior a los demás por mis conocimientos, posición o supuesta
"bondad"?
- El
Nuevo Adán: Siendo Dios, no hizo alarde de su categoría, sino que se
anonadó (Flp 2, 6-7).
- Examen:
¿Soy capaz de humillarme y reconocer mis errores ante los demás? ¿Sirvo a
mi prójimo sin buscar reconocimiento o aplausos?
2. La Escucha y la Verdad (Engaño vs. Testimonio)
- El
Viejo Adán: Prestó oído a la voz de la serpiente y dudó de la bondad
del Padre.
- Examen:
¿Dudo de la providencia de Dios cuando llegan las dificultades? ¿He
dejado que ideologías o voces mundanas guíen mis criterios morales en
lugar del Evangelio?
- El
Nuevo Adán: Ante Caifás y Pilato, dio testimonio de la Verdad, aunque
esto le costara la vida.
- Examen:
¿He mentido para evitar las consecuencias de mis actos? ¿Me avergüenzo de
mi fe o de actuar como cristiano frente a mis amigos o compañeros de
trabajo?
3. La Fraternidad Herida (Acusación vs. Intercesión)
- El
Viejo Adán: Culpó a la mujer y a Dios mismo de su propia caída
("La mujer que tú me diste...").
- Examen:
¿Suelo culpar a los demás de mis problemas o de mi mal carácter? ¿Guardo
rencor y me justifico a mí mismo mientras señalo los pecados ajenos?
- El
Nuevo Adán: Cargó con nuestras culpas y pidió perdón por sus verdugos
("Padre, perdónalos...").
- Examen:
¿Perdono de corazón a quienes me han ofendido? ¿He buscado la
reconciliación o prefiero mantener la distancia por orgullo?
4. El Uso de los Bienes (Usurpación vs. Entrega)
- El
Viejo Adán: Tomó del fruto prohibido, queriendo poseer lo que no le
correspondía.
- Examen:
¿He tomado algo que no es mío? ¿Soy egoísta con mis bienes, mi tiempo o
mis talentos, negándolos a los necesitados?
- El
Nuevo Adán: Se despojó de todo, incluso de su ropa y su vida en la
cruz.
- Examen:
¿Vivo con sencillez? ¿Es mi vida una "entrega" para los demás o
una búsqueda constante de mi comodidad personal?
Oración del Penitente
"Señor Jesús, Nuevo Adán, reconozco que en mí
todavía vive el deseo de independencia y orgullo del primer Adán. Me arrepiento
de mis desobediencias y quiero sumergirme en tu obediencia perfecta. Lávame con
tu sangre, repara mi naturaleza herida y ayúdame a resucitar contigo en esta
Pascua. Amén."
Una propuesta basada en la culminación del himno de
Filipenses (Flp 2, 9-11), diseñada para ser rezada en la quietud del
sagrario tras recibir la absolución:
Acción de Gracias: "Jesucristo es el Señor"
(Para después de la Confesión)
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
Amén.
Señor Jesús, Vengo ante ti después de haber depositado mis
miserias en tu misericordia. Tú, que te anonadaste tomando mi condición humana,
hoy me has levantado de mi caída.
"Por eso Dios lo exaltó sobre todo..." Te
doy gracias, Padre, porque al perdonarme, me haces participar de la exaltación
de tu Hijo. Él bajó hasta mi pecado para que yo pudiera subir hasta tu gracia.
Gracias porque su obediencia en la Cruz ha borrado mi desobediencia.
"Y le otorgó el Nombre que está sobre todo
nombre..." Jesús, grabo hoy tu Nombre en mi corazón. Que este Nombre
sea mi escudo contra la tentación, mi consuelo en la tristeza y mi guía en la
duda. Tú eres el Cordero que quita el pecado del mundo, el que dio la vida por
mí siendo yo todavía pecador.
"Para que al nombre de Jesús toda rodilla se
doble..." Dobló hoy la rodilla de mi orgullo y de mi voluntad propia.
Me rindo ante tu amor, que es más fuerte que mi pecado. Reconozco que sin Ti
nada puedo, pero contigo todo lo alcanzo.
"Y toda lengua proclame: ¡Jesucristo es el
Señor!" Proclamo con alegría que Tú eres el Dueño de mi vida, el Rey
de mi familia y el Señor de mis días. Ayúdame a vivir esta Pascua como una
criatura nueva, lejos de las sombras del viejo Adán y caminando en tu luz.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era
en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Las Siete Palabras: El Diálogo entre el Cielo y la Tierra
1. "Padre, perdónalos, porque no saben lo que
hacen" (Lc 23, 34)
- La
Humanidad: Jesús experimenta el culmen de la injusticia humana. Como
hombre, siente el rechazo y la crueldad.
- La
Divinidad: Solo Dios puede perdonar mientras es ejecutado. Aquí,
Cristo actúa como el Sumo Sacerdote que intercede por el "Adán
pecador". Su primera palabra es un acto de reparación: donde hubo
desobediencia y acusación, Él pone intercesión y misericordia.
2. "Hoy estarás conmigo en el paraíso" (Lc 23,
43)
- La
Humanidad: Un moribundo consuela a otro. Jesús comparte el destino de
los marginados, crucificado entre ladrones, cumpliendo su Kenosis
hasta el extremo.
- La
Divinidad: Jesús habla con autoridad divina. No dice "rezaré por
ti", sino "estarás conmigo". Él es el dueño del Paraíso, el
Dios que abre las puertas que el primer Adán cerró.
3. "Mujer, ahí tienes a tu hijo... Ahí tienes a tu
madre" (Jn 19, 26-27)
- La
Humanidad: El hijo que, antes de morir, se preocupa por el desamparo
de su madre. Es el afecto humano más puro.
- La
Divinidad: Es un acto de Nueva Creación. Como Dios, está
fundando la Iglesia. María es la "Nueva Eva" al pie del árbol de
la Cruz, y Jesús, el Nuevo Adán, nos da una nueva familia sobrenatural.
4. "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has
abandonado?" (Mt 27, 46)
- La
Humanidad: Es la prueba más grande de su naturaleza humana. Jesús
entra en el abismo de la soledad y el silencio de Dios, identificándose
con todo hombre que se siente perdido.
- La
Divinidad: Al citar el Salmo 22, Jesús está declarando que Él es el Mesías
sufriente. Aunque el sentimiento es de abandono, su voluntad sigue
unida al Padre en una obediencia perfecta que repara la rebelión de la
humanidad.
5. "Tengo sed" (Jn 19, 28)
- La
Humanidad: La sed física real de un cuerpo que se desangra. Es la
prueba irrefutable de que no es un fantasma, sino verdadero hombre.
- La
Divinidad: Es la sed de Dios por el hombre. San Agustín decía:
"Dios tiene sed de que el hombre tenga sed de Él". Es el Creador
mendigando el amor de su criatura para poder salvarla.
6. "Todo está cumplido" (Jn 19, 30)
- La
Humanidad: El suspiro de quien ha terminado una tarea agotadora. La
misión humana ha llegado a su fin.
- La
Divinidad: Es un grito de victoria litúrgica. La palabra griega Tetelestai
significa "la deuda ha sido pagada". El sacrificio del Cordero
de Dios ha sido perfecto; la obra de la redención que el Padre le confió
está terminada.
7. "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu"
(Lc 23, 46)
- La
Humanidad: La muerte real. El espíritu se separa del cuerpo. Jesús
muere en total abandono filial.
- La
Divinidad: Jesús entrega su vida voluntariamente: "Nadie me la
quita, yo la doy" (Jn 10, 18). Entra en la muerte como vencedor
para dinamitarla desde dentro. Es el último acto de obediencia que precede
a la suprema exaltación de Filipenses 2, 9.
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