viernes, 25 de septiembre de 2026

DOMINGO XXVI – A (27 de Setiembre del 2026)

DOMINGO XXVI – A (27 de Setiembre del 2026)

Proclamación del santo Evangelio según San Mateo: 21,28- 32

 21,28 En aquel tiempo dijo Jesús a los sumos sacerdotes y ancianos del pueblo: "¿Qué les parece? Un hombre tenía dos hijos y, dirigiéndose al primero, le dijo: "Hijo, quiero que hoy vayas a trabajar a mi viña".

21,29 Él respondió: "No quiero". Pero después se arrepintió y fue.

21,30 Dirigiéndose al segundo, le dijo lo mismo y este le respondió: "Voy, Señor", pero no fue.

21,31 ¿Cuál de los dos cumplió la voluntad de su padre?" "El primero", le respondieron. Jesús les dijo: "Les aseguro que los publicanos y las prostitutas llegan antes que ustedes al Reino de Dios.

21,32 En efecto, Juan vino a ustedes por el camino de la justicia y no creyeron en él; en cambio, los publicanos y las prostitutas creyeron en él. Pero ustedes, ni siquiera al ver este ejemplo, se han arrepentido ni han creído en él. PALABRA DEL SEÑOR.

 REFLEXIÓN:

Queridos amigos en el Señor Paz y Bien.

“Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen” (Lc 8,21). Al escuchar la palabra de Dios, digamos si y el actuar sea el reflejo de nuestro si. Dijo el Señor: “Uds. hagan y cumplan lo que los falsos maestros les dicen, pero no los imitan, porque ellos dicen una cosa y hacen otra cosa” (Mt 23,3).

En las enseñanzas de estos domingos vamos buscando respuestas a la preguntas de fondo: “¿Quién podrá salvarse?” (Mt 19,25). “¿Serán pocos los que se salven?” (Lc 13,23). “¿Qué obras buenas tengo que hacer para obtener la salvación eterna?” (Mt 19,16). Al buscar respuestas a estas inquietudes, el Señor nos ha dicho en los domingos anteriores que, para obtener la salvación hace falta: “Negarse a sí mismo, tomar su cruz de cada, y seguir a Jesús” (Mt 16,24); la corrección como hermanos (Mt 18,15-18); la oración en comunidad (Mt 18,19-20). “Perdonar hasta setenta veces siete” (Mt 18,21-22). Es decir, todos los valores se agrupan en una actividad significativa cuales el trabajo: “El Reino de los Cielos es parecido a un propietario que muy de madrugada sale a contratar obreros para trabajar en su viña” (Mt 20,1)…  al fin de la jornada salió de nuevo y, encontrando todavía a otros, les dijo: "¿Cómo se han quedado todo el día aquí, sin trabajar?" Ellos le respondieron: "Nadie nos ha contratado". Entonces les dijo: "Vayan también ustedes a mi viña". Al terminar el día, el propietario llamó a su mayordomo y le dijo: "Llama a los obreros y págales el jornal, comenzando por los últimos y terminando por los primeros" (Mt 20,6-8). Hoy nos agrega:

Un hombre tenía dos hijos dijo al primero: "Hijo, ve hoy a trabajar a mi viña". Él respondió: "No quiero". Pero después se arrepintió y fue. Dirigiéndose al segundo, le dijo lo mismo y este le respondió: "Voy, Señor", pero no fue. ¿Cuál de los dos cumplió la voluntad de su padre?" "El primero" Respondieron (Mt 21,28-31).

El tema de la salvación suscita preguntarnos reiteradas veces: ¿Cómo  y qué obras buenas  debemos hacer para obtener nuestra salvación? (Mt 19,16): Debemos de contratarnos para trabajar en la viña (Mt 20,1); luego de contratarnos en el Bautismo Dios nos invita ir a trabajar en la viña (Mt 21,28). Con el bautismo decimos “si” al Señor y si no ejercemos la fe y no ponemos en práctica los dones recibidos, estamos diciendo “no” somos como el segundo hijo. Al respecto ya nos dijo el Señor: No todo el que me dice Señor, Señor se salvará sino quienes cumplen la voluntad de mi Padre” (Mt 7,21). Luego agrega y dice: “Quien escucha mis palabras y las pone en práctica es como un hombre sabio que edifica su casa sobre roca, vienen los embates de la naturaleza y no se cae (Mt 7,24).

LECCIÓN BÍBLICA Y ESPIRITUAL

«No basta decir “sí”: hay que hacer la voluntad del Padre»

Mateo 21,28-32

«Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: “Hijo, ve hoy a trabajar en la viña”. Él respondió: “No quiero”. Pero después se arrepintió y fue. Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él respondió: “Voy, señor”, pero no fue» (Mt 21,28-30).

Idea central: Dios no busca simplemente personas que sepan decirle “sí”, sino discípulos que conviertan ese “sí” en una vida concreta de obediencia, amor y misericordia.

1. ENTRAMOS EN EL EVANGELIO

Jesús cuenta una historia aparentemente sencilla: dos hijos, un padre y una viña. Pero la parábola contiene una pregunta profundamente espiritual: ¿Cuál de los dos hijos hizo finalmente la voluntad del Padre? La respuesta parece evidente: el que fue.

Aquí aparece la primera gran enseñanza: Dios mira nuestra respuesta final, no solamente nuestras palabras iniciales. El primer hijo dijo: «No quiero». Pero después se arrepintió y fue. El segundo dijo: «Voy, señor». Pero no fue. Por eso Jesús desplaza la atención desde las palabras hacia los hechos.

2. EL CONTEXTO: JESÚS ESTÁ HABLANDO A UNA RELIGIOSIDAD EN CRISIS

Mt 21 se encuentra en un momento decisivo del ministerio de Jesús. Jesús ha entrado en Jerusalén (Mt 21,1-11), ha realizado el gesto profético del templo (Mt 21,12-13) y ha entrado en conflicto con las autoridades religiosas. Inmediatamente antes de nuestra parábola aparece la pregunta de los sumos sacerdotes y ancianos: «¿Con qué autoridad haces esto?» (Mt 21,23). Jesús les pregunta entonces de dónde procedía el bautismo de Juan: «¿De dónde venía el bautismo de Juan, del cielo o de los hombres?» (Mt 21,25).

Ellos no quieren comprometerse con una respuesta. Y entonces aparece la parábola de los dos hijos. Por tanto, Jesús está denunciando una religiosidad que puede hablar correctamente de Dios, pero no necesariamente obedecer a Dios.

3. LA VIÑA: IMAGEN BÍBLICA DEL PUEBLO DE DIOS

La palabra «viña» no es casual. En el Antiguo Testamento, Israel aparece repetidamente como viña de Dios. «La viña del Señor de los ejércitos es la casa de Israel» (Is 5,7).

También: «Tú sacaste una vid de Egipto» (Sal 80,9). La viña representa, por tanto, el lugar donde Dios espera frutos. Isaías 5 presenta una pregunta terrible: Dios plantó una viña y esperaba uvas buenas, pero produjo uvas agrias (Is 5,1-7).

Jesús retoma esta tradición. La cuestión ya no es solamente: «¿Conoces a Dios?» sino: «¿Qué frutos está produciendo tu relación con Dios?» Esto conecta con: «Por sus frutos los conocerán» (Mt 7,16).

4. LOS DOS HIJOS: DOS FORMAS DE RELIGIOSIDAD

Primer hijo: «No quiero» Este hijo comienza mal. No disfraza su voluntad. Dice sencillamente: «No quiero». Hay aquí una verdad incómoda: no todo “no” es definitivo.

Una persona puede alejarse de Dios, resistirse, equivocarse, pecar, incluso decirle inicialmente que no a su voluntad... y, sin embargo, convertirse. Esto aparece continuamente en la Biblia. El profeta Jonás huye de la misión (Jon 1,1-3), pero finalmente cumple la palabra de Dios (Jon 3,3). Pedro niega a Jesús (Mt 26,69-75), pero después vuelve a él.

Pablo persigue a la Iglesia (Hch 8,3), pero termina convirtiéndose en apóstol. Por eso:Tu primer “no” no tiene por qué ser tu última palabra.

 

5. «PERO DESPUÉS SE ARREPINTIÓ»

Aquí está el corazón de la parábola. Mateo utiliza el lenguaje de la conversión. No se trata simplemente de sentir culpa.La verdadera conversión implica un cambio de dirección.

En términos bíblicos: pensamiento → corazón → voluntad → acción.

Juan el Bautista lo expresa con claridad: «Den frutos dignos de conversión» (Mt 3,8). No dice simplemente: «Sientan remordimiento». Dice: «Den frutos». La conversión auténtica termina afectando la existencia.

6. EL SEGUNDO HIJO: «VOY, SEÑOR»

Este hijo dice exactamente lo que parece correcto. Incluso utiliza una palabra respetuosa: «Señor». Pero hay una contradicción: sus labios dicen “sí”; sus pies dicen “no”. Aquí encontramos uno de los grandes temas de toda la espiritualidad bíblica: La distancia entre profesión de fe y práctica de fe.

Jesús ya había enseñado: «No todo el que me diga: “Señor, Señor”, entrará en el Reino de los cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre» (Mt 7,21). Y también: «¿Por qué me llaman: “Señor, Señor,  y no hacen lo que digo?» (Lc 6,46). La pregunta es devastadora: ¿Existe alguna contradicción entre lo que digo creer y la manera como estoy viviendo?

7. LA TEOLOGÍA DEL «HACER»

La parábola no enseña que las obras compren la salvación. La salvación es gracia. Pero la gracia auténticamente acogida transforma la vida. Pablo afirma: «Somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras» (Ef 2,10). Y Santiago: «Pongan en práctica la Palabra y no se contenten solo con escucharla» (St 1,22).

Por tanto: fe → conversión → obras de amor. No: obras → comprar la salvación. La obra cristiana es fruto de una vida transformada por la gracia.

8. LA FRASE MÁS ESCANDALOSA DE JESÚS

Jesús concluye: «Los publicanos y las prostitutas llegan antes que ustedes al Reino de Dios» (Mt 21,31). ¿Por qué? No porque el pecado sea bueno. No porque Jesús apruebe la injusticia o la inmoralidad. Sino porque aquellos considerados pecadores escucharon la predicación de Juan, se arrepintieron y cambiaron de vida.

Mientras que quienes se consideraban religiosamente correctos no aceptaron la llamada a la conversión. Por eso Jesús añade: «Porque vino Juan a ustedes por camino de justicia y no le creyeron; en cambio, los publicanos y las prostitutas le creyeron» (Mt 21,32). La parábola destruye una falsa seguridad religiosa: No basta pertenecer exteriormente al pueblo de Dios; hay que responder interiormente a Dios.

9. UNA CLAVE FILOSÓFICA: EL BIEN DEBE PASAR DE LA VERDAD A LA VOLUNTAD

Desde una perspectiva filosófica podemos formularlo así: conocer el bien no es todavía querer el bien; querer el bien no es todavía realizar el bien. Aristóteles distinguía entre conocer y actuar; la virtud requiere que la persona configure sus deseos y decisiones con el bien. La Biblia lleva esto mucho más lejos: El verdadero conocimiento de Dios conduce a la obediencia amorosa.

Por eso Jesús dice: «Si me aman, guardarán mis mandamientos» (Jn 14,15). No se trata de una obediencia fría. Es una obediencia nacida del amor. Amar → querer → obedecer → actuar.

10. UNA CLAVE ESPIRITUAL: ¿DÓNDE ESTÁ MI «NO»?

Aquí la parábola deja de ser una historia sobre dos hijos y se convierte en un espejo. Porque probablemente los dos hijos viven dentro de nosotros. Hay momentos en que somos el primero: «No quiero, Señor». Pero después nos convertimos. Y hay momentos en que somos el segundo: «Sí, Señor». Pero no hacemos nada. Por eso la pregunta espiritual no es: «¿Soy el primero o el segundo?» Sino: ¿En qué aspectos de mi vida estoy diciendo “sí” con los labios y “no” con las obras?

11. LA PARÁBOLA LEÍDA DESDE LA MÍSTICA

Aquí encontramos una dimensión más profunda. La santidad no consiste simplemente en hablar de Dios, sino en permitir que Dios transforme nuestra voluntad. El objetivo de la vida cristiana no es únicamente decir: «Yo amo a Cristo».

Es llegar a poder decir con san Pablo: «Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí» (Ga 2,20). Entonces la obediencia deja de ser solamente: «Tengo que hacer lo que Dios quiere».

Y comienza a convertirse en: «Quiero lo que Dios quiere porque amo a Aquel que me ama». Aquí entramos en la lógica mística. El corazón transformado por Dios comienza a querer el bien no simplemente por obligación, sino por amor.

12. CRISTO MISMO ES EL HIJO QUE DICE «SÍ»

Hay una lectura cristológica preciosa. Los dos hijos nos conducen hacia el verdadero Hijo. Jesús es aquel que realiza plenamente la voluntad del Padre. En Getsemaní dice: «No se haga mi voluntad, sino la tuya» (Lc 22,42). Y Hebreos interpreta su existencia en esta clave:  «He aquí que vengo para hacer tu voluntad» (Heb 10,7). Jesús no solamente dice sí al Padre. Jesús vive su sí. Y lo lleva hasta la cruz: «Se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte, y muerte de cruz» (Flp 2,8). Por eso podemos leer Mt 21,28-32 desde una perspectiva cristológica:

El verdadero Hijo es Cristo. Y ser discípulo significa entrar en su propia obediencia filial.

13. MARÍA: EL «SÍ» QUE SE HACE VIDA

Podemos contemplar también a María. Ella dice: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38). Pero su «sí» no queda en una frase. María lleva el sí en su cuerpo, en su historia, en sus decisiones y hasta la cruz. Por eso su «fiat» es una de las expresiones más profundas de la espiritualidad cristiana:

«Hágase». El cristiano maduro pasa de: «Señor, haré...»a: «Señor, hágase en mí tu voluntad».

14. LA VIÑA DE HOY: NUESTRA VIDA

La pregunta del Padre continúa resonando: «Hijo, ve hoy a trabajar en la viña» (Mt 21,28). ¿Dónde está esa viña? Está en nuestra propia vida. En la familia. En el matrimonio. En el trabajo. En la comunidad. En la Iglesia. En la sociedad. En el pobre. En el enfermo. En el migrante. En quien nos ha herido. En la creación que Dios nos ha confiado. Jesús no dice: «Hablen sobre la viña». Dice: «Ve a trabajar».

15. 12 IDEAS MAESTRAS PARA LA ASAMBLEA

  1. Dios nos llama a trabajar en su viña.
  2. La fe comienza escuchando una llamada.
  3. Decir “no” inicialmente no significa estar perdido.
  4. La conversión puede transformar un “no” en un “sí”.
  5. El arrepentimiento bíblico implica cambio de dirección.
  6. Decir “sí, Señor” no garantiza hacer su voluntad.
  7. La verdadera fe produce frutos.
  8. Dios mira la vida, no solamente el discurso religioso.
  9. Nadie debe sentirse definitivamente condenado por su pasado.
  10. Nadie debe sentirse seguro solamente por su religiosidad exterior.
  11. Jesús es el Hijo que realiza plenamente la voluntad del Padre.
  12. La santidad consiste en dejar que nuestra voluntad sea transformada por el amor de Dios.

16. DOCE PREGUNTAS CANDENTES

Para una reflexión después de la misa:

  1. ¿Cuál es hoy mi respuesta al Padre: “sí” o “no”?
  2. ¿Hay algún aspecto de mi vida donde digo «sí, Señor», pero vivo como si dijera «no»?
  3. ¿Qué “no” mío necesita convertirse en “sí”?
  4. ¿Confundo religiosidad exterior con verdadera conversión?
  5. ¿Estoy dispuesto a cambiar?
  6. ¿Mi fe produce frutos concretos?
  7. ¿Qué fruto espera Dios de mí actualmente?
  8. ¿Hay alguien a quien considero pecador mientras yo mismo necesito conversión?
  9. ¿Creo realmente que Dios puede transformar mi pasado?
  10. ¿Mi oración está cambiando mi manera de vivir?
  11. ¿Quiero realmente la voluntad de Dios o solamente que Dios apruebe mi voluntad?
  12. Si Jesús examinara hoy mi vida, ¿encontraría en mí un “sí” verdadero?

17. LA PREGUNTA COMUN

Una persona que apenas comienza a acercarse al cristianismo podría plantear: «Si Dios es bueno y me ama, ¿por qué debería obedecerlo?» La respuesta cristiana no comienza con: «Porque Dios manda». Comienza más profundamente: Porque Dios te ama, te llama a la vida y quiere llevarte hacia tu plenitud. La obediencia cristiana no es sometimiento servil. Es respuesta filial al amor recibido. Por eso: «Nosotros amamos porque él nos amó primero» (1 Jn 4,19).

18. REFORMULACIÓN QUE CAMBIA LA PERSPECTIVA

Normalmente preguntamos: «¿Soy una persona que dice sí o una persona que dice no a Dios?» Pero Mateo nos invita a formular una pregunta mucho más incómoda: «¿Qué está haciendo mi vida con el “sí” que tantas veces pronuncio con mis labios?» Y todavía más profundamente: No se trata solamente de preguntarme qué tengo que hacer por Dios, sino de preguntarme qué tiene que cambiar en mí para que Dios pueda realizar su voluntad a través de mí. Ahí comienza una espiritualidad verdaderamente mística.

19. CONCLUSIÓN: DEL «SEÑOR, SEÑOR» AL «HÁGASE»

Mt 21,28-32 nos conduce por un camino: LLAMADA → RESISTENCIA → CONVERSIÓN → OBEDIENCIA → FRUTO → REINO.

El primer hijo nos enseña: Tu “no” de ayer no tiene que determinar tu “sí” de mañana. El segundo nos advierte: Tu “sí” de los labios no vale si nunca llega a los pies.

Cristo nos muestra el camino: «No se haga mi voluntad, sino la tuya» (Lc 22,42).

Y María nos enseña a vivirlo: «Hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38).

Por eso, la pregunta final no es: «¿Qué dije hoy en la iglesia?»

sino: «¿Qué voy a hacer mañana con lo que hoy le he dicho a Dios?»

Oración final

Padre bueno,
tú nos llamas a trabajar en tu viña.
Muchas veces te hemos dicho “sí” con nuestros labios
y “no” con nuestras obras.

Otras veces hemos comenzado diciendo “no”,
pero tu gracia nos ha hecho volver a ti.

Danos un corazón verdaderamente convertido.
Que nuestra fe no sea solamente palabra,
que nuestra oración se transforme en vida,
que nuestro amor produzca frutos,
y que nuestra voluntad se una a la tuya.

Señor Jesús,
enséñanos a decir como tú:
«No se haga mi voluntad, sino la tuya».

Y como María:
«Hágase en mí según tu palabra».

Que nuestro “sí” a Dios
se convierta cada día en obras de amor,
misericordia, justicia, fraternidad y paz. Amén.