lunes, 10 de agosto de 2026

DOMINGO XX - A (16 de Agosto del 2026)

 DOMINGO XX - A (16 de Agosto del 2026)

Proclamación del Santo Evangelio Según San Mateo 15,21-28:

15,21 Jesús se dirigió hacia el país de Tiro y de Sidón.

15,22 Entonces una mujer cananea, que salió de aquella región, comenzó a gritar: "¡Señor, Hijo de David, ten piedad de mí! Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio".

15,23 Pero él no le respondió nada. Sus discípulos se acercaron y le pidieron: "Señor, atiéndela, porque nos persigue con sus gritos".

15,24 Jesús respondió: "Yo he sido enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel".

15,25 Pero la mujer fue a postrarse ante él y le dijo: "¡Señor, socórreme!"

15,26 Jesús le dijo: "No está bien tomar el pan de los hijos, para tirárselo a los cachorros".

15,27 Ella respondió: "¡Y sin embargo, Señor, los cachorros comen las migas que caen de la mesa de sus dueños!"

15,28 Entonces Jesús le dijo: "Mujer, ¡qué grande es tu fe! ¡Que se cumpla tu deseo!" Y en ese momento su hija quedó curada. PALABRA DEL SEÑOR.

Estimados(as) hermanos(as) en el Señor Paz y Bien.

 El evangelio de hoy complementa la enseñanza del domingo anterior respecto a la importancia de la fe y la oración que bien se puede anteponer con esta cita: “Si ustedes permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y lo obtendrán” (Jn 15,7).

 En el domingo anterior, después que Jesús despidió a la gente y embarcó a sus discípulos, “subió a la montaña para orar a solas” (Mt 14,23). De madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el agua; los discípulos, al verlo se asustaron y gritaron porque crían que era un fantasma. Pero Jesús les dijo: "Tranquilícense, soy yo; no tengan miedo" (Mt 14,25-27). Pero, Pedro busca comprobar si es cierto que le permita caminar también sobre el agua; caminó, se hundió y gritó: "Señor, sálvame". (Mt 14,30). Jesús lo salvó increpándolo: "Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?" Al ver lo ocurrido todos los apóstoles se postraron diciendo: "Verdaderamente, tú eres el Hijo de Dios" (Mt 14,33). Hoy, clama como Pedro la ayuda de Jesús, no un judío ni conocido, sino una mujer pagana: "¡Señor, Hijo de David, ten piedad de mí! Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio" (Mt 15,22). Jesús atendió sin mayor demora el pedido porque la mujer tiene fe: “Que grande es tu fe, que te suceda conforme has creído” (Mt 15, 28).

 Hemos dicho que, la fe autentica no nace de un milagro como Pedro quiso experimentar. La fe es la que puede suscitar el milagro, dependiendo cuanto de fe tenemos Y es que la fe no es como la ciencia que busca experimentar para afirmar una hipótesis de verdad. La fe es un don gratuito de Dios, por eso hemos de reiterar que la fe es lo que puede suscita milagros como lo descrito en este episodio: “Que grande es tu fe, que te suceda conforme has creído”. Y en ese momento su hija quedó curada (Mt 15, 28). Y si la fe es débil como el de Pedro del domingo anterior, pues por eso se hundió (Mt 14,30).

 Antes de entrar en los detalles del evangelio de hoy; en el evangelio constatamos que hay muchos episodios, actitudes auténticas de fe: En Caná de Galilea, donde Jesús había convertido el agua en vino. “Había allí un funcionario real, que tenía su hijo enfermo en Cafarnaún. Cuando supo que Jesús había llegado de Judea y se encontraba en Galilea, fue a verlo y le suplicó que bajara a su casa a curar a su hijo que agoniza. Jesús le dijo: "Si no ven signos y prodigios, ustedes no creen". El funcionario le respondió: "Señor, baja antes que mi hijo se muera". "Vuelve a tu casa, tu hijo vive", le dijo Jesús. El hombre creyó en la palabra que Jesús le había dicho y se puso en camino. Mientras descendía, le salieron al encuentro sus servidores y le anunciaron que su hijo vivía. Él les preguntó a qué hora había empezado la mejoría. "Ayer, a la una de la tarde, se le fue la fiebre", le respondieron. El padre recordó que era la misma hora en que Jesús le había dicho: "Tu hijo vive". Y entonces creyó él y toda su familia” (Jn 4,47-53). Fe de una mujer que padecía flujo de sangre que solo le tocó el fleco del manto y se sanó: “Jesús se volvió y, al verla, le dijo: Animo, hija, tu fe te ha sanado” (Mt 9, 22). Fe de los amigos de un paralítico: Dijo al paralítico: Tus pecados te son perdonados (...). Mt 9, 2; Lc 5, 20.

 Fe de un centurión: “Cafarnaúm había un centurión que tenía un sirviente enfermo, a punto de morir, al que estimaba mucho. Como había oído hablar de Jesús, envió a unos ancianos judíos para rogarle que viniera a curar a su servidor. Cuando estuvieron cerca de Jesús, le suplicaron con insistencia, diciéndole: "El merece que le hagas este favor, porque ama a nuestra nación y nos ha construido la sinagoga". Jesús fue con ellos, y cuando ya estaba cerca de la casa, el centurión le mandó decir por unos amigos: "Señor, no te molestes, porque no soy digno de que entres en mi casa; por eso no me consideré digno de ir a verte personalmente. Basta que digas una palabra y mi sirviente se sanará. Porque yo —que no soy más que un oficial subalterno, pero tengo soldados a mis órdenes— cuando digo a uno: "Ve", él va; y a otro: "Ven", él viene; y cuando digo a mi sirviente: "¡Tienes que hacer esto!", él lo hace". Al oír estas palabras, Jesús se admiró de él y, volviéndose a la multitud que lo seguía, dijo: "Yo les aseguro que ni siquiera en Israel he encontrado tanta fe". Cuando los enviados regresaron a la casa, encontraron al sirviente completamente sano (Lc 7,2-10). Los apóstoles le dijeron: “Señor, auméntanos la fe. El Señor dijo: Si tuvierais fe como un grano de mostaza diríais a este sicomoro: "Arráncate y échate al mar", y les obedecería. Nada es imposible para quien cree y tiene fe” (Lc 17, 5). Los discípulos preguntaron: “Señor ¿Por qué no pudimos echar ese demonio? Les respondió: porque tienen muy poca fe. Yo os aseguro que si tuvieran fe como un grano de mostaza, dirían a este monte (...) y nada les será imposible. (Mt 17, 20).

El evangelio de hoy: La fe de la mujer cananea bíblica, teológica y espiritualmente según Mt 15,21-28:

1. La fe de la mujer cananea desde el punto de vista bíblico

El relato dice que Jesús se retiró a la región de Tiro y Sidón, territorio pagano. Allí se acerca una mujer cananea y clama: «¡Señor, Hijo de David, ten compasión de mí!» Su hija estaba gravemente atormentada. Hay varios elementos importantes:

a) Es una mujer extranjera: Mateo la llama cananea, expresión que recuerda a los antiguos pueblos paganos enemigos de Israel. Es decir, humanamente hablando, ella está fuera del pueblo de la alianza. Sin embargo, es precisamente una extranjera quien reconoce algo extraordinario en Jesús.

Ella lo llama: «Señor» → reconoce su autoridad.
«Hijo de David» → utiliza un título mesiánico propio de Israel.
«Ten compasión de mí» → se presenta ante Jesús desde la necesidad y la confianza.

b) Su fe nace de una necesidad, pero va más allá de ella: Ella busca a Jesús porque su hija sufre. Su primera motivación es la necesidad de su hija, pero progresivamente su actitud demuestra que confía en la persona de Jesús, no simplemente en un milagro.

No dice: «Dame un milagro». Dice: «¡Señor, ayúdame!» Su petición se convierte en una verdadera profesión de confianza.

c) Jesús parece guardar silencio: El texto afirma: «Pero él no le respondió palabra.» Este silencio es una de las partes más difíciles del pasaje. La mujer podría haberse marchado. Podría haberse ofendido. Podría haber pensado que Jesús no quería escucharla.

Pero continúa insistiendo: Aquí aparece una característica fundamental de su fe: la perseverancia.

d) Incluso ante una respuesta aparentemente negativa, ella permanece: Los discípulos quieren que Jesús la atienda y la despida rápido: «Despídela, porque viene gritando detrás de nosotros.»

Jesús responde: «No he sido enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel.» Y cuando ella insiste, Jesús utiliza una comparación muy fuerte: «No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos.»

La mujer no entra en discusión. Responde: «Sí, Señor; pero también los perritos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos.» Esta respuesta es extraordinaria. Ella acepta humildemente la comparación, pero descubre dentro de ella una posibilidad de esperanza.

e) Jesús finalmente reconoce su fe: «Mujer, ¡qué grande es tu fe! Que se cumpla lo que deseas.» Y Mateo concluye: «Y desde aquel momento quedó curada su hija.» La fe de la mujer no solamente consigue un milagro: Jesús mismo la presenta como modelo de una fe grande.

2. La fe de la cananea desde el punto de vista teológico

Teológicamente, este pasaje es fundamental porque muestra cómo la salvación de Dios supera las fronteras étnicas, religiosas y sociales.

A. La fe no depende del origen: La mujer no pertenece al pueblo de Israel. Sin embargo, cree. Esto anticipa una verdad fundamental del Evangelio: la salvación ofrecida por Cristo está destinada a todos los pueblos. Mateo comienza su Evangelio presentando a Jesús como el Mesías de Israel, pero progresivamente muestra que su misión alcanza a todas las naciones.

La cananea anticipa así la misión universal de la Iglesia.

B. La fe reconoce quién es Jesús: La expresión «Hijo de David» es teológicamente muy importante. Ella reconoce en Jesús al Mesías. Paradójicamente, quienes deberían reconocerlo —muchos dirigentes y miembros del pueblo de Israel— no siempre lo reconocen; mientras que una mujer pagana percibe su identidad. Esto crea un contraste:

quienes están cerca pueden no creer; quien está lejos puede creer profundamente.

C. La fe verdadera persevera: La fe de la cananea no es una fe superficial. Ella encuentra:

  1. silencio;
  2. incomprensión;
  3. rechazo aparente;
  4. una palabra difícil;
  5. y, aun así, permanece. Por eso su fe es perseverante

Aquí aparece una dimensión muy importante de la teología cristiana: la fe no consiste solamente en experimentar que Dios responde inmediatamente. También significa seguir confiando cuando Dios parece callar.

D. La humildad forma parte de su fe: La mujer no exige derechos delante de Jesús.

No dice: «Como madre tengo derecho a que cures a mi hija.» Dice: «Sí, Señor.» La expresión es significativa: acepta la palabra de Jesús y permanece confiada. Su humildad no es desprecio de sí misma. Es reconocer que todo lo recibe como gracia.

E. La universalidad de la salvación: El episodio también tiene una dimensión misionera. Jesús comienza hablando de las «ovejas perdidas de la casa de Israel», pero la fe de esta mujer anticipa la apertura universal del Evangelio. Después de la resurrección, Jesús enviará a sus discípulos: «Id y haced discípulos a todos los pueblos» (Mt 28,19).

La cananea aparece, por tanto, como una especie de anticipo de los pueblos paganos que recibirán la salvación.

3. La fe de la cananea desde el punto de vista espiritual: Espiritualmente, este relato es una escuela de oración.

1. Una fe que grita a Dios: La mujer grita. No es una oración fría ni puramente intelectual. Es el grito de una madre que sufre. Esto nos enseña que podemos acercarnos a Dios con nuestras angustias reales. La oración cristiana no necesita ocultar el dolor. La fe también sabe gritar: «¡Señor, ayúdame!»

2. Una fe que persevera en el silencio de Dios: Quizás este sea el aspecto espiritual más profundo. Hay momentos en que rezamos y parece que Dios no responde.

El Evangelio dice: «No le respondió palabra alguna.» La cananea nos enseña que el silencio de Dios no significa necesariamente ausencia de Dios. Su fe madura precisamente en ese silencio. Podríamos expresarlo así:

Fe inmadura:
«Creo porque Dios me responde inmediatamente.»

Fe madura:
«Aunque no comprenda lo que Dios está haciendo, sigo confiando en Él.»

3. Una fe que transforma el obstáculo en oportunidad: Cada dificultad podría haberla detenido. Pero ella convierte cada obstáculo en un motivo para acercarse más a Jesús.

El silencio → insiste.
La oposición de los discípulos → continúa.
La respuesta difícil → responde con humildad.
La aparente exclusión → descubre una esperanza.

Esto es espiritualmente muy profundo: la persona de fe no siempre recibe menos dificultades; aprende a atravesarlas con Dios.

4. Una fe humilde: La cananea no pretende controlar a Jesús. Ella sabe que necesita misericordia. Su oración podría resumirse en: «Señor, no tengo méritos que presentar; solamente confío en tu misericordia.» Esta actitud se encuentra en el corazón de la espiritualidad cristiana.

5. Una fe que intercede por otro: Hay otro aspecto precioso. La mujer no pide principalmente para sí misma. Su preocupación es: «Mi hija sufre.» Su amor se convierte en oración. Por eso podemos hablar de una fe intercesora. Ella lleva a otra persona hasta Jesús. En este sentido, la cananea representa a todos aquellos que rezan por:

  • sus hijos;
  • sus familiares;
  • los enfermos;
  • los que han perdido la fe;
  • los que sufren;
  • quienes no pueden o no saben rezar.

4. Una clave muy importante: «Que Grande es tu fe» Jesús no dice: «Grande es tu conocimiento.» Tampoco: «Grande es tu posición religiosa.» Dice: «¡Qué grande es tu fe!» La grandeza de su fe se manifiesta en cuatro actitudes:

Actitud

Manifestación

Confianza

Se acerca a Jesús

Perseverancia

No abandona ante el silencio

Humildad

Acepta la palabra del Señor

Esperanza

Confía incluso en una pequeña posibilidad

Por eso la cananea puede convertirse en un verdadero modelo de discípula.

5. ¿Qué nos enseña hoy?: El texto puede convertirse en un camino espiritual muy concreto:

Cuando Dios parece callar: no abandones la oración. Cuando otros te dicen que te alejes: permanece cerca de Jesús. Cuando no entiendes lo que Dios hace: confía antes de comprender. Cuando te sientes indigno: acércate a la misericordia. Cuando rezas por alguien que amas: intercede con perseverancia. Cuando parece que solamente quedan «migajas»: recuerda que para la fe incluso una migaja de la gracia de Dios es suficiente.

6. Síntesis teológica y espiritual: Podemos resumir todo el pasaje en una frase:

La mujer cananea enseña que la verdadera fe es una confianza humilde, perseverante y misericordiosa que se aferra a Cristo incluso cuando no comprende su silencio, y que termina descubriendo que la gracia de Dios supera todas las fronteras. Su camino puede expresarse como:

NECESIDAD → CLAMOR → SILENCIO → PERSEVERANCIA → HUMILDAD → CONFIANZA → FE → MILAGRO

Y hay algo todavía más profundo: el milagro exterior de la hija curada es consecuencia de una transformación interior de la madre. Ella llegó buscando una solución para su hija y terminó recibiendo de Jesús el reconocimiento de una fe extraordinaria. La cananea no solamente consiguió algo de Jesús; aprendió a confiar en Jesús. Esa es, en último término, la esencia de su fe.

Mayor expolición bíblica sobre la fe (Mc 9,24; Lc 17,5) para la fortaleza espiritual y perseverancia ante toda adversidad. Podemos profundizar estos dos textos —Mc 9,24: «Creo; pero aumenta mi poca fe» y Lc 17,5: «Auméntanos la fe»— como un verdadero itinerario bíblico para comprender cómo Dios fortalece la fe en medio de la prueba, el sufrimiento y la adversidad.

1. La fe bíblica no es una simple seguridad psicológica: En la Biblia, tener fe no significa estar siempre seguro, tranquilo o sin dudas. La fe es, ante todo, confiar en Dios y permanecer unidos a Él incluso cuando las circunstancias parecen contradecir sus promesas. Por eso la frase de Mc 9,24 es extraordinariamente humana:

«Creo; pero aumenta mi incredulidad.» No dice: «Señor, tengo una fe perfecta.» Dice, en realidad: «Creo, pero mi fe es débil. Necesito que tú mismo la fortalezcas.» Aquí encontramos una de las grandes enseñanzas bíblicas: la fe puede ser verdadera y, al mismo tiempo, estar necesitada de crecimiento.

2. Mc 9,24: «Creo; pero ayuda mi incredulidad»: Para comprender la profundidad de este versículo hay que mirar el contexto. Jesús baja del monte de la Transfiguración y encuentra una situación de sufrimiento. Un padre tiene un hijo atormentado y los discípulos no han podido liberarlo. El padre finalmente se dirige a Jesús. Hay una situación aparentemente imposible. Y precisamente allí aparece la fe.

El padre dice: «Si algo puedes, ten compasión de nosotros y ayúdanos.» Jesús responde: «¡Todo es posible para quien cree!» Entonces el padre pronuncia: «Creo; pero aumenta mi incredulidad» (Mc 9,24). Esta oración contiene una profunda teología de la fe.

3. Primera profundización: la fe nace muchas veces en medio de una crisis: Este hombre no llega a Jesús desde una situación cómoda. Llega herido por el sufrimiento. Ha visto sufrir a su hijo. Ha experimentado el fracaso de los discípulos. Probablemente está cansado, desesperado y confundido. Y, sin embargo, todavía se acerca a Jesús. Esto es fundamental para nuestra vida espiritual: La adversidad no necesariamente destruye la fe; puede convertirse en el lugar donde la fe comienza a profundizarse. Una fe que nunca ha atravesado ninguna prueba puede ser todavía superficial. La prueba revela qué fundamento tiene nuestra confianza.

4. «Creo»: La primera parte de la oración es una afirmación: «Creo.» El hombre decide confiar en Jesús. No posee todas las respuestas. No comprende todo. No sabe cómo terminará la situación. Pero hace algo fundamental: se coloca delante de Jesús. Eso es fe.

La fe no significa: «Sé exactamente cómo Dios resolverá mi problema.» Significa: «Yo sé cómo lo hará, pero sigo confiando en Él.» Esta diferencia es esencial para la perseverancia cristiana.

5. «Ayuda mi incredulidad»: Aquí aparece la segunda parte. El hombre reconoce una contradicción interior: Creo — pero tengo incredulidad. Esto significa que dentro de él hay:

  • confianza y miedo;
  • esperanza y angustia;
  • fe y duda;
  • deseo de creer y temor de que todo fracase.

Y Jesús no rechaza esta oración. Esto es espiritualmente consolador. Dios no exige una fe perfecta para comenzar a actuar en nuestra vida. La persona puede decir: «Señor, tengo poca fe.» Y precisamente esa oración ya es un acto de fe. Porque para pedir: «Ayuda mi incredulidad» hay que reconocer que solo Dios puede fortalecer lo que nosotros no podemos producir por nuestras propias fuerzas.

6. La fe crece mediante la oración Aquí encontramos una clave importantísima. El padre no dice simplemente «aumenta mi fe». Dice: «Ayuda mi incredulidad.» La profundización de la fe es, por tanto, una gracia que se pide. La fe cristiana no consiste únicamente en esfuerzo humano.

Podemos trabajar, estudiar, meditar y formarnos, pero finalmente decimos: «Señor, dame una fe más profunda.» Esto nos lleva directamente a Lc 17,5.

7. Lc 17,5: «Auméntanos la fe». Lucas presenta a los apóstoles diciendo: «Auméntanos la fe.» No dicen: «Danos riqueza.» No dicen: «Haz desaparecer todos nuestros problemas.» No dicen: «Danos una vida fácil.» Piden algo mucho más profundo: «Auméntanos la fe.»

Esto es extraordinario. Los discípulos comienzan a comprender que la verdadera solución frente a las exigencias del Evangelio no consiste en eliminar las dificultades, sino en recibir una fe mayor para afrontarlas.

8. ¿Por qué los discípulos piden más fe?: El contexto de Lc 17 es muy importante. Jesús está enseñando sobre el perdón, la responsabilidad y la vida comunitaria. El discípulo descubre que vivir el Evangelio exige algo humanamente difícil. Por eso responde:

«Auméntanos la fe.» En otras palabras: «Señor, lo que nos estás pidiendo supera nuestras fuerzas. Necesitamos una fe mayor.» Esta oración es tremendamente importante para la vida espiritual. Cuando una situación nos supera, podemos reaccionar de dos maneras:

Primera reacción: «No puedo hacerlo.» Segunda reacción: «Señor, aumenta mi fe.» La segunda es la actitud cristiana.

9. El grano de mostaza: Jesús responde: «Si tuvierais fe como un grano de mostaza...» El grano de mostaza es pequeño. La enseñanza no consiste simplemente en decir que debemos tener una cantidad enorme de fe. La imagen apunta a otra realidad: una fe pequeña pero verdadera, puesta enteramente en Dios, puede producir frutos extraordinarios.

Por eso no debemos esperar a tener una fe «perfecta» para comenzar a confiar. Podemos comenzar con una oración muy pequeña: «Señor, creo; ayuda mi incredulidad.» O: «Señor, aumenta mi fe.»

10. La fe no elimina necesariamente la adversidad: Esta es una de las enseñanzas más importantes. Una interpretación superficial podría ser: «Si tengo suficiente fe, desaparecerán todos mis problemas.» La Biblia no enseña eso. La fe no es un mecanismo para obligar a Dios a concedernos todo lo que queremos. La fe nos permite permanecer firmes cuando no podemos cambiar inmediatamente las circunstancias.

Por eso San Pablo puede decir: «Nos vemos atribulados en todo, pero no abatidos; perplejos, pero no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no aniquilados.»
(2 Co 4,8-9). Esta es la diferencia entre: fe como solución mágica Y fe como fortaleza espiritual.

11. La prueba puede profundizar la fe: Santiago lo expresa de manera muy clara: «La prueba de vuestra fe produce paciencia.» (St 1,3). Aquí aparece una cadena espiritual:

PRUEBA → FE → PERSEVERANCIA → MADUREZ

La prueba revela la fe. La perseverancia fortalece la fe. La perseverancia conduce a la madurez. Por eso Santiago continúa: «Que la paciencia lleve consigo una obra perfecta, para que seáis perfectos e íntegros, sin que os falte cosa alguna.» (St 1,4)

12. Romanos 5 presenta el mismo proceso: San Pablo desarrolla una idea semejante: «Nos gloriamos hasta en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; la paciencia, virtud probada; y la virtud probada, esperanza» (Rom 5,3-4).

Observemos el proceso: TRIBULACIÓN, PERSEVERANCIA, VIRTUD PROBADA, ESPERANZA.

Esto significa que la adversidad puede convertirse en un camino de maduración espiritual. No porque el sufrimiento sea bueno en sí mismo, sino porque Dios puede transformar incluso el sufrimiento en ocasión de crecimiento.

13. La fe perseverante: Abraham como modelo: Uno de los grandes modelos bíblicos de perseverancia es Abraham. Dios le promete una descendencia. Pero pasa el tiempo. La promesa parece humanamente imposible. Sin embargo: «Esperando contra toda esperanza, creyó» (Rom 4,18).

Esta expresión es extraordinaria: «Esperando contra toda esperanza.» Aquí encontramos una definición profunda de la fe bíblica. La esperanza cristiana no depende exclusivamente de las circunstancias visibles. Puede existir precisamente cuando las circunstancias dicen:

«No hay salida.» La fe responde: «Dios todavía está actuando.»

14. Job: la fe cuando no entendemos: Otro gran ejemplo es Job. Job pierde bienes, familia, salud y estabilidad. Su gran problema no es solamente el sufrimiento. Es que no comprende por qué Dios permite lo que está sucediendo. Y aquí aparece una dimensión todavía más profunda de la fe: creer en Dios sin comprender completamente a Dios.

Esto es esencial para la perseverancia. Hay momentos en nuestra vida en los que no tendremos respuestas satisfactorias. La fe no siempre responde: «Entiendo por qué ocurre esto.» A veces responde: «No entiendo, pero sigo confiando.»

15. La fe alcanza su plenitud en Cristo crucificado. Toda la profundización bíblica de la fe conduce finalmente a Jesucristo. Jesús mismo atraviesa la noche del sufrimiento.

En Getsemaní ora: «No se haga mi voluntad, sino la tuya» (Lc 22,42). Aquí encontramos la forma más profunda de la fe: confiar en el Padre incluso cuando el camino pasa por la cruz. Por eso la fe cristiana no consiste en escapar de toda cruz. Consiste en caminar con Cristo en medio de la cruz hacia la resurrección.

16. Hebreos: la fe como perseverancia. Hebreos ofrece una definición clásica: «La fe es garantía de lo que se espera, la prueba de las realidades que no se ven» (Heb 11,1). Y después presenta una larga lista de hombres y mujeres que perseveraron. El capítulo 11 termina mostrando que muchos creyentes no recibieron inmediatamente aquello que esperaban.

Esto es crucial. La fe no siempre consiste en recibir inmediatamente la promesa. A veces consiste en permanecer fiel mientras esperamos su cumplimiento.

17. De la fe pequeña a la fe madura. Podemos visualizar el crecimiento espiritual así:

1. Fe inicial «Señor, ayúdame.»

2. Fe en la prueba: «Señor, aunque no entiendo, confío.»

3. Fe perseverante: «Señor, aunque todavía no veo respuesta, permaneceré contigo.»

4. Fe madura: «Señor, no quiero solamente que cambies mi situación; quiero que me transformes a través de ella.»

5. Fe plena: «Señor, hágase tu voluntad.» Este último nivel aparece perfectamente en Cristo.

18. La fortaleza espiritual no significa no sufrir: Una persona espiritualmente fuerte no es aquella que nunca llora, nunca tiene miedo o nunca se siente débil. La fortaleza cristiana es otra cosa: caer y levantarse; llorar y continuar; tener miedo y seguir confiando; no comprender y permanecer fiel.

San Pablo expresa esta paradoja: «Cuando soy débil, entonces soy fuerte» (2 Co 12,10). ¿Por qué? Porque la fuerza ya no procede exclusivamente de nosotros. Procede de Dios.

19. La perseverancia es una dimensión de la fe: Jesús dice: «Con su perseverancia salvaran sus almas» (Lc 21,19). La perseverancia significa: seguir caminando aunque el camino sea largo. No abandonar a Dios porque la respuesta tarde. No abandonar la oración porque haya silencio. No abandonar la esperanza porque exista sufrimiento. No abandonar la comunidad porque existan dificultades. No abandonar la misión porque aparezcan obstáculos.

20. Una espiritualidad de la adversidad: Desde Mc 9,24 y Lc 17,5 podemos construir una espiritualidad muy concreta:

Cuando tengas miedo: «Señor, aumenta mi fe.» Cuando estés confundido: «Señor, aunque no comprenda, confío en ti.»

Cuando ores y no recibas respuesta: «Señor, ayúdame a perseverar.»

Cuando fracases: «Señor, levántame nuevamente.»

Cuando estés cansado: «Señor, dame fuerzas para continuar.»

Cuando la situación parezca imposible: «Señor, creo; ayuda mi incredulidad.»

Cuando tengas que esperar: «Señor, enséñame a esperar en ti.»

21. Una clave espiritual decisiva: Hay una diferencia entre pedir: «Señor, quita esta dificultad.» y pedir: «Señor, dame fe para atravesar esta dificultad contigo.» La primera oración es legítima. La segunda es más profunda. ¿Por qué? Porque la primera pide principalmente un cambio de circunstancias. La segunda pide una transformación interior. Y muchas veces Dios comienza transformando a la persona antes de transformar la circunstancia.

22. La cananea, el padre del muchacho y los apóstoles: Podemos unir ahora los tres textos que hemos estudiado: La cananea: Mt 15,21-28 «Señor, ayúdame.» Su fe aprende a perseverar ante el silencio.

El padre: Mc 9,24: «Creo; ayuda mi incredulidad.» Su fe reconoce su propia fragilidad.

Los apóstoles: Lc 17,5: «Auméntanos la fe.» Su fe comprende que necesita crecer. Los tres textos forman un hermoso camino:

CLAMAR → RECONOCER LA FRAGILIDAD → PEDIR CRECIMIENTO → PERSEVERAR → CONFIAR

23. Una síntesis para la vida espiritual: La profundización de la fe podría resumirse en esta fórmula: No se trata de tener una vida sin adversidades, sino de adquirir una fe suficientemente profunda para permanecer con Cristo en medio de las adversidades.

La fe madura dice: «No sé qué sucederá, pero Dios está conmigo.» «No entiendo este sufrimiento, pero no abandonaré a Dios.» «No veo todavía la respuesta, pero continuaré orando.» «Estoy débil, pero su gracia me sostiene.» «Tengo poca fe, pero esa poca fe la pongo enteramente en Cristo.»

24. Oración basada en Mc 9,24 y Lc 17,5

ORACIÓN: «SEÑOR, AUMÉNTANOS LA FE»

Señor Jesús,
hoy me presento ante ti con mi fe y también con mis dudas,
con mis esperanzas y también con mis temores,
con mis fuerzas y con mis debilidades.

Como aquel padre del Evangelio, te digo:

«Creo, Señor, pero ayuda mi incredulidad.»

Cuando las dificultades me hagan dudar,
fortalece mi corazón.

Cuando el sufrimiento me haga perder la esperanza,
recuérdame que no estoy solo.

Cuando parezca que no escuchas mi oración,
dame perseverancia para seguir buscándote.

Cuando no comprenda tus caminos,
enséñame a confiar en tu voluntad.

Cuando me sienta débil,
sé tú mi fortaleza.

Cuando tenga que esperar,
enséñame a esperar con esperanza.

Cuando aparezcan obstáculos,
no permitas que abandone el camino.

Señor Jesús,
como tus discípulos, también te digo:

«Auméntanos la fe.»

Aumenta una fe que no dependa de las circunstancias.
Aumenta una fe que permanezca en la prueba.
Aumenta una fe que se levante después de cada caída.
Aumenta una fe que sepa esperar.
Aumenta una fe que sepa perdonar.
Aumenta una fe que persevere hasta el final.

Que mi fe no busque solamente que cambies mis circunstancias,
sino que permitas que tú me transformes a través de ellas.

Cuando llegue la adversidad,
que pueda decir: «Aunque no comprenda, confío.»

Cuando llegue el sufrimiento: «Aunque llore, seguiré caminando contigo.»

Cuando llegue el silencio: «Aunque no te vea, seguiré creyendo.»

Y cuando mis fuerzas se terminen, que pueda descansar en tu palabra: «Mi gracia te basta.»

Señor Jesús, haz crecer mi fe como un grano de mostaza.
Hazla pequeña en humildad, pero grande en confianza;
pequeña ante mis propias fuerzas,
pero firme en tu poder.

Que nunca abandone la oración,
que nunca pierda la esperanza
y que nunca me separe de ti.

Señor, creo. Ayuda mi incredulidad. Aumenta mi fe.
Fortalece mi perseverancia. Y dame la gracia de permanecer contigo
hasta el final.
Amén.


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Paz y Bien

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