sábado, 21 de septiembre de 2013

DOMINGO XXV - C (22 de Setiembre del 2013)



Evangelio según San Lucas 16,1 - 13:

En aquel tiempo Jesús decía a sus discípulos: “Era un hombre rico que tenía un administrador a quien acusaron ante él de malgastar sus bienes; le llamó y le dijo: "¿Qué oigo decir de ti? Dame cuenta de tu administración, porque ya no podrás seguir administrando."

Se dijo a sí mismo el administrador: "¿Qué haré, pues mi señor me quita la administración? Cavar, no puedo; mendigar, me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer, para que cuando sea removido la administración me reciban en sus casas." Y convocando uno por uno a los deudores de su señor, dijo al primero: "¿Cuánto debes a mi señor?" Respondió: "Cien medidas de aceite." El le dijo: "Toma tu recibo, siéntate en seguida y escribe cincuenta." Después dijo a otro: "Tú, ¿cuánto debes?" Contestó: "Cien sacos de trigo." Le dice: "Toma tu recibo y escribe ochenta."

“El señor alabó al administrador injusto porque había obrado astutamente, pues los hijos de este mundo son más astutos con los de su generación que los hijos de la luz. “Yo les digo: Háganse amigos con el Dinero injusto, para que, cuando llegue a faltar, les reciban en las eternas moradas. El que es fiel en lo mínimo, lo es también en lo mucho; y el que es injusto en lo mínimo, también lo es en lo mucho.

Sí, no fueron fieles en el Dinero injusto, ¿quién les confiará lo verdadero? Y si no fueron fieles con lo ajeno, ¿quién les va a creer de los bienes que son realmente de Uds? “Ningún criado puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No pueden servir a Dios y al Dinero.” PALABRA DEL SEÑOR.

REFLEXIÓN:

Estimados hermanos y hermanas en el Señor Paz t Bien.

El Señor termina su enseñanza de hoy diciéndonos algo importante, pero que ante todo conviene poner en claro que, Jesús no rechaza ni condena el dinero, lo que hace es poner el dinero en su lugar que le corresponde y al hombre en el lugar que le corresponde. Recordemos al respecto, Jesús dacia a Dios lo que es de Dios y a Cesar lo que es de Cesar (Mc 12,15). Meditando el Evangelio vemos, Jesús nos advierte que no nos será fácil vivir con el corazón partido, una parte para el dinero y otra parte para Dios: “Nadie puede servir a dos señores a la vez, a Dios y al dinero” (Lc 16,13).

En esta reflexión me viene a la mente aquel episodio del joven rico: “Cuando Jesús se puso en camino, un hombre corrió hacia él y, arrodillándose, le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar la Vida eterna?». Jesús le dijo: «¿Por qué me llamas bueno? Sólo Dios es bueno. Tú conoces los mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no perjudicarás a nadie, honra a tu padre y a tu madre». El hombre le respondió: «Maestro, todo eso lo he cumplido desde mi juventud». Jesús lo miró con amor y le dijo: «Sólo te falta una cosa: ve, vende lo que tienes y dalo a los pobres; así tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme». El, al oír estas palabras, se entristeció y se fue apenado, porque poseía muchos bienes. Entonces Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: «¡Qué difícil será para los ricos entrar en el Reino de Dios!». Los discípulos se sorprendieron por estas palabras, pero Jesús continuó diciendo: «Hijos míos, ¡Qué difícil es entrar en el Reino de Dios! Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de Dios” (Mc 10,17-24). Y resumiendo esta enseñanza de Jesús podemos agregar aquello que dijo: “No temas, pequeño Rebaño, porque el Padre de ustedes ha querido darles el Reino. Vendan sus bienes y denlos como limosna. Háganse bolsas que no se desgasten y acumulen un tesoro inagotable en el cielo, donde no se acerca el ladrón ni destruye la polilla. Porque allí donde tengan su tesoro, tendrán también su corazón” (Lc 12,32-34).

La enseñanza de hoy que Jesús nos imparte cierto que tiene un matiz o una parábola un tanto extraña, pero que sí afronta serias realidades de nuestra coyuntura. ¿Se han dado cuenta de cómo este mal administrador, al ser descubierto de mala administración y saber que lo van a despedir de su trabajo, discurre de inmediato para no quedarse en la calle? (Lc 16, 3-7).

La sagacidad con que actúa el administrador infiel es lo que Jesús resalta, no es que alabe al mal administrador. Lo que Jesús alaba es lo vivo que es y lo rápido que piensa y busca soluciones a su difícil situación. Es que para lo que queremos somos bien vivos e inteligentes. Lo malo no está en ser vivo, lo malo está en utilizar nuestra viveza para las cosas malas. A mí mes es extraña cómo ciertas personas que vienen a pedir dinero como ayuda inventa mil cuentos para engatusar a uno y abrirle la billetera. Para cuando uno va, ellos están ya de vuelta en la esquina. Jesús aplica esta astucia para las cosas humanas, a lo que nos suele suceder cuando se trata del Evangelio, del Reino de Dios o de cambiar las cosas. Si tuviésemos la misma astucia, la misma viveza y la misma rapidez de pensamiento para renovar la Iglesia, para renovar nuestra pastoral, para renovar los caminos del anuncio del Evangelio, ciertamente que la cosa sería diferente y por ende una vida distinta.

La astucia de este administrador infiel del evangelio  es como los abogados de hoy que, cuando se trata de defender a esos que han aprovechado del puesto que ocupan sus clientes. Le sacan punta a todo, por algo se dice y se ha hecho ya filosofía de la vida: “Hecha la ley, hecha la trampa.” A veces somos más rápidos en hacer la trampa que promulgar la ley que permitan vivir en paz y seguridad. Sin embargo, ¡qué poco inteligencia tenemos para lo bueno! ¡Cuánta agudeza o finura para sacar los pies del plato conyugal por ejemplo y qué dolor de cabeza para arreglar nuestro matrimonio que comienza a hacer agua! Y no saber usar la sagacidad del administrador para arreglar y salvar ese matrimonio.

Cuánta finura en aquellos que tratan de hacerse ricos a costa de tantos pobres, hasta vende la cascara de trigo inventando mil y un cuentos para engañar al pobre (Am 8,4-7). Y ni se diga de aquello que atentan contra la juventud creando en ello una falsa felicidad al encaminarlos en el camino de la droga! ¡Y qué poca agudeza para inculcarla y clarificarla y descubrir la belleza de creer! Somos más agudos para destruir el mundo que para construir otro mejor. Hace unos días veía una película sobre los traficantes de la droga. Qué inteligencia para ganarse a unos y a otros, a los de arriba y a los de abajo ¿Seremos lo mismo para lograr un mundo sin drogas?

Jesús insiste en lo del mal uso del dinero o bienes materiales, pero mucho más en los administradores del dinero que solo saben eso, administrar y por lo bajo llevarse su tajada. Lo que a Jesús le llama la atención es la agudeza que tenemos cuando se trata de las riquezas y que no somos igual cuando se trata de las cosas de Dios. Esta es una advertencia que nos toca a todos porque no me dirán cuánto discurrimos y pensamos cuando se trata de las riquezas y lo poco creativos que somos cuando se trata de los intereses de Dios. Lo poco creativos que somos cuando se trata de cómo hacer llegar el Evangelio a los demás. Lo poco creativos que somos cuando se trata de buscar nuevos caminos al Evangelio (Mc 1,15). Lo poco creativos que somos de cómo hacer actual y contemporáneo el Evangelio. Mientras los hijos de la perdición son más astutos con sus asuntos de las tinieblas, mientras que los hijos de la luz, que tan poco creativos que somos (Jn 8,12).


Si discernimos correctamente en los asuntos de Dios nos daremos cuenta que: “La Ley perfecta, que nos hace libres, y se aficiona a ella, no como un oyente distraído, sino como un verdadero cumplidor de la Ley, será feliz al practicarla. Si alguien cree que es un hombre religioso, pero no domina su lengua, se engaña a sí mismo y su religiosidad es vacía. La religión verdadera y pura delante de Dios, nuestro Padre, consiste en ocuparse de los huérfanos y de las viudas cuando están necesitados, y en no contaminarse con la corrupción del mundo” (Stg 1,25-27). Recuerda lo que ya nos dijo Jesús: “Así como el Padre dispone de la Vida, del mismo modo ha concedido a su Hijo disponer de ella, y le dio autoridad para juzgar porque él es el Hijo del hombre. No se asombren: se acerca la hora en que todos los que están en las tumbas oirán su voz y saldrán de ellas: los que hayan hecho el bien, resucitarán para la Vida eterna; los que hayan hecho el mal, resucitarán para la condenación eterna” (Jn 5,26-29). Así pues no vivamos apegados a los bienes materiales: “Los que desean ser ricos se exponen a la tentación, caen en la trampa de innumerables ambiciones, y cometen desatinos funestos que los precipitan a la ruina y a la perdición. Porque la avaricia es la raíz de todos los males, y al dejarse llevar por ella, algunos perdieron la fe y se ocasionaron innumerables sufrimientos. En lo que a ti concierne, hombre Dios, huye de todo esto. Practica la justicia, la piedad, la fe, el amor, la constancia, la bondad” (I Tm 6,9-11).

sábado, 14 de septiembre de 2013

*** PALABRA DE DIOS ***: DOMINGO XXIV - C (15 de setiembre del 2013)

DOMINGO XXIV - C (15 de setiembre del 2013)



Evangelio según San Lucas 15,1 - 32:

En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: «Ése acoge a los pecadores y come con ellos.» Jesús les dijo esta parábola: «Si uno de Uds. tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y, al Regar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos para decirles: ¡Felicítenme!, he encontrado la oveja que se me había perdido. "Les digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse. Y si una mujer tiene diez monedas y se le pierde una, ¿no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, reúne a las amigas y a las vecinas para decirles: ¡Felicítenme!, he encontrado la moneda que se me había perdido. "Les digo que la misma alegría habrá entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta.»

También les dijo: «Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: "Padre, dame la parte que me toca de la fortuna. "El padre les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente.  Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer. Recapacitando entonces, se dijo: "Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros."

Se puso en camino a donde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo. Su hijo le dijo: "Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo." Pero el padre dijo a sus criados: "Saquen en seguida el mejor traje y vístanlo; pónganle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traigan el ternero cebado y mátenlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado." Y empezaron el banquete.

Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba. Éste le contestó: "Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud." Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Y él replicó a su padre: "Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado." El padre le dijo: "Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado."» PALABRA DEL SEÑOR.

REFLEXIÓN:

Muy estimados amigos en la fe Paz y Bien.

¿Recuerdan la enseñanza del domingo pasado? Presumo que si lo recuerdan. Jesús decía: "Si alguno viene donde mí y no me ama más que a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas y hasta su propia vida, no puede ser discípulo mío” (Lc 14,26). De esta enseñanza bien podemos extraer la palabra amor para aplicar a la enseñanza de Jesús para este domingo XXIV del tiempo ordinario. ¡Cuánto nos ama Dios! Él quiere que todos vivamos unidos en su amor.

Si pudiéramos resumir esta enseñanza de Jesús de hoy, San Juan nos aporta un lindo enunciado: “Queridos míos, amémonos los unos a los otros, porque el amor procede de Dios, y el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. El que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor” (IJn 4,7). Como verán Uds. Y si aún quisiéramos resumir y quedarnos solo con una palabra respecto a las enseñanzas de hoy, pues quedémonos tan solo con la palabra Amor (Dios es amor).

Pues, bien. Yo veo tres enseñanzas importantes de Jesús en las lecturas de hoy y que las tres enseñanzas están precisamente referidas al amor de Dios hacia toda la humanidad:

1: El pecador vive perdido y la palabra perdido tiene connotación o significación respecto al pecado. Las tres parábolas tratan: de la oveja perdida, la moneda perdida y el hijo perdido. Pero fíjese que la palabra perdición tiene connotación especial solo en el tercer caso o sea respecto al hijo menor. Digo esto porque en el primer caso, nosotros mencionamos a la moneda perdida para ser más académicos. Es un objeto perdido por tanto el asunto solo preocupa a la dueña y no a la moneda. En el segundo caso, la oveja perdida, también solo preocupa al dueño aunque la ovejita perdida corre por aquí y allá en busca del rebaño, pero solo es por instinto, y no sabe que está perdida. Pero en el tercer caso, fíjese que es distinto. El hijo perdido preocupa tanto al padre, pero luego también al hijo perdido. Este episodio nos permite entender qué valor tiene el hombre para Dios como su imagen y semejanza (Gn 1,26).

2: Dios nos ama, nos busca y se alegra cuando volvemos a casa: “Se puso en camino a donde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo” (Lc 15,20). Nunca se avergonzó del hijo que vuelve a casa harapiento, maloliente porque huele  cerdo; pues, lo que rebasa en el corazón del padre es el amor hacia el hijo.

3: Los que amamos a Dios debemos entender que el amor autentico a Dios pasa por el amor al hermano: “Quien dice que Amo a Dios, y no ama a su hermano, es un mentiroso. ¿Cómo puede amar a Dios, a quien no ve, el que no ama a su hermano, a quien ve?” (I Jn 4,20). Y los de laca también lloran por el hermano o el hijo perdido y lo buscan para traerlo a casa. Así fue Moisés que en la primera lectura intercede por el pueblo que se había depravado: “En aquellos días, el Señor dijo a Moisés: «Anda, baja del monte, que se ha pervertido tu pueblo, el que tú sacaste de Egipto. Pronto se han desviado del camino que yo les había señalado” (Ex 32,7); San Pablo en la segunda lectura reconoce que él fue gran pecador. Perdonado, busca llevar esa misericordia de Dios a todos: “Pueden confiar y aceptar sin reserva lo que les digo: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, y yo soy el primero” (ITm 1,15).

¿Por qué se fue el hermano menor de la casa?  Por la misma razón porque nosotros lo hacemos: En casa hay que obedecer al Padre, hay compromisos que cumplir. Hoy muchos dicen: La Iglesia enseña que se deben guardar Mandamientos; me crea cargo de conciencia; me hace sentir culpable y reprimido. ¡No más exigencias! Tomaré los bienes de mi Padre (La vida y los dones que me ha dado) y me iré lejos, a vivir a las anchas “con toda libertad”. Pues, ¿qué tipo de libertad te buscas? En la calle también hay leyes y normas que cumplir hasta para caminar y más, si te unes a una banda de libertinos, ahí hay también normas y leyes que cumplir. ¿Qué buscas, otras sectas o iglesias sin normas? No lo encontraras.

Pero, inevitablemente, esa "liberación" lleva a la ruina. Donde no hay compromisos no hay amor verdadero y el corazón se va cerrando en si mismo y endureciendo. El hijo menor no solo sufrió pobreza y hambre sino también el desprecio de no permitírsele siquiera alimentarse de la comida de los cerdos. Los judíos no cuidan cerdos ni los comen por considerarlos animal profano. En su extrema miseria el hijo recuerda la casa del padre. Ahora los compromisos y mandamientos de su casa no le parecen nada comparados a la felicidad que allí se vive. Decide regresar. Sabe que en justicia no puede esperar volver a tener los privilegios de hijo. Ni siquiera espera ser un siervo de la casa. Pedirá que el padre lo acepte como jornalero (trabajador de afuera que se le contrata por una jornada).

El padre no había perdido la esperanza de recuperar a su hijo y velaba por su regreso. Cuando lo ve a distancia, olvida su edad venerable y corre como un niño a su encuentro para abrazarlo y besarlo. El padre lo restaura en su relación como hijo: Un nuevo vestido, el anillo (con el sello familiar que significa su identidad de hijo) y las sandalias. La parábola da a entender que el hijo de verdad se ha arrepentido ya que, al encontrarse tan bien recibido por su Padre, podría haber callado la confesión que tenía preparada. Hubiese seguido interiormente muerto y perdido. Pero no es el caso.

Las tres parábolas nos hablan mucho de la desbordante alegría de Dios al encontrar al hijo perdido. Es una alegría tal que quiere compartirla con todos. ¡Alégrense conmigo! ¡Celebremos un banquete! La alegría del Padre es por lo tanto alegría para toda la familia. Así es el amor. Ver a Dios triste por faltarle un hijo nos debe entristecer. Igualmente verlo exultante de gozo por el encuentro nos debe llenar de gozo.

Pero el hermano mayor no se alegra. Más bien se indigna. Una vez más el padre sale en busca del hijo perdido. Ahora es el mayor que no quiere entrar en la casa. Se pone de manifiesto que no siente la alegría del padre porque no tiene el corazón del padre. Le reprocha al padre que nunca le ha dado siquiera un cabrito a pesar de su obediencia. Pero está mintiendo. Vemos al principio de la parábola que "El padre LES repartió los bienes". De hecho, según la ley judía, el hijo mayor se quedó con la mayor parte. Además, como hijo mayor tenía a su disposición la casa y los sirvientes. Cuando el hombre se deja llevar por la ira, el demonio lo domina y lo engaña. El hombre ciego por la ira pierde la razón.  El padre le corrige con la verdad: ""Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo"

El hermano mayor se refiere a su hermano como: "ese hijo tuyo".  No quiere reconocer a su hermano como tal. ¿Será que le molesta no ser el único hijo, no tener toda la atención?.  Ocurre en la peleas de familia que no se quieren reconocer los lazos que nos unen. Pero el Padre le recuerda que es su hermano: "Ese hermano tuyo". El hermano mayor dice: "ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres y le matas el ternero cebado". Insinúa que el padre condesciende con el pecado y lo celebra. Pero, ¿Cómo sabe el hermano mayor lo de las "malas mujeres"? El hermano menor se había ido a tierras lejanas. El mayor se había quedado en casa. No tenían comunicación.  Pero por su ira, en vez de buscar reconciliación, exagera el pecado añadiendo nuevas acusaciones falsas. Hace crecer la división que separa a las partes en conflicto creando un abismo.


En resumen, si nos hemos alejado de la casa, Dios nunca nos pierde de vista, nos sigue buscando siempre con una esperanza real en que algún momento nos hallara para llevarnos otra vez a casa: “Yo los tomaré de entre las naciones, los reuniré de entre todos los países y los llevaré a su propio tierra. Los rociaré con agua pura, y ustedes quedarán purificados. Los purificaré de todas sus impurezas y de todos sus ídolos. Les daré un corazón nuevo y pondré en ustedes un espíritu nuevo: les arrancaré de su cuerpo el corazón de piedra y les daré un corazón de carne. Infundiré mi espíritu en ustedes y haré que signa mis preceptos, y que observen y practiquen mis leyes. Ustedes habitarán en la tierra que yo ha dado a sus padres. Ustedes serán mi Pueblo y yo seré su Dios” (Ez 36,24-27). Y en la misma connotación dice Juan: “Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga Vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él, no es condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios” (Jn 3,16-18).



sábado, 7 de septiembre de 2013

DOMINGO XXIII - C (08 de setiembre del 2013)




Evangelio según San Lucas 14,25 - 33:

En aquel tiempo mucha gente  acompañaba a Jesús y volviéndose les dijo: "Si alguno viene donde mí y no me ama más que a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas y hasta su propia vida, no puede ser discípulo mío.

El que no lleve su cruz y venga en pos de mí, no puede ser discípulo mío. Porque ¿quién de Uds, que quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, y ver si tiene para acabarla? No sea que, habiendo puesto los cimientos y no pudiendo terminar, todos los que lo vean se pongan a burlarse de él, diciendo: "Este comenzó a edificar y no pudo terminar." O ¿qué rey, que sale a enfrentarse contra otro rey, no se sienta antes y delibera si con diez mil puede salir al paso del que viene contra él con veinte mil? Y si no, cuando está todavía lejos, envía una embajada para pedir condiciones de paz.

Pues, de igual manera, cualquiera de Uds. que no renuncie a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío." PALABRA DEL SEÑOR.

COMENTARIO:

Estimados amigos en la fe Paz y Bien.

San pablo dice: “Para mí, Cristo Jesús lo es todo” (Col,3,11) o lo mismo: “A causa del Señor nada tiene valor para mí, todo lo considero basura con tal de ganar a Cristo” (Flp 3,8), “Para mí la vida es Cristo” (Flp 1,21) Para quien piensa de esta manera las palabras del evangelio de hoy tienen mucho sentido. Aunque la  primera impresión que pudiera Jesús suscitar en nosotros es que quiere poner muy alto precio a su seguimiento. Pero nada concordante es nuestro parecer con el querer y mensaje de hoy. Lo que Jesús busca es decirnos que: No te afanen tan pronto, piénsenlo bien antes de decidir. Pero esto no es poner muy alto precio y tratar de apagar las ilusiones y las esperanzas de nadie y menos se piense que Jesús trata de desanimar a alguien que desea seguirle. Es sencillamente un llamado a la realidad. Y es que, seguir a Jesús y por ende optar por el cielo, no es cosa de juego, no es una broma, ni tampoco un irnos de un buen paseo un fin de semana. Seguir a Jesús es una decisión para toda la vida y con todas las consecuencias. Aquí no hay lugar y no debiera haber motivo alguno para dar vuelta atrás, y es que sencillamente Dios no está jugando con nadie, la cuestión del Reino de Dios no es una cosa pasajera y entre bromas. Dios se jugó todo por la humanidad y por tanto también exige de quien desea seguirle que se la juegue todo por él. Y dígase lo mismo de un matrimonio. ¿A quién le gustaría que se jueguen de él? ¿A quién le gustaría que lo vean hoy como un vaso descartable que se usa y se bota?

Me es imposible seguir hablando y no ceñirme a las mismas palabras de Jesús y lo primero que me viene a la mente es este famoso episodio del joven rico y del doctor de la ley que preguntan al Señor: “Cuando se puso en camino, un hombre corrió hacia él y, arrodillándose, le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar la Vida eterna?» Jesús le dijo: «¿Por qué me llamas bueno? Sólo Dios es bueno. Tú conoces los mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no perjudicarás a nadie, honra a tu padre y a tu madre». El hombre le respondió: «Maestro, todo eso lo he cumplido desde mi juventud». Jesús lo miró con amor y le dijo: «Sólo te falta una cosa: ve, vende lo que tienes y dalo a los pobres; así tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme” (Mc 10,17-21). Fíjese lo que dice Jesús “dáselo a los pobre todo” y no le dijo y así ya estás en el cielo, sino que, dice luego “vente conmigo”. Y es que nadie puede llegar al cielo por su propia cuenta, con Razón ya dijo en otro episodio: “Yo soy camino verdad y vida, nadie va al Padre sino por mi” (Jn 14,6).
Y algo más: “Un escriba que los oyó discutir, al ver que les había respondido bien, se acercó y le preguntó: «¿Cuál es el primero de los mandamientos?». Jesús respondió: «El primero es: Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor; y tú amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, con todo tu espíritu y con todas tus fuerzas. El segundo es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento más grande que estos” (Mc 12,28-31).

Así, pues, cuando hoy Jesús nos dice: "Si alguno viene donde mí y no me ama más que a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas y hasta su propia vida, no puede ser discípulo mío” (Lc 14,26). Jesús nos invita que si queremos seguirle, primero que reflexionemos seriamente, y somos libres de seguirlo, pero si decidimos ir tras su llamada; porque no acepta seguidores que digan si y luego se cansen y se queden a medio camino, como quien comienza a edificar una torre pero no tiene con qué terminarla. La gente se va a reír de él, "comenzó y no pudo terminar". (Lc 14,30). Esto hay que aplicarlo a todo. Por ejemplo en el matrimonio ha de ser lo mismo: "Antes de casarte, piensa si estás dispuesto a llegar hasta el final del camino con este hombre o con esta mujer, y no quejarte y pedir el divorcio." O te casas para siempre o no te cases mejor. Igual habría que decir que si te sientas llamado al sacerdocio o vida consagrada, piénsalo bien, no sea que luego vengas con el cuento de que no era para ti esta forma de vida. Desde luego hay muchos episodios que nos recuerda esta opción a medias que Jesús nunca aceptará: “Mientras iban caminando, alguien le dijo a Jesús: «¡Te seguiré adonde vayas!». Jesús le respondió: «Los zorros tienen sus cuevas y las aves del cielo sus nidos, pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza». Y dijo a otro: «Sígueme». El respondió: «Permíteme que vaya primero a enterrar a mi padre». Pero Jesús le respondió: «Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú ve a anunciar el Reino de Dios». Otro le dijo: «Te seguiré, Señor, pero permíteme antes despedirme de los míos». Jesús le respondió: «El que ha puesto la mano en el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios” (Lc 9,57-62).

Jesús ya nos había dicho: “La verdad os hará libres” (Jn 8,32). Jesús no tiene reparo alguno al proponer como meta de su seguimiento una meta muy alta. Ser capaz de aventurarse a una fidelidad que puede llevar hasta la mismísima cruz: “El que quiera venir detrás de mí, que se renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida a causa de mí, la encontrará. ¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar el hombre a cambio de su vida? Porque el Hijo del hombre vendrá en la gloria de su Padre, rodeado de sus ángeles, y entonces pagará a cada uno de acuerdo con sus obras. Les aseguro que algunos de los que están aquí presentes no morirán antes de ver al Hijo del hombre, cuando venga en su Reino» (Mt 16,24-28).

Por eso decimos que, Jesús es realista, sabe que somos fáciles de entusiasmarnos con altos ideales, y también sabe que somos demasiado fáciles para luego echarnos atrás o quedarnos a medio camino. Pudiéramos pensar como ya hemos dicho al inicio que aquí Jesús trata de desalentar a la gente a que le siga. Sin embargo, Jesús lo que hace es, primero, ponernos una meta alta y es cierto que es muy difícil, pero si  es posible porque Dios nunca nos manda lo que no es posible para el hombre. Por eso no quiere seguidores que se entusiasman hoy y se desalientan mañana. Lo que no reclama es que nadie está obligado a seguirle, es una opción libre que cada uno asume, pero quiere que sea una opción pensada. Primero es preciso "sentarse y pensar" hasta donde tenemos el coraje de llegar hasta el final.

Ser cristiano no es una broma, pretender llegar al cielo no es cuestión de mera ilusión como lo del joven rico (Mc. 10,17). Ser cristiano no es fuego de un día. Ser cristiano no es que yo hoy me entusiasme y mañana no, muy bonitos deseos en la noche, pero que se apagan tan pronto como llega el día. Ser cristiano es tomar en serio el Evangelio y es tomarle en serio a Él. Cuando en Cafarnaún Jesús anunció el "pan de vida" y, por tanto, su muerte, la gente que le seguía se escandalizó, muchos se echaron atrás después de oírlo, muchos de sus discípulos decían: “¡Es duro este lenguaje! ¿Quién puede escucharlo?». Jesús, sabiendo lo que sus discípulos murmuraban, les dijo: ¿Esto los escandaliza? ¿Qué pasará entonces, cuando vean al Hijo del hombre subir donde estaba antes? El Espíritu es el que da Vida, la carne de nada sirve. Las palabras que les dije son Espíritu y Vida. Pero hay entre ustedes algunos que no creen». En efecto, Jesús sabía desde el primer momento quiénes eran los que no creían y quién era el que lo iba a entregar. Y agregó: «Por eso les he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede». Desde ese momento, muchos de sus discípulos se alejaron de él y dejaron de acompañarlo. Jesús preguntó entonces a los Doce: «¿También ustedes quieren irse?». Simón Pedro le respondió: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de Vida eterna. Nosotros hemos creído y sabemos que eres el Santo de Dios». Jesús continuó: «¿No soy yo, acaso, el que los eligió a ustedes, los Doce? Sin embargo, uno de ustedes es un demonio” (Jn 6,60-70).

Es que ser cristiano no es tomarse un fin de semana en un campamento en la sierra o en la playa. Ser cristiano es la mayor aventura de la vida, el mayor riesgo de la vida porque es seguirle a Jesús y llegar hasta donde Él llegó. Por eso ser cristiano implica tomar decisiones pensadas, reflexionadas. De lo contrario, corremos el peligro del que decidió construir una torre y no tenía con qué terminarla (Lc 14,30). Al final, todo el mundo se reiría de él. Yo pienso cuántos no se reirán de muchos de nosotros, cristianos que nos quedamos en la pila bautismal y no avanzamos más que hasta la Primera Comunión y ahí nos sentamos y toda la vida la pasamos piola como dirían los jóvenes de hoy. Recordemos lo que nos ha dicho ya el mismo Señor: “No todos los que me dicen: «Señor, Señor», los que entrarán en el Reino de los Cielos, sino los que cumplen la voluntad de mi Padre que está en el cielo.  Muchos me dirán en aquel día: “Señor, Señor, ¿acaso no profetizamos en tu Nombre? ¿No expulsamos a los demonios e hicimos muchos milagros en tu Nombre?”. Entonces yo les manifestaré: Jamás los conocí; apártense de mí, ustedes, los que hacen el mal». Así, todo el que escucha las palabras que acabo de decir y las pone en práctica, puede compararse a un hombre sensato que edificó su casa sobre roca. Cayeron las lluvias, se precipitaron los torrentes, soplaron los vientos y sacudieron la casa; pero esta no se derrumbó porque estaba construida sobre roca. Al contrario, el que escucha mis palabras y no las practica, puede compararse a un hombre insensato, que edificó su casa sobre arena». Cayeron las lluvias, se precipitaron los torrentes, soplaron los vientos y sacudieron la casa: esta se derrumbó, y su ruina fue grande” (Mt 7,21).


Jesús no quiere cristianos que hagamos el ridículo ante la gente. No quiere cristianos arrepentidos que tratan de buscar caminos más fáciles. Jesús quiere cristianos de cuerpo entero que son capaces de jugarse enteros por él, porque él y en él Dios se jugó todo por él hombre: “Tanto, Dios amó al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna.  Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él, no es condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios” (Jn 3,16-18).
JORNADA MUNDIAL POR LA PAZ EN ASÍS

sábado, 31 de agosto de 2013

DOMINGO XXII - C (01 de Set del 2013)



San Lucas 14 1.7-14:

En aquel tiempo sucedió que, Jesús habiendo ido en sábado a casa de uno de los jefes de los fariseos para comer, ellos le estaban observando.  Jesús notó cómo los invitados elegían los primeros puestos, les dijo una parábola:

"Cuando seas convidado por alguien a una boda, no te pongas en el primer puesto, no sea que haya sido convidado por él otro más distinguido que tú, y viniendo el que os convidó a ti y a él, te diga: "Deja el sitio a éste", y entonces vayas a ocupar avergonzado el último puesto. Al contrario, cuando seas convidado, vete a sentarte en el último puesto, de manera que, cuando venga el que te convidó, te diga: "Amigo, sube más arriba." Y esto será un honor para ti delante de todos los que estén contigo a la mesa. Porque todo el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado."

Dijo también al que le había invitado: "Cuando des una comida o una cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a tus vecinos ricos; no sea que ellos te inviten a su vez, y tengas ya tu recompensa. Cuando des un banquete, llama a los pobres, a los lisiados, a los cojos, a los ciegos; y serás dichoso, porque no te pueden corresponder, pues se te recompensará en la resurrección de los justos." PALABRA DEL SEÑOR.

COMENTARIO:

Estimados amigos(as) en el Señor Paz y Bien.

Hace dos domingos el Señor dijo: “Vine a prender fuego sobre la tierra” (Lc 12,49). Y el domingo anterior entre la gente alguien preguntó al Señor: “Serán pocos los que se salven?” (Lc 13,23). Decíamos que: El amor de Dios no tiene límites, el amor de Dios no conoce de números si entendemos que el medio de salvación es el amor. Y en la misma línea dice Juan: “Tanto amó Dios al mundo le dio a su Hijo Único, para que quien cree en él no se muera, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que se salve el mundo gracias a él” (Jn 3,16-17)). Y el mismo Señor nos lo dice así: “Yo soy la puerta: el que entre por mí estará a salvo; entrará y saldrá y encontrará alimento. El ladrón sólo viene a robar, matar y destruir, mientras que yo he venido para que tengan vida y la tengan en plenitud. Yo soy el Buen Pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas” (Jn. 10,9-11).

Hoy en el evangelio del día nos  topamos con tres ideas: “Jesús vio que los invitados escogen los primeros asientos” (Lc 14,7). Segunda idea: Todos el que de enaltecer será humillado y quien se humille será enaltecido” (Lc 14,11). Y una tercera idea: tema central, la gratuidad: “Cuando des un banquete invita a los pobres… y feliz de ti porque no pueden pagártelo, te pagaran cuando resuciten los juntos” (Lc 14,13).

Como es uds notaran el tema de enseñanza de hoy está centrada la gratuidad o mejor dicho en el tema del amor. Y con razón Juan en su carta I dice “Si amas estás en Dios y conoces a Dios y si no amas no estás en Dios y no conoces a Dios, porque Dios es amor” (I Jn 4,8). Y los mismo dice Jesús a la pregunta del doctor de la ley: “Entonces se adelantó un maestro de la Ley y le preguntó: ¿Qué mandamiento es el primero de todos? Jesús le contestó: El primer mandamiento es: Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es un único Señor. Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu inteligencia y con todas tus fuerzas. Y después viene este otro: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay ningún mandamiento más importante que éstos (Mc 12,28-31).

Jesús no tiene reparo alguno al proponer como meta de su seguimiento una meta muy alta. Ser capaz de aventurarse a una fidelidad que puede llevar hasta la mismísima cruz, que es la misma expresión muy sintética del amor de Dios hacia la humanidad, “No hay amor más grande que el dar la vida pos rus amigos” (Jn 15,14). Pero Jesús es realista, sabe que somos fáciles de entusiasmarnos con altos ideales, y también sabe que somos demasiado fáciles para luego echarnos atrás o quedarnos a medio camino. Dios no es de ilusiones tan altas como el del joven rico. “Que hare para heredar la vida eterna?: Cumple los mandamientos y tendrás vida eterna… ya la cumplí que más me falta? Jesús le dijo te falta algo: vende todo cuanto tienes dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo y luego sígueme” (Mc 10,17).

En el evangelio de hoy bien pudiéramos pensar que Jesús trata de desalentar a la gente a que le siga. Sin embargo, Jesús lo que hace es, primero, ponernos una meta alta y difícil, pero posible si es posible para quien si se propone en verdad. Por eso no quiere seguidores que se entusiasman hoy y se desalientan mañana. Lo que no reclama es que nadie está obligado a seguirle, es una opción libre que cada uno asume, pero quiere que sea una opción pensada. Primero es preciso "sentarse y pensar" hasta donde tenemos el coraje de llegar hasta el final.
Ser cristiano no es una broma y de meras ilusiones. Ser cristiano no es fuego de un día. Ser cristiano no es "fuegos artificiales", muy bonitos en la noche, pero que se apagan pronto. Ser cristiano es tomar en serio el Evangelio y es tomarle en serio a Él. “Pedro dijo nosotros lo hemos dejado todo para seguirte. Jesús aclaro a Pedro: Quien haya dejado casa, padres, hermanos, campos por mí, recibiera cien veces más en esta vida y en la otra la vida eterna” (Mc 10,28).

Es que ser cristiano no es tomarse un fin de semana en un campamento en la sierra o en la playa. Ser cristiano es la mayor aventura de la vida, el mayor riesgo de la vida porque es seguirle a Jesús y llegar hasta donde Él llegó. Por eso ser cristiano implica tomar decisiones pensadas, reflexionadas. De lo contrario, corremos el peligro del que decidió construir una torre y no tenía con qué terminarla. Al final, todo el mundo se reiría de él. Yo pienso cuántos no se reirán de muchos de nosotros, cristianos que nos quedamos en la pila bautismal y no avanzamos más que hasta la Primera Comunión y ahí nos sentamos.


Jesús no quiere cristianos que hagamos el ridículo ante la gente. No quiere cristianos arrepentidos que tratan de buscar caminos más fáciles. Jesús quiere cristianos de cuerpo entero que son capaces de jugarse enteros y todo por él, porque él se jugó todo por ti e incluso dios su vida por ti y al respecto San Pablo dice: “El (Cristo Jesús), siendo de condición divina, no se apegó a su igualdad con Dios, sino que se redujo a nada, tomando la condición de servidor, y se hizo semejante a los hombres. Y encontrándose en la condición humana, se rebajó a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte en una cruz. Por eso Dios lo engrandeció y le dio el Nombre que está sobre todo nombre, para que al Nombre de Jesús se doble toda rodilla en los cielos, en la tierra y entre los muertos, y toda lengua proclame que Cristo Jesús es el Señor, para gloria de Dios Padre”(Flp 26-11).

sábado, 24 de agosto de 2013

DOMINGO XXI - C (25 de agosto del 2013)


DOMINGO XXI - C (25 de agosto del 2013)

Evangelio de San Lucas 13,22 - 30:

En aquel tiempo, Jesús, de camino hacia Jerusalén, recorría ciudades y pueblos enseñando y alguien de la gente le dijo: "Señor, ¿son pocos los que se salvan?" Él les dijo: "Luchen por entrar por la puerta estrecha, porque, les digo, muchos pretenderán entrar y no podrán.

Cuando el dueño de la casa se levante y cierre la puerta, se quedaran afuera y llamaran a la puerta diciendo: "¡Señor, ábrenos!" Y les responderá: "No sé de dónde son." Entonces  dirán: "Hemos comido y bebido contigo, y tú has enseñado en nuestras plazas"; y les volverá a decir: "No sé quiénes son. ¡Retírense de mí, malditos!" Allí será el llanto y el rechinar de dientes, cuando vean a Abraham, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, mientras a ustedes serán echan fuera. Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se pondrán a la mesa en el Reino de Dios. Y hay últimos que serán primeros, y hay primeros que serán últimos." PALABRA DEL SEÑOR.

COMENTARIO: 

Estimados amigos en la fe Paz y Bien.

¿Recuerdan el mensaje del domingo anterior? Decía Jesús: "He venido a prender fuego sobre la tierra y ¡cuánto desearía que ya estuviera encendido!” (Lc 12, 49). Y decíamos al respecto remitiéndonos a las mismas palabras de Jesús que vino a comunicarnos de parte de Dios Padre cuánto nos ama y nos quiere: “No hay amor más grande que dar la vida por sus amigos, y son ustedes mis amigos, si cumplen lo que les mando. Ya no les llamo servidores, porque un servidor no sabe lo que hace su patrón. Los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que aprendí de mi Padre. Ustedes no me eligieron a mí; he sido yo quien los eligió a ustedes y los preparé para que vayan y den fruto, y ese fruto permanezca. Así es como el Padre les concederá todo lo que le pidan en mi Nombre” (Jn 15,13-16)

Hoy preguntan Jesús: "Señor, ¿serán pocos los que se salvan?" (Lc 13,23).El amor de Dios no tiene límites, el amor de Dios no conoce de números si entendemos que el medio de salvación es el amor. Y en la misma línea dice Juan: “Tanto amó Dios al mundo le dio a su Hijo Único, para que quien cree en él no se muera, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que se salve el mundo gracias a él” (Jn 3,16-17)). Y el mismo Señor nos lo dice así: “Yo soy la puerta: el que entre por mí estará a salvo; entrará y saldrá y encontrará alimento. El ladrón sólo viene a robar, matar y destruir, mientras que yo he venido para que tengan vida y la tengan en plenitud. Yo soy el Buen Pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas” (Jn. 10,9-11).


Hoy en su enseñanza termina Jesús termina con una afirmación bien sencillo: "Y vendrán de Oriente y Occidente, del Norte y del Sur, y se sentarán a la mesa en el reino"(Lc 13,19). Ahí tienes la universalidad de la Salvación. El odio y el desamor cierran muchas puertas por anchas que sean; en tanto que el amor, abre y ensancha las puertas más estrechas. ¿Recuerdas aquello del Apocalipsis del 144.000 salvados? Algunos tacaños como el que le hace la pregunta a Jesús se olvidan que a continuación dice: "Y vi una multitud inmensa que nadie podía contar (Ap14,1).

Sin dudo, que en el Evangelio hay exigencias bien duras porque ahí se nos expone el precio del cielo. Tampoco dudo de que el Evangelio no esté con paños calientes, ni poniendo parchecitos a la vida. Sin embargo, el Evangelio sigue siendo lo que es "Evangelio", es decir "Buena Noticia". La mejor noticia es que "Dios quiere que todos los hombres se salven" (I Tm. 2,4). La puerta del cielo no es tan estrecha como el corazón de los hombres. Pero es tan ancha como el corazón de Dios y por el corazón de Dios podemos entrar todos, incluso si vamos en montón. Pues, a decir verdad, a mí no me quita demasiado el sueño. Por una razón muy sencilla, Jesús no es de los que juegan a los números.

No dice si serán pocos o serán muchos los que se salven, y ni siquiera me asusta su respuesta de que hay que entrar "por la puerta estrecha". Claro que la puerta del mal dicen que es mucho más ancha y que por ella entran hasta los gorditos. Con ello no digo que todos los gorditos se van al infierno y los flaquitos al cielo… no no. Al respecto dice San Pablo: “Piensen que el Reino de Dios no es cuestión de comida o bebida, sino de justicia, de paz y alegría en el Espíritu Santo” (Rm 14,17).


Lo que nosotros vemos como estrecho, para Dios es bien ancho. Evidente que no todos querrán entrar por esa puerta, pero ¿saben ustedes cuál es la puerta de la que habla Jesús? Pues el mismo lo dijo: "Yo soy la puerta y el que entra por mí..." Nadie me dirá que Jesús es tan estrecho como nosotros. La puerta de la salvación es Jesús y Jesús fue capaz de amar y entregarse por todos. ¿Quién es capaz de dar la vida por mí, tendrá un corazón tan estrecho que solo entren los delgados? Además, la puerta de la salvación es el amor y el amor es tan ancho que cabemos todos.

Eso sí, para salvarse no es suficiente comer ni beber con Jesús, ni enseñar en las plazas (Lc 13,26). Jesús solo reconoce a los que aman y a los que se aman, a los que aman como Él nos amó (Jn 13,34). Personalmente, me encanta la frase de Pablo en la Carta a los Romanos cuando él mismo se pregunta quién será el juez que le juzgue. Y él mismo se responde: "Aquel que murió por mí." ¿Ustedes tendrían miedo al juicio de quien es capaz de amarles hasta morir por ustedes? Me gusta la frase de Jesús: "Y vendrán de Oriente y Occidente, del Norte y del Señor y se sentarán a la mesa en el reino de Dios (Lc 13,19). Así que, amigos, no tengan miedo, pero eso sí hay que entrar por el cristianismo del amor. ¿Recuerdan a San Pablo cuando se refiere al amor? “Aunque hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, si me falta el amor sería como bronce que resuena o campana que retiñe. Aunque tuviera el don de profecía y descubriera todos los misterios, -el saber más elevado-, aunque tuviera tanta fe como para trasladar montes, si me falta el amor nada soy. Aunque repartiera todo lo que poseo e incluso sacrificara mi cuerpo, pero para recibir alabanzas y sin tener el amor, de nada me sirve. El amor es paciente y muestra comprensión. El amor no tiene celos, no aparenta ni se infla. No actúa con bajeza ni busca su propio interés, no se deja llevar por la ira y olvida lo malo. No se alegra de lo injusto, sino que se goza en la verdad” (I Cor 13,1-6).



La pregunta que le hace este personaje a Jesús es pregunta de corte egoísta y pesimista: "Señor, ¿serán pocos los que se salven?” (Lc 13,23). El generoso, el entusiasta preguntaría de otra manera: "Señor, ¿serán muchos los que se salven verdad?" La pregunta misma indica que este tipo conoce bien poco el corazón de Dios y conoce bien poco el corazón de Jesús, siempre dispuesto a dar su vida por la salvación de todos (Jn 10,11).

Además, a Dios no le van como ya dijimos las matemáticas. En todo caso, le encanta más sumar y multiplicar que restar y dividir. Yo creo y me gusta Dios precisamente por eso porque a mí tampoco me gustaban las matemáticas, prefería la literatura... y tampoco me siguen gustando hoy. Yo sigo prefiriendo un amor sin matemáticas, a lo más prefiero un amor que suma y multiplica. Personalmente soy de los que cree que son muchísimos los que se salvan, incluso aquellos que nosotros condenamos tan fácilmente. Yo estoy seguro que Dios salva a lo que nosotros condenamos y que cuando lleguemos junto a Él, y los encontremos por allí, nos vamos a llevar una gran sorpresa. ¿Este aquí? Es que Dios es amor (I Jn 4,8) y el amor no condena. Dios es amor y conoce de sobra las debilidades humanas. El amor suple nuestras debilidades. Por eso me encanta la respuesta que Jesús da a los maestros de la ley por la mujer adúltera: “Quien esté sin pecados que tire la primera piedra… Jesús dice a la adultera yo tampoco te condeno, ve y no vuelvas a pecar más” (Jn 8,7-11).

Me gusta gente de mentalidad positiva. Me encantan los que todo lo ven desde el amor como Juan en su Primera carta, en el que todo habla sobre el amor. Me encantan aquellos que son ciegos a lo malo y saben descubrir lo bueno que hay, incluso en los peor del mundo.

Termino con las palabras del Señor que responde a otra pregunta: “Entonces se adelantó un maestro de la Ley y le preguntó: ¿Qué mandamiento es el primero de todos? Jesús le contestó: El primer mandamiento es: Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es un único Señor. Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu inteligencia y con todas tus fuerzas. Y después viene este otro: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay ningún mandamiento más importante que éstos (Mc 12,28-31). Por tanto la respuesta a la pregunta: “¿Pocos se salvaran?” (Lc13,23) Jesús responde que se salvará quien sabe amar de verdad. “Si uno dice yo amo a Dios» y odia a su hermano, es un mentiroso. Si no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve. Pues este es el mandamiento que recibimos de él: el que ama a Dios, ame también a su hermano” (IJn 4,20-21).

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sábado, 17 de agosto de 2013

DOMINGO XX - C (18 de Agosto del 2013)




DOMINGO XX - C (18 de agosto del 2013)

San Lucas 12, 49 -53:

En aquel tiempo dejo Jesús a sus discípulos: "He venido a prender fuego sobre la tierra y ¡cuánto desearía que ya estuviera encendido! Con un bautismo tengo que ser bautizado y ¡qué angustiado estoy hasta que se cumpla!.

¿Creen que estoy aquí para dar paz a la tierra? Les aseguro que no, sino división. Porque desde ahora habrá cinco en una casa y estarán divididos; tres contra dos, y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre; la madre contra la hija y la hija contra la madre; la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra." PALABRA DE DIOS.

COMENTARIO:

Estimados amigos(as) en el Señor Paz y Bien.

El domingo pasada, Jesús en la parte final del Evangelio decía: “Al que se le ha dado mucho, se le exigirá mucho; y cuanto más se le haya confiado, tanto más se le pedirá cuentas” (Lc 12,48). ¿Qué es lo más precioso que Dios nos ha dado a la humanidad? Sin duda tiene que ser su amor, el don precioso que Dios nos concede es el amor. Ahora el Señor comienza: "He venido a prender fuego sobre la tierra y ¡cuánto desearía que ya estuviera encendido!” (Lc 12, 49). ¿Por qué Jesús usa el símbolo del fuego para su enseñanza de hoy? Porque el fuego purifica y es energía que da calor y vida y que sabiduría de Jesús para saber usar como causa el fuego que arde en el corazón de todo creyente y su efecto como el amor que nos une a Dios. Y dice Jesús he venido  encender esta llama del amor en el corazón del hombre.

En el creyente la palabra de Dios tiene que ser como ese fuego que purifica al crisol el oro que separa de la escoria, y por el fuego se sabe que porción de oro se tiene y     que porción de escoria se tiene (I Pe 1,7). Al respecto el profeta dice: “Me has seducido, Señor, y me dejé seducir por ti. Me tomaste a la fuerza y saliste ganando. Todo el día soy el blanco de sus burlas, toda la gente se ríe de mí. Pues me pongo a hablar (en nombre de Dios), y son amenazas, no les anuncio más que violencias y saqueos. La palabra de Dios me acarrea cada día humillaciones e insultos. Por eso decidí no recordarme más de Dios, ni hablar más en su nombre, pero sentía en mí algo así como un fuego ardiente aprisionado en mis huesos, y aunque yo trataba de apagarlo, no podía” (Jer 20,7-9).

En el Nuevo catecismo de la Iglesia 27  dice: “El deseo de Dios está inscrito en el corazón del hombre, porque el hombre ha sido creado por Dios y para Dios; y Dios no cesa de atraer al hombre hacia sí, y sólo en Dios encontrará el hombre la verdad y la dicha que no cesa de buscar: «La razón más alta de la dignidad humana consiste en la vocación del hombre a la comunión con Dios. El hombre es invitado al diálogo con Dios desde su nacimiento; pues no existe sino porque, creado por Dios por amor, es conservado siempre por amor; y no vive plenamente según la verdad si no reconoce libremente aquel amor y se entrega a su Creador» (GS 19,1)

Por el profeta Ezequiel Dios nos dice sobre su intensión para la humanidad: “Los sacaré de las naciones, los reuniré de entre los pueblos y los traeré de vuelta a su tierra. Los rociaré con un agua pura y quedarán purificados; los purificaré de todas sus impurezas y de todos sus inmundos ídolos. Les daré un corazón nuevo y pondré dentro de ustedes un espíritu nuevo. Quitaré de su carne ese corazón de piedra y les daré un corazón de carne. Pondré dentro de ustedes mi Espíritu y haré que caminen según mis mandamientos, que observen mis leyes y que las pongan en práctica” (Ez, 36,24-27). Y agrega. “Por eso ahora la voy a conquistar, la llevaré al desierto y allí le hablaré a su corazón” (Os 2,16).

Como se nota claramente que el hombre como criatura de Dios lleva por dentro ese fuego del amor, desde los huesos, en el corazón y ese fuego del amor proviene de Dios, con Razón se nos dice en Gen 1,27: “Dios creo al hombre a su imagen y semejanza” Por eso el hombre lleva esa dignidad de ser criatura de Dios.

San Pablo es más enfático en decirnos muy concretamente: “Dios nos dejó constancia del amor que nos tiene en esto, que Cristo murió por nosotros cuando todavía éramos pecadores. Con mucha más razón ahora nos salvará del castigo si, por su sangre, hemos sido hechos justos y santos. Cuando éramos enemigos, fuimos reconciliados con él por la muerte de su Hijo; con mucha más razón ahora su vida será nuestra plenitud” (Rm 5,8-10). Y al respecto hoy Jesús nos ha dicho: “Con un bautismo tengo que ser bautizado y qué angustiado estoy hasta que se cumpla” (Lc 12, 49).

Mismo Señor nos lo dice que es el amor: “No hay amor más grande que dar la vida por sus amigos, y son ustedes mis amigos, si cumplen lo que les mando. Ya no les llamo servidores, porque un servidor no sabe lo que hace su patrón. Los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que aprendí de mi Padre. Ustedes no me eligieron a mí; he sido yo quien los eligió a ustedes y los preparé para que vayan y den fruto, y ese fruto permanezca. Así es como el Padre les concederá todo lo que le pidan en mi Nombre” (Jn 15,13-16).

Un buen día el doctor de la ley pregunto al Señor: “¿Qué mandamiento es el primero de todos? Jesús le contestó: «El primer mandamiento es: Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es un único Señor. Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu inteligencia y con todas tus fuerzas. Y después viene este otro: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay ningún mandamiento más importante que éstos” (Mc 12,28-31). En sus cartas propio Juan dice:  “Quien ama esta en Dios y conoce a Dios, quien no ama no conoce a Dios, porque dios es amor” (1Jn 4,8). “Si uno dice «Yo amo a Dios» y odia a su hermano, es un mentiroso. Si no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve. Pues este es el mandamiento que recibimos de él: el que ama a Dios, ame también a su hermano” (1Jn 4,20-21).

Ahora bien, cuando Jesús nos dice: “Vine a traer fuego… división” (Lc12,49-50). Entendemos al Señor a que se refiere y como bien sabemos el fuego quema todo aquello que ya no sirve. Los mineros usan el fuego para separar el oro de las escorias que no sirven. Los agricultores tienen un sistema muy curioso. Recogida la cosecha prenden fuego a los rastrojos que ya no sirven para nada. Pero el fuego, además tiene una fuerza y un dinamismo. No solo calienta en los días fríos del invierno, sino que también sirve para poner en marcha los motores.

Muchos cristianos esperaríamos que Jesús deje las cosas como están. A lo más habría que ponerle unos parches, por eso se desilusionan de Jesús. O lo que es peor, muchos se imaginan que ser fieles a Jesús es dejar que las cosas sigan igual, sigan como siempre. El cambio no entra en su mentalidad. Jesús es todo lo contrario. El vino a introducir el cambio. El mismo ya es un cambio. El cambio es señal de vida, es señal de que algo que no está bien y es preciso cambiarlo. Además, el cambio no es negar el pasado, sino más bien es hacer que el pasado camine y no se quede en el ayer.

Jesús vino a cambiar muchas cosas. Vino a cambiar la religión de "sacrificio por la religión de la misericordia". Jesús vino a cambiar la religión de "los holocaustos por la religión del amor". Vino a cambiar la "religión del sábado y la ley por la religión del hombre". Vino a cambiar la "religión del templo por la religión del hombre". Pero, eso sí. Jesús no actuó con rebeldía. Jesús no es de los que quiere el cambio por la fuerza y el poder, sino por la fuerza del amor, la comprensión, el respeto a los demás. La violencia destruye, pero no construye. Vemos la violencia de ciertas huelgas y manifestaciones que pasan destruyéndolo todo. La violencia impone el cambio a fuerza del poder del más fuerte.

No. Eso no es el estilo de Jesús ni tampoco del cristiano. El cristiano es el que quiere que lo que está mal esté bien, pero cambiando el corazón del hombre. El cristiano es el que quiere que aquello que declara como bueno una situación de injusticia, cambie por otra situación de justicia, pero no con otra injusticia. Jesús quiere que aquello que no responde a la dignidad del hombre tiene que cambiar, que el centro de todo tiene que ser el hombre y la dignidad y bienestar del hombre. Por eso el cristiano no es un conformista que deja que las cosas sigan igual. El cristiano es el hombre del cambio, es el hombre de lo nuevo.

Hoy es frecuente que en las familias se creen problemas religiosos a consecuencia de las diferentes opciones religiosas. "Padre, mi hijo se ha cambiado de religión. Padre, mi hijo o mi hermano o mi marido se ha pasado a los hermanos separados." Jesús vino a proclamar la libertad de los hijos de Dios y ni él nos priva de esa libertad. Jesús es muy claro. Él ha venido a poner división en la misma familia. Padres contra hijos, hijos contra padres, hermanos contra hermanos. Todo eso a consecuencia del don de la libertad. En la familia habrá quienes crean en el Evangelio y quienes se nieguen a creer. Habrá quienes tengan la fe católica y quienes se hayan pasado a otras confesiones religiosas.

Esto, evidentemente crea situaciones de tensión entre los miembros de la familia. Sin embargo, Jesús nos pide el respeto a la conciencia de los demás. Respeto que no significa que yo acepte el modo de pensar de los otros, pero que sí significa que yo respeto la conciencia y la libertad de los demás. Muchos padres se preguntan qué hacer con sus hijos que se han pasado a otras confesiones o filosofías orientales. Nadie es dueño de la libertad de los demás. Tendremos que aceptar la realidad, por mucho que no duela. Siempre nos quedará el pedir al Señor que mueva y toque e ilumine las mentes y los corazones de los demás. Esto mismo se convertirá en una exigencia de fidelidad para nosotros mismos. Jesús es principio de unidad y comunión, pero también de división. Esa es la realidad del Evangelio. Él mismo tuvo en su grupo quien no aceptó su mensaje e incluso llegó a traicionarle. No es fácil, pero es la verdad. La religión no se impone. El Evangelio se ofrece. El ser católico no puede imponerse por la fuerza, sino por la oferta y el testimonio de nuestras vidas.


Termino con las mismas palabras de Jesús: “Les doy un mandamiento nuevo: que se amen los unos a los otros. Ustedes deben amarse unos a otros como yo los he amado. En esto reconocerán todos que son mis discípulos, en que se amen unos a otros” (Jn 13,34-335). Así pues, estimados amigos en la fe, si somos creyentes no nos queda sino hacer que arda el fuego del amor en nuestros corazones, aquel fuego que Cristo quien dando su vida en la cruz por nosotros dejó encendido en nuestros corazones, dejemos que arda este fuego y demos testimonio de ese ardor del calor humano el cual es el amor, el amor de Dios.