sábado, 7 de octubre de 2017

DOMINGO XXVII – A (08 de Octubre del 2014)

DOMINGO XXVII – A (08 de Octubre del 2014)

Proclamación del Santo evangelio según San Mateo: 21,33-43

21:33 Escuchen otra parábola: Un hombre poseía una tierra y allí plantó una viña, la cercó, cavó un lagar y construyó una torre de vigilancia. Después la arrendó a unos viñadores y se fue al extranjero.
21:34 Cuando llegó el tiempo de la vendimia, envió a sus servidores para percibir los frutos.
21:35 Pero los viñadores se apoderaron de ellos, y a uno lo golpearon, a otro lo mataron y al tercero lo apedrearon.
21:36 El propietario volvió a enviar a otros servidores, en mayor número que los primeros, pero los trataron de la misma manera.
21:37 Finalmente, les envió a su propio hijo, pensando: "Respetarán a mi hijo".
21:38 Pero, al verlo, los viñadores se dijeron: "Este es el heredero: vamos a matarlo para quedarnos con su herencia".
21:39 Y apoderándose de él, lo arrojaron fuera de la viña y lo mataron.
21:40 Cuando vuelva el dueño, ¿qué les parece que hará con aquellos viñadores?"
21:41 Le respondieron: "Acabará con esos miserables y arrendará la viña a otros, que le entregarán el fruto a su debido tiempo".
21:42 Jesús agregó: "¿No han leído nunca en las Escrituras:
La piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular: esta es la obra del Señor, admirable a nuestros ojos?
21:43 Por eso les digo que el Reino de Dios se les quitará a ustedes, para dárselo a un pueblo que dé frutos a su tiempo para el reino de Dios". PALABRA DEL SEÑOR.

Las preguntas latentes de: “¿Quién podrá salvarse?” (Mt 19,25). “¿Serán pocos los que se salven?” (Lc 13,23). “¿Qué obras buenas tengo que hacer para obtener la salvación eterna?” (Mt 19,16).  También suscita otras preguntas como. ¿Por qué tengo que preocuparme tanto por mí salvación? Porque solo es aconsejable esta opción ante otra opción que sería la condenación. Recordemos esta escena: Jesús les dijo: "Vayan por todo el mundo, enseñen la Buena Noticia a toda la creación. El que crea y se bautice, se salvará. El que no crea, se condenará” (Mc 16,15-16). Como ven no es lo mismo salvación y condenación, son completamente distintas opciones. No es que Dios nos condene, sino que cada uno hemos de optar por una de estas realidades escatológicas.

En las enseñanzas de los domingos anteriores se nos ha dicho: “El Reino de los Cielos es parecido a un propietario que muy de madrugada sale a contratar obreros para trabajar en su viña” (Mt 20,1)…  al fin de la jornada salió de nuevo y, encontrando todavía a otros, les dijo: "¿Cómo se han quedado todo el día aquí, sin trabajar?" Ellos le respondieron: "Nadie nos ha contratado". Entonces les dijo: "Vayan también ustedes a mi viña". Al terminar el día, el propietario llamó a su mayordomo y le dijo: "Llama a los obreros y págales el jornal, comenzando por los últimos y terminando por los primeros" (Mt 20,6-8). Luego, un hombre tenía dos hijos dijo al primero le dijo: "Hijo, ve hoy a trabajar a mi viña". Él respondió: "No quiero". Pero después se arrepintió y fue. Dirigiéndose al segundo, le dijo lo mismo y este le respondió: "Voy, Señor", pero no fue. ¿Cuál de los dos cumplió la voluntad de su padre?" "El primero" Respondieron (Mt 21,28-31). Hemos dicho que no se puede obtener la salvación con un si (palabras) luego no (hechos); decir que creo en Dios y luego con mi conducta niego la fe profesada. Para obtener nuestra salvación hace falta creer en Dios y luego hacer vida la fe profesada.

Hoy, el Señor nos agrega la enseñanza: “Llegó el tiempo de la cosecha, envió a sus servidores para percibir los frutos” (Mt 21,34). Pero los inquilinos de la viña nunca dieron el fruto al dueño de la viña. Este episodio bien podemos complementar con estas citas: Jesús mientras regresaba a la ciudad, tuvo hambre. Al ver una higuera cerca del camino, se acercó a ella, pero no encontró frutos más que hojas. Entonces le dijo: "Jamás volverás a dar fruto". Y la higuera se secó al momento” (Mt 21,18-19). “Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el viñador. Él corta todos mis sarmientos que no dan fruto; al que da fruto, lo poda para que dé más todavía” (Jn 15,1-2). “Yo soy la vid, ustedes los sarmientos. El que permanece en mí, y yo en él, da mucho fruto, porque separados de mí, nada pueden hacer” (Jn 15,5).  

“Envió a su propio hijo, pensando: Respetarán a mi hijo. Pero, al verlo, los viñadores se dijeron. Este es el heredero: vamos a matarlo para quedarnos con su herencia" (Mt 21,37-38). La gran tentación del hombre es adueñarse de la viña (vida, Iglesia) que Dios nos dio. Al respecto el trato que Dios hizo con el hombre que ha sido creado por Dios (Gn 1,26), es este mandato: “Dios tomó al hombre y le dejó en al jardín de Edén, para que lo cultive y lo cuide. Y le dio este mandato: De cualquier árbol del jardín puedes comer, pero del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás, porque el día que comas de él, morirás sin remedio" (Gn 2,15-17).

Solo Dios es el dueño de la creación, el hombre es simple inquilino (“lo trabaje y lo cuide”), no tiene facultad de comer de todos los árboles que quiera y menos sentirse dueño de la creación o de su vida. Mal hace el hombre en querer adueñarse de la viña (la vida). Por ser criatura, el hombre tiene un convenio, un contrato con Dios: “El Reino de los Cielos se parece a un propietario que salió muy de madrugada a contratar obreros para trabajar en su viña. Trató con ellos un denario por día y los envió a su viña” (Mt 20,1-2).  Ahora como inquilino (Contrato=bautismo) está en la obligación de dar los frutos a su debido tiempo, si no cumple con dar frutos a su tiempo cae en la falta que ya se anunció: Dijo Jesús esta parábola: “¿Qué les parece? Un hombre tenía dos hijos y, dirigiéndose al primero, le dijo: Hijo, quiero que hoy vayas a trabajar a mi viña. Él respondió: No quiero. Pero después se arrepintió y fue. Dirigiéndose al segundo, le dijo lo mismo y este le respondió: Voy, Señor, pero no fue” (Mt 21,28-30). El evangelio termina diciendo: “Por eso les digo que el Reino de Dios se les quitará a ustedes, para dárselo a un pueblo que dé frutos a su tiempo para el reino de Dios " (Mt 21,43).

Si damos una mirada panorámica en los evangelios nos topamos con otra cita similar: "Un hombre tenía una higuera plantada en su viña. Fue a buscar frutos y no los encontró. Dijo entonces al viñador: Hace tres años que vengo a buscar frutos en esta higuera y no los encuentro. Córtala, ¿para qué malgastar la tierra? Pero él respondió: Señor, déjala todavía este año; yo removeré la tierra alrededor de ella y la abonaré. Puede ser que así dé frutos en adelante. Si no, la cortarás" (Lc 13,6-9). U otra cita: “Algunas semillas cayeron entre espinas, y estas, al crecer, las ahogaron. Otras cayeron en tierra buena y dieron frutos: unas cien, otras sesenta, otras treinta” (Mt 13,7-8). “¿No sembraste buena semilla, y de donde crece la cizaña? Respondió, el enemigo lo ha hecho. Dijeron los viñadores ¿Quieres que los arranquemos? Respondió: Dejen que crezcan juntos hasta la cosecha, y entonces diré a los cosechadores: Arranquen primero la cizaña y átenla en manojos para quemarla, y luego recojan el trigo en mi granero" (Mt 13,24-30). Al respecto dijo el señor: “Tengan cuidado de los falsos profetas, que se presentan cubiertos con pieles de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los reconocerán. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los cardos?” (Mt 7,15-16).

“Todo árbol bueno produce frutos buenos y todo árbol malo produce frutos malos. Un árbol bueno no puede producir frutos malos, ni un árbol malo, producir frutos buenos” (Mt 7,17-18). Es decir los viñadores asesinos son malos árboles, y ahí está su fruto: “Deciden adueñarse del viñedo asesinando al hijo de la viña. Y el hijo de la viña no es sino el mismo Jesús, el Hijo de Dios que fue crucificado fuera de la viña o de la ciudad. Y el mal árbol es igual al árbol que no produce frutos: “Al árbol que no produce frutos buenos se lo corta y se lo arroja al fuego. Ustedes, por sus frutos serán reconocidos” (Mt 7,19-20).

No se puede pretender engañar a Dios, aparentando ser bueno. Al ver que muchos fariseos y saduceos se acercaban a recibir su bautismo, Juan les dijo: "Raza de víboras, ¿quién les enseñó a escapar de la ira de Dios que se acerca? Produzcan el fruto de una sincera conversión, y no se contenten con decir: "Tenemos por padre a Abraham". Porque yo les digo que de estas piedras Dios puede hacer surgir hijos de Abraham. El hacha ya está puesta a la raíz de los árboles: el árbol que no produce buen fruto será cortado y arrojado al fuego” (Mt 3,7-10).

Por tanto: “¿Podremos salvarnos pretendiendo adueñarnos de la viña asesinando al dueño de la viña? (Mt 21,38-39). Dicho de otro modo: “¿Obtendremos nuestra salvación a la fuerza, haciendo malas cosas, como matando o poniendo nuevas reglas según nuestros caprichos? ¿Seremos merecedores de la salvación sin obedecer los principios del contrato o alianza? Claro que no se puede. Recodemos aquella escena: Jesús comenzó a anunciar a sus discípulos que debía ir a Jerusalén, y sufrir mucho de parte de los ancianos, de los sumos sacerdotes y de los escribas; que debía ser condenado a muerte y resucitar al tercer día. Pedro lo reprendió, diciendo: Dios no lo permita, Señor, eso no te sucederá. Pero él, dándose vuelta, dijo a Pedro: "Apártate de mi vista, Satanás. Tú estás pensando como los hombre y no como Dios” (Mt 16,21-23). Es decir que el hombre no puede ni podrá obtener su salvación pensando o haciendo como se le antoje.