domingo, 18 de enero de 2026

DOMINGO III T.O. – A (25 de Enero del 2026).

 DOMINGO III T.O. – A (25 de Enero del 2026).

Proclamación del santo evangelio según San Mateo 4,12-23

4,12 Cuando Jesús se enteró de que Juan había sido arrestado, se retiró a Galilea.

4,13 Y, dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaún, a orillas del lago, en los confines de Zabulón y Neftalí,

4,14 para que se cumpliera lo que había sido anunciado por el profeta Isaías:

4,15 ¡Tierra de Zabulón, tierra de Neftalí, camino del mar, país de la Transjordania, Galilea de las naciones!

4,16 El pueblo que se hallaba en tinieblas vio una gran luz; sobre los que vivían en las oscuras regiones de la muerte, se levantó una luz.

4,17 A partir de ese momento, Jesús comenzó a proclamar: "Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca.

4,18 Mientras caminaba a orillas del mar de Galilea, Jesús vio a dos hermanos: a Simón, llamado Pedro, y a su hermano Andrés, que echaban las redes al mar porque eran pescadores.

4,19 Entonces les dijo: "Síganme, y yo los haré pescadores de hombres".

4,20 Inmediatamente, ellos dejaron las redes y lo siguieron.

4,21 Continuando su camino, vio a otros dos hermanos: a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca con Zebedeo, su padre, arreglando las redes; y Jesús los llamó.

4,22 Inmediatamente, ellos dejaron la barca y a su padre, y lo siguieron.

4,23 Jesús recorría toda la Galilea, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias de la gente. PALABRA DEL SEÑOR.

Estimados amigos(as) Paz y Bien.

El Evangelio se centra en tres ideas: 1) en Galilea Jesús anuncia: «Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca» (Mt 4,17). 2) resalta la idea: «Síganme, y yo los haré pescadores de hombres»” (Mt 4,19). 3) “Jesús recorría toda la Galilea, enseñando en sus sinagogas la Buena Noticia del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias de la gente” (Mt 4,23).

1)En Galilea Jesús comenzó a proclamar: «Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca». (Mt 4,17). Resaltamos esta primera idea subrayando el verbo convertir: "Examinenlo todo y quédense con lo bueno y apártense de todo lo malo" (ITes 5,21). Para que la Buena Noticia, la semilla nueva tenga mucho fruto conviene dejar lo malo y pasar a lo bueno, que muy bien se resume en esta exhortación: “Nadie usa un pedazo de tela nuevo para remendar un vestido viejo, porque el pedazo añadido tira del vestido viejo y la rotura se hace más grande. Tampoco se pone vino nuevo en odres viejos, porque hará reventar los odres, y ya no servirán más ni el vino ni los odres. ¡A vino nuevo, odres nuevos!» (Mc 2,22).

Tres citas pueden resumir esquemáticamente el tema de la conversión: 1) “Les daré un corazón nuevo y pondré en ustedes un espíritu nuevo: les arrancaré de su cuerpo el corazón de piedra y les daré un corazón de carne. Infundiré mi espíritu en ustedes y haré que sigan mis preceptos, y que observen y practiquen mis leyes” (Ez 36,26-27). 2) Jesús le respondió a Nicodemo: Te aseguro que el que no renace de lo alto no puede ver el Reino de Dios. Nicodemo le preguntó otra vez: "¿Cómo un hombre puede nacer cuando ya es viejo? ¿Acaso puede entrar por segunda vez en el seno de su madre y volver a nacer?" Jesús le respondió: Te aseguro que el que no nace del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu. No te extrañes de que te haya dicho: Ustedes tienen que renacer de lo alto. El viento sopla donde quiere: tú oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Lo mismo sucede con todo el que ha nacido del Espíritu" (Jn 3,3-8). 3) “Renuévense en la mente y en el espíritu. Revestirse del hombre nuevo, para ser imagen de Dios en la justicia y en la verdadera santidad” (Ef 4,23).

La conversión es el paso de un estado a otra: De la vida en corazón de piedra a la vida en corazón de carne; de la vida según la carne y la vida según el espíritu; de la vida como hombre viejo a la vida de un hombre nuevo. Que a su vez se puede resumir así: “Vivan según el Espíritu de Dios, y así no serán arrastrados por los deseos de la carne. Porque los deseos de la carne se oponen contra los deseos del espíritu y el espíritu contra la carne. Ambos luchan entre sí, y por eso, ustedes no pueden hacer todo el bien que quieren. Pero si están animados por el Espíritu, ya no están sometidos a la Ley” (Gal 5,16-18).

“Conviértanse, porque está cerca el Reino de los cielos” (Mt 4,17). Esta poderosa frase de Jesús marca el inicio de su ministerio público. No es solo un anuncio, sino una invitación urgente que resuena con la misma fuerza hoy que hace dos mil años. Para profundizar en su significado, podemos desglosar la frase en sus dos componentes fundamentales:

a) La llamada a la conversión (Metanoia): En el original griego, la palabra utilizada es Metanoia. Esto va mucho más allá de simplemente "sentirse mal" por los errores cometidos.

Cambio de mentalidad: Significa girar la mirada, cambiar la forma de pensar y de percibir la realidad. Es como recalibrar una brújula que apuntaba hacia el ego para que ahora apunte hacia Dios.

Acción, no solo emoción: La conversión bíblica exige un cambio de dirección. Si caminas hacia la oscuridad, convertirte es dar media vuelta y caminar hacia la luz.

Una invitación positiva: A menudo vemos la "conversión" como algo punitivo, pero en labios de Jesús es una oferta de libertad. Es la oportunidad de dejar atrás lo que nos pesa para recibir algo nuevo.

b) La cercanía del Reino de los cielos: Jesús no dice que el Reino "llegará algún día", sino que "está cerca":

El Reino es una Persona: En la teología cristiana, el Reino de Dios se hace presente en Jesús mismo. Donde está Él, está el Reino. Por lo tanto, decir que el Reino está cerca es decir que Dios se ha hecho accesible.

Una nueva soberanía: El "Reino" implica que Dios desea reinar en nuestros corazones, no con tiranía, sino con amor, justicia y paz.

El motivo de la alegría: La urgencia de convertirse no nace del miedo al castigo, sino de la magnitud del regalo. Nos convertimos porque el Reino está aquí; el cambio es nuestra respuesta lógica ante la llegada de la gracia.

Reflexión espiritual para hoy: Esta palabra de Mateo 4,17 nos invita a hacernos una pregunta vital: ¿Qué hay en mi forma de vivir hoy que me impide ver que Dios está cerca? A veces estamos tan sumergidos en nuestras preocupaciones, planes y ruidos internos que el "Reino" nos parece una idea abstracta y lejana. Jesús nos recuerda que el cielo no es solo un destino final, sino una realidad que empieza a latir aquí y ahora cuando decidimos vivir bajo la lógica del Evangelio. "La conversión es el esfuerzo por vivir cada día el Evangelio, no como una ley impuesta, sino como una amistad que transforma."

2) Resalta la idea: «Síganme, y yo los haré pescadores de hombres»” (Mt 4,19). En otros episodios se nos dice: “Jesús subió a la montaña y llamó a su lado a los que él quiso. Ellos fueron hacia él, y Jesús instituyó a Doce para que estuvieran con él, y para enviarlos a predicar con el poder de expulsar a los demonios” (Mc 3,13-15). Jesús dijo a sus discípulos: “No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes, y los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero. Así todo lo que pidan al Padre en mi Nombre, él se lo concederá” (Jn 15,16).

Por su parte san Pablo nos dice. “Hermanos, tengan en cuenta quiénes son los que han sido llamados: no hay entre ustedes muchos sabios, hablando humanamente, ni son muchos los poderosos ni los nobles. Al contrario, Dios eligió lo que el mundo tiene por necio, para confundir a los sabios; lo que el mundo tiene por débil, para confundir a los fuertes; lo que es vil y despreciable y lo que no vale nada, para aniquilar a lo que vale. Así, nadie podrá gloriarse delante de Dios. Por él, ustedes están unidos a Cristo Jesús, que por disposición de Dios, se convirtió para nosotros en sabiduría y justicia, en santificación y redención, a fin de que, como está escrito: El que se gloría, que se gloríe en el Señor” (I Cor 1,26-30).

3) “Jesús recorría toda la Galilea, enseñando en sus sinagogas la Buena Noticia del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias de la gente” (Mt 4,23). Otros episodios nos ayudan ilustrarnos Más y mucho mejor:

“Los fariseos le preguntaron cuándo llegaría el Reino de Dios. Él les respondió: El Reino de Dios no viene ostensiblemente, y no se podrá decir: Está aquí o Está allí. Porque el Reino de Dios está entre ustedes" (Lc 17,20-21). Jesús dijo a los fariseos: “Si yo expulso a los demonios con el poder de Belzebul, ¿con qué poder los expulsan los discípulos de ustedes? Por eso, ustedes los tendrán a ellos como jueces. Pero si yo expulso a los demonios con el poder de Dios, quiere decir que el Reino de Dios ha llegado a ustedes” (Lc 11,19-20). Jesús les dijo: ¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes. Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: Reciban el Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan" (Jn 20,21-23).

Para instituir el Reino de Dios, Jesús llamó a los que él quiso (Mc 3,13). Luego les enseño con ejemplo la misión cuando dice a sus discípulos: “Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo servidores, porque el servidor ignora lo que hace su señor; yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que aprendí de mi Padre” (Jn 15,14-15). Les trasmitió el poder del Espíritu (Jn 20,22). Y les dio este mandato:

Jesús les dijo: "Vayan por todo el mundo, anuncien El Evangelio a toda la creación. El que crea y se bautice, se salvará. El que no crea, se condenará. Y estos prodigios acompañarán a los que crean: arrojarán a los demonios en mi Nombre y hablarán nuevas lenguas; podrán tomar a las serpientes con sus manos, y si beben un veneno mortal no les hará ningún daño; impondrán las manos sobre los enfermos y los curarán" (Mc 16,15-18). “Vayan, entonces, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estoy con ustedes hasta el fin del mundo" (Mt 28,19-20).

¿Cómo han de ir?: “Vayan, por las ovejas perdidas del pueblo de Israel. Por el camino, proclamen que el Reino de los Cielos está cerca. Curen a los enfermos, resuciten a los muertos, purifiquen a los leprosos, expulsen a los demonios. Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente. No lleven encima oro ni plata, ni monedas, ni provisiones para el camino, ni dos túnicas, ni calzado, ni bastón; porque el que trabaja merece su sustento. Cuando entren en una ciudad o en un pueblo, busquen a alguna persona respetable y permanezcan en su casa hasta el momento de partir. Al entrar en la casa, salúdenla invocando la paz sobre ella. Si esa casa lo merece, que la paz descienda sobre ella; pero si es indigna, que esa paz vuelva a ustedes. Y si no los reciben ni quieren escuchar sus palabras, al irse de esa casa o de esa ciudad, sacudan hasta el polvo de sus pies” (Mt 10,6-14).

Advertencia: “Yo los envío como a ovejas en medio de lobos. Sean entonces astutos como serpientes y sencillos como palomas. Cuídense de los hombres, porque los entregarán a los tribunales y los azotarán en sus sinagogas. A causa de mí, serán llevados ante gobernadores y reyes, para dar testimonio delante de ellos y de los paganos. Cuando los entreguen, no se preocupen de cómo van a hablar o qué van a decir: lo que deban decir se les dará a conocer en ese momento, porque no serán ustedes los que hablarán, sino que el Espíritu de su Padre hablará en ustedes” (Mt 10.16-20). Quien me reconozca abiertamente ante los hombres, yo lo reconoceré ante mi Padre que está en el cielo. Pero yo renegaré ante mi Padre que está en el cielo de aquel que reniegue de mí ante los hombres” (Mt 10,32-33).

Jesús no buscó gente preparada, gente con una cultura adecuada, ni tampoco gente de prestigio para su obra de instaurar el Reino de Dios. A Jesús le bastaron unos simples pescadores que algo sabían de pesca, pero poco más. Cuando Dios llama no vale eso de “yo no valgo”, “yo no estoy preparado”, “yo no sirvo”. Tanto mejor si no sirves ni vales porque es entonces donde mejor se pone de manifiesto el poder de la gracia y que muy bien lo manifiesta san Pablo: “Mientras los judíos piden milagros y los griegos van en busca de sabiduría, nosotros, en cambio, predicamos a un Cristo crucificado, escándalo para los judíos y locura para los paganos, pero fuerza y sabiduría de Dios para los que han sido llamados, tanto judíos como griegos. Porque la locura de Dios es más sabia que la sabiduría de los hombres, y la debilidad de Dios es más fuerte que la fortaleza de los hombres. Hermanos, tengan en cuenta quiénes son los que han sido llamados: no hay entre ustedes muchos sabios, hablando humanamente, ni son muchos los poderosos ni los nobles. Al contrario, Dios eligió lo que el mundo tiene por necio, para confundir a los sabios; lo que el mundo tiene por débil, para confundir a los fuertes; lo que es vil y despreciable y lo que no vale nada, para aniquilar a lo que vale. Así, nadie podrá gloriarse delante de Dios” (I Cor 1,22-29).

Las piedras fundamento de la Iglesia no fueron escogidas en las grandes canteras de la gente preparada del templo sino gente que sabe de peces, de barcas, de redes y de lago. El resto lo hace Dios en nosotros. Son las sorpresas de Dios. Son esos momentos de Dios que llama, que toca a la puerta de nuestros corazones. Puede que tú seas de los que ni pienses en El, como tampoco pensaban ellos. Y de repente, tu vida puede dar un vuelco y comenzar un nuevo camino. No sé si estarás recogiendo los redes o estarás camino de la oficina. Pero puede que El pase a tu lado y tu vida dé un viraje que nunca te has imaginado.

Jesús nos llama desde el momento de nuestro bautismo a una misión sagrada y depende de esa misión nuestra salvación: “Este es mi mandamiento: Ámense los unos a los otros, como yo los he amado. No hay amor más grande que dar la vida por los amigos. Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo servidores, porque el servidor ignora lo que hace su señor; yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre. No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes, y los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero. Así todo lo que pidan al Padre en mi Nombre, él se lo concederá. Lo que yo les mando es que se amen los unos a los otros. Si el mundo los odia, sepan que antes me ha odiado a mí” (Jn 15, 12-18).