sábado, 8 de febrero de 2014

DOMINGO V - A (9 De febrero 2014)


DOMINGO 5 - A (9 de febrero del 2014)
Evangelio de San Mateo 5,13-16:

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:“Uds son la sal de la tierra. Mas si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Ya no sirve para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada por los hombres. Uds son la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte.
Ni tampoco se enciende una lámpara y la ponen debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa. Brille así su luz delante de los hombres, para que vean sus buenas obras y glorifiquen a su Padre que está en los cielos.” PALABRA DEL SEÑOR.

Estimados hermanos(as) en la fe, Paz y Bien.

El evangelio de hoy podemos resumirla así: QUE VEAN EN NUESTRAS BUENAS OBRAS EL BRILLO DE LA LUZ DE DIOS, PORQUE JESÚS NOS DICE “YO SOY LA LUZ DEL MUNDO, QUIEN ME SIGUE NO CAMINA EN TINIEBLAS SINO QUE TENDRA LA LUZ DE LA VIDA” (Jn 8,12).

El Evangelio de hoy está contextualizado entre la luz del sol que alumbra e ilumina y el alimento del pan material. Si alguien creía que Jesús no sabía de cocina se equivoca. Jesús sabía de cocina y no le gustaban las comidas sin sal. Me supongo que más de una vez fue testigo de cómo su Mamá María echaba la sal en los pucheros y como a Él le encanta hablar desde las realidades de la vida, hoy nos hace una llamada bonita: “Uds son la sal de la tierra” (Mt 5,13). “Uds son la luz del mundo”(Mt 5,14) Entre la sal que tiene que ver con el mundo interior de uno y la luz que tiene que ver con el mundo exterior. Dos imágenes bien gráficas y bonitas para expresar la misión y el sentido de la vida del creyente en el mundo y, por lo demás, bien actuales.

¿Quién no conoce la sal y la función de la misma? Da sabor, da gusto a la comida. Por algo decimos cuando alguien dice en son de broma: está en una vida “sin sal”. Sólo que a nosotros no nos dicen que seamos sal para la comida sino “sal para el mundo”. No es lo mismo darle gusto y sabor a la comida que darle gusto y sabor a la vida y al mundo. Frente a un mundo sin sabor y que carece de sentido, alguien tiene que darle al mundo algo sabroso, algo que dé gusto vivir en él. Ser sal es darle sabor a la vida, una vida que uno la vive gozosa y feliz y siente ganas de vivir. Esta es nuestra misión de cristianos, hacer que la vida tenga sentido, hacer que la gente viva a gusto.

¿Quién no conoce lo que es la luz? Posiblemente una de las cosas que más nos fastidia es cuando sufrimos un apagón o simplemente se nos fue un fusible. Acostumbrados a la luz, ya no sabemos vivir a la luz de una vela o un candil.

Esta es la misión también del cristiano y de la Iglesia, iluminar, alumbrar. ¿Recuerdan a aquel ciego que durante la noche caminaba con una linterna encendido? Alguien le preguntó porqué llevaba la linterna si él no veía. La respuesta fue linda: “Pero así puedo hacer que usted vea mejor el camino.” En la vida y en el mundo hay demasiadas sombras y oscuridades. Alguien tiene que ser luz para que otros puedan ver. Si dejamos de alumbrar, ¿qué sentido tiene nuestra fe? Al respecto Un bueno día dijo Jesús a los fariseos: “Guías ciegos, Uds. Cuelan el mosquito, mientras se tragan un camello” (Mt 23,24). San Pablo nos agrega: “Nadie se en engañe, nadie se burle de Dios. Se cosecha de lo que se siembra, quien siembra en la carne, cosecha de la carne corrupción y muerte, quien siembra en el espíritu, cosecha del espíritu vida eterna” (Gal 6,7).

Así, pues, estimados hermanos(as): Superemos esa falsa humildad de creernos menos de lo que somos. Superemos esa falsa humildad de que los demás no ven lo malo sino solo bueno que hacemos. Tarde o temprano se llega a saber. La luz no se enciende para esconderla, sino para ponerla sobre el candelero. Si Dios ha encendido la luz en tu vida no es para que la escondas. No se trata de hacer exhibicionismos, pero sí de manifestarnos en lo que somos.

Si soy practicante no tengo por qué hacerlo a escondidas. Si voy a Misa no tengo por qué avergonzarme ante los que no van. Si soy creyente no tengo por qué avergonzarme delante de los ateos.¿No te das cuenta de cómo los ateos no se avergüenzan de declararse tales en público? ¿Y por qué voy avergonzarme yo de ser creyente? ¿Por qué voy a sentirme menos declarándome creyente? Yo respetaré al que no cree, pero igual derecho tengo a que se respete mi fe. No se trata de sentirme más que ellos, pero tampoco de acomplejarme ante ellos.

Si tengo que hablar del Evangelio: “No me avergüenzo del Evangelio” (Rm 1,16). ¿Por qué avergonzarme del evangelio? Cuando yo anuncio el Evangelio no lo impongo a nadie, simplemente lo ofrezco. Si hago el bien a los demás no tengo por qué hacerlo en secreto. No se trata de aprovecharlo para que me consideren más.¿Se avergüenza el sol de brillar en el firmamento? ¿Se avergüenzan las luces de la calle por alumbrar de noche? ¿Y por qué me he de avergonzar yo de que creo en Dios, en Jesús, en el Evangelio? Con razón dice san Pablo: “Vivo yo, pero no soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mi” (Gal 2,20).

sábado, 1 de febrero de 2014

FIESTA PRESENTACIÓN DEL SEÑOR (2 de Febrero del 2014)

FESTIVIDAD VIRGEN DE LA CANDELARIA- PUNO 2014


PRESENTACIÓN DEL SEÑOR - A / 2 de febrero del 2014

Proclamamos el Evangelio según San Lucas Capítulo 2,22-40

En aquel tiempo,cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, como está escrito en la Ley: "Todo varón primogénito será consagrado al Señor". También debían ofrecer un sacrificio un par de tórtolas o de pichones de paloma, como ordena la Ley del Señor.

Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, y esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías del Señor. Conducido por el mismo Espíritu, fue al Templo, y cuando los padres de Jesús llevaron al niño para cumplir con él las prescripciones de la Ley, Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios, diciendo: 

«Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz, como lo has prometido, porque mis ojos han visto a tu salvador que preparaste delante de todos los pueblos: luz para iluminar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel».

Su padre y su madre estaban admirados por lo que oían decir de él. Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: «Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos».

Había también allí una profetisa llamada Ana, hija de Fanuel, de la familia de Aser, mujer ya entrada en años, que, casa en su juventud, había vivido siete años con su marido. Desde entonces había permanecido viuda, y tenía ochenta y cuatro años. No se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día con ayunos y oraciones. Se presentó en ese mismo momento y se puso a dar gracias a Dios. Y hablaba acerca del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.

Después de cumplir todo lo que ordenaba la Ley del Señor, volvieron a su ciudad de Nazaret, en Galilea. El niño iba creciendo y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con él. PALABRA DEL SEÑOR.

REFLEXIÓN:

Estimados amigos(as) en el Señor Paz y Bien.

Hoy celebramos un gran fiesta pero conviene preguntarnos ¿Es fiesta de la Purificación de la Virgen María o es fiesta de la presentación del Niño Jesús? Pues según la ley de Moisés eran ambas cosas. La ley decía que la mujer al dar a luz un hijo queda impura, es decir, se veía el parto como algo profano y por eso la madre tenía que purificarse en el templo a la vez que presentaba al hijo primogénito  y consagrarlo para el Señor. para entender mejor nos ilustramos con la misma fuente de la ley según la sagrada escritura:

En primer lugar en el mandato de Dios tanto en el AT. Y el NT. es importante conservar la santidad o la pureza: “Yo soy el Señor, el que los hice subir del país de Egipto para ser su Dios. Ustedes serán santos, porque yo soy santo” (Lev 11,45). El tocar cosas impuras como manipular la carne o la sangre y con mas razón si es por parte de una mujer, pues la hace impura y hechos como estas atentan contra la santidad que Dios manda.

En segundo lugar, se entiende en el AT. Que solo el varón consagrado a Dios puede tocar sangre cuando se ofrece animales o corderos en el sacrificio del altar para la expiación de los pecados. Si la mujer toca sangre por ejemplo en el parto queda impura y por tal razón el Señor dijo a Moisés: “Habla en estos términos a los israelitas: Cuando una mujer quede embarazada y dé a luz un varón, será impura durante siete días, como lo es en el tiempo de su menstruación. Al octavo día será circuncidado el prepucio del niño, pero ella deberá continuar purificándose de su sangre durante treinta y tres días más. En los esos días no tocará ningún objeto consagrado ni irá al Santuario, antes de concluir el tiempo de su purificación… Al concluir el período de su purificación, tanto por el hijo como por la hija, la madre presentará al sacerdote, a la entrada de la Carpa del Encuentro, un cordero de un año para ofrecer un holocausto, y un pichón de paloma o una tórtola, para ofrecerlos como sacrificio por el pecado. El sacerdote lo presentará delante del Señor y practicará el rito de expiación en favor de ella. Así quedará purificada de su pérdida de sangre. Este es el ritual concerniente a la mujer que da a luz un niño o una niña” (Lev 12,1-7).

En tercer lugar conviene hacer mención del primogénito que debe ser consagrado para Dios: El Señor habló a Moisés en estos términos: “Conságrame a todos los primogénitos. Porque las primicias del seno materno entre los israelitas, sean hombres o animales, me pertenecen. -Moisés dijo al pueblo- Guarden el recuerdo de este día en que ustedes salieron de Egipto, ese lugar de esclavitud, porque el Señor los sacó de allí con el poder de su mano. Este día, no comerán pan fermentado. Hoy, en el tiempo de su liberación, ustedes salen de Egipto. Y cuando el Señor te introduzca en el país de los cananeos, los hititas, los amorreos, los jivitas y los jebuseos, en el país que el Señor te dará porque así lo juró a tus padres –esa tierra que mana leche y miel– celebrarás el siguiente rito en este mismo mes: Durante siete días, comerás pan sin levadura, y el séptimo día habrá una fiesta en honor del Señor” (Ex 13,1-6).

En cuarto lugar traemos a colación en son de resumen cuando el gran Apóstol (NT.)San Pablo lo recapitula en estos términos todos los mandatos de la ley (AT.): “Cuando éramos menores de edad, estábamos sometidos a los elementos del mundo (Ley). Pero cuando se cumplió el tiempo establecido, Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer y se sometió a la ley para rescatar a los que estaban sometidos a la ley, y hacernos hijos adoptivos. Y la prueba de que ustedes son hijos, es que Dios infundió en nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama a Dios llamándolo» ¡Abba!, es decir, ¡Padre! Así, ya no eres más esclavo, sino hijo, y por lo tanto, heredero por la gracia de Dios” (Gal 4,3-7).

Y en quinto lugar conviene hacer mención de la Buena Noticia (NT). El poder de purificación no es por el sacrificio del corderito y derramar su sangre en el altar. Como bien lo dice San Pablo, es el Hijo Redentor, el cordero de Dios que quita el pecado del mundo (Jn 1,29). Son los sacramentos que el Hijo de Dios Cristo Jesús instituyó para la remisión de los pecados y por nuestra santificación. Así, Jesús hace referencia al bautismo, el primer sacramento en estos términos: “Te aseguro que el que no renace de lo alto no puede ver el Reino de Dios. Nicodemo le preguntó: ¿Cómo un hombre puede nacer cuando ya es viejo? ¿Acaso puede entrar por segunda vez en el seno de su madre y volver a nacer?». Jesús le respondió: “Te aseguro que el que no nace del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, lo que nace de Espíritu es espíritu. No te extrañes de que te haya dicho: “Ustedes tienen que renacer de lo alto». El viento sopla donde quiere: tú oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Lo mismo sucede con todo el que ha nacido del Espíritu” (Jn 3,3-9).

Finalmente creemos conveniente destacar el encuentro del niño Jesús con el anciano Simeón (Lc 2,28). Es la realización de la promesa. Es la capacidad del anciano de envejecer sin renunciar a la esperanza. Simeón había recibido la promesa de no morir sin haber visto antes al Mesías. La vida se iba apagando, pero la esperanza seguía viva.Es lindo el encuentro entre la vejez que se apaga y la niñez que comienza. Lo más lindo es que precisamente el encueto se produce a la vez que vamos perdiendo la visión. Sin embargo, es justo ahora que los ojos de Simón que se van muriendo que se llenan de luz. Simeón se llena de gozo y de vida y ya no siente la nostalgia de morir: “Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo vaya en paz; porque han visto mis ojos tu salvación, la has preparado a la vista de todos los pueblos, luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel” (Lc 2,28). Simeón ya dijo todo lo que tenía que decir. Después de María y José, es él el primero en reconocer y en abrazar al Niño. Es a través de un anciano que Jesús se revela como luz del mundo.

Es la nueva Epifanía de Jesús. Es la Epifanía de Jesús a Israel en la persona de un anciano que solo espera la muerte. Es la Epifanía de Jesús a un anciano que está en el Templo. En la primera Epifanía, los Magos regresan a sus tierras por otro camino, no dicen ni palabra, solo adoran de rodillas y se van. Ahora es la Epifanía del que también quiere regresar con la vida plena y realizada. María y José miran, callan y su corazón vive y siente. Mientras tanto, alguien cargado de años siente el gozo de haber vivido, siente la alegría de María y José, siente la alegría dejándose abrazar por quien supo esperar. Confieso que hoy siento la alegría de un anciano que, lleno de gozo, ya no le importa prolongar su vida. Le basta que sus ojos le han visto: "Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz, como lo has prometido, porque mis ojos han visto a tu salvador que preparaste delante de todos los pueblos: luz para iluminar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel" (Lc 2,28-32).

sábado, 25 de enero de 2014

DOMINGO III T.O - A (26 de Enero del 2014)



DOMINGO 3 - A / 26 de enero del 2014 

Proclamación del Evangelio según San Mateo 4,12-23

En aquel tiempo, cuando Jesús se enteró de que Juan había sido arrestado, se retiró a Galilea. Y, dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaúm, a orillas del lago, en los confines de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo que había sido anunciado por el profeta Isaías: "¡Tierra de Zabulón, tierra de Neftalí, camino del mar, país de la Transjordania, Galilea de las naciones! El pueblo que se hallaba en tinieblas vio una gran luz; sobre los que vivían en las oscuras regiones de la muerte, se levantó una luz."

A partir de ese momento, Jesús comenzó a proclamar: «Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca». Mientras caminaba a orillas del mar de Galilea, Jesús vio a dos hermanos: a Simón, llamado Pedro, y a su hermano Andrés, que echaban las redes al mar porque eran pescadores. Entonces les dijo: «Síganme, y yo los haré pescadores de hombres». Inmediatamente, ellos dejaron las redes y lo siguieron.

Continuando su camino, vio a otros dos hermanos: a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca de Zebedeo, su padre, arreglando las redes; y Jesús los llamó. Inmediatamente, ellos dejaron la barca y a su padre, y lo siguieron. Jesús recorría toda la Galilea, enseñando en las sinagogas, proclamando la Buena Noticia del reino y curando todas las enfermedades y dolencias de la gente. PALABRA DEL SEÑOR.

REFLEXIÓN:

Estimados amigos(as) Paz y Bien.

El mensaje del evangelio de hoy nos aporta dos ideas:
En primer lugar, en Galilea, el pueblo que se hallaba en tinieblas vio una gran luz; sobre los que vivían en las oscuras regiones de la muerte, se levantó una luz. A partir de ese momento, Jesús comenzó a proclamar: «Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca» (Mt 4,16-17). En segundo lugar resaltamos la idea: “Mientras caminaba a orillas del mar de Galilea, Jesús vio a dos hermanos: a Simón, llamado Pedro, y a su hermano Andrés, que echaban las redes al mar porque eran pescadores. Entonces les dijo: «Síganme, y yo los haré pescadores de hombres». Inmediatamente, ellos dejaron las redes y lo siguieron” (Mt 4,18-20). Es decir, Jesús en el inicio de su vida pública hace dos cosas esenciales: anuncia el evangelio y convoca a sus apóstoles.

 En Galilea Jesús comenzó a proclamar: «Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca». (Mt 4,17). Resaltamos esta primera idea y subrayamos el verbo convertir. Para que la Buena Noticia, la semilla nueva tenga mucho fruto conviene dejar lo malo y pasar a lo bueno, que muy bien se resume en esta exhortación: Nadie usa un pedazo de tela nuevo para remendar un vestido viejo, porque el pedazo añadido tira del vestido viejo y la rotura se hace más grande. Tampoco se pone vino nuevo en odres viejos, porque hará reventar los odres, y ya no servirán más ni el vino ni los odres. ¡A vino nuevo, odres nuevos!» (Mc 2,22).

A Jesús le encantan los retos, hacer cosas nuevas no como le parezca sino según la voluntad de Dios (Lc 1,38). No le gustan los caminos trillados, prefiere abrir caminos donde no hay caminos. A nosotros nos va mejor caminar por donde otros ya han abierto caminos. A Jesús le va mejor comenzar por donde nadie ha hecho nada. Comienza a su predicación no allí donde más o menos la gente está preparada o, al menos, tiene una predisposición. ¿Saben por dónde comienza? Comienza por anunciar el Evangelio allá lejos al norte del Lago, por “la Galilea de los gentiles” (Mt 4,12), en un “pueblo que habitaba en tinieblas”, a aquellos que “habitaban en tierra y sombras de muerte”. Ahí comenzó a hacer brillar la luz de la Buena Nueva. No comenzó por Jerusalén, donde estaba la gente religiosa, ni tampoco en el Templo (Mt 4,15-16).

 Jesús es auténtico. Esto pudiera ser un dato accidental en este comienzo de la vida pública de Jesús; sin embargo, personalmente me parece un dato profundamente significativo para el cristiano, para las parroquias, para las Diócesis, para la Iglesia. Debiéramos examinar dónde hay más necesidades. Dónde hay menos medios y ayudas. Dónde hay más ausencia de la Iglesia. Por donde hay que echar la red. Porque pareciera que estamos pescando donde no se debe (Lc 5,4).

Esto me hace pensar. ¿No estará la Iglesia pescando donde no hay peces, por eso no hay vocaciones? O ¿No estará demasiado a lo secular? ¿No estará demasiado amontonada en la costa, en las ciudades cuando falta en otros lugares obreros para la pesa? Y los que estamos en las ciudades ¿verdad que nos sentimos mejor en medio de gente de Iglesia, que no lanzarnos a esos nuevos campos inexplorados? ¿Quiénes tienen la valentía de lanzarse a proclamar el Evangelio en las Universidades, en el Congreso, en el mundo de los artistas, en nuestras discotecas donde hay mucha juventud? ¿Cuántos se sienten hoy con el coraje de acercarse a los alejados, a los que dicen no creen en nada, y anunciarles el Evangelio? También hoy hay muchas zonas que viven en sombras de muerte, pero nosotros seguimos calentándonos donde ya brilla el sol.

"¡Tierra de Zabulón, tierra de Neftalí, camino del mar, país de la Transjordania, Galilea de las naciones! El pueblo que se hallaba en tinieblas vio una gran luz; sobre los que vivían en las oscuras regiones de la muerte, se levantó una luz" (Mt 4,15-16). Aquel día amaneció como un día cualquiera. Era un amanecer como cualquier otro. Era la hora de acercar las barcas a la orilla y lavar las redes. Era la hora de regresar a casa y tomarse un legítimo descanso. Cuando de repente alguien pasa por la orilla. Es Dios que también madruga y le gusta el fresco del agua del lago. Y la gran sorpresa: “Venid conmigo y os hará pescadores de hombres”. Es la hora de la llamada, de la invitación, del cambio, de lo nuevo y lo inesperado.

No los llamó cuando estaban en el Sinagoga, tampoco cuando estaban en el Templo, aunque tengo dudas que frecuentasen mucho el Templo. Los llamó cuando estaban en sus propias faenas de pesca. Ninguno de ellos estaba rezando, estaban en su propio mundo de trabajo. Es que para Dios no hay tiempos apropiados, tampoco lugares adecuados, tampoco momentos en los que uno está preparado. Dios es siempre sorpresivo. Aunque te imagines que Dios no se preocupa de ti, aunque te imagines que tú no vales para esas cosas, cuando Dios pasa a tu lado y te llama todo cambia.

Jesús no anduvo buscando gente preparada, gente con una cultura adecuada, ni tampoco gente de prestigio. A Jesús le bastaron unos simples pescadores que algo sabían de pesca, pero poco más. Cuando Dios llama no vale eso de “yo no valgo”, “yo no estoy preparado”, “yo no sirvo”. Tanto mejor si no sirves ni vales porque es entonces donde mejor se pone de manifiesto el poder de la gracia y que muy bien lo manifiesta san Pablo: “Mientras los judíos piden milagros y los griegos van en busca de sabiduría, nosotros, en cambio, predicamos a un Cristo crucificado, escándalo para los judíos y locura para los paganos, pero fuerza y sabiduría de Dios para los que han sido llamados, tanto judíos como griegos. Porque la locura de Dios es más sabia que la sabiduría de los hombres, y la debilidad de Dios es más fuerte que la fortaleza de los hombres. Hermanos, tengan en cuenta quiénes son los que han sido llamados: no hay entre ustedes muchos sabios, hablando humanamente, ni son muchos los poderosos ni los nobles. Al contrario, Dios eligió lo que el mundo tiene por necio, para confundir a los sabios; lo que el mundo tiene por débil, para confundir a los fuertes; lo que es vil y despreciable y lo que no vale nada, para aniquilar a lo que vale. Así, nadie podrá gloriarse delante de Dios” (Icor 1,22-29).

Las piedras fundamento de la Iglesia no fueron escogidas en las grandes canteras de la gente preparada del templo sino gente que sabe de peces, de barcas, de redes y de lago. El resto lo hace Dios en nosotros. Son las sorpresas de Dios. Son esos momentos de Dios que llama, que toca a la puerta de nuestros corazones. Puede que tú seas de los que ni pienses en El, como tampoco pensaban ellos. Y de repente, tu vida puede dar un vuelco y comenzar un nuevo camino. No sé si estarás recogiendo los redes o estarás camino de la oficina. Pero puede que El pase a tu lado y tu vida dé un viraje que nunca te has imaginado.


Jesús nos llama desde el momento de nuestro bautismo a una misión sagrada y depende de esa misión nuestra salvación: “Este es mi mandamiento: Ámense los unos a los otros, como yo los he amado. No hay amor más grande que dar la vida por los amigos. Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo servidores, porque el servidor ignora lo que hace su señor; yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre. No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes, y los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero. Así todo lo que pidan al Padre en mi Nombre, él se lo concederá. Lo que yo les mando es que se amen los unos a los otros. Si el mundo los odia, sepan que antes me ha odiado a mí” (Jn 15, 12-18).

domingo, 19 de enero de 2014

DOMINGO II DEL TIEMPO ORDINARIO - A (19 de Enero del 2014)


DOMINGO II DEL TIEMPO ORDINARIO - A (19 de Enero del 2014)

En aquel tiempo, Juan vio acercarse a Jesús y exclamó: «Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. A él me refería, cuando dije: Después de mí viene un hombre que me precede, porque existía antes que yo. Yo no lo conocía, pero he venido a bautizar con agua para que él fuera manifestado a Israel».

Juan dio este testimonio: «He visto al Espíritu descender del cielo en forma de paloma y permanecer sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: "Aquel sobre el que veas descender el Espíritu y permanecer sobre él, ese es el que bautiza en el Espíritu Santo". Yo lo he visto y doy testimonio de que él es el Hijo de Dios». PALABRA DEL SEÑOR.

REFLEXIÓN:

Estimados(as) amigos(as) en el Señor Paz y Bien.

En el domingo de la Epifanía, los Reyes magos al entrar en la casa, encontraron al niño con María, su madre, y postrándose, le rindieron homenaje. Luego, abriendo sus cofres, le ofrecieron dones, oro, incienso y mirra” (Mt 2,11). Este hecho no es sino la revelación de Jesús a la humanidad. En el domingo anterior, en el bautismo del Señor: “Se oyó una voz del cielo que decía: Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección” (Mt 3,17). Es otra Epifanía o manifestación de Dios en el Bautismo, es la Epifanía del Padre y del amor del Padre en el corazón y en el espíritu de Jesús. En este domingo, el evangelio (Jn.1,29-34) nos manifiesta la tercera Epifanía, la manifestación de Dios por los mismos judíos representados por Juan Bautista, en quien reza esta enseñanza: “Ahí está el cordero Dios el que quita el pecado del mundo” (Jn 1,29).

El evangelio de este domingo podemos resumir así: el testimonio de Juan Bautista sobre Jesús y que a su vez comprende cuatro enunciados:

1.- El testimonio de Juan Bautista sobre Jesús.
2.- Jesús es el cordero de Dios.
3.- Él es el que quita el pecado del mundo: que a su vez puede aportarnos tres connotaciones:
                - la redención de Jesús es universal.
                - la redención consiste en la liberación integral del hombre.
                - que lo sitúa en la victoria con Cristo sobre el pecado.
4.- Dios nos quiere como testigos del evangelio (Hch 1,8)

Juan Bautista actúa como testigo de Jesús hasta tres veces:

1.- Este es el testimonio que dio Juan, cuando los judíos enviaron sacerdotes y levitas desde Jerusalén, para preguntarle: «¿Quién eres tú?». El confesó y no lo ocultó, sino que dijo claramente: «Yo no soy el Mesías». Le preguntaron: «¿Eres Elías?». Juan dijo: «No». «¿Eres el Profeta?». «Tampoco», respondió… Juan les dijo: «Yo soy una voz que grita en el desierto: Allanen el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías». Algunos de los enviados eran fariseos y estos dijeron: «¿Por qué bautizas, entonces, si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?». Juan respondió: «Yo bautizo con agua, pero en medio de ustedes hay alguien al que ustedes no conocen: él viene después de mí, y yo no soy digno de desatar la correa de su sandalia». (Jn 1,19-27).    
 
2.- Es el testimonio que hoy hemos leído en el evangelio: Juan vio acercarse a Jesús y dijo: «Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. A él me refería, cuando dije: Después de mí viene un hombre que me precede, porque existía antes que yo… Y Juan dio este testimonio: «He visto al Espíritu descender del cielo en forma de paloma y permanecer sobre él… Yo lo he visto y doy testimonio de que él es el Hijo de Dios». (Jn 1,29-34).

3.- El tercer testimonio tiene que ver con el abajamiento total de Juan y la plenitud del hijo de Dios: “Al día siguiente, estaba Juan otra vez allí con dos de sus discípulos y, mirando a Jesús que pasaba, dijo: «Este es el Cordero de Dios». Los dos discípulos, al oírlo hablar así, siguieron a Jesús. El se dio vuelta y, viendo que lo seguían, les preguntó: «¿Qué quieren?». Ellos le respondieron: «Rabbí –que traducido significa Maestro– ¿dónde vives?». «Vengan y lo verán», les dijo. Fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él ese día. Era alrededor de las cuatro de la tarde (Jn 135-39).

El momento cumbre del testimonio de Juan Bautista constituye el episodio que hoy leímos en el evangelio: «Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo… He visto al Espíritu descender del cielo en forma de paloma y permanecer sobre él… Yo lo he visto y doy testimonio de que él es el Hijo de Dios». (Jn 1,29-34). Cuando juan dice “Yo he visto bajar del cielo el Espíritu y posarse sobre el, se remite al episodio del bautismo de Jesús en el Jordán.  Mientras Juan bautizaba: “Todo el pueblo se hacía bautizar, y también fue bautizado Jesús. Y mientras estaba orando, se abrió el cielo. El Espíritu Santo descendió sobre él en forma corporal, como una paloma. Se oyó entonces una voz del cielo: «Tú eres mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección” (Lc 3,21-22).

Es uno de los momentos más esplendorosos en la vida de Jesús. Es un momento en el que Jesús encarnado, Jesús hombre, siente la voz de Padre que le reconoce como Hijo y, además, le hace sentirse amado, el predilecto del Padre. Pienso que debió de ser un momento extraordinario dentro de la experiencia de fe de Jesús y que lo marcó definitivamente para toda su vida.

Pero el mismo Señor da testimonio sobre esta unidad en el Espíritu del padre, cuando dice: "El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. Él me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos  y proclamar un año de gracia del Señor". Jesús cerró el Libro, lo devolvió al ayudante y se sentó. Todos en la sinagoga tenían los ojos fijos en él. Entonces comenzó a decirles: «Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír” (Jn 4,18-21).


Desde luego, cuando uno lee después el Evangelio, uno se da cuenta de que si de algo pudieron acusarle a Jesús fue de andar en compañía de los malos, de los pecadores. Esa fue la gran verdad de Jesús porque esa es también la verdad del amor. El amor no hace distinción de personas, además el amor siempre busca a los más débiles. Y esa fue la historia de Jesús. Por eso su figura chocaba tan radicalmente con la de los “santos fariseos” y por ende con los mismos judíos: Mientras Jesús estaba comiendo en la casa, acudieron muchos publicanos y pecadores, y se sentaron a comer con él y sus discípulos. Al ver esto, los fariseos dijeron a los discípulos: «¿Por qué su Maestro come con publicanos y pecadores?». Jesús, que había oído, respondió: «No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. Vayan y aprendan qué significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios. Porque yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores» (Mt 9,10-13).

sábado, 11 de enero de 2014

DOMINGO DEL BAUTISMO DEL SEÑOR - A (12 de Enero del 2014)


BAUTISMO DEL SEÑOR - A (12 de Enero del 2014)

Evangelio según San Mateo 3,13 -17

En aquel tiempo, Jesús fue desde Galilea hasta el Jordán y se presentó a Juan para ser bautizado por él. Juan se resistía, diciéndole: «Soy yo el que tiene necesidad de ser bautizado por ti, ¡y eres tú el que viene a mi encuentro!». Pero Jesús le respondió: «Ahora déjame hacer esto, porque conviene que así cumplamos todo lo que es justo». Y Juan se lo permitió.

Apenas fue bautizado, Jesús salió del agua. En ese momento se abrieron los cielos, y vio al Espíritu de Dios descender como una paloma y dirigirse hacia él. Y se oyó una voz del cielo que decía: «Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección». PALABRA DEL SEÑOR.

Estimados amigos(as) en el Señor Paz y Bien:

Hoy, es el domingo del Bautismo del Señor, fiesta con el que se termina esta primera parte del tiempo litúrgico de este año ciclo “A” que iniciamos con el primer domingo de adviento a fines del mes de noviembre del año pasado 2013.

A Juan Bautista preguntaron si era el Mesías, Juan respondió con humildad y la verdad que no es el Mesías, ni profeta. Y le dijeron que si no es nada de eso, Por qué bautizaba. (Jn 1,26-27). El evangelista san Lucas nos reporta: Juan tomó la palabra y les dijo: «Yo los bautizo con agua, pero viene uno que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de desatar la correa de sus sandalias; él los bautizará en el Espíritu Santo y en el fuego” (Lc 3,16).

El evangelio de hoy termina diciendo: Apenas fue bautizado, Jesús salió del agua. En ese momento se abrieron los cielos, y vio al Espíritu de Dios descender como una paloma y dirigirse hacia él. Y se oyó una voz del cielo que decía: «Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección». (Mt 3,16-17). Mientras que San Lucas dice: Cuando Jesús se bautizaba, el Espíritu Santo descendió sobre él en forma corporal, como una paloma. Se oyó entonces una voz del cielo: “Tú eres mi Hijo amado, yo te he engendrado hoy” (Lc 3,22).

Testimonios de este acontecimiento:
El bautismo del Señor, un singular acontecimiento del que Juan dio este testimonio en estos términos: “He visto al Espíritu descender del cielo en forma de paloma y permanecer sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: "Aquel sobre el que veas descender el Espíritu y permanecer sobre él, ese es el que bautiza en el Espíritu Santo". Yo lo he visto y doy testimonio de que él es el Hijo de Dios” (Jn 1,32-34).

Cuando Jesús se bautizaba, el Espíritu Santo descendió sobre él en forma corporal, como una paloma. Se oyó entonces una voz del cielo: “Tú eres mi Hijo amado, yo te he engendrado hoy” (Lc 3,22). Más tarde hay otro testimonio del mismo Padre en favor del Hijo Único: Jesús tomó a Pedro, Juan y Santiago, y subió a la montaña para orar. Mientras oraba, su rostro cambió de aspecto y sus vestiduras se volvieron de una blancura deslumbrante… Mientras hablaba, una nube los cubrió con su sombra y al entrar en ella, los discípulos se llenaron de temor. Desde la nube se oyó entonces una voz que decía: “Este es mi Hijo, el Elegido, escúchenlo” (Lc 9,28-35).

Pero también tenemos el testimonio de este acontecimiento del mismo Señor. El Hijo Único: "El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. Él me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor". Jesús cerró el Libro, lo devolvió al ayudante y se sentó. Todos en la sinagoga tenían los ojos fijos en él. Entonces comenzó a decirles: «Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír” (Lc 4,18-21). Es decir, todas las profecías del A.T. se cumplen a plenitud en el Mesías esperado que es Jesús, quien con certeza dice: “Salí del Padre y vine al mundo…” (Jn 16,28). “El que me ha visto, ha visto al Padre. ¿Cómo dices: «Muéstranos al Padre»?¿No crees que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí? Las palabras que digo no son mías: el Padre que habita en mí es el que hace las obras. Créanme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí.” (Jn 14,9-10).

¿QUES ES PUES EL BAUTISMO PARA NOSOTROS?
Respecto al valor del Bautismo Jesús mismo dice lo siguiente: “Te aseguro que el que no renace de lo alto no puede ver el Reino de Dios. Nicodemo le preguntó: «¿Cómo un hombre puede nacer cuando ya es viejo? ¿Acaso puede entrar por segunda vez en el seno de su madre y volver a nacer?». Jesús le respondió: «Te aseguro que el que no nace del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, lo que nace de Espíritu es espíritu” (Jn 3,3-6).

San Pablo nos sitúa la importancia del bautismo porque está relacionado al pecado original: “Por un solo hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte pasó a todos los hombres, porque todos pecaron” (Rm 5,12). Y Juan agrega: “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros” (IJn 1,8)n¿No saben ustedes que todos los que fuimos bautizados en Cristo Jesús, nos hemos sumergido en su muerte? Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que así como Cristo resucitó por la gloria del Padre, también nosotros llevemos una Vida nueva. Porque si nos hemos identificado con Cristo por una muerte semejante a la suya, también nos identificaremos con él en la resurrección” (Rm 6,3-6). Pero es dable aclarar lo que en la carta a los hbreos se nos dice: “Porque no tenemos un Sumo Sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades; al contrario él fue sometido a las mismas pruebas que nosotros, a excepción del pecado” (Heb 4,15).

Para nuestra reflexión, destacamos dos rasgos fundamentales también para nosotros hoy: El primer rasgo es que Jesús no se siente incómodo mezclándose con todos los pecadores que hacen turno para que Juan los bautice, no tiene reparo alguno de que le tengan por un pecador más en la fila de los pecadores. Esto marca, de alguna manera, su estilo de vida. A Jesús le podrán acusar de todo, pero no dirán que Jesús es de los que anda siempre con los buenos. Toda su vida pública estará marcada por estar cerca a los malos, los pecadores, por su amor hacia ellos y por su acogida a todos ellos: “Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores, para que se conviertan” (Lc 5,32).

El segundo rasgo es que Jesús queda marcado y su corazón como tatuado por una profunda experiencia de ser el amado, el querido, el preferido del Padre. Quedó marcado por sentirse amado y de ahí que toda su vida será también una experiencia de amor primero para con el Padre y luego para con todos los hombres.

Esta doble experiencia será como la espina dorsal de su personalidad y la dará consistencia a su propia identidad. La sicología moderna insiste mucho en esta primera experiencia del amor como base para la estructuración de nuestra personalidad. ¿Nos sentimos nosotros los amados de Dios? Quisiera recordar aquí lo que dice el Papa Francisco: “Si vais al Baptisterio de San Juan de Letrán, en la catedral del Papa, en el interior hay una inscripción latina que dice más o menos así: «Aquí nace un pueblo de estirpe divina, generado por el Espíritu Santo que fecunda aguas; la Madre Iglesia da a luz a sus hijos en estas olas.»”

A los treinta años se da un gran acontecimiento. En Navidad lo vemos en la cuna. En el Templo lo vemos adolescente. En Nazaret lo vemos adulto. Hoy lo vemos metido entre los pecadores como un pecador anónimo, esperando recibir el bautismo de Juan. Fue uno de esos momentos que marcó la vida de Jesús pero también las esperanzas del Pueblo fiel.

Jesús es confesado públicamente por el Padre como su “Hijo amado”. Por fin, después de tantos años en los que el Pueblo sentía que, víctima de sus pecados, el pueblo se le había cerrado, de nuevo el cielo se abre. De nuevo suena la voz de Dios. Jesús queda marcado humanamente como “Hijo amado”. Esa experiencia humana de su filiación lo sella para toda su vida. En lo sucesivo será el “Hijo que habla en nombre del Padre”, será el “Hijo que hace lo que el Padre le manda”, será “Hijo enviado”, será “el Hijo que vuelve al Padre”. Una vida marcada y señalada por la paternidad y la filiación.

También quedará marcado por su amor a los pecadores. Desde entonces sus “amados” serán precisamente los publicanos y pecadores sus “predilectos”. Se sentirá como el enviado del Padre “a los enfermos” más que a los que se creen sanos. El nacimiento nos marca de alguna manera genéticamente con la realidad de nuestros padres. El Bautismo nos marca genéticamente con el amor y la vida de Dios porque también a nosotros se nos dice “Uds. son mis hijos amados, mis predilectos”. Sobre nosotros como sobre Él desciende el Espíritu Santo, cuya misión será también la de “empujarnos” y vivificarnos. Por eso el Bautismo tiene que ser como el punto de partida de nuestra vida de creyentes, de nuestra vida de cristianos, de nuestra vida de “hijos amados de Dios”.

Finalmente Jesús dijo a sus apóstoles: “Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo”

sábado, 4 de enero de 2014

DOMINGO DE EPIFANÍA - A (5 de enero del 2014)

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EPIFANÍA DEL SEÑOR - A (5 de Enero del 2014)
Evangelio de San Mateo 2,1-12:

Cuando nació Jesús, en Belén de Judea, bajo el reinado de Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén y preguntaron: «¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos su estrella en Oriente y hemos venido a adorarlo». Al enterarse, el rey Herodes quedó desconcertado y con él toda Jerusalén.  Entonces reunió a todos los sumos sacerdotes y a los escribas del pueblo, para preguntarles en qué lugar debía nacer el Mesías. «En Belén de Judea, –le respondieron–, porque así está escrito por el Profeta:
"Y tú, Belén, tierra de Judá, ciertamente no eres la menor entre las principales ciudades de Judá, porque de ti surgirá un jefe que será el Pastor de mi pueblo, Israel"». Herodes mandó llamar secretamente a los magos y después de averiguar con precisión la fecha en que había aparecido la estrella, los envió a Belén, diciéndoles: «Vayan e infórmense cuidadosamente acerca del niño, y cuando lo hayan encontrado, avísenme para que yo también vaya a rendirle homenaje».
Después de oír al rey, ellos partieron. La estrella que habían visto en Oriente los precedía, hasta que se detuvo en el lugar donde estaba el niño. Cuando vieron la estrella se llenaron de alegría, y al entrar en la casa, encontraron al niño con María, su madre, y postrándose, le rindieron homenaje. Luego, abriendo sus cofres, le ofrecieron dones, oro, incienso y mirra. Y como recibieron en sueños la advertencia de no regresar al palacio de Herodes, volvieron a su tierra por otro camino. PALABRA DEL SEÑOR.

Estimados amigos(as) en la fe, Paz y Bien en el Señor que ha venid a salvarnos del pecado en su Hijo, el niño Jesús.

Los reyes magos que gran anuncio, que buena noticia que hicieron entre los propios que no sabían lo que había pasado: “¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos su estrella en Oriente y hemos venido a adorarlo” (Mt 2,2). Esta gran noticia suscita dos actitudes: Búsqueda guiados por la luz (Mt 2,9) de la estrella y búsqueda guiadas por el egoísmo (Mt. 2,8).

Nadie ha visto jamás a Dios; el que lo ha revelado es el Hijo único, 
que está en el seno del Padre (Jn 1,8). El Niño recién nacido apenas puede ver a su Madre, pero ya ha visto a Dios. Cuando Dios quiere ver al hombre mira a su Hijo. Es que Dios se hace visible a través de lo humano: “Yo estoy en el Padre y el Padre en mi, quien me ve, ve a quien me envió (Jn 14,9). María y José lo vieron a través de un Niño. Los Magos lo vieron a través del Rey de los judíos (Mt 2,2) el Niño en un pesebre. A Dios le encanta lo humano como su espejo. Con razón le dio el título de su Imagen y semejanza (Gn 1,26).

Hoy es la fiesta de la Epifanía que significa a manifestación de Dios al mundo entero (Dios hecho Niño que en este día revela la universalidad de Dios, la universalidad de la fe) y no fiesta de Reyes, porque no es dable que los reyes suplanten el poder Dios quien por su luz de la estrella guía los reyes (Mt 2,9) Y por tanto los reyes sin la luz de la estrella nunca podrían halar al Niño. Los Santos Reyes no son sino un signo, pero el verdadero significado de la fiesta se la da el Niño Jesús, que desde su cuna en el pesebre abre a Dios a todos los pueblos, a todas las razas y a todos los hombres.

Nuestro verdadero nombre de creyentes es el de “cristianos”; sin embargo, llevamos un apellido que lo dice todo: “católicos”. Lo de católico no significa propiamente romano, sino “universal”. Nuestra fe es católica, nuestra misión es católica, debido a Dios, el Dios que se revela y manifiesta a los Magos, es “católico” porque es para todos. Jesús ha nacido para todos. Nadie se puede hacer dueño de su nacimiento, ni siquiera María y José. La salvación que Él nos trae es una salvación para todos. Nadie puede hacerse dueño de la salvación de Dios, ni siquiera la Iglesia. Ella no es la salvación, sino señal de la salvación, sacramento de la salvación.

Ser cristiano es sentirnos signos de salvación para todos, sin excluir a nadie, sin poner fronteras a nadie, sin exclusivismos ni particularismos, sin divisionismos ni ideológicos, ni teológicos ni espirituales. Todo reduccionismo particularista deja de ser la Epifanía de Dios hoy para el hombre. Con frecuencia frente a Dios asumimos actitudes de pura curiosidad, otras de duda y ambigüedad. La única actitud frente a Dios es la de arrodillarnos, callar, sentir su presencia y adorarlo en nuestros corazones. A Dios no podemos meterlo en nuestra cabeza. A Dios sólo se le puede meter en el corazón. Dios no entra en nuestras ideas ni en nuestros discursos mentales, pero Dios sí puede entrar en nuestro corazón.

Los Magos de Oriente no venían a investigar qué había sobre Dios, cuáles eran las novedades sobre Dios, venían rendidos, en actitud de rodillas, en actitud de adoración, de admiración, en actitud de sorpresa. Para adorarle, primero hay que conocerle, aceptarle y rendirnos ante Él. Adorarle, es asombrarnos de su grandeza. Es decir, para adorar tenemos que comenzar por fe. Y la fe no es un saber sobre Dios, sino un dejarnos meter en su misterio y decir sí sin aun entender nada. Porque Dios no se deja abordar por el hombre en razón de su raciocinio, si no por su fe.

La cultura moderna, y el hombre moderno, adoptan ante Dios actitudes de autosuficiencia, actitudes de desafío. No es la actitud de adoración y rendimiento, sino la actitud de una especie de reto. Como quien se sitúa frente a él de poder a poder. Por eso, nos permitimos la libertad de negarlo en nuestras vidas, de decirle que no es ya importante para nosotros, que podemos vivir sin mayor problema prescindiendo de Él. En todo caso, tenemos el atrevimiento de juzgarle y someterle a juicio porque no responde a lo que nosotros quisiéramos de Él.

Los Magos no iban guiados por su vanidad a preguntar y cuestionar, iban a rendirle el tributo de su adoración, a rendirse delante de Él. Cuando llegaron, posiblemente, no encontraron lo que se habían imaginado. “Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron y le ofrecieron de regalo oro, incienso y mirra” (Mt 2,11).

El sentido de propiedad, actitud de vanagloria no está solo en querer las cosas para si, también suele extenderse a Dios. Hoy resulta que, cada uno piensa en “mi Dios”, el mío, el que es de mi propiedad. Y Dios no se deja poseer por nadie. Dios no es propiedad de nadie porque Dios es propiedad de todos. Cada vez que nos queremos adueñarnos de Él, terminamos por quedarnos sin Dios. Esa fue la experiencia de Israel. Dios le había escogido como su pueblo e Israel se había adueñado de Él. En aquella cultura se entiende. Cada pueblo tenía su Dios protector. Israel tenía el suyo. Por más que los profetas tratasen de presentar el universalismo de la salvación, el pueblo seguía con la mentalidad de que Dios era para ellos y para nadie más.

No es que hoy lleguemos a ese nacionalismo de Dios, pero es posible que lleguemos al “individualismo”. El Dios para los buenos. El Dios para los que van a Misa. El Dios para los creyentes. Y Dios no se deja atrapar. La primera manifestación de Jesús es precisamente para los pueblos gentiles, en la persona de estos personajes misteriosos que conocemos con el nombre de Reyes Magos. Mientras en Jerusalén nadie se da por enterado, los de lejos vienen a buscarlo y Él se manifiesta a ellos porque se dejan guira por l luz de la estrella que es la fe.

Los buenos no tenemos derecho alguno de apropiarnos de Dios. Nuestro único derecho es que si nosotros ya le hemos conocido lo demos a conocer a los demás. Los buenos no tenemos derecho alguno de hacernos dueños de Dios que también los malos tienen derecho a conocerlo y amarlo y sentirse amados por Él. Los buenos no tenemos derecho alguno a reclamar todos los servicios para nosotros, cuando a la inmensa mayoría nadie le presta atención. Dios no es singular, Dios es plural, Dios es trinitario. Por lo tanto, su manifestación y revelación tampoco puede ser singular e individualista sino universal. Dios tiene que abarcar a la humanidad. Mi Dios es el Dios de todos los hombres, buenos y malos, cercanos o lejanos.
Todos tenemos muchas buenas voluntades, deseos nos sobran, pero lo que nos suele faltar es la decisión. Soñamos muchas cosas, pero con frecuencia todo queda en eso. Los Magos sintieron que algo se despertaba en su corazón, sintieron que algo les llamaba, sintieron que algo nuevo comenzaba a amanecer, pero no sabían dónde y se pusieron en camino. No se encuentra a Dios esperando. No se encuentra a Dios encarnado, recién estrenada la vida humana, sentados en la butaca. Hay que ponerse en camino buscando.

A veces no hay que buscarlo mucho porque lo tenemos cerca. Otras veces hay que buscarlo lejos, el camino es largo y por qué no toda la vida.
Los Magos no la tuvieron fácil, vinieron de lejos guiados por una señal, pero sin saber dónde estaba el final del camino. Es la historia de toda búsqueda. Es la historia de quien quiere encontrarse con Dios. No sabemos si estará a la vuelta de la esquina o estará lejos, lo importante es ponerse en camino, no cansarse, saber afrontar las dificultades. No siempre nos encontramos con Dios tan fácilmente. A veces pasan los años y no lo sentimos. Caminamos buscándole y la noche se nos echa encima. No vemos nada, no sentimos nada, no sabemos a dónde ir.Esto es lo maravilloso de los Magos. Gentes desconocidas. Gentes que vienen de lejos. Gentes que son capaces de descubrir esas estrellas-señales que nos hablan de Él, pero hay que esperar, no hay que echarse para atrás, no hay que caer en el desaliento.


Nosotros quisiéramos un Dios al que pudiéramos tocar con la mano y ver con nuestros ojos, pero eso será posible si nos dejamos guiar por la luz de la fe y en cada santa Eucaristía Dios se deja ver y se deja tocar. N cada misa Dios se encarna en la hostia sagrada de altar, pero si no nos dejamos guiar por la luz de la fe, nunca podremos advertir la presencia de Dios en el Altar de cada misa (Lc 22,19-20).

sábado, 28 de diciembre de 2013

DOMINGO DE LA SAGRADA FAMILIA - A (29 de Diciembre del 20013)



SAGRADA FAMILIA - A / 29 de diciembre del 2013

Evangelio de San Mateo 2,13-15;19-23

En aquel tiempo, después de la partida de los magos, el Ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto y permanece allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo».  José se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto. Allí permaneció hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por medio del Profeta: "Desde Egipto llamé a mi hijo".

Cuando murió Herodes, el Angel del Señor se apareció en sueños a José, que estaba en Egipto, y le dijo: «Levántate, toma al niño y a su madre, y regresa a la tierra de Israel, porque han muerto los que atentaban contra la vida del niño». José se levantó, tomó al niño y a su madre, y entró en la tierra de Israel. Pero al saber que Arquelao reinaba en Judea, en lugar de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allí y, advertido en sueños, se retiró a la región de Galilea, donde se estableció en una ciudad llamada Nazaret. Así se cumplió lo que había sido anunciado por los profetas: "Será llamado Nazareno" PALABRA DEL SEÑOR.

REFLEXION:

Estimados amigos(as) en el Señor, Paz y Bien.

La sagrada familia (la virgen María y san José), antes de vivir juntos ya tenían problemas; porque el hijo que lleva en sus entrañas la virgen, no es precisamente para José (Mt 1,18), por eso José decidió ya no concretizar la vida conyugal. Pero, el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo… Al despertar, José hizo lo que el Ángel del Señor le había ordenado: llevó a María a su casa” (Mt. 1,20;24). Cuando todo parece normalizarse, la sagrada familia tendrá otro problema, el problema del alojamiento: “María dio a luz a su Hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el albergue” (Lc 2,7).

Que alegría, que el niño ya nació, pero los problemas no cesan en la sagrada familia. Ahora no todos se alegran con su nacimiento, sino muchos en Jerusalén se alborotan por su nacimiento empezando por el rey Herodes (Mt 2,2). El Ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: “Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto y permanece allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo”. José se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto” (Mt 2,13-14).

Muchos dirán que la suerte no acompañó a la familia de Jesús que comenzó con problemas, nació en medio de problemas y recién nacido siguen los problemas. Ahora debe emigrar a Egipto como un prófugo, como un exilado. ¡Y era la Sagrada Familia! Era nada menos que la familia de Jesús. Con qué facilidad hablamos de la Sagrada Familia como si en ella todo fuese gozo y alegría, como si en ella no hubiese problemas, ni conflictos y dolores ni sufrimientos, ni carencias. Sin embargo, si meditamos el texto de Mateo fue una familia con serias dificultades y con serios problemas, y no solo en sus comienzos, sino durante toda la vida del Hijo de Dios.

Una familia muy santa y muy querida de Dios, pero también una familia que debió sufrir mucho. Yo diría que una familia muy parecida a muchas de nuestras familias de hoy. Esto es lo que me impresiona y de la Familia de Jesús. Siempre me habían presentado a la Sagrada Familia como un cielo en la tierra, todo era cariño, todo era amor y todo era felicidad, y ahora que leo y medito el Evangelio descubro que es una familia que debió vivir la realidad de muchas de nuestras familias.

Una familia sin casa propia que tiene que refugiarse en la marginalidad de Belén. Una familia de emigrantes, desarraigada de su propia tierra y de su propia lengua que tiene que vivir expatriada y exilada. Además algo bien curioso, por culpa del Hijo que es también el Hijo de Dios porque es a Él a quien Herodes quiere eliminar. María y José tienen un hijo a quien la autoridad y el poder persiguen para darle muerte, recién nacido.

Pero, sería bueno preguntarnos también, si no hubiera problemas, que sería de nosotros, seriamos como ángeles del cielo. Así, pues, los problemas no pueden ser una razón para no ser felices. Estoy seguro de que, a pesar de todos estos sufrimientos, la familia de Jesús fue una familia feliz. Si en tu familia hay problemas,  no se desesperen, miren en la Sagrada Familia que los tuvo posiblemente mayores que los de Uds. ¿Quién no tiene problemas?

 Para que vean, la Sagrada Familia no vivió en las nubes, sino en un mundo real, con unas situaciones concretas, con unas personas concretas, con unos poderes concretos y con unas mentalidades concretas. La familia de Jesús comenzó ya con problemas en la Encarnación. El susto de José y el riesgo de María, estaban ahí como cuchilla afilada rasgando corazones. Sólo la fe de José en la Palabra de Dios pudo abrir luz en aquella oscuridad.

Como ya dijimos, los problemas en la sagrada familia ya se presentan l inicio. El Nacimiento del mismo Niño no tuvo mucho de facilidades. Tocar puerta tras puerta y sentirse rechazados hasta ir a parar a un establo de ovejas, no debió de tener demasiado de fiesta. Y ahora algo realmente doloroso y peligroso: “Herodes quiere matar al Niño. Huye a Egipto.” Entonces como tres prófugos, emprenden el camino del desierto, como extranjeros en tierra ajena. Problema tras problema. Algunos, creíamos que la verdad y felicidad de la familia consiste en que no falte nada, lo tengamos todo, y no haya problemas. A la Sagrada Familia le faltó todo, no tenía nada y estuvo llena de problemas. Sin embargo era la Familia de Dios, era la Familia de Jesús, María y José.

Todos queremos tener una linda familia. Todos queremos tener una familia feliz. Ese ha de ser ideal de hogar y de familia, pero la realidad que nos rodea no siempre nos ayuda. En la familia de Jesús, el problema estuvo en el ansia de poder de Herodes, dispuesto a todo, con tal de sacar de en medio a alguien que pudiera poner en peligro su trono.

Hoy puede que no seamos tan ceñidos en problemas, pero hay muchos estilos de Herodes: la injusticia, la pobreza y la miseria, la falta de trabajo, son los problemas económicos. Nunca las alegrías vienen completas, hay muchas circunstancias que nos hacen sentir el sufrimiento y la desilusión. Sin embargo, la fe fue más fuerte que todas las amenazas en la Familia de Jesús. Nosotros tendríamos que afirmar un amor capaz de hacernos más fuertes que todos los tropiezos del camino. Un bello ejemplo para luchar y no desesperarnos. Un bello ejemplo para luchar y ser más que nuestras dificultades.

El secreto para afrontar nuestros conflictos, temores, e inseguridades está en la figura de la grada familia, en la humildad de san José, que nunca supo poner peros en la propuesta de Dios, hace lo que Dios le manda y sin decir una sola palabra. La virgen sin saber ser madre dice: Aquí está la esclava del Señor hágase en mí según tu palabra (Lc 1,28). El Hijo terminara su vida en la cruz entre los malhechores como un condenado, pero al tercer día resucitará (Mc 10,33). Pero, antes tendrá que sufrir mucho, cargar con su cruz… “Padre si es posible aparta de mi esta copa, pero que no haga mi voluntad sino la tuya” (Lc 22,24).

Saben quién no tiene problemas. Es el que no hace nada en su vida, a quien le da igual hacer bien o mal. Pero quien quiere hacer siempre el bien, quien quiere superarse, siempre tendrá problemas. Pero contamos con la ayuda de Dios, él va a estar ahí donde todos te abandonan, él nunca te fallará. Tu fe y tu voluntad de superación y camino al éxito es tu única opción y eso solo tú puedes hacerlo por ti y los suyos ya nadie más lo hará por ti. Esperar con paciencia y la perseverancia es un deber, no un lujo. El cristiano es por definición, el Hombre de la Esperanza. San Pedro nos anima a que siempre estemos dispuestos a dar razón de nuestra esperanza. Muchos creyentes toman por modelo a personas simples humanos (deportistas, artista) y dejan y dejan de lado el modelo de la humanidad que es Cristo Jesús. Miran la vida con pasividad y resignación: aceptan la frustración y la derrota; se olvidan que Dios sembró en cada uno capacidades extraordinarias, dones, talentos, para afrontar la vida, mejorar y hacer de ella una fiesta de esperanza y de gozo. Al respecto el Dr. Christian Barnard compuso una maravillosa oración que dice:

Si piensas que estás vencido, lo estás.
Si piensas que no te atreves, no lo harás.
Si piensas que te gustaría ganar
Pero [crees] que no puedes, no lo lograrás;
Porque en el mundo encontrarás que el éxito
Comienza con la voluntad del hombre.

Si piensas que perderás; ya has perdido.
Todo está en el estado mental,
Porque muchas carreras se han perdido
Antes de haber corrido.
Y muchos cobardes han fracasado
antes de haber su trabajo empezado.

Piensa en grande y tus hechos crecerán;
Piensa en pequeño y te quedarás atrás.
Tienes que pensar bien para elevarte,
Todo está en el estado mental.

Si piensas que estás adelante, lo estás.
Tienes que estar seguro de ti mismo,
antes de intentar ganar un premio.
La batalla de la vida no siempre la gana
el hombre más fuerte o el más ligero.

Porque tarde o temprano, el hombre que gana
es aquel que cree poder hacerlo. Amén.


El ángel ha dicho a la virgen María: “Nada es imposible para Dios” (Lc 1,37). Jesús dice: Sin mi nada podrán hacer (Jn 15,5). Nada es imposible para quien cree y tiene fe (Mt 17,20). San Pablo: Para mi Cristo lo es todo (Col 3,11). La fe que mueve montañas, sumado a tu voluntad, podrás hacer cosas extraordinarias y de hecho es la única estrategia para escalar el cielo.

CON LA BENDICIÓN DE DIOS OS DESEO DE TODO CORAZÓN UN AÑO NUEVO DE MUCHA FELICIDAD PARA UD. Y TODA SU FAMILIA. SINCERO DESEO DE SU AMIGO FR. JULIO CH. HERMANO FRANCISCANO.