domingo, 25 de enero de 2026

DOMINGO IV T.O. – A (Domingo 01 de febrero de 2026).

 DOMINGO IV T.O. – A (Domingo 01 de febrero de 2026).

Proclamación del Santo evangelio según San Mateo: 5,1-12:

5,1 Viendo la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron.

5,2 Y tomando la palabra, les enseñaba diciendo:

5,3 “Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos.

5,4 Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra.

5,5 Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.

5,6 Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados.

5,7 Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

5,8 Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

5,9 Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

5,10 Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos.

5,11 Bienaventurados cuando los injurien, y los persigan y digan con mentira toda clase de mal contra uds. por mi causa.

5,12 Alégrense y regocíjense, porque su recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a uds. PALABRA DEL SEÑOR.

Estimados amigos en el Señor Paz y Bien.

Las bienaventuranzas (Felices) no son diferentes caminos para llegar al Reino de Dios, de manera que cada uno pueda elegir el que mejor le cuadre. No, Jesús ofrece desde perspectivas distintas el único camino (Jn 14,6). En primer lugar se señala una actitud inicial básica que se convierte en exigencia para llegar al Reino de Dios. El que adopta esa actitud es ya "dichoso o feliz", pues hay para él una promesa. En la primera y en la última bienaventuranza la promesa es expresamente el Reino de los Cielos, en las otras se trata de la misma realidad considerada bajo diversos aspectos.

Las bienaventuranzas son una recapitulación anunciada en el A.T. e invitación a ser parte del Reino de Dios y que bien se puede resumir así: “Feliz el que cumple lo que enseña, porque será grande en el Reino de los Cielos” (Mt 5,19). Y que se complementa con esta cita: "Los escribas y fariseos ocupan la cátedra de Moisés; ustedes hagan y cumplan todo lo que ellos les digan, pero no se guíen por sus obras, porque no hacen lo que dicen. Atan pesadas cargas y las ponen sobre los hombros de los demás, mientras que ellos no quieren moverlas ni siquiera con el dedo” (Mt 23,2-4). Al Reino de Dios no se puede entrar con bonitas ideas o apariencias. Sino en base a esfuerzo y sacrificio. Incluso hoy nos ha dicho: “Felices ustedes, cuando sean insultados y perseguidos, y cuando los calumnien en toda forma a causa de mí” (Mt 5,11). En lugar de estar tristes, “alégrense y regocíjense entonces, porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo; de la misma manera persiguieron a los profetas que los precedieron” (Mt 5,12).

El Evangelio de Mateo, presenta a Jesús como el nuevo Moisés, el nuevo legislador. En el AT la Ley de Moisés fue codificada en cinco libros: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio. Imitando el modelo antiguo, Mateo presenta la Nueva Ley en cinco grandes Sermones dispersos en el evangelio: a) el Sermón del Monte (Mt 5,1 a 7,29); b) el Sermón de la Misión (Mt 10,1-42); c) El Sermón de las Parábolas (Mt 13,1-52); d) el Sermón de la Comunidad (Mt 18,1-35); e) El Sermón del Futuro del Reino (Mt 24,1 a 25,46). Las partes narrativas, intercaladas entre los cinco Sermones, describen la práctica de Jesús y muestran como él observaba la nueva Ley y la encarnaba en su vida.

Mateo 5,1-2: El solemne anuncio de la Nueva Ley. De acuerdo con el contexto del evangelio de Mateo, en el momento en que Jesús pronunció el Sermón del Monte, había apenas cuatro discípulos con él (Mt 4,18-22). Poca gente. Pero una multitud inmensa le seguía (Mt 4,25). En el AT, Moisés subió al Monte Sinaí para recibir la Ley de Dios. Al igual que Moisés, Jesús sube al Monte y, mirando a la multitud, proclama la Nueva Ley. Es significativo: Es significativa la manera solemne como Mateo introduce la proclamación de la Nueva Ley: “Viendo la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron. Y, tomando la palabra, les enseñaba diciendo: «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos.” Las ocho Bienaventuranzas forman una solemne apertura del “Sermón de la Montaña”. En ellas Jesús define quien puede ser considerado bienaventurado, quien puede entrar en el Reino. Son ochos categorías de personas, ocho puertas para entrar en el Reino, para la Comunidad. ¡No hay otras entradas! Quien quiere entrar en el Reino tendrá que identificarse por lo menos con una de estas categorías.

Mateo 5,3: Bienaventurados los pobres de espíritu. Jesús reconoce la riqueza y el valor de los pobres (Mt 11,25-26). Define su propia misión como la de “anunciar la Buena Nueva a los pobres” (Lc 4,18). El mismo, vive como pobre. No posee nada para sí, ni siquiera una piedra donde reclinar la cabeza (Mt 8,20). Y a quien quiere seguirle manda escoger:¡o Dios, o el dinero! (Mt 6,24). En el evangelio de Lucas se dice: “¡Bienaventurados los pobres!” (Lc 6,20). Entonces, ¿quién es “pobre de espíritu”? Es el pobre que tiene el mismo espíritu que animó a Jesús. No es el rico. Ni es el pobre como mentalidad de rico. Es el pobre que, como Jesús, piensa en los pobres y reconoce su valor. Es el pobre que dice: “Pienso que el mundo será mejor cuando el menor que padece piensa en el menor”.

Mateo 5,4-9: El nuevo proyecto de vida. Cada vez que en la Biblia se intenta renovar la Alianza, se empieza estableciendo el derecho de los pobres y de los excluidos. Sin esto, ¡la Alianza no se rehace! Así hacían los profetas, así hace Jesús. En las bienaventuranzas, anuncia al pueblo el nuevo proyecto de Dios que acoge a los pobres y a los excluidos. Denuncia el sistema que ha excluido a los pobres y que persigue a los que luchan por la justicia. La primera categoría de los “pobres en espíritu” y la última categoría de los “perseguidos por causa de la justicia” reciben la misma promesa del Reino de los Cielos. Y la reciben desde ahora, en el presente, pues Jesús dice “¡de ellos es el Reino!” El Reino ya está presente en su vida. Entre la primera y la última categoría, hay tres otras categorías de personas que reciben la promesa del Reino. En estos tres dúos transpare el nuevo proyecto de vida que quiere reconstruirla en su totalidad a través de un nuevo tipo de relaciones: con los bienes materiales (1er dúo); con las personas entre sí (2º dúo); con Dios (3er dúo). La comunidad cristiana debe ser una muestra de este Reino, un lugar donde el Reino empieza a tomar forma desde ahora.

Los tres: Primera dúo: los mansos y los que lloran: Los mansos son los pobres de los que habla el salmo 37. Se les quitó su tierra y la van a heredar de nuevo (Sal 37,11; Sal 37.22.29.34). Los afligidos son los que lloran ante la injusticia en el mundo y entre la gente (Sl 119,136; Ez 9,4; Tob 13,16; 2Pd 2,7). Estas dos bienaventuranzas quieren reconstruir la relación con los bienes materiales: la posesión de la tierra y el mundo reconciliado.

Segundo dúo: los que tienen hambre y sed de justicia y los misericordiosos. Lo que tienen hambre y sed de justicia son los que desean renovar la convivencia humana, para que esté de nuevo de acuerdo con las exigencias de la justicia. Los misericordiosos son los que tienen el corazón en la miseria de los otros porque quieren eliminar las desigualdades entre los hermanos y las hermanas. Estas dos bienaventuranzas quieren reconstruir la relación entre las personas mediante la práctica de la justicia y de la solidaridad.

Tercer dúo: los puros de corazón y los pacíficos: Los puros de corazón son los que tienen una mirada contemplativa que les permite percibir la presencia de Dios en todo. Los que promueven la paz serán llamados hijos de Dios, porque se esfuerzan para que la nueva experiencia de Dios pueda penetrar en todo y realice la integración de todo. Estas dos bienaventuranzas quieren reconstruir la relación con Dios: ver la presencia actuante de Dios en todo y ser llamado hijo e hija de Dios.

Mateo 5,10-12: Los perseguidos por causa de la justicia y del evangelio. Las bienaventuranzas dicen exactamente lo contrario de lo que dice la sociedad en la que vivimos. En ésta, el perseguido por la justicia es considerado como un infeliz. El pobre es un infeliz. Feliz es el que tiene dinero y puede ir al supermercado y gastar según su voluntad. Los infelices son los pobres, los que lloran.

Felices dice el Señor, ¿y quién son los felices?. En el Antiguo Testamento, se definen felices a los viven las indicaciones de la Sabiduría (Eclo 25,7-10), también dice. “Guarda los preceptos y los mandamientos que yo te prescribo hoy, para que seas feliz”, (Deuteronomio 4), “Yahveh tu Dios te bendecirá en todas tus cosechas y en todas tus obras, y serás plenamente feliz.” (Deuteronomio 16), también en los Salmos se reza que es “feliz” quien ama al Señor, y feliz el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni en la senda de los pecadores  (Salmos 1,1).

La bienaventuranza del sermón de la montaña prometida nos coloca ante opciones morales decisivas. Nos invita a purificar nuestro corazón de sus malvados instintos y a buscar el amor de Dios por encima de todo. Nos enseña que la verdadera dicha no reside ni en la riqueza o el bienestar, ni en la gloria humana o el poder, ni en ninguna obra humana, por útil que sea, como las ciencias, las técnicas y las artes, ni en ninguna criatura, sino sólo en Dios, fuente de todo bien y de todo amor.

El Sermón de la Montaña, específicamente las Bienaventuranzas (Mt 5,1-12), no es simplemente un poema de consuelo, sino un manifiesto radical que redefine el éxito, la felicidad y el propósito humano. A continuación, exploramos cómo este pasaje nos sitúa frente a una transformación profunda del corazón y la voluntad.

1. Una Opción Moral Decisiva: Las Bienaventuranzas funcionan como un espejo que nos obliga a elegir. No son sugerencias opcionales, sino que presentan un cambio de paradigma. Cada "Dichoso..." es una invitación a decidir si queremos construir nuestra vida sobre los valores del mundo o sobre la lógica del Reino de Dios.

El contraste: Mientras el mundo premia la autosuficiencia y la fuerza, Jesús bendice al "pobre de espíritu" y al "sufrido".

La decisión: Seguir este camino implica la renuncia deliberada al egoísmo para abrazar una ética basada en la confianza absoluta en Dios.

2. La Purificación del Corazón: Jesús enfatiza que la verdadera moralidad no es solo externa (cumplir leyes), sino interna. La promesa de "ver a Dios" está reservada para los limpios de corazón. Contra los instintos: Nos invita a identificar y purificar esos impulsos de dominio, envidia o rencor que anidan en el interior. El Amor como prioridad: Purificar el corazón significa vaciarlo de ídolos para que el amor de Dios sea el motor de cada acción. Como dice el texto, se trata de buscar a Dios por encima de todo.

3. ¿Dónde reside la verdadera dicha? El sermón es una advertencia directa contra las falsas seguridades. Jesús desplaza el concepto de "felicidad" de lo material y lo humano hacia lo divino. La verdadera paz viene de la justicia y la confianza en la providencia. La grandeza se halla en la humildad y en trabajar por la paz. Ciencia, Técnica y Artes: Son útiles, pero incapaces de saciar el hambre de eternidad del hombre. Las Criaturas: Son reflejos de Dios, pero no son la Fuente; solo Dios es el fin último.

4. Dios es fuente Única de Bien y Amor: La enseñanza central es que ninguna obra humana, por más noble o útil que sea (como los avances científicos o las expresiones artísticas), puede sustituir la comunión con el Creador. La bienaventuranza es, en esencia, participar de la naturaleza de Dios. Él es el único capaz de llenar el vacío del corazón humano porque Él es la fuente de donde emana todo amor auténtico. Al final, las Bienaventuranzas nos dicen que ser felices es, sencillamente, parecerse a Dios porque el hombre ha sido creado a imagen y semejanza de Dios (Gn 1,27).

Felices los que tienen corazón limpio, verán a Dios (Mt 5,8); felices los que trabajan por la paz, serán hijos de Dios" (Mt 5,9). Estas dos bienaventuranzas son piezas clave para entender la ética cristiana, ya que conectan la integridad interior (corazón limpio) con la acción exterior (trabajar por la paz). En un mundo lleno de polarización y ruido digital, estas promesas se convierten en un desafío moral directo.

1. "Felices los que tienen corazón limpio, porque verán a Dios": Tener un "corazón limpio" no significa ser perfecto o carecer de errores, sino tener un corazón no dividido. Es la rectitud de intención: que lo que dices, lo que piensas y lo que haces estén en sintonía con el amor de Dios.

El dilema actual: La cultura de la apariencia y la doble vida. Vivimos en la era de la "curaduría de imagen" en redes sociales, donde a menudo proyectamos una virtud que no practicamos en privado. El dilema moral aquí es la hipocresía o la fragmentación del yo.

La opción moral: Purificar el corazón implica renunciar a los "malvados instintos" de la vanidad y el engaño. Solo quien es transparente consigo mismo y con los demás puede desarrollar la sensibilidad espiritual necesaria para "ver" la presencia de Dios en el prójimo y en la creación.

2. "Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios": Jesús no dice "felices los que son pacíficos" (una actitud pasiva), sino los que trabajan (hacedores de paz"). Es una labor activa, a veces incómoda y costosa. El dilema actual: La polarización y el "cancelamiento". Ante un conflicto social o político, la tendencia instintiva es tomar bandos, atacar al "enemigo" y alimentar la división. El dilema es: ¿Busco tener la razón y aplastar al otro, o busco la reconciliación aunque me cueste el orgullo? La opción moral: Trabajar por la paz nos obliga a buscar el bien común por encima de los intereses particulares o ideológicos. Ser "hijo de Dios" implica imitar al Padre, que ama a todos por igual, convirtiéndonos en puentes en lugar de muros.

Aplicación práctica: El cruce de ambas Bienaventuranzas: Cuando unimos estas dos, obtenemos una hoja de ruta para decisiones difíciles: Pregunta del Corazón Limpio: "¿Estoy haciendo esto por justicia real o para alimentar mi ego y quedar bien ante los demás?" Pregunta del Constructor de Paz: "¿Mi respuesta ante esta ofensa genera más odio o abre una puerta al diálogo?"

Nota: Estas bienaventuranzas nos enseñan que la paz no es la ausencia de conflicto, sino la presencia de una justicia que nace de un corazón que ya no busca poseer ni dominar, sino servir.

Vamos a centrar la reflexión ahora en el entorno social y digital, que es donde hoy más se pone a prueba nuestra integridad y nuestra capacidad de construir paz. Esta guía no busca juzgar acciones externas, sino las opciones morales decisivas que nacen del interior, contrastando nuestros instintos con la invitación de las Bienaventuranzas.

I. La Limpieza de Corazón (Integridad y Rectitud para "Ver a Dios").

¿Busco la verdad o la conveniencia? En mis conversaciones o publicaciones, ¿busco la verdad objetiva o solo aquello que refuerza mi ideología y alimenta mi orgullo?

La transparencia de intención: Cuando ayudo a alguien o defiendo una causa, ¿lo hago por amor genuino o para obtener reconocimiento, "likes" o una imagen de superioridad moral?

La purificación de la mirada: ¿Veo en los demás (especialmente en los que piensan distinto) a personas con dignidad sagrada, o los he convertido en "objetos" de mi ira o indiferencia?

II. El Trabajo por la Paz (Acción Reconciliadora). La promesa: "Serán llamados hijos de Dios".

¿Soy puente o muro? Ante una discusión o conflicto social, ¿mis palabras buscan calmar las aguas y encontrar puntos de unión, o disfruto echando leña al fuego de la discordia?

La renuncia al poder: ¿Estoy dispuesto a ceder en mi derecho de "tener la última palabra" con tal de preservar la caridad y la armonía?

Justicia sin violencia: Al buscar lo que es justo, ¿lo hago con el corazón limpio de odio? ¿Entiendo que la verdadera paz solo nace del amor de Dios y no de la imposición técnica o el poder humano?

Reflexión Final: La verdadera dicha no es un estado de bienestar emocional pasivo. Es la seguridad de saber que, al elegir la limpieza de corazón, eliminamos los obstáculos que nos impiden ver a Dios en el día a día. Al elegir trabajar por la paz, dejamos de ser esclavos de nuestros impulsos violentos para convertirnos en instrumentos de Su amor.

Como bien se ha dicho, ni la técnica más avanzada ni la gloria humana pueden darnos la plenitud que da el actuar como verdaderos "hijos de Dios".

domingo, 18 de enero de 2026

DOMINGO III T.O. – A (25 de Enero del 2026).

 DOMINGO III T.O. – A (25 de Enero del 2026).

Proclamación del santo evangelio según San Mateo 4,12-23

4,12 Cuando Jesús se enteró de que Juan había sido arrestado, se retiró a Galilea.

4,13 Y, dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaún, a orillas del lago, en los confines de Zabulón y Neftalí,

4,14 para que se cumpliera lo que había sido anunciado por el profeta Isaías:

4,15 ¡Tierra de Zabulón, tierra de Neftalí, camino del mar, país de la Transjordania, Galilea de las naciones!

4,16 El pueblo que se hallaba en tinieblas vio una gran luz; sobre los que vivían en las oscuras regiones de la muerte, se levantó una luz.

4,17 A partir de ese momento, Jesús comenzó a proclamar: "Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca.

4,18 Mientras caminaba a orillas del mar de Galilea, Jesús vio a dos hermanos: a Simón, llamado Pedro, y a su hermano Andrés, que echaban las redes al mar porque eran pescadores.

4,19 Entonces les dijo: "Síganme, y yo los haré pescadores de hombres".

4,20 Inmediatamente, ellos dejaron las redes y lo siguieron.

4,21 Continuando su camino, vio a otros dos hermanos: a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca con Zebedeo, su padre, arreglando las redes; y Jesús los llamó.

4,22 Inmediatamente, ellos dejaron la barca y a su padre, y lo siguieron.

4,23 Jesús recorría toda la Galilea, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias de la gente. PALABRA DEL SEÑOR.

Estimados amigos(as) Paz y Bien.

El Evangelio se centra en tres ideas: 1) en Galilea Jesús anuncia: «Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca» (Mt 4,17). 2) resalta la idea: «Síganme, y yo los haré pescadores de hombres»” (Mt 4,19). 3) “Jesús recorría toda la Galilea, enseñando en sus sinagogas la Buena Noticia del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias de la gente” (Mt 4,23).

1)En Galilea Jesús comenzó a proclamar: «Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca». (Mt 4,17). Resaltamos esta primera idea subrayando el verbo convertir: "Examinenlo todo y quédense con lo bueno y apártense de todo lo malo" (ITes 5,21). Para que la Buena Noticia, la semilla nueva tenga mucho fruto conviene dejar lo malo y pasar a lo bueno, que muy bien se resume en esta exhortación: “Nadie usa un pedazo de tela nuevo para remendar un vestido viejo, porque el pedazo añadido tira del vestido viejo y la rotura se hace más grande. Tampoco se pone vino nuevo en odres viejos, porque hará reventar los odres, y ya no servirán más ni el vino ni los odres. ¡A vino nuevo, odres nuevos!» (Mc 2,22).

Tres citas pueden resumir esquemáticamente el tema de la conversión: 1) “Les daré un corazón nuevo y pondré en ustedes un espíritu nuevo: les arrancaré de su cuerpo el corazón de piedra y les daré un corazón de carne. Infundiré mi espíritu en ustedes y haré que sigan mis preceptos, y que observen y practiquen mis leyes” (Ez 36,26-27). 2) Jesús le respondió a Nicodemo: Te aseguro que el que no renace de lo alto no puede ver el Reino de Dios. Nicodemo le preguntó otra vez: "¿Cómo un hombre puede nacer cuando ya es viejo? ¿Acaso puede entrar por segunda vez en el seno de su madre y volver a nacer?" Jesús le respondió: Te aseguro que el que no nace del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu. No te extrañes de que te haya dicho: Ustedes tienen que renacer de lo alto. El viento sopla donde quiere: tú oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Lo mismo sucede con todo el que ha nacido del Espíritu" (Jn 3,3-8). 3) “Renuévense en la mente y en el espíritu. Revestirse del hombre nuevo, para ser imagen de Dios en la justicia y en la verdadera santidad” (Ef 4,23).

La conversión es el paso de un estado a otra: De la vida en corazón de piedra a la vida en corazón de carne; de la vida según la carne y la vida según el espíritu; de la vida como hombre viejo a la vida de un hombre nuevo. Que a su vez se puede resumir así: “Vivan según el Espíritu de Dios, y así no serán arrastrados por los deseos de la carne. Porque los deseos de la carne se oponen contra los deseos del espíritu y el espíritu contra la carne. Ambos luchan entre sí, y por eso, ustedes no pueden hacer todo el bien que quieren. Pero si están animados por el Espíritu, ya no están sometidos a la Ley” (Gal 5,16-18).

“Conviértanse, porque está cerca el Reino de los cielos” (Mt 4,17). Esta poderosa frase de Jesús marca el inicio de su ministerio público. No es solo un anuncio, sino una invitación urgente que resuena con la misma fuerza hoy que hace dos mil años. Para profundizar en su significado, podemos desglosar la frase en sus dos componentes fundamentales:

a) La llamada a la conversión (Metanoia): En el original griego, la palabra utilizada es Metanoia. Esto va mucho más allá de simplemente "sentirse mal" por los errores cometidos.

Cambio de mentalidad: Significa girar la mirada, cambiar la forma de pensar y de percibir la realidad. Es como recalibrar una brújula que apuntaba hacia el ego para que ahora apunte hacia Dios.

Acción, no solo emoción: La conversión bíblica exige un cambio de dirección. Si caminas hacia la oscuridad, convertirte es dar media vuelta y caminar hacia la luz.

Una invitación positiva: A menudo vemos la "conversión" como algo punitivo, pero en labios de Jesús es una oferta de libertad. Es la oportunidad de dejar atrás lo que nos pesa para recibir algo nuevo.

b) La cercanía del Reino de los cielos: Jesús no dice que el Reino "llegará algún día", sino que "está cerca":

El Reino es una Persona: En la teología cristiana, el Reino de Dios se hace presente en Jesús mismo. Donde está Él, está el Reino. Por lo tanto, decir que el Reino está cerca es decir que Dios se ha hecho accesible.

Una nueva soberanía: El "Reino" implica que Dios desea reinar en nuestros corazones, no con tiranía, sino con amor, justicia y paz.

El motivo de la alegría: La urgencia de convertirse no nace del miedo al castigo, sino de la magnitud del regalo. Nos convertimos porque el Reino está aquí; el cambio es nuestra respuesta lógica ante la llegada de la gracia.

Reflexión espiritual para hoy: Esta palabra de Mateo 4,17 nos invita a hacernos una pregunta vital: ¿Qué hay en mi forma de vivir hoy que me impide ver que Dios está cerca? A veces estamos tan sumergidos en nuestras preocupaciones, planes y ruidos internos que el "Reino" nos parece una idea abstracta y lejana. Jesús nos recuerda que el cielo no es solo un destino final, sino una realidad que empieza a latir aquí y ahora cuando decidimos vivir bajo la lógica del Evangelio. "La conversión es el esfuerzo por vivir cada día el Evangelio, no como una ley impuesta, sino como una amistad que transforma."

2) Resalta la idea: «Síganme, y yo los haré pescadores de hombres»” (Mt 4,19). En otros episodios se nos dice: “Jesús subió a la montaña y llamó a su lado a los que él quiso. Ellos fueron hacia él, y Jesús instituyó a Doce para que estuvieran con él, y para enviarlos a predicar con el poder de expulsar a los demonios” (Mc 3,13-15). Jesús dijo a sus discípulos: “No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes, y los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero. Así todo lo que pidan al Padre en mi Nombre, él se lo concederá” (Jn 15,16).

Por su parte san Pablo nos dice. “Hermanos, tengan en cuenta quiénes son los que han sido llamados: no hay entre ustedes muchos sabios, hablando humanamente, ni son muchos los poderosos ni los nobles. Al contrario, Dios eligió lo que el mundo tiene por necio, para confundir a los sabios; lo que el mundo tiene por débil, para confundir a los fuertes; lo que es vil y despreciable y lo que no vale nada, para aniquilar a lo que vale. Así, nadie podrá gloriarse delante de Dios. Por él, ustedes están unidos a Cristo Jesús, que por disposición de Dios, se convirtió para nosotros en sabiduría y justicia, en santificación y redención, a fin de que, como está escrito: El que se gloría, que se gloríe en el Señor” (I Cor 1,26-30).

3) “Jesús recorría toda la Galilea, enseñando en sus sinagogas la Buena Noticia del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias de la gente” (Mt 4,23). Otros episodios nos ayudan ilustrarnos Más y mucho mejor:

“Los fariseos le preguntaron cuándo llegaría el Reino de Dios. Él les respondió: El Reino de Dios no viene ostensiblemente, y no se podrá decir: Está aquí o Está allí. Porque el Reino de Dios está entre ustedes" (Lc 17,20-21). Jesús dijo a los fariseos: “Si yo expulso a los demonios con el poder de Belzebul, ¿con qué poder los expulsan los discípulos de ustedes? Por eso, ustedes los tendrán a ellos como jueces. Pero si yo expulso a los demonios con el poder de Dios, quiere decir que el Reino de Dios ha llegado a ustedes” (Lc 11,19-20). Jesús les dijo: ¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes. Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: Reciban el Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan" (Jn 20,21-23).

Para instituir el Reino de Dios, Jesús llamó a los que él quiso (Mc 3,13). Luego les enseño con ejemplo la misión cuando dice a sus discípulos: “Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo servidores, porque el servidor ignora lo que hace su señor; yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que aprendí de mi Padre” (Jn 15,14-15). Les trasmitió el poder del Espíritu (Jn 20,22). Y les dio este mandato:

Jesús les dijo: "Vayan por todo el mundo, anuncien El Evangelio a toda la creación. El que crea y se bautice, se salvará. El que no crea, se condenará. Y estos prodigios acompañarán a los que crean: arrojarán a los demonios en mi Nombre y hablarán nuevas lenguas; podrán tomar a las serpientes con sus manos, y si beben un veneno mortal no les hará ningún daño; impondrán las manos sobre los enfermos y los curarán" (Mc 16,15-18). “Vayan, entonces, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estoy con ustedes hasta el fin del mundo" (Mt 28,19-20).

¿Cómo han de ir?: “Vayan, por las ovejas perdidas del pueblo de Israel. Por el camino, proclamen que el Reino de los Cielos está cerca. Curen a los enfermos, resuciten a los muertos, purifiquen a los leprosos, expulsen a los demonios. Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente. No lleven encima oro ni plata, ni monedas, ni provisiones para el camino, ni dos túnicas, ni calzado, ni bastón; porque el que trabaja merece su sustento. Cuando entren en una ciudad o en un pueblo, busquen a alguna persona respetable y permanezcan en su casa hasta el momento de partir. Al entrar en la casa, salúdenla invocando la paz sobre ella. Si esa casa lo merece, que la paz descienda sobre ella; pero si es indigna, que esa paz vuelva a ustedes. Y si no los reciben ni quieren escuchar sus palabras, al irse de esa casa o de esa ciudad, sacudan hasta el polvo de sus pies” (Mt 10,6-14).

Advertencia: “Yo los envío como a ovejas en medio de lobos. Sean entonces astutos como serpientes y sencillos como palomas. Cuídense de los hombres, porque los entregarán a los tribunales y los azotarán en sus sinagogas. A causa de mí, serán llevados ante gobernadores y reyes, para dar testimonio delante de ellos y de los paganos. Cuando los entreguen, no se preocupen de cómo van a hablar o qué van a decir: lo que deban decir se les dará a conocer en ese momento, porque no serán ustedes los que hablarán, sino que el Espíritu de su Padre hablará en ustedes” (Mt 10.16-20). Quien me reconozca abiertamente ante los hombres, yo lo reconoceré ante mi Padre que está en el cielo. Pero yo renegaré ante mi Padre que está en el cielo de aquel que reniegue de mí ante los hombres” (Mt 10,32-33).

Jesús no buscó gente preparada, gente con una cultura adecuada, ni tampoco gente de prestigio para su obra de instaurar el Reino de Dios. A Jesús le bastaron unos simples pescadores que algo sabían de pesca, pero poco más. Cuando Dios llama no vale eso de “yo no valgo”, “yo no estoy preparado”, “yo no sirvo”. Tanto mejor si no sirves ni vales porque es entonces donde mejor se pone de manifiesto el poder de la gracia y que muy bien lo manifiesta san Pablo: “Mientras los judíos piden milagros y los griegos van en busca de sabiduría, nosotros, en cambio, predicamos a un Cristo crucificado, escándalo para los judíos y locura para los paganos, pero fuerza y sabiduría de Dios para los que han sido llamados, tanto judíos como griegos. Porque la locura de Dios es más sabia que la sabiduría de los hombres, y la debilidad de Dios es más fuerte que la fortaleza de los hombres. Hermanos, tengan en cuenta quiénes son los que han sido llamados: no hay entre ustedes muchos sabios, hablando humanamente, ni son muchos los poderosos ni los nobles. Al contrario, Dios eligió lo que el mundo tiene por necio, para confundir a los sabios; lo que el mundo tiene por débil, para confundir a los fuertes; lo que es vil y despreciable y lo que no vale nada, para aniquilar a lo que vale. Así, nadie podrá gloriarse delante de Dios” (I Cor 1,22-29).

Las piedras fundamento de la Iglesia no fueron escogidas en las grandes canteras de la gente preparada del templo sino gente que sabe de peces, de barcas, de redes y de lago. El resto lo hace Dios en nosotros. Son las sorpresas de Dios. Son esos momentos de Dios que llama, que toca a la puerta de nuestros corazones. Puede que tú seas de los que ni pienses en El, como tampoco pensaban ellos. Y de repente, tu vida puede dar un vuelco y comenzar un nuevo camino. No sé si estarás recogiendo los redes o estarás camino de la oficina. Pero puede que El pase a tu lado y tu vida dé un viraje que nunca te has imaginado.

Jesús nos llama desde el momento de nuestro bautismo a una misión sagrada y depende de esa misión nuestra salvación: “Este es mi mandamiento: Ámense los unos a los otros, como yo los he amado. No hay amor más grande que dar la vida por los amigos. Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo servidores, porque el servidor ignora lo que hace su señor; yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre. No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes, y los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero. Así todo lo que pidan al Padre en mi Nombre, él se lo concederá. Lo que yo les mando es que se amen los unos a los otros. Si el mundo los odia, sepan que antes me ha odiado a mí” (Jn 15, 12-18).

domingo, 11 de enero de 2026

DOMINGO II T.O. - A (18 de Enero del 2026)

 DOMINGO II T.O. - A (18 de Enero del 2026)

Proclamación del santo Evangelio según San Juan 1,29-34:

1,29 Al día siguiente, Juan vio acercarse a Jesús y dijo: "Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.

1,30 A él me refería, cuando dije: Después de mí viene un hombre que me precede, porque existía antes que yo.

1,31 Yo no lo conocía, pero he venido a bautizar con agua para que él fuera manifestado a Israel".

1,32 Y Juan dio este testimonio: "He visto al Espíritu descender del cielo en forma de paloma y permanecer sobre él.

1,33 Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: "Aquel sobre el que veas descender el Espíritu y permanecer sobre él, ese es el que bautiza en el Espíritu Santo".

1,34 Yo lo he visto y doy testimonio de que él es el Hijo de Dios". PALABRA DEL SEÑOR.

REFLEXIÓN:

Estimados(as) amigos(as) en el Señor Paz y Bien.

Jesús es el Cordero de Dios porque ha sido elegido por Dios para iniciar el éxodo de nuestra libertad, y así como en otros tiempos los israelitas fueron librados de la muerte y de la esclavitud por medio de la sangre de un cordero, razón por la que celebran la Pascua de generación en generación, así también nosotros hemos sido librados, en Cristo y por la sangre de Cristo, de la esclavitud de la ley, del pecado y de la muerte.

Cristo es nuestra Pascua y el Cordero de Dios, el verdadero, el de la Alianza Nueva. No es casual que según la cronología de Juan, Jesucristo padeciera y muriera en la cruz precisamente cuando los sacerdotes sacrificaban en el templo de Jerusalén los corderos pascuales.

El "recién nacido", el Enviado de Dios, recibe hoy en la primera y tercera lecturas unos nombres reveladores: Siervo de Dios, Luz de las naciones, Cordero de Dios, Hijo de Dios... Isaías lo anuncia como el "Siervo", que recibe de Dios la misión de ser unificador del pueblo, luz de las naciones, "para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra". Este retrato, y también la respuesta del Siervo ("aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad", como hemos cantado en el Salmo), se cumplen en plenitud en Cristo Jesús y su vocación salvadora.

El nombre que le da el Bautista es un paso más: el estilo con el que ese Enviado de Dios cumplirá su misión de salvar a la humanidad, va a ser entregándose a sí mismo: como el verdadero Cordero que quita el pecado del mundo. Esta categoría del Cordero tenía resonancias muy bíblicas: el cordero cuya sangre señaló las puertas de los judíos en la noche del éxodo, los corderos que se inmolaban en el Templo, y sobre todo el anuncio por Isaías de un Siervo que iba a ser llevado como un cordero a la muerte, pagando por los demás. También eso se cumple en Cristo en plenitud.

“Este es el Hijo de Dios, el cordero que quita el pecado del mundo” (Jn 2,34;29). Porque he visto al Espíritu descender del cielo en forma de paloma y permanecer sobre èl” (Jn 1,32): “Apenas Juan bautizo a Jesús, salió del agua. En ese momento se le abrieron los cielos, y vio al Espíritu de Dios descender como una paloma y dirigirse hacia él. Y se oyó una voz del cielo que decía: Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección" (Mt 3,16,17). Luego dice Jesús: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. Él me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor” Lc 4,18-19). “No tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino probado en todo igual que nosotros, excepto en el pecado” (Heb 4,15). Nuestro Señor se sometió voluntariamente al Bautismo de san Juan, destinado a los pecadores para su conversión, (Mt 3,15). Este gesto de Jesús es una manifestación de su "anonadamiento" (Flp 2,7). El Espíritu que se cernía sobre las aguas de la primera creación desciende entonces sobre Cristo, como preludio de la nueva creación, y el Padre manifiesta a Jesús como su "Hijo amado" (Mt 3,16-17).

Dios se propone por el profeta: “Esta es la nueva Alianza que estableceré con la casa de Israel, después de aquellos días —oráculo del Señor—: pondré mi Ley dentro de ellos, y la escribiré en sus corazones; yo seré su Dios y ellos serán mi Pueblo” (Jer 31,33-34). Como es de verse, todas las prefiguraciones de la Antigua Alianza culminan en Cristo Jesús. Comienza su vida pública después de hacerse bautizar por san Juan el Bautista en el Jordán (Mt 3,13 ) y, después de su Resurrección, confiere esta misión a sus Apóstoles: "Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado" (Mt 28,19-20; Mc 16,15-16).

Al finalizar el tiempo de Navidad-Epifanía en el que hemos contemplado la irrupción del Dios que se nos da a conocer -un darse a conocer que es al mismo tiempo comunicar vida, liberar, salvar-, comenzamos el curso normal de los domingos que de nuevo interrumpiremos al llegar al tiempo de Cuaresma-Pascua. Y en este momento inicial del tiempo ordinario hemos escuchado un evangelio PROGRAMATICO de Juan. Programático, es decir, que resume el programa -el sentido- de la misión de JC. De ahí que puede ser oportuno comentar algunas expresiones del evangelio que nos ayudarán a captar la dirección del camino de quien es para nosotros Luz y Vida.

Al día siguiente Juan Bautista vio venir a Jesús hacia él y dijo:" Señor, enséñanos a ver. Señor, enseñanos a no quedarnos con las apariencias.

Cuántas veces no sabemos "mirar" a las gentes que viven con nosotros: no los juzgamos correctamente, nos quedamos con las apreciaciones superficiales. Muchas personas del tiempo de Jesús no captaron "Quien" era El. "He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo" (Jn 1,29). Para los judíos que le escuchaban, la alusión era clara. Lo es menos para nosotros. Los judíos sacrificaban animales para la purificación de los pecados, según la ley de Moisés. La gran fiesta de los judíos era la Pascua, en la que se sacrificaban gran cantidad de corderos.

Jesús se identifica aquí con el "Salvador" con aquel que "carga sobre sí nuestros pecados". ¡Y va hasta el derramamiento de sangre! Esto no ha sido un asunto insignificante, sino un gran combate sangriento. "El pecado del mundo", en singular. Ese singular es significativo. Jesús   carga sobre él y hace desaparecer el conjunto de los pecados del mundo, la totalidad del pecado de la humanidad. Gracias, Jesús.

¿Cómo podría yo ayudarte, Señor, en esa gran labor? En primer lugar, luchando contra el mal en mí... Y luego luchando contra el mal donde quiera que este se encuentre y yo pueda hacerlo... Me siento pobre y débil para hacerlo; Ven en mi ayuda.

Ayúdame, Señor, a ser salvador contigo, en mi ambiente, en mi familia, en mis responsabilidades. Detrás de mí viene uno que es antes de mí, porque era primero que yo. Históricamente, humanamente, Juan ha sido concebido y ha nacido antes que Jesús. Pero hay que superar las apariencias, las evidencias. De hecho Juan Bautista percibe el origen divino de Jesús: ¡"era primero que yo"! El nacimiento "según la carne" en Belén, no es sino el eco de otro nacimiento eterno, "El es Dios, nacido del Padre, antes de todos los siglos".

Quiero entretenerme contemplando, cuanto sea posible, la "Persona" de Cristo, que es divina, eterna, que preexistía desde siempre. Es en verdad el Verbo de Dios, el Hijo, engendrado, "no creado", que aparece humanamente en el tiempo, un día de la historia humana, en un lugar del planeta. Eterno se inscribe en la evolución, y lo sucesivo, y lo pasajero... Te veremos, pues, nacer, crecer, morir. El omnipresente se limita a un solo lugar y acepta no pisar sino una parcela de la Tierra, un pequeño país del Oriente Medio. Pero fundará una Iglesia para representarle, en todos los tiempos y en todos los lugares. La Iglesia es la continuación de la  Encarnación.

Es el Hijo de Dios. Detrás de las particularidades banales de ese "ciudadano de Nazaret", se esconde todo un misterio. Su persona no se limita a lo que aparenta. "Creéis conocerle, pero hay en El un secreto: su personalidad está sumergida en Dios... En medio de vosotros está Aquel a quien vosotros no conocéis". Es aquel que bautiza (sumerge) en el Espíritu Santo. No olvidemos que la palabra griega "baptizo" significa "yo sumerjo". Los primeros cristianos, como Juan Bautista, bautizaban sumergiendo totalmente al candidato al bautismo en el agua de un río.

Dice el Bautista definiendo a Jesús: “ESTE ES EL CORDERO DE DIOS QUE QUITA EL PECADO DEL MUNDO” (Jn 1,29). Son palabras que repetimos siempre que celebramos la Eucaristía, antes de comulgar: muestra de que la Iglesia les otorga un peculiar valor. Un valor cuyo sentido quizá nosotros no comprendamos bastante. Porque ¿sabemos qué significa esto de "el Cordero de Dios"? y ¿cuál es el sentido de "el pecado del mundo"?

CORDERO DE DIOS. Es una expresión que corresponde a lo que leímos en la primera lectura: "Tú eres mi siervo... Te hago luz de las naciones para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra".

Pero este Salvador de Dios, este Mesías -según la gran esperanza del pueblo judío- escoge un camino no de dominio y poder, sino de servicio. Esto es lo que significa la comparación de llamarlo "cordero". Actualmente es muy posible que la palabra nos suene demasiado como sacrificio de quien inclina la cabeza ante los poderosos. La expresión de Juan significa bastante más que esto: significa que Jesús, el Mesías, el Hijo de Dios, realiza su misión como un servidor absolutamente humilde, pobre, sencillo... pero que así consigue la Victoria. No podemos olvidar que en el último libro de la Biblia, en el Apocalipsis, se nos presenta a este Cordero como el gran triunfador.

Es la paradoja de la vida y obra de JC: sigue un CAMINO DE SERVICIO, como un hombre sin poder, junto a los pobres y despreciados. Hasta morir como un criminal entre criminales. Pero este camino -un camino que como dice San Pablo, es locura y escándalo- resulta ser el CAMINO DE VIDA, de Victoria. De ahí que siempre, para quienes queremos seguir a JC, el interrogante es si para participar de su Victoria escogemos el camino que él escogió. O si nos pasamos de listos y escogemos otro camino.

EL PECADO DEL MUNDO. Es la otra expresión que hemos de considerar. No habla del pecado de cada hombre sino del pecado del mundo. Se trata de la REALIDAD DE MAL que hay en el mundo, más allá de lo que cada uno de nosotros hace. Es lo que queremos expresar al hablar de "pecado original": un niño al nacer, no entra en un mundo limpio, sino en un mundo herido por una presencia de mal que de un modo u otro le afectará. Ninguno de nosotros se libra de esta herida, todos la sufrimos. Por eso su lucha es contra el pecado del mundo, contra esta presencia poderosa de mal que hay de hecho en nuestro mundo. Isaías en la primera lectura, decía que el "Siervo de Dios" sería "LUZ". Porque el pecado del mundo es básicamente oscuridad, tiniebla, negación de verdad. Es trampa, hipocresía, falsedad.

Que lleva al egoísmo, al desamor. POR ESO LA LUCHA DE JC contra el pecado del mundo -la lucha que hemos de continuar nosotros- ES camino de verdad que lleva al amor. Sólo con verdad y sólo con amor se combate eficazmente contra el mal que hay en el mundo.

ESCOGER siempre la verdad y escoger siempre el amor es la única manera de ser cristiano. La pregunta es, sin embargo: ¿cómo seguir este camino? Todos conocemos suficientemente nuestra debilidad, nuestro pecado y -más aún- el peso del pecado del mundo en nosotros, fuerza de gravedad que nos impide avanzar en la verdad y en el amor. La respuesta la hallamos también en el evangelio programático de hoy. Es importante notar cómo el testimonio de Juan sobre Jesús se identifica con decir que en Él hay el ESPÍRITU DE DIOS. No dice: es un hombre sabio, bueno, fuerte... sino simplemente: en Él hay el Espíritu de Dios. Y esto -no os sorprendáis- se puede decir también de nosotros: en nosotros hay el Espíritu de Dios.

No somos sabios, ni buenos, ni fuertes..., pero por gracia de Dios en nosotros habita su Espíritu. Y es este Espíritu de Dios -tan olvidado por nosotros- el que HACE POSIBLE seguir el camino de JC, el camino de la verdad y el amor, el camino de lucha contra el pecado del mundo. Un camino que conduce a la Victoria.

viernes, 9 de enero de 2026

BAUTISMO DEL SEÑOR – A (11 de enero de 2026)

 BAUTISMO DEL SEÑOR – A (11 de enero de 2026)

Proclamación del santo Evangelio según San Mateo 3,13-17

3,13 En aquel tiempo, fue Jesús desde Galilea al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara.

3,14 Pero Juan intentaba disuadirlo diciéndole: Soy yo el que necesita que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?

3,15 Jesús le contestó: Déjalo ahora. Está bien que cumplamos así todo lo que Dios quiere. Entonces Juan se lo permitió.

3,16 Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrió el cielo y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él. Y vino una voz del cielo, que decía: Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto. PALABRA DEL SEÑOR.

De acuerdo con una interpretación moralizante y legalista, el bautismo de Jesús no sería más que un gran ejemplo de humildad y de sumisión a los ritos instituidos por las autoridades religiosas. Realmente, causaba dificultad a los primeros cristianos el hecho de que Jesús se hubiese hecho bautizar por Juan. Ya san Mateo quiso obviar esta dificultad por medio del diálogo que nos narra. Decía Juan: "Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú vienes a mí?" Y Jesús le responde: "Déjalo ahora. Está bien que cumplamos así todo lo que Dios quiere".

Es una consecuencia moral que, efectivamente, se desprende del ejemplo de Jesús. Sin embargo, a la luz que la Epifanía que acabamos de celebrar, y especialmente este año en que leemos la narración del episodio según el evangelio de Lucas, el bautismo de Jesús se nos presenta primordialmente como una epifanía o revelación de la gloria del Verbo hecho hombre. Antes que un ejemplo moral o una catequesis, es un misterio de salvación, es una fiesta que debemos celebrar con gozo exultante.

EL BAUTISMO DE JESÚS Y NUESTRO BAUTISMO: Cuando todo el pueblo se hacía bautizar por Juan, también Jesús acude a hacerse bautizar. El justo se mezcla con los pecadores y se sumerge con ellos en las aguas del Jordán.

¿No es acaso lo que ya había hecho por el propio misterio de su Encarnación: mezclarse con los hombres y entrar en la corriente de su historia? Había venido a hacerse solidario de los hombres en todo, no en el pecado, pero sí en las consecuencias del pecado: la muerte. Con el mismo impulso de amor a los hombres con que por la encarnación había entrado en nuestra historia, baja ahora al Jordán, confundido con aquella multitud que se confiesa pecadora.

Sube después del agua y con él son elevados todos los penitentes del Jordán, y con ellos todos los hombres de buena voluntad que a lo largo de los siglos buscan a Dios en la oscuridad. Para todos ellos ora Jesús. Y estando en oración se abre el cielo. Ha sido escuchada aquella plegaria mesiánica que leemos al final del libro de Isaías (63, 11-12,19): "¿Dónde está el que los sacó de las aguas, el pastor de su rebaño? ¿Dónde el que puso en su interior su santo espíritu? (...) ¡Oh, si rasgaras los cielos y descendieras!".

La voz del Padre y una manifestación sensible del Espíritu dan testimonio de que Jesús de Nazaret es el Hijo amado, el gran profeta prometido a Israel, el Mesías, o sea, el ungido por el Espíritu de Dios; y no de manera ocasional o en parte, como lo eran reyes y sacerdotes, sino plenamente y para siempre. Se ha cumplido, en efecto, el oráculo de Isaías que escuchábamos en la primera lectura: el anuncio del siervo o hijo en quien Dios se complace, a quien llena de su Espíritu -es decir, de su amor- para que se compadezca de la caña cascada y del pábilo vacilante; que debe llevar luz a las naciones y libertad a los cautivos.

Este Espíritu, que ya poseía desde el principio y que ahora se manifiesta, Jesús, una vez muerto y resucitado, lo comunicará a todos los que, por la fe y el bautismo, bajen con él al Jordán y sean elevados con él a una vida de santidad y de gracia.

Incorporados a Cristo, podrán sentir como dirigida personalmente a cada uno de ellos la voz que hoy resuena en el Jordán: "Tu eres mi hijo. En ti me he complacido. Hoy te engendré".

BAUTISMO Y PASCUA: Pero el bautismo de agua sólo podrá convertirse en bautismo en el Espíritu por medio del bautismo en la sangre. A él se refería Jesús cuando anunciaba su Pasión a los discípulos: "Tengo que pasar por un bautismo, ¡y que angustia hasta que se cumpla!" (Lc 12,50). O cuando el jueves santo anticipaba sacramentalmente la Pascua: "He deseado enormemente comer esta comida pascual con vosotros antes de padecer" (Lc 22, 15). 

También nuestro bautismo es Pascua, puesto que nos ha sumergido, como dice san Pablo, en la muerte de Cristo; porque nos hace desear ardientemente la Pascua de Cristo en su memorial eucarístico; y, aún, porque nos empuja poderosamente hacia otra Pascua, la de la vida concreta, en la que debemos pasar continuamente de muerte a vida, de las tinieblas a la luz, del egoísmo al amor, del pecado a la gracia. Por eso los bautizado sentimos, no digamos la obligación, sino la necesidad de reunirnos el domingo, día memorial de la Pascua del Señor, para celebrar la Eucaristía.

Cada domingo al proclamar nuestra fe, decimos que creemos en un solo bautismo. Hay muchos bautizos, pero un solo bautismo: el de Jesucristo. Creemos que al bajar a las aguas del Jordán y al derramar por nosotros su sangre alcanzaba a las fuentes bautismales de las iglesias de todos los lugares y de todos los tiempos. No se hizo bautizar para purificarse él, sino para santificar el agua de nuestro bautismo; no comunicándole un poder mágico, sino haciendo de ella signo sensible de la paternidad de Dios y de la conversión transformadora de los hombres que con fe se acercarán a ella.

¿Pues qué, hermanos míos? ¿Quién no ve lo que no ven los donatistas? No os extrañe que no quieran volver; se parecen al cuervo que salió del arca. ¿Quién no ve lo que ellos no ven? ¡Qué ingratos son para con el Espíritu Santo! La paloma desciende sobre el Señor, pero sobre el Señor bautizado. Y allí se manifestó también la santa y verdadera Trinidad, que para nosotros es un único Dios. Salió el Señor del agua, como leemos en el evangelio: Y he aquí que se le abrieron los cielos y vio descender al Espíritu en forma de paloma y se posó sobre él, e inmediatamente le siguió una voz: «Tú eres mi Hijo amado en quien me he complacido» (Mt 3,16-17). Aparece claramente la Trinidad: el Padre en la voz, el Hijo en el hombre y el Espíritu en la paloma. Veamos lo que vemos y que extrañamente ellos no ven, en esta Trinidad en cuyo nombre fueron enviados los apóstoles. En realidad no es que no vean, sino que cierran los ojos a lo que les entra por ellos. Los discípulos son enviados en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo por el mismo de quien se dice: Éste es el que bautiza. Esto ha dicho a sus ministros quien se ha reservado para sí la potestad de bautizar.

Esto es lo que vio Juan en él y conoció lo que aún no sabía. No ignoraba que Jesús era el Hijo de Dios, que era el Señor, el Cristo, el que había de bautizar en el agua y el Espíritu Santo; todo esto ya lo sabía. Pero lo que le enseña la paloma es que Cristo se reserva esta potestad, que no trasmite a ninguno de sus ministros. Esta potestad que Cristo se reserva exclusivamente, sin transferirla a ninguno de sus ministros, aunque se sirva de ellos para bautizar, es el fundamento de la unidad de la Iglesia, de la que se dice: Mi paloma es única, única para su madre (Cant 6,8). Si, pues, como ya dije, hermanos míos, el Señor comunicase esta potestad al ministro, habría tantos bautismos como ministros, y se destruiría así la unidad del bautismo.

Prestad atención, hermanos. La paloma bajó sobre nuestro Señor Jesucristo después del bautismo. En ella conoció Juan algo propio del Señor, de acuerdo con las palabras: Aquel sobre quien vieres que desciende el Espíritu en forma de paloma y que se posa sobre él, ése es el que bautiza en el Espíritu Santo (Jn 1,33).

Juan sabía que era él quien bautizaba en el Espíritu Santo, antes de que nuestro Señor se presentara a ser bautizado. Pero entonces aprendió, por una gracia que recibió allí, que la potestad de bautizar era tan personal que no la transfería a nadie. ¿Cómo probamos que Juan sabía ya antes que el Señor iba a bautizar en el Espíritu Santo? ¿De dónde se deduce que aprendió en la paloma que el Señor iba a bautizar en el Espíritu Santo, de forma que esa potestad no era transferible a ningún hombre? ¿Qué prueba tenemos? La paloma desciende cuando el Señor había sido ya bautizado; mas está claro que Juan ya conocía al Señor antes de que se presentase al bautismo, por las palabras que dijo: ¿Vienes tú a que yo te bautice? Soy yo más bien quien debe ser bautizado por ti. Luego sabía ya que era el Señor, que era el Hijo de Dios.

¿Cómo probamos que también sabía que bautizaba en el Espíritu Santo? Antes de que Jesús se acercase al río, viendo que venían muchos a él para ser bautizados, Juan les dijo: Yo ciertamente bautizo con agua; pero el que viene después de mí es mayor que yo, pues yo no soy digno de desatar siquiera la correa de su calzado. Él os bautizará en el Espíritu Santo y en el fuego (Mt 3,11). Así, pues, también esto lo sabía. Según eso, ¿qué fue lo que aprendió por la paloma, para no tacharle de mentiroso, de lo cual Dios nos libre? Aprendió que habría en Cristo una propiedad tal, en virtud de la cual, aunque fuesen muchos los ministros, santos o pecadores, la santidad del bautismo sólo se otorgaría a aquel sobre quien descendió la paloma, pues de él se dijo: Éste es el que bautiza en el Espíritu Santo. Bautice Pedro o Pablo o Judas, siempre es él quien bautiza.

Porque si el bautismo es santo debido a la diversidad de los méritos, habrá tantos bautismos cuantos méritos, y cada uno creerá que recibe algo tanto mejor cuanto más santo es quien lo da. Entre los mismos santos -entended esto, hermanos-, entre los que son buenos, entre los que son de la paloma y les cabe en suerte la ciudad aquella de Jerusalén, entre los que forman parte de la Iglesia, de quienes dice el Apóstol: Conoce el Señor los que son suyos (2 Tim 2,19), hay diversidad de dones espirituales, diversidad de méritos: unos son más santos, mejores, que otros. Supongamos que a uno le bautiza un ministro más justo y santo y a otro quien es de mérito inferior a los ojos de Dios, menos perfecto, de continencia menos perfecta y vida menos santa, ¿por qué reciben los dos lo mismo, sino porque es Cristo quien bautiza? Si bautizan dos, uno que es bueno y otro que es mejor, no por eso éste da una gracia mayor que aquél; antes bien, la gracia es la misma, no mejor en uno e inferior en otro, aunque los ministros sean unos mejores que otros. Lo mismo acaece si el que bautiza es indigno, bien por ignorancia de la Iglesia, bien por tolerancia -porque los malos o no se conocen, o se toleran, como se tolera la paja en la era hasta el momento de aventarla-. Lo que se da en este caso, es una misma e idéntica gracia, no distinta, aunque los ministros sean desiguales, porque Él es quien bautiza.

lunes, 29 de diciembre de 2025

DOMINGO DE LA EPIFANÍA DEL SEÑOR - A (04 de Enero del 2026)

 DOMINGO DE LA EPIFANÍA DEL SEÑOR - A (04 de Enero del 2026)

Proclamación del santo Evangelio de San Mateo 2,1-12:

2,1 Cuando nació Jesús, en Belén de Judea, bajo el reinado de Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén

2,2 y preguntaron: "¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos su estrella en Oriente y hemos venido a adorarlo".

2,3 Al enterarse, el rey Herodes quedó desconcertado y con él toda Jerusalén.

2,4 Entonces reunió a todos los sumos sacerdotes y a los escribas del pueblo, para preguntarles en qué lugar debía nacer el Mesías.

2,5 "En Belén de Judea, le respondieron, porque así está escrito por el Profeta:

2,6 Y tú, Belén, tierra de Judá, ciertamente no eres la menor entre las principales ciudades de Judá, porque de ti surgirá un jefe que será el Pastor de mi pueblo, Israel".

2,7 Herodes mandó llamar secretamente a los magos y después de averiguar con precisión la fecha en que había aparecido la estrella,

2,8 los envió a Belén, diciéndoles: "Vayan e infórmense cuidadosamente acerca del niño, y cuando lo hayan encontrado, avísenme para que yo también vaya a rendirle homenaje".

2,9 Después de oír al rey, ellos partieron. La estrella que habían visto en Oriente los precedía, hasta que se detuvo en el lugar donde estaba el niño.

2,10 Cuando vieron la estrella se llenaron de alegría,

2,11 y al entrar en la casa, encontraron al niño con María, su madre, y postrándose, le rindieron homenaje. Luego, abriendo sus cofres, le ofrecieron dones: oro, incienso y mirra.

2,12 Y como recibieron en sueños la advertencia de no regresar al palacio de Herodes, volvieron a su tierra por otro camino. PALABRA DEL SEÑOR.

Estimados amigos(as) en la fe, Paz y Bien en el Señor que ha venid a salvarnos del pecado en su Hijo, el niño Jesús.

La fe es la luz por la que reconocemos a Dios. Es una estrella que nos lleva a Cristo. Es un don de Dios, una iluminación, no una propiedad nuestra. Cristo dijo: "Nadie puede venir a mí si no es atraído por el Padre que me envió" (Jn 6,44). No se puede llegar a la luz de la verdad revelada mediante el recurso exclusivo de la razón humana. Dios es el que revela; él es el que "iluminó nuestros corazones para que brille el conocimiento de la gloria de Dios, que brilla en el rostro de Cristo" (2 Cor 4,6).

“Levántate, resplandece, porque llega tu luz y la gloria del Señor brilla sobre ti” (Is 60,1). Jesús les dijo: "Cuando todavía estaba con ustedes, yo les decía: Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito de mí en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos. Entonces les abrió la inteligencia para que pudieran comprender las Escrituras, y añadió: Así estaba escrito: el Mesías debía sufrir y resucitar de entre los muertos al tercer día” (Lc 24,44-46). La luz de la estrella es la sabiduría de Dios que educa y guía al pueblo en la historia de la salvación y es Cristo Jesús el resplandor del ser de Dios: “Yo soy la luz del mundo” (Jn 8,12).

“Y tú, Belén Efratá, tan pequeña entre los clanes de Judá, de ti me nacerá el que debe gobernar a Israel” (Mi 5,1): “Muchas veces y de muchos modos se manifestó Dios en el pasado a nuestros Padres por medio de los Profetas; en estos últimos tiempos se nos ha manifestado por medio del Hijo a quien instituyó heredero de todo, por quien también hizo los mundos; el cual, siendo resplandor de su gloria e impronta de su sustancia, y el que sostiene todo con su palabra poderosa, después de llevar a cabo la purificación de los pecados, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas” (Heb 1,1-3). Todos quedaron sobrecogidos de temor y alababan a Dios, diciendo: "Un gran profeta ha aparecido en medio de nosotros, Dios ha visitado a su Pueblo" (Lc 7,16). “Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él” (Jn 3,16-17). Dichas citas se resume en que los reyes magos se dejan guiar por la luz de la estrella: “La estrella que habían visto en Oriente los precedía, hasta que se detuvo en el lugar donde estaba el niño” (Mt 2,9).

“Cuando vieron la estrella se llenaron de alegría los reyes magos” (Mt 2,10). Y preguntaron: "¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos su estrella en Oriente y hemos venido a adorarlo". En cambio, el rey Herodes al enterarse quedó desconcertado y con él toda Jerusalén” (Mt 2,2-3). Para los reyes magos que gran anuncio, que buena noticia que hicieron entre los propios que no sabían lo que había pasado: “¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos su estrella en Oriente y hemos venido a adorarlo” (Mt 2,2). Esta gran noticia, como vemos suscita dos actitudes: Búsqueda guiados por la luz de la estrella (Mt 2,9), y búsqueda guiada por el egoísmo (Mt. 2,8).

En la actitud de los reyes magos predomina la fe (Lc 17,5) y Dios solo se deja hallar en la fe. En la otra (Herodes) predomina el ego y la razón (Mt 16,23). “Todo el que obra mal odia la luz y no se acerca a ella, por temor de que sus obras sean descubiertas. En cambio, el que obra conforme a la verdad se acerca a la luz, para que se ponga de manifiesto que sus obras han sido hechas en Dios" (Jn 3,20-21). “El que peca procede del demonio, porque el demonio es pecador desde el principio. Y el Hijo de Dios se manifestó para destruir las obras del demonio” (I Jn 3,8).

“Nadie ha visto jamás a Dios; el que lo ha revelado es el Hijo único,  que está en el seno del Padre” (Jn 1,8). El Niño recién nacido apenas puede ver a su Madre, pero ya ha visto a Dios. Cuando Dios quiere ver al hombre mira a su Hijo (Col 1,15). Es que Dios se hace visible a través de lo humano: “Yo estoy en el Padre y el Padre en mí, quien me ve, ve a quien me envió (Jn 14,9). María y José lo vieron a través de un Niño. Los Magos lo vieron a través del Rey de los judíos (Mt 2,2) el Niño en un pesebre. A Dios le gusta verse en el espejo que es el hombre. Por esta razón le dio el título de ser su Imagen y semejanza (Gn 1,26).

Hoy es la fiesta de la Epifanía que significa a manifestación de Dios al mundo entero (Dios hecho Niño que en este día revela la universalidad de Dios, la universalidad de la fe) y no fiesta de Reyes, porque no es dable que los reyes suplanten el poder Dios quien por su luz de la estrella guía los reyes (Mt 2,9) Y por tanto los reyes sin la luz de la estrella nunca podrían hallar al Niño. Los Santos Reyes no son sino un signo, pero el verdadero significado de la fiesta se la da el Niño Jesús, que desde su cuna en el pesebre abre a Dios a todos los pueblos, a todas las razas y a todos los hombres.

Nuestro verdadero nombre de creyentes es el de “cristianos”; sin embargo, llevamos un apellido que lo dice todo: “católicos”. Lo de católico no significa propiamente romano, sino “universal”. Nuestra fe es católica, nuestra misión es católica, debido a Dios, el Dios que se revela y manifiesta a los Magos, es “católico” porque es para todos. Jesús ha nacido para todos. Nadie se puede hacer dueño de su nacimiento, ni siquiera María y José. La salvación que Él nos trae es una salvación para todos. Nadie puede hacerse dueño de la salvación de Dios, ni siquiera la Iglesia. Ella no es la salvación, sino señal de la salvación, sacramento de la salvación.

Ser cristiano es sentirnos signos de salvación para todos, sin excluir a nadie, sin poner fronteras a nadie, sin exclusivismos ni particularismos, sin divisionismos ni ideológicos, ni teológicos ni espirituales. Todo reduccionismo particularista deja de ser la Epifanía de Dios hoy para el hombre. Con frecuencia frente a Dios asumimos actitudes de pura curiosidad, otras de duda y ambigüedad. La única actitud frente a Dios es la de arrodillarnos, callar, sentir su presencia y adorarlo en nuestros corazones. A Dios no podemos meterlo en nuestra cabeza. A Dios sólo se le puede meter en el corazón. Dios no entra en nuestras ideas ni en nuestros discursos mentales, pero Dios sí puede entrar en nuestro corazón.

Los Magos de Oriente no venían a investigar qué había sobre Dios, cuáles eran las novedades sobre Dios, venían rendidos, en actitud de rodillas, en actitud de adoración, de admiración, en actitud de sorpresa. Para adorarle, primero hay que conocerle, aceptarle y rendirnos ante Él. Adorarle, es asombrarnos de su grandeza. Es decir, para adorar tenemos que comenzar por fe. Y la fe no es un saber sobre Dios, sino un dejarnos meter en su misterio y decir sí sin aun entender nada. Porque Dios no se deja abordar por el hombre en razón de su raciocinio, si no por su fe.

La cultura moderna, y el hombre moderno, adoptan ante Dios actitudes de autosuficiencia, actitudes de desafío. No es la actitud de adoración y rendimiento, sino la actitud de una especie de reto. Como quien se sitúa frente a él de poder a poder. Por eso, nos permitimos la libertad de negarlo en nuestras vidas, de decirle que no es ya IMPORTANTE para nosotros, que podemos vivir sin mayor problema prescindiendo de Él. En todo caso, tenemos el atrevimiento de juzgarle y someterle a juicio porque no responde a lo que nosotros quisiéramos de Él.

Los Magos no iban guiados por su vanidad a preguntar y cuestionar, iban a rendirle el tributo de su adoración, a rendirse delante de Él. Cuando llegaron, posiblemente, no encontraron lo que se habían imaginado. “Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron y le ofrecieron de regalo oro, incienso y mirra” (Mt 2,11).

El sentido de propiedad, actitud de vanagloria no está solo en querer las cosas para si, también suele extenderse a Dios. Hoy resulta que, cada uno piensa en “mi Dios”, el mío, el que es de mi propiedad. Y Dios no se deja poseer por nadie. Dios no es propiedad de nadie porque Dios es propiedad de todos. Cada vez que nos queremos adueñarnos de Él, terminamos por quedarnos sin Dios. Esa fue la experiencia de Israel. Dios le había escogido como su pueblo e Israel se había adueñado de Él. En aquella cultura se entiende. Cada pueblo tenía su Dios protector. Israel tenía el suyo. Por más que los profetas tratasen de presentar el universalismo de la salvación, el pueblo seguía con la mentalidad de que Dios era para ellos y para nadie más.

No es que hoy lleguemos a ese nacionalismo de Dios, pero es posible que lleguemos al “individualismo”. El Dios para los buenos. El Dios para los que van a Misa. El Dios para los creyentes. Y Dios no se deja atrapar. La primera manifestación de Jesús es precisamente para los pueblos gentiles, en la persona de estos personajes misteriosos que conocemos con el nombre de Reyes Magos. Mientras en Jerusalén nadie se da por enterado, los de lejos vienen a buscarlo y Él se manifiesta a ellos porque se dejan guiar por l luz de la estrella que es la fe.

Los buenos no tenemos derecho alguno de apropiarnos de Dios. Nuestro único derecho es que si nosotros ya le hemos conocido lo demos a conocer a los demás. Los buenos no tenemos derecho alguno de hacernos dueños de Dios que también los malos tienen derecho a conocerlo y amarlo y sentirse amados por Él. Los buenos no tenemos derecho alguno a reclamar todos los servicios para nosotros, cuando a la inmensa mayoría nadie le presta atención. Dios no es singular, Dios es plural, Dios es trinitario. Por lo tanto, su manifestación y revelación tampoco puede ser singular e individualista sino universal. Dios tiene que abarcar a la humanidad. Mi Dios es el Dios de todos los hombres, buenos y malos, cercanos o lejanos.

Todos tenemos muchas buenas voluntades, deseos nos sobran, pero lo que nos suele faltar es la decisión. Soñamos muchas cosas, pero con frecuencia todo queda en eso. Los Magos sintieron que algo se despertaba en su corazón, sintieron que algo les llamaba, sintieron que algo nuevo comenzaba a amanecer, pero no sabían dónde y se pusieron en camino. No se encuentra a Dios esperando. No se encuentra a Dios encarnado, recién estrenada la vida humana, sentados en la butaca. Hay que ponerse en camino buscando a Dios.

No hay que buscarlo mucho porque lo tenemos cerca. Otras veces hay que buscarlo lejos, el camino es largo y por qué no toda la vida. Los Magos no la tuvieron fácil, vinieron de lejos guiados por una señal, pero sin saber dónde estaba el final del camino. Es la historia de toda búsqueda. Es la historia de quien quiere encontrarse con Dios. No sabemos si estará a la vuelta de la esquina o estará lejos, lo IMPORTANTE es ponerse en camino, no cansarse, saber afrontar las dificultades. No siempre nos encontramos con Dios tan fácilmente. A veces pasan los años y no lo sentimos. Caminamos buscándole y la noche se nos echa encima. No vemos nada, no sentimos nada, no sabemos a dónde ir. Esto es lo maravilloso de los Magos. Gentes desconocidas. Gentes que vienen de lejos. Gentes que son capaces de descubrir esas estrellas-señales que nos hablan de Él, pero hay que esperar, no hay que echarse para atrás, no hay que caer en el desaliento.

Nosotros quisiéramos un Dios al que pudiéramos tocar con la mano y ver con nuestros ojos, pero eso será posible si nos dejamos guiar por la luz de la fe y en cada santa Eucaristía Dios se deja ver y se deja tocar. En cada misa Dios se encarna en la hostia sagrada de altar, pero si no nos dejamos guiar por la luz de la fe, nunca podremos advertir la presencia de Dios en el Altar de cada misa (Lc 22,19-20)

LA MANIFESTACIÓN DE DIOS:

1. «Epifanía» significa revelación, manifestación. De hecho, en la vida se dan muchas revelaciones superficiales, como son ciertas «apariciones», cábalas, horóscopos, etc. La manifestación de Dios es revelación a través de cosas sencillas, en consonancia con el evangelio, dentro de un clima de confianza y esperanza, para que la vida sea más humana y más cristiana.

2. La fiesta de Reyes es epifanía de un niño adorado por los magos, que representan al mundo pagano, a los extranjeros (universalismo de la salvación). Los magos se ponen en camino y retornan por otra senda (conversión como giro de conducta). Son guiados por una estrella (luz que proviene de Dios). Dan lo mejor de sí mismos.

3. Pero también es epifanía de un niño temido por los poderosos, a saber, los que ocupan los centros del poder y del dinero y se dicen «salvadores», cuando en realidad son dominadores y no se arrodillan ante Dios, porque se idolatran a sí mismos. Utilizan los saberes para matar. A veces si bien a pequeña escala, así somos también nosotros.

4. El centro de la Epifanía es la revelación de Jesús como Salvador, que está en la periferia, en el exilio, en el mundo ignorado, en los pobres y marginados. Para descubrirlo y adorarlo se nos exige una toma de decisión, ponernos en camino y llegar hasta el Señor. El niño es presentado por María, con la presencia de José, indispensable a pesar de no pronunciar palabra. Dios se hace presente en el mundo a través de quienes lo muestran con sus actitudes, más que con sus palabras.

martes, 23 de diciembre de 2025

SAGRADA FAMILIA - A (28 de Diciembre del 2025)

 SAGRADA FAMILIA - A (28 de Diciembre del 2025)

Proclamación del santo Evangelio según San Mateo 2,13-15;19-23

2,13 Después de la partida de los magos, el Ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: "Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto y permanece allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo".

2,14 José se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto.

2,15 Allí permaneció hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por medio del Profeta: Desde Egipto llamé a mi hijo.

2,19 Cuando murió Herodes, el Ángel del Señor se apareció en sueños a José, que estaba en Egipto,

2,20 y le dijo: "Levántate, toma al niño y a su madre, y regresa a la tierra de Israel, porque han muerto los que atentaban contra la vida del niño".

2,21 José se levantó, tomó al niño y a su madre, y entró en la tierra de Israel.

2,22 Pero al saber que Arquelao reinaba en Judea, en lugar de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allí y, advertido en sueños, se retiró a la región de Galilea,

2,23 donde se estableció en una ciudad llamada Nazaret. Lucas 2, 39 Así se cumplió lo que había sido anunciado por los profetas: Será llamado Nazareno. PALABRA DEL SEÑOR.

REFLEXION:

Estimados amigos(as) en el Señor, Paz y Bien.

Pocos pasajes tan fuertes como esta huida de la Sagrada Familia. Un rey tirano y loco hace huir a la familia que Dios ha elegido para cumplir sus promesas a los hombres. Dios actúa a través de los acontecimientos, con frecuencia crueles y absurdos, de la vida de los hombres: nace en Belén por una orden del emperador de Roma, va a Egipto por la crueldad de un rey, vive en Nazaret por los riesgos que podría correr en Belén... Pero de esa forma se va cumpliendo la palabra divina, contenida en las Escrituras.

Parece que Dios se deja quitar la dirección de los acontecimientos. Impresión que está presente a lo largo de toda la historia humana. Idea que no está de acuerdo con la que nosotros nos hemos formado de Dios. De ahí tantas crisis de fe y tantas supersticiones.

Esta es la lección de José, cabeza visible de una familia tan indefensa como entonces lo era la compuesta por un hombre del pueblo, una mujer y un niño. Sería probablemente incorrecto decir que a José le salió todo bien; lo correcto es, más bien, decir que José vio el brazo salvador de Dios en los acontecimientos que le tocó padecer. Toda una lección de transcendencia para nosotros, presos más de la cuenta por las cuentas y los cálculos.

La sagrada familia (la virgen María y san José), antes de vivir juntos ya tenían problemas; el hijo que lleva en sus entrañas la virgen, no es precisamente para José (Mt 1,18), por eso José decidió ya no concretizar la vida conyugal. Pero, el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo… Al despertar, José hizo lo que el Ángel del Señor le había ordenado: llevó a María a su casa” (Mt. 1,20;24). Cuando todo parece normalizarse, la sagrada familia tendrá otro problema, el problema del alojamiento: “María dio a luz a su Hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el albergue” (Lc 2,7).

Que alegría, que el niño ya nació, pero los problemas no cesan en la sagrada familia. Ahora no todos se alegran con su nacimiento, sino muchos en Jerusalén se alborotan por su nacimiento empezando por el rey Herodes (Mt 2,2). El Ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: “Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto y permanece allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo”. José se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto” (Mt 2,13-14).

Muchos dirán que la suerte no acompañó a la familia de Jesús que comenzó con problemas, nació en medio de problemas y recién nacido siguen los problemas. Ahora debe emigrar a Egipto como un prófugo, como un exilado. ¡Y era la Sagrada Familia! Era nada menos que la familia de Jesús. Con qué facilidad hablamos de la Sagrada Familia como si en ella todo fuese gozo y alegría, como si en ella no hubiese problemas, ni conflictos y dolores ni sufrimientos, ni carencias. Sin embargo, si meditamos el texto de Mateo fue una familia con serias dificultades y con serios problemas, y no solo en sus comienzos, sino durante toda la vida del Hijo de Dios.

Una familia muy santa y muy querida de Dios, pero también una familia que debió sufrir mucho. Yo diría que una familia muy parecida a muchas de nuestras familias de hoy. Esto es lo que me impresiona y de la Familia de Jesús. Siempre me habían presentado a la Sagrada Familia como un cielo en la tierra, todo era cariño, todo era amor y todo era felicidad, y ahora que leo y medito el Evangelio descubro que es una familia que debió vivir la realidad de muchas de nuestras familias.

Una familia sin casa propia que tiene que refugiarse en la marginalidad de Belén. Una familia de emigrantes, desarraigada de su propia tierra y de su propia lengua que tiene que vivir expatriada y exilada. Además algo bien curioso, por culpa del Hijo que es también el Hijo de Dios porque es a Él a quien Herodes quiere eliminar. María y José tienen un hijo a quien la autoridad y el poder persiguen para darle muerte, recién nacido.

Pero, sería bueno preguntarnos también, si no hubiera problemas, que sería de nosotros, seriamos como ángeles del cielo. Así, pues, los problemas no pueden ser una razón para no ser felices. Estoy seguro de que, a pesar de todos estos sufrimientos, la familia de Jesús fue una familia feliz. Si en tu familia hay problemas, no se desesperen, miren en la Sagrada Familia que los tuvo posiblemente mayores que los de Uds. ¿Quién no tiene problemas?

Para que vean, la Sagrada Familia no vivió en las nubes, sino en un mundo real, con unas situaciones concretas, con unas personas concretas, con unos poderes concretos y con unas mentalidades concretas. La familia de Jesús comenzó ya con problemas en la Encarnación. El susto de José y el riesgo de María, estaban ahí como cuchilla afilada rasgando corazones. Sólo la fe de José en la Palabra de Dios pudo abrir luz en aquella oscuridad.

Como ya dijimos, los problemas en la sagrada familia ya se presentan l inicio. El Nacimiento del mismo Niño no tuvo mucho de facilidades. Tocar puerta tras puerta y sentirse rechazados hasta ir a parar a un establo de ovejas, no debió de tener demasiado de fiesta. Y ahora algo realmente doloroso y peligroso: “Herodes quiere matar al Niño. Huye a Egipto.” Entonces como tres prófugos, emprenden el camino del desierto, como extranjeros en tierra ajena. Problema tras problema. Algunos, creíamos que la verdad y felicidad de la familia consiste en que no falte nada, lo tengamos todo, y no haya problemas. A la Sagrada Familia le faltó todo, no tenía nada y estuvo llena de problemas. Sin embargo era la Familia de Dios, era la Familia de Jesús, María y José.

Todos queremos tener una linda familia. Todos queremos tener una familia feliz. Ese ha de ser ideal de hogar y de familia, pero la realidad que nos rodea no siempre nos ayuda. En la familia de Jesús, el problema estuvo en el ansia de poder de Herodes, dispuesto a todo, con tal de sacar de en medio a alguien que pudiera poner en peligro su trono.

Hoy puede que no seamos tan ceñidos en problemas, pero hay muchos estilos de Herodes: la injusticia, la pobreza y la miseria, la falta de trabajo, son los problemas económicos. Nunca las alegrías vienen completas, hay muchas circunstancias que nos hacen sentir el sufrimiento y la desilusión. Sin embargo, la fe fue más fuerte que todas las amenazas en la Familia de Jesús. Nosotros tendríamos que afirmar un amor capaz de hacernos más fuertes que todos los tropiezos del camino. Un bello ejemplo para luchar y no desesperarnos. Un bello ejemplo para luchar y ser más que nuestras dificultades.

El secreto para afrontar nuestros conflictos, temores, e inseguridades está en la figura de la grada familia, en la humildad de san José, que nunca supo poner peros en la propuesta de Dios, hace lo que Dios le manda y sin decir una sola palabra. La virgen sin saber ser madre dice: Aquí está la esclava del Señor hágase en mí según tu palabra (Lc 1,28). El Hijo terminara su vida en la cruz entre los malhechores como un condenado, pero al tercer día resucitará (Mc 10,33). Pero, antes tendrá que sufrir mucho, cargar con su cruz… “Padre si es posible aparta de mi esta copa, pero que no haga mi voluntad sino la tuya” (Lc 22,24).

Saben quién no tiene problemas. Es el que no hace nada en su vida, a quien le da igual hacer bien o mal. Pero quien quiere hacer siempre el bien, quien quiere superarse, siempre tendrá problemas. Pero contamos con la ayuda de Dios, él va a estar ahí donde todos te abandonan, él nunca te fallará. Tu fe y tu voluntad de superación y camino al éxito es tu única opción y eso solo tú puedes hacerlo por ti y los suyos ya nadie más lo hará por ti. Esperar con paciencia y la perseverancia es un deber, no un lujo. El cristiano es por definición, el Hombre de la Esperanza. San Pedro nos anima a que siempre estemos dispuestos a dar razón de nuestra esperanza. Muchos creyentes toman por modelo a personas simples humanos (deportistas, artista) y dejan y dejan de lado el modelo de la humanidad que es Cristo Jesús. Miran la vida con pasividad y resignación: aceptan la frustración y la derrota; se olvidan que Dios sembró en cada uno capacidades extraordinarias, dones, talentos, para afrontar la vida, mejorar y hacer de ella una fiesta de esperanza y de gozo.

El ángel ha dicho a la virgen María: “Nada es imposible para Dios” (Lc 1,37). Jesús dice: Sin mi nada podrán hacer (Jn 15,5). Nada es imposible para quien cree y tiene fe (Mt 17,20). San Pablo: Para mi Cristo lo es todo (Col 3,11). La fe que mueve montañas, sumado a tu voluntad, podrás hacer cosas extraordinarias y de hecho es la única estrategia para escalar el cielo.