miércoles, 3 de diciembre de 2014

DOMINGO II DE ADVIENTO - B (07 de Diciembre del 2014)


DOMINGO II DE ADVIENTO –CICLO B (07 de Diciembre del 2014)

Proclamación del Santo Evangelio según San Marcos 1,1-8:

Comienzo de la Buena Noticia de Jesús, Mesías, Hijo de Dios. Como está escrito en el libro del profeta Isaías: Mira, yo envío a mi mensajero delante de ti para prepararte el camino.

Una voz grita en el desierto: Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos, así se presentó Juan el Bautista en el desierto, proclamando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. Toda la gente de Judea y todos los habitantes de Jerusalén acudían a él, y se hacían bautizar en las aguas del Jordán, confesando sus pecados.

Juan estaba vestido con una piel de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre. Y predicaba, diciendo: Detrás de mí vendrá el que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de ponerme a sus pies para desatar la correa de sus sandalias. Yo los he bautizado a ustedes con agua, pero él los bautizará con el Espíritu Santo". PALABRA DEL SEÑOR.

REFLEXIÓN:

Queridos(as) amigos(as) en el Señor Paz y Bien.

Juan Bautista hoy nos ha dicho en gritos: Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos, (Is 40, 3)

“Una voz grita en el desierto: Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos. Los valles serán rellenados, las montañas y las colinas serán aplanadas. Serán enderezados los senderos sinuosos y nivelados” (Is 40:3-5). Juan es la voz que clama “en el desierto.” Se presenta al modo de los antiguos profetas, que insisten en la “conversión”. Probablemente el dar la cita completa es para acentuar el final “universalista” de la misma con la venida del Mesías: “todos los hombres verán la salvación de Dios.”(Lc 3,6).

El evangelista Marcos (Mc 1, 1-8), presenta al precursor que bautiza, donde “Toda la gente de Judea y todos los habitantes de Jerusalén acudían a él, y se hacían bautizar en las aguas del Jordán, confesando sus pecados”. Juan Bautista, invita a los hombres a preparar el camino del Señor, pero sólo después de haberla preparado él en sí mismo retirándose al desierto y viviendo separado de todo lo que no era Dios. Recordemos también que Juan Bautista (Mateo 3,1) se presentó en el desierto predicando: “Conviértanse, porque está cerca el reino de los cielos”. Es decir, era un llamado a que cambiar de vida, porque ya estaba muy cerca Jesús, y hoy es para nosotros la misma necesidad, transformar nuestras vidas, volvernos a Dios, porque El se ha vuelto  a los hombres. Y nos pide también hoy “Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos”, ¿Cómo? Podríamos decir de muchas formas, y una de ellas es que nos pongamos de acuerdo entre nosotros, acojamos con paciencia y alegría, a nuestros hermanos, del mismo modo como Cristo nos ha acogido.

En este pasaje podemos distinguir: 1) Enunciado del evangelio según san Marcos (1,1). 2) El ministerio de Juan Bautista como realización de las antiguas profecías (Mc 1,2-4). 3) La respuesta de la gente ante la predicación de Juan Bautista (Mc 1,5). 4) Descripción de la persona de Juan Bautista: su atuendo y su alimento (Mc 1,6). 5) La proclamación del Mesías (Mc 1,7-8). En suma, Marcos está orientado a la confesión de fe, uno de sus hilos conductores más importantes es la cuestión: ¿Quién es Jesús?  Ya desde de las primeras líneas se empieza a responder. La entrada de la persona de Jesús en el escenario, el protagonista del Evangelio, se realiza de manera solemne.

Esta primera voz que resuena evoca la voz ya extinta de los profetas y se centra en la persona de Jesús, es él quien realizará el camino del Dios en la historia, él es el Señor. La voz de Juan Bautista, el mensajero de los nuevos tiempos: Jesús vence el mal y nos introduce en su comunión con el Padre creador. Es Dios mismo quien le da la Palabra a Juan (Mc 1,3).

La “voz que clama (que grita) en el desierto” aparece históricamente en la persona de Juan, de quien dos veces consecutivas se dice que “proclamaba” (Mc 1,4 y 7).  El contenido de su anuncio es: La efectiva preparación del “camino del Señor” mediante el bautismo de conversión (Mc 1,4-5); y la presentación de la persona de Jesús, el que ya está a punto de comenzar a recorrer su camino. Lo hace profetizando (Mc 1,7-8).

Mc 1,6, justamente el versículo central de la sección que describe la misión del Bautista, nos presenta el núcleo que caracterizaban al profeta como un nuevo Elías, es decir, el profeta de los nuevos tiempos. Se describe así la vida austera del profeta, un estilo que también caracterizará a los misioneros de Jesús (Mc 6,8-9). Distingamos: Su habitación: el desierto.  Sus hábitos: los del profeta Elías (2 Reyes 1,8), el cual el profeta (Malaquías 3,23) anunció que iba a volver. Su alimento: la de un asceta. Su actividad: predicar la conversión y bautizar en las aguas del Jordán. Pero una vez que se nos ha presentado a Juan con su atuendo y hábitos de profeta, lo que más quiere subrayar Marcos es el contenido de su profecía acerca de Jesús (Mc 1,7-8).  El profeta de los nuevos tiempos habla aquí por única vez en todo el Evangelio y sus pocas palabras son precisas y claras. Todas ellas apuntan a una sola pregunta: ¿Quién es Jesús de Nazareth?

Destaquemos brevemente los tres rasgos que caracterizan a Jesús según la voz del profeta:

(1) “Detrás de mi viene...” Jesús es EL QUE VIENE.

La expresión es casi un título y su sentido es: Jesús es el que viene recorriendo un camino que parte de Dios y que conduce a Dios; Jesús es Dios que viene al encuentro de los hombres y solicita la apertura del corazón para acoger su llegada. Probablemente la expresión tenga un sentido todavía más profundo si la releemos desde la profecía de Daniel 7,13: “He aquí que en las nubes del cielo venía como un Hijo del Hombre” (profecía que el mismo Jesús citará en la pasión para confesar su identidad: “veréis al Hijo del Hombre... venir...”, (Mc 14,62).

Como hemos comentado antes, la profecía presenta a Jesús como Juez Escatológico, aquél con quien todo hombre tendrá que confrontarse porque él, el modelo, el paradigma del hombre. Pero también la idea es presentarnos a un Jesús siempre en movimiento (como de hecho sucede a lo largo del Evangelio: rara vez se sienta), expresando así la cercanía de Dios al hombre.

En la introducción del Evangelio se presenta solemnemente esta venida: La primera vez que Jesús entra en escena se usa el verbo “venir”: “Y sucedió que por aquellos días vino Jesús desde Nazareth de Galilea” (Mc 1,9). Luego, después de las tentaciones, se insiste en que Jesús es el que “viene”: “Después que Juan fue entregado vino Jesús a Galilea” (Mc 1,14).

(2) “El que es más fuerte que yo”: Jesús es EL MAS FUERTE.

Inicialmente la frase podría ser entendida como que Jesús es un profeta más poderoso que Juan.  Sin embargo dentro del mismo Evangelio se nos da la pista: el fuerte es Satanás, el poder del mal que impide la realización del hombre, desdibujando su rostro y arrastrando en contravía el proyecto creador y salvífico de Dios para la humanidad. Si bien Satanás es el fuerte, con un poder que todos de hecho experimentamos aunque no lo personalicemos de esa manera, Jesús es el más fuerte: su poder es capaz de someter al que somete al hombre.

Ante el pecado y todas las fuerzas del mal que experimentamos en la historia ha brotado una esperanza. Para esto ha venido Jesús: El primer milagro que Jesús realiza en el Evangelio es un exorcismo (Mc 1,21-28).  Su primera enseñanza que es que ha venido a destruir el mal: “Un hombre poseído por un espíritu inmundo... se puso a gritar: ¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazareth? ¿Has venido a destruirnos?” (Mc 1,23-24). Y Jesús puede más que el mal, tiene autoridad sobre él (Mc 1,25-27). En la controversia en la cual Jesús es acusado de ser un endemoniado, su respuesta es tan lógica como contundente: “Nadie puede entrar en la casa del fuerte y saquear su pertenencia, si no ata primero al fuerte” (Mc 3,27). Y eso es precisamente lo que Jesús realiza a través de sus numerosos signos en el Evangelio. Ante la extraordinaria grandeza de Jesús, a Juan no le queda más que declarar su pequeñez: “Y no soy digno de desatarle, inclinándome, la correa de sus sandalias” (Mc 1,7).

(3) “Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo” (Mc 1,8).  Jesús es el que BAUTIZA CON ESPIRITU SANTO.

La contraposición entre Juan y Jesús ahora es más clara, con todo ello se pretende que descubramos la grandeza de la misión de Jesús. Notemos los acentos del texto:

Juan Bautista y Jesús de Nazareth: Yo, Él. Os he bautizado (Ya se da como un pasado) Os bautizará (Se trata de un futuro próximo). Con agua Con Espíritu Santo: El bautismo de Juan aparece como un bautismo pasado, cuya finalidad ha sido cumplida: sellar y validar ante Dios la actitud de conversión pecados de aquellos que abrieron su corazón ante el mensaje (Mc 1,4-5). Ahora, el bautismo de Jesús, que no es un rito sino la experiencia del camino, completa lo que le que le falta al de Juan: el perdón de los pecados.  Ese es el sentido de la expresión “bautizar” (=sumergir) “con Espíritu Santo” (en la realidad de Dios mismo), indica que en ella se ha eliminado la barrera que separaba al hombre con Dios y que ambos viven ahora una perfecta comunión. Es en esta unión que el hombre crece y madura para la vida nueva en Dios.

El mismo Espíritu que “impulsó a Jesús al desierto” (Mc 1,12), impulsa también a cada hombre que se hace discípulo por los caminos de Dios trazados por el ministerio terreno de Jesús de Nazareth. En Mc 3,28-29, Jesús señala la relación estrecha que hay entre el bautismo en el Espíritu y el perdón de los pecados: Dios desea perdonar todos los pecados y ninguno supera su poder (El es “el más fuerte”), sin embargo el cerrarse libre y conscientemente a la acción del Espíritu Santo (blasfemia contra el Espíritu Santo), que es la acción creadora de Dios, no tiene posibilidad de perdón, porque él mismo es el perdón.

HUMILDAD DEL BAUTISTA ANTE LO QUE ERA CRISTO: La figura del Bautista causó una fortísima conmoción en Israel. Hasta Flavio Joséfo, historiador Judío, se hace eco de ella, diciendo que Antipas “temió la grande autoridad de aquel hombre.” Hubo un momento en que las gentes pensaron, ante aquella figura ascética y profética que anunciaba la llegada inminente del Reino, si él mismo no sería el Mesías. El mismo Sanedrín de Jerusalén le envió una representación para que dijese si era él el Mesías (Jn 1:19-28). Y éste es el momento, tanto en los evangelios sinópticos como en Juan, en que el Bautista declara que él sólo es un “esclavo,” pues él no es digno de ejercer con El oficio de los esclavos: “descalzarle.” El evangelio de Lucas, que es quien mejor da la razón de la confesión de humildad del Bautista ante lo que era Cristo, (Lc 3, 15), y en relato del evangelista Marcos, el que nos expresa que Juan Bautista predicaba, diciendo: “Detrás de mí vendrá el que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de ponerme a sus pies para desatar la correa de sus sandalias. Yo los he bautizado a ustedes con agua, pero él los bautizará con el Espíritu Santo”.

¿Cuál fue la función específica de Juan Bautista? El oficio de Juan el Bautista fue anunciar la llegada del Mesías; Juan fue quien supo identificar y señalar, entre la multitud, al Cordero de Dios que venía a quitar el pecado del mundo. Juan enseñó a la gente a reconocer, entre los hilos y las telas de una historia confusa,  presencia del Emmanuel, es decir, del Dios con nosotros, que se hizo historia y sangre, pueblo y cultura, súplica y grito de protesta, en el vientre de María, la Virgen fecunda, la llena de gracia y simpatía. Juan el Bautista predicó y bautizó en las orillas del río Jordán, junto al desierto, actual zona fronteriza entre Israel y Jordania.

¿Cuál fue el mensaje de Juan el Bautista? Juan viene a dar cumplimiento a la profecía de Isaías que invitaba a levantar la voz medio del desierto: “Preparen el camino del Señor; ábranla un camino recto. Todo valle será rellenado, todo cerro y colina será nivelado, los caminos torcidos serán enderezados, y allanados los caminos disparejos. Todo el mundo verá la salvación que Dios envía”.

¿Qué tenemos que hacer hoy para preparar la venida de Jesús? Nuestras vidas están sembradas de obstáculos y resistencias que impiden o dificultan la llegada de Dios a nuestros corazones y comunidades, a nuestra Iglesia y a nuestro mundo. Dios está siempre cerca. Somos nosotros los que hemos de abrir caminos para acogerlo encarnado en Jesús. Las imágenes de Isaías invitan a compromisos muy básicos y fundamentales: cuidar mejor lo esencial sin distraernos en lo secundario; rectificar lo que hemos ido deformando entre todos…; afrontar la verdad real de nuestras vidas para recuperar un talante de conversión. Hemos de cuidar bien los bautizos de nuestros niños, pero lo que necesitamos todos es un “bautismo de conversión”. Quiero decir, que el bautismo si ya lo hemos recibido, hace ahora falta el poner en práctica o cultivar ese don del bautismo y el primer paso tiene que ser la conversión, que es constante y permanente. Así por ejemplo se nos muestra en la primera comunidad:

“Pablo, atravesando la región interior, llegó a Éfeso. Allí encontró a algunos discípulos y les preguntó: "Cuando ustedes abrazaron la fe, ¿recibieron el Espíritu Santo?" Ellos le dijeron: "Ni siquiera hemos oído decir que hay un Espíritu Santo". "Entonces, ¿qué bautismo recibieron?", les preguntó Pablo. "El de Juan", respondieron. Pablo les dijo: "Juan bautizaba con un bautismo de penitencia, diciendo al pueblo que creyera en el que vendría después de él, es decir, en Jesús" (Mt 3,11). Al oír estas palabras, ellos se hicieron bautizar en el nombre del Señor Jesús. Pablo les impuso las manos, y descendió sobre ellos el Espíritu Santo. Entonces comenzaron a hablar en distintas lenguas y a profetizar. Eran en total unos doce hombres” (Hc 19,1-7).


Para merecer los dones del bautismo que nos configura con Jesús, que viene a salvarnos conviene también tener en cuenta las exhortaciones de Juan bautista: "Raza de víboras, ¿quién les enseñó a escapar de la ira de Dios que se acerca? Produzcan los frutos de una sincera conversión, y no piensen: Tenemos por padre a Abraham. Porque yo les digo que de estas piedras Dios puede hacer surgir hijos de Abraham. El hacha ya está puesta a la raíz de los árboles; el árbol que no produce buen fruto será cortado y arrojado al fuego. La gente le preguntaba: ¿Qué debemos hacer entonces? Él les respondía: El que tenga dos túnicas, dé una al que no tiene; y el que tenga qué comer, haga otro tanto. Algunos publicanos vinieron también a hacerse bautizar y le preguntaron: Maestro, ¿qué debemos hacer? Él les respondió: No exijan más de lo estipulado". A su vez, unos soldados le preguntaron: Y nosotros, ¿qué debemos hacer? Juan les respondió: No extorsionen a nadie, no hagan falsas denuncias y conténtense con su sueldo". (Lc 3,7-14).

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