martes, 24 de febrero de 2026

I DOMINGO DE CUARESMA - A (22 de febrero del 2026)

 I DOMINGO DE CUARESMA - A  (22 de febrero del 2026)

Proclamación del Santo Evangelio según San Mateo 4,1 - 11:

4,1 Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el demonio.

4,2 Después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, sintió hambre.

4,3 Y el tentador, acercándose, le dijo: "Si tú eres Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes".

4,4 Jesús le respondió: "Está escrito: El hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios".

4,5 Luego el demonio llevó a Jesús a la Ciudad santa y lo puso en la parte más alta del Templo,

4,6 diciéndole: "Si tú eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: Dios dará órdenes a sus ángeles, y ellos te llevarán en sus manos  para que tu pie no tropiece con ninguna piedra".

4,7 Jesús le respondió: "También está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios".

4,8 El demonio lo llevó luego a una montaña muy alta; desde allí le hizo ver todos los reinos del mundo con todo su esplendor,

4,9 y le dijo: "Te daré todo esto, si te postras para adorarme".

4,10 Jesús le respondió: "Retírate, Satanás, porque está escrito: Adorarás al Señor, tu Dios, y a él solo rendirás culto".

4,11 Entonces el demonio lo dejó, y unos ángeles se acercaron para servirlo. PALABRA DEL SEÑOR.

REFLEXIÓN:

“Oren para no caer en la tentación, porque el espíritu es fuerte, pero la carne es débil" (Mt 26,41). ¿Cuál es la mayor tentación del hombre? Hoy, la mayor tentación del hombre es sentirse igual a Dios: “La serpiente dijo a la mujer: De ninguna manera morirán. Es que Dios sabe muy bien que el día en que coman del árbol prohibido, se les abrirán los ojos y serán como dioses, conocedores del bien y del mal” (Gn 3,4-5).

Hemos iniciado el tiempo de cuaresma con el miércoles de ceniza y en la imposición de la ceniza se nos ha recordado: “Comerás el pan con el sudor de tu frente, hasta que vuelvas a la tierra, de donde fuiste sacado. ¡Porque eres polvo y al polvo volverás!» (Gn 3,19). O también «El tiempo se ha cumplido: el Reino de Dios está cerca. Conviértete y cree en la Evangelio» (Mr 1,15).

“Escucha, Israel: el Señor, nuestro Dios, es el único Señor. Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas” (Dt 6,4). “Uds me darán culto solo a mí y yo bendeciré tu pan y tu agua. Y apartaré de ti todas las enfermedades” (Ex 23,25). “No te postrarás ante esos dioses(falsos) ni les darás culto, porque yo Yahveh, tu Dios, soy un Dios celoso, que castigo la iniquidad de los padres en los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me odian” (Ex 20,5). Estas citas del A.T. nos recuerdan que Dios es único. Pero alguien dividido o apartado de Dios que se hace igual a Dios es precisamente el demonio.

En este primer domingo de la cuaresma, llamado el domingo de la tentación, Jesús sufre tres fuertes tentaciones. Que son las tres grandes tentaciones tuyas y mías, de la Iglesia y de la sociedad. Tentaciones que están latentes a cada momento de nuestra vida terrenal.

1) La tentación de que Dios solucione el hambre del mundo: El tentador, acercándose a Jesús le dijo: «Si tú eres Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes». Jesús le respondió: «Está escrito: "El hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios» (Mt 4,3-4). Episodio que nos recuerda al pueblo de Israel en el desierto: “El pueblo de Israel partió de Elim, y el día quince del segundo mes después de su salida de Egipto, toda la comunidad de los israelitas llegó al desierto de Sin, que está entre Elim y el Sinaí. En el desierto, los israelitas comenzaron a protestar contra Moisés y Aarón. «Ojalá el Señor nos hubiera hecho morir en Egipto, les decían, cuando nos sentábamos delante de las ollas de carne y comíamos pan hasta saciarnos. Porque ustedes nos han traído a este desierto para matar de hambre a toda esta asamblea» (Ex 16,1-3).

2) La tentación del exhibicionismo y la admiración: «Si tú eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: "Dios dará órdenes a sus ángeles, y ellos te llevarán en sus manos para que tu pie no tropiece con ninguna piedra"». Jesús le respondió: «También está escrito: "No tentarás al Señor, tu Dios"» (Mt 4,6-7). Otra escena que nos recuerda la tentación del pueblo de Israel torturado por la sed: Toda la comunidad de los israelitas partió del desierto de Sin y siguió avanzando por etapas, conforme a la orden del Señor. Cuando acamparon en Refidim, el pueblo no tenía agua para beber. Entonces acusaron a Moisés y le dijeron: «Danos agua para que podamos beber». Moisés les respondió: «¿Por qué me acusan? ¿Por qué tientan al Señor?». Pero el pueblo, torturado por la sed, protestó contra Moisés diciendo: «¿Para qué nos hiciste salir de Egipto? ¿Sólo para hacernos morir de sed, junto con nuestros hijos y nuestro ganado?». Moisés pidió auxilio al Señor, diciendo: «¿Cómo tengo que comportarme con este pueblo, si falta poco para que me maten a pedradas?». El Señor respondió a Moisés: «Pasa delante del pueblo, acompañado de algunos ancianos de Israel, y lleva en tu mano el bastón con que golpeaste las aguas del Nilo. Ve, porque yo estaré delante de ti, allá sobre la roca, en Horeb. Tú golpearás la roca, y de ella brotará agua para que beba el pueblo» (Ex 17,1-6).

3) La tentación de hacernos dueños del mundo: «Te daré todo esto, si te postras para adorarme». Jesús le respondió: «Retírate, Satanás, porque está escrito: "Adorarás al Señor, tu Dios, y a él solo rendirás culto"» (Mt 4,9-10). Esta escena nos recuerda otra escena del desierto: Cuando el pueblo vio que Moisés demoraba en bajar de la montaña, se congregó alrededor de Aarón y le dijo: «Fabrícanos un Dios que vaya al frente de nosotros, porque no sabemos qué le ha pasado a Moisés, ese hombre que nos hizo salir de Egipto» Aarón les respondió: «Quiten a sus mujeres, a sus hijos y a sus hijas, las argollas de oro que llevan prendidas a sus orejas, y tráiganlas aquí». Entonces todos se quitaron sus aros y se los entregaron a Aarón. El recibió el oro, lo trabajó con el cincel e hizo un ternero de metal fundido. Ellos dijeron entonces: «Este es tu Dios, Israel, el que te hizo salir de Egipto». Al ver esto, Aarón erigió un altar delante de la estatua y anunció en alta voz: «Mañana habrá fiesta en honor del Señor». Y a la mañana siguiente, bien temprano, ofrecieron holocaustos y sacrificios de comunión. Luego el pueblo se sentó a comer y a beber, y después se levantó para divertirse. El Señor dijo a Moisés: «Baja en seguida, porque tu pueblo, ese que hiciste salir de Egipto, se ha pervertido. Ellos se han apartado rápidamente del camino que yo les había señalado, y se han fabricado un ternero de metal fundido. Después se postraron delante de él, le ofrecieron sacrificios y exclamaron: «Este es tu Dios, Israel, el que te hizo salir de Egipto». Luego le siguió diciendo: «Ya veo que este es un pueblo obstinado. Por eso, déjame obrar: mi ira arderá contra ellos y los exterminaré. De ti, en cambio, suscitaré una gran nación» (Ex 32,1-10).

No olvidemos que este episodio de la tentación del Señor sucede después del bautismo: “Apenas fue bautizado, Jesús salió del agua. En ese momento se abrieron los cielos, y vio al Espíritu de Dios descender como una paloma y dirigirse hacia él. Y se oyó una voz del cielo que decía: Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección” (Mt 3,16-17). Es decir, Jesús empieza a compartir la experiencia de nuestra vida humana con todo lo que es e incluso la experiencia del Pueblo de Dios en la escena de la salida de la esclavitud.

Dios es quien toma la iniciativa de hacerlo salir de esclavo a un pueblo libre. Es Dios que lo lleva al desierto y lo acompaña en su andar. Ahora es el Espíritu el que empuja a Jesús al desierto. El desierto es camino de libertad, pero también camino de tentación. El Evangelio reúne en una sola escena todas las tentaciones. El Pueblo vivió la tentación de regresar a la esclavitud. Jesús es tentado de todo aquello que lo puede desviar de los caminos de Dios.

La Cuaresma es un tiempo de búsqueda de la libertad pascual en base al ayuno, oración y la caridad (Mt 6,2-16). Aunque nosotros tenemos la tentación de sentirnos bien con nuestras esclavitudes, la tentación de renunciar a nuestra libertad. Cada uno sabe de qué esclavitudes Dios lo quiere sacar. Cada uno sabe que la esclavitud del pecado está maquillada de bondad y belleza. El pecado tiene mucho de maquillaje. Se presenta como algo bueno y termina destruyéndonos. El pecado se presenta como algo sabroso y termina amargándonos el corazón. ¿Hemos hecho la prueba de cómo vemos el pecado antes y cómo lo vemos luego de caer?

Una de esas tentaciones más peligrosas, porque la peor tentación es lo de no creerse tentado. La peor tentación es no tomar conciencia de que estamos tentados, ¿Cómo sanar al que no se cree enfermo? Y al respecto, nuestras mayores tentaciones son: Creer que nosotros somos buenos y no necesitamos de la ayuda de nadie. Creer que la santidad no es para nosotros. Creer que no necesito de la Iglesia porque también ella está cargada de defectos. Creer que no necesito confesarme porque no tengo pecado y, en todo caso, el confesor también es pecador. Creer que no necesito de los demás porque yo me basto a mí mismo. Creer que basta ser bueno y puedo prescindir de los demás: Me basta el amor a Dios sin necesidad del amor al prójimo. Creer que la Cuaresma no me va a cambiar. No tomar en serio nuestro camino cuaresmal hacia la Pascua y, por tanto, no tomarnos en serio a notros mismos.

Preguntas de Exploración para la Comunidad

Estas preguntas buscan identificar dónde aprieta el zapato entre la fe y la vida urbana en Lima:

  1. Sobre la Necesidad (El Pan): "¿En qué momentos de crisis económica o laboral han sentido la urgencia de 'convertir las piedras en pan', es decir, de priorizar una solución rápida o poco ética por encima de la confianza en la providencia de Dios?"
  2. Sobre la Seguridad (El Templo): "En una ciudad que a veces percibimos como insegura o caótica, ¿cuántas veces hemos 'puesto a prueba a Dios' exigiendo protección o milagros como condición para mantener nuestra fe activa?"
  3. Sobre la Ambición (Los Reinos): "Al observar el éxito de otros en nuestro entorno social o profesional, ¿qué tanto nos tienta la idea de 'postrarnos' ante los valores del mundo (poder, prestigio, apariencias) para asegurar nuestra posición?"
  4. Sobre el Desierto Moderno: "¿Qué ruidos de la ciudad o distracciones del día a día funcionan como ese 'desierto' que nos hace sentir aislados de la voz de Dios, aun estando rodeados de gente?"
  5. Sobre el Ayuno Real: "Más allá de la comida, ¿de qué cosa lícita (redes sociales, compras innecesarias, necesidad de tener siempre la razón) les costaría más 'ayunar' para hacer espacio al Espíritu?"
  6. Sobre la Palabra como Escudo: "Cuando llegan los momentos de mayor debilidad emocional, ¿cuál es esa 'Palabra que sale de la boca de Dios' (un versículo o promesa) que les sirve de ancla para no caer?"

Cómo transformar estas respuestas en un Mensaje Místico

1. El Desierto en medio de la Ciudad: Plantea que el desierto de Jesús no fue solo un lugar geográfico, sino un estado del alma. La clase media limeña vive en un "desierto de cemento". El mensaje místico es que el silencio no se encuentra huyendo de Lima, sino creando un sagrario interior donde la tentación del consumo no tenga eco.

2. De la Necesidad a la Contemplación: Usa la respuesta sobre el "pan" para entender que el hambre del hombre es, en el fondo, hambre de Infinito. La mística nos enseña que las tentaciones son "distracciones del Amor". No se trata de no querer progresar, sino de no dejar que el progreso ocupe el lugar del Amado.

3. El Abandono en la Voluntad: La mística culmina en el Fiat (Hágase). Frente a la tentación del poder o la seguridad mágica, el mensaje debe invitar a la comunidad a una confianza radical: "Solo a Él adorarás" y lo hacemos en la santa Misa cuando nos arrodillamos en el momento de la consagración: “Tomen y coman… tomen y beban que esto es mi cuerpo…” (Lc 22,19). Es pasar de usar a Dios para nuestros fines, a ser instrumentos de sus fines en la vida para DIOS y  con Dios.

Nota: Para una audiencia de clase media, funciona muy bien usar metáforas de "limpieza de la mirada". La tentación empaña el vidrio a través del cual vemos a Dios; la vida espiritual es el proceso de volver a ver claro.

A menudo vivimos bajo el estrés de la planificación, el control y la búsqueda de seguridad, el abandono en las manos de Dios no es solo un acto de piedad, sino un acto de rebeldía espiritual contra el demonio.

Aquí una propuesta de Guía de Oración Contemplativa diseñada para ser realizada en comunidad o de forma individual, enfocada en el abandono radical como escudo.

Guía de Oración: "El Amparo en el Desierto"

I. Preparación: El Silencio de la Metrópoli

Invita a los fieles a cerrar los ojos y visualizar el ruido de Lima (el tráfico, las preocupaciones del trabajo, las deudas) como una marea que se retira.

  • Gesto: Colocar las manos con las palmas hacia arriba sobre las rodillas. Es el gesto del mendigo y del que recibe.
  • Jaculatoria inicial: "Señor, no soy yo quien controla el mañana, eres Tú."

II. Lectura Profunda (Mt 4, 1-11)

Se lee el pasaje no como un relato histórico, sino como un espejo.

“No solo de pan vive el hombre…”

Reflexión breve: El diablo tienta a Jesús en su necesidad. A nosotros nos tienta en nuestra búsqueda de seguridad material. El abandono comienza cuando reconocemos que nuestro "pan" más urgente es la Voluntad del Padre.

III. El Ejercicio de las Tres Entregas (Mística del Abandono)

Para repeler la tentación, realizaremos tres actos de confianza inspirados en las tres tentaciones:

1. Entrega de las Necesidades (Contra el Pan)

"Señor, te entrego mi miedo a que me falte el sustento, el estatus o el éxito. Renuncio a la ansiedad de querer convertir mis piedras en pan por mis propias fuerzas. Me abandono a Tu providencia."

  • Momento de silencio.

2. Entrega de las Seguridades (Contra el Templo)

"Señor, renuncio a la tentación de exigirte pruebas de Tu amor. No necesito lanzarme al vacío para ver si me sostienes; ya sé que estoy en Tus manos. Te entrego mi necesidad de controlar el futuro de mis hijos y mi salud."

  • Momento de silencio.

3. Entrega de la Voluntad (Contra los Reinos)

"Señor, el mundo me ofrece reinos de prestigio y poder si me postro ante sus reglas. Hoy decido postrarme solo ante Ti. Mi libertad es Tuya. Que Tu voluntad sea mi único anhelo."

  • Momento de silencio.

IV. Oración de compromiso

Se reza a coro, con énfasis en la entrega total:

"Padre, me pongo en Tus manos. Haz de mí lo que quieras. Sea lo que sea, te doy las gracias. No deseo nada más, Dios mío, sino que Tu voluntad se cumpla en mí y en todas Tus criaturas. En Tus manos encomiendo mi alma; te la doy con todo el amor de que soy capaz, porque para mí es una necesidad de amor el darme, el entregarme en Tus manos sin medida, con una confianza infinita, porque Tú eres mi Padre."

V. Conclusión: El Escudo de la Paz

Al final del pasaje, los ángeles sirven a Jesús. Al abandonarnos, la paz de Dios (su "ejército de ángeles") custodia nuestro corazón. El demonio no tiene poder sobre quien no posee nada, porque quien se ha abandonado a Dios, lo posee Todo.

Sugerencia de cierre para el mensaje: Recuerda que el abandono no es pasividad, es la actividad máxima de la fe: es dejar que Dios pelee nuestras batallas mientras nosotros descansamos en Su pecho.

Oración breve de protección (tipo letanía) para que los fieles puedan llevarse impresa en un pequeño recordatorio para rezar durante la semana en sus trayectos o trabajos

El demonio no suele ofrecer "el infierno" con fuego y azufre, sino que lo disfraza de un "reino" de éxito, autonomía absoluta y seguridad material que, al final, nos deja el alma seca y vacía.

Aquí tienes una propuesta de esquema de homilía que resalta el Don del Bautismo, la Fe y la Oración como armas de victoria.

El Reino del Padre o el Espejismo del Mundo Basada en Mt 4, 1-11

1. El Bautismo: Nuestra Armadura de Luz

Queridos hermanos, hace unos momentos recordábamos nuestro Bautismo. Al ser bautizados, no solo recibimos un nombre; recibimos una identidad: SOMOS HIJOS DE DIOS.

El demonio comienza su tentación a Jesús diciendo: "Si eres Hijo de Dios...". Esa es su estrategia favorita con nosotros en el mundo: hacernos dudar de nuestra filiación. Nos susurra al oído en la oficina, en el tráfico, en las crisis familiares: "Si Dios te amara tanto, no pasarías por esto". La fe es el escudo que responde: "Soy hijo, y mi Padre tiene el control". El Bautismo nos dio el ADN de la victoria, pero la fe es la que activa ese poder.

2. El Reino de la Mentira (El Espejismo del Infierno)

En la tercera tentación, el diablo ofrece "todos los reinos del mundo". Para nosotros, esos reinos no son países, son ídolos:

  • El reino de la apariencia (el proyectar lo que no somos, el "qué dirán").
  • El reino del poder económico a cualquier costo.
  • El reino del control absoluto sobre nuestra vida y el futuro.

El demonio nos ofrece un reino donde nosotros somos los reyes, pero ese es, precisamente, el Reino del Infierno: un lugar donde Dios no está y donde terminamos siendo esclavos de nuestros propios deseos (Stg 1,14:Concupiscencia). El infierno comienza aquí cuando decidimos que no necesitamos de la Providencia de Dios.

3. La Oración: El Aliento del Soldado

¿Cómo resistió Jesús? No discutió con el demonio. No razonó con la tentación. Jesús oró con la Palabra.

Para ustedes, que enfrentan el ritmo frenético de esta ciudad, la oración no puede ser un lujo de "tiempo libre". La oración es el abandono radical. Orar es decirle al diablo: "No me des nada de lo que me ofreces, porque mi Padre ya me lo ha dado todo en la Cruz".

  • Cuando la tentación del desánimo llegue: Ora.
  • Cuando el brillo del dinero fácil te seduzca: Ora.
  • Cuando sientas que tu fe flaquea: Recuerda tu Bautismo.

4. Conclusión: El Triunfo de la Humildad

Al final, el diablo se retira. ¿Por qué? Porque no pudo encontrar una grieta de orgullo en Jesús. El abandono en manos de Dios es el arma que el demonio no entiende y a la que teme profundamente.

Hermanos, no tengan miedo de las tentaciones. Ténganle miedo a dejar de orar. Porque el que ora, se mantiene unido a la Vid (Dios), y nadie puede arrancarlo de las manos del Padre. Que nuestra fe sea hoy el "No" rotundo al reino del enemigo y el "Sí" jubiloso al Reino de Dios.

Un gesto para la comunidad

Como sugerencia final. Al terminar la homilía, cierren los ojos y repitan tres veces en su interior: "Soy hijo de Dios por el sacramento del Bautismo. Señor en tus manos me abandono".

Esta oración está diseñada para ser un recurso práctico y poderoso. Para la familia, que valora la protección de la fe y el bienestar del hogar, este "compromiso" actúa como un recordatorio de que su casa y su vida no pertenecen al caos del mundo, sino al Reino de Dios.

Propuesta de oración, estructurada para ser rezada en comunidad o en el seno del hogar.

Oración y Protección del Hogar

(Para rezar frente a un crucifijo o la imagen de la Virgen en casa)

I. Invocación Inicial

Líder: En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Todos: Amén. Líder: Recordamos hoy nuestro Bautismo, la marca imborrable que nos hace propiedad de Dios. Renovamos nuestra fe para rechazar las promesas vacías del enemigo.

II. El Sellado de la Fe (Letanía de Abandono)

A cada invocación, respondemos: "Sella nuestra vida, Señor".

  1. De la tentación de confiar solo en el dinero y el éxito material... R.
  2. De la soberbia de querer controlar el futuro y el destino de los nuestros... R.
  3. Del miedo que nos hace dudar de Tu providencia en medio de la crisis... R.
  4. De la división en nuestra familia y de la falta de perdón... R.
  5. De los engaños del demonio que nos ofrece reinos de apariencia y poder... R.

III. Oración de Protección Directa

(Se sugiere que todos extiendan las manos hacia adelante o se tomen de las manos si están en familia)

"Señor Jesús, por el poder de Tu Sangre Preciosa y la gracia de nuestro Bautismo, sellamos hoy los umbrales de nuestro hogar, nuestras mentes y nuestros corazones.

Declaramos que esta familia pertenece al Reino de la Luz. Rechazamos cualquier 'reino de oscuridad' que intente entrar bajo el disfraz de la ambición desmedida, el desánimo o el rencor. Que Tu Espíritu Santo sea el muro de fuego que nos rodee, y que Tu paz, que sobrepasa todo entendimiento, sea la que gobierne nuestras decisiones.

Madre María, tú que aplastaste la cabeza de la serpiente con tu humildad, enséñanos a decir siempre 'Hágase en mí según Tu palabra'. Amén."

IV. Gesto de Bendición: Si se lleva a casa, se puede sugerir que el padre o la madre de familia haga una pequeña señal de la cruz en la frente de sus hijos y diga: "Eres hijo de Dios, no temas; Él pelea por ti".

Sugerencia para el "Recordatorio": Si decides imprimirla en volantes o tarjetas pequeñas para los fieles, podrías incluir este versículo al reverso: "Sométanse, pues, a Dios; resistan al diablo, y huirá de Uds." (Stg 4,7).

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