martes, 24 de febrero de 2026

II DOMINGO DE CUARESMA - A (01 de marzo del 2026)

 II DOMINGO DE CUARESMA - A (01 de marzo del 2026)

Proclamación del Evangelio San Mateo 17,1-9:

17,1 Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte a un monte elevado.

17,2 Allí se transfiguró en presencia de ellos: su rostro resplandecía como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la luz.

17,3 De pronto se les aparecieron Moisés y Elías, hablando con Jesús.

17,4 Pedro dijo a Jesús: "Señor, ¡qué bien estamos aquí! Si quieres, levantaré aquí mismo tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías".

17,5 Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y se oyó una voz que decía desde la nube: "Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta mi predilección: escúchenlo".

17,6 Al oír esto, los discípulos cayeron con el rostro en tierra, llenos de temor.

17,7 Jesús se acercó a ellos y, tocándolos, les dijo: "Levántense, no tengan miedo".

17,8 Cuando alzaron los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús solo.

17,9 Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó: "No hablen a nadie de esta visión, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos". PALABRA DEL SEÑOR.

REFLEXIÓN

Estimados amigos(as) en el Señor Paz y Bien.

Jesús exclamo: “¡Padre, glorifica tu Nombre! Entonces se oyó una voz del cielo: Ya lo he glorificado y lo volveré a glorificar" (Jn 12,28). La glorificación de Dios es la manifestación de Dios en el Hijo. Con justa razón dijo Jesús: “Padre así como tu estas en mí y yo en ti” (Jn 17,21). “Donde yo esté, estén también ustedes” (Jn 14,3) Con estas premisas podemos decir que la transfiguración es una escena en que Jesús se deja ver un momento en el cielo que es el estado glorioso. Para estar donde esta Jesús hemos de ser santos: “Uds. sean santos porque yo soy santo” (Lc 11,45).

La II Divina Persona es la manifestación del amor de Dios a favor de toda la humanidad: “Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para que el mundo se condene, sino que el que cree en Él se salve. El que cree en él, no será condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios” (Jn 3,16-18). Completando la idea, mismo Jesús dice: “Salí del Padre y vine al mundo (la parte Humana). Ahora dejo el mundo y voy al Padre (la parte Divina)» (Jn 16,28). La transfiguración se da en la segunda parte (gloriosa).

En el domingo anterior, Primer Domingo de Cuaresma El Señor nos enseñó con su ejemplo cómo debemos afrontar las tentaciones del demonio (Mt 4,1-11) Lo que claramente nos indica que el Hijo Único de Dios es hombre de verdad, que sintió hambre, pero que el enemigo quiso aprovecharse de esta carencia para someterlo y nunca pudo. El Hijo de Dios no solo se rebajó para ser uno como nosotros: “El, que era de condición divina, no consideró esta igualdad con Dios como algo que debía guardar celosamente: al contrario, se anonadó a sí mismo, tomando la condición de servidor y haciéndose semejante a los hombres. Y presentándose con aspecto humano, se humilló hasta aceptar por obediencia la muerte y muerte de cruz. Por eso, Dios lo exaltó y le dio el Nombre que está sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús, se doble toda rodilla en el cielo, en la tierra y en los abismos, y toda lengua proclame para gloria de Dios Padre: «Jesucristo es el Señor” (Flp 2,6-11). En todo igual a nosotros, menos en el pecado (Heb 4,15). Y en el credo confesamos esta verdad: “Descendió al infierno y al tercer día resucito de entre los muerto  y subió al cielo…”

Pues, fíjense que estas enseñanzas divinas se nos ilustra en dos partea: el domingo pasado en la parte humana del Hijo de Dios (Mt 4,1-11). Hoy  en el II domingo de cuaresma la manifestación de la parte Divina: Jesús tomó consigo a Santiago, Pedro y Juan… mientras estaban en oración se transfiguro… “ (Mt 17,1-9). Ya no es el Jesús tentado y con hambre, sino el Jesús transfigurado y glorificado, como un sol brillante en la cima del Tabor que es el cielo.

¿Cuál es el mensaje que acuña el evangelio de Hoy? Que este tiempo de cuaresma, tiempo de conversión, ayuno y oración, que es tiempo de ascensión al monte tabor (cielo); que en este tiempo de oración terminemos en la sima del tabor contemplando el rostro de Jesús transfigurado, y glorificado (Mt 17,1-9). Esta es la mayor riqueza de la vida espiritual de los hijos de Dios. Y así nos lo reitera mismo Juan: “Queridos míos, desde ahora somos hijos de Dios, y lo que seremos no se ha manifestado todavía. Sabemos que cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es. El que tiene esta esperanza en él, sea santo, así como él es santo” (IJn 3,2-3).

Qué maravilla saber que la riqueza espiritual que llevamos dentro del cuerpo mortal, un día tengamos que, como premio experimentar y contemplar a Jesús transfigurado, que no es sino el mismo cielo. Pero para eso hace falta despojarnos de lo terrenal y subir a orar, como Jesús esta vez acompañado de los tres discípulos preferidos: Pedro, Santiago y Juan. Lo maravilloso del Tabor es verlo iluminado con la belleza interior de Jesús. Allí se transfiguró, dejó que toda la belleza de su corazón traspasase la espesura del cuerpo y todo Él se hiciese luz ante el asombro de los tres discípulos y como Pedro exclamar: “Señor, ¡qué bien estamos aquí! Si quieres, levantare aquí mismo tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».” (Mt 17,4)

Toda oración bien hecha nos encamina al encuentro con el Padre, la oración debe transformarnos. La oración nos debe hacer transparentes. Transparentes a nosotros mismos, transparentes ante los demás, trasparentes ante Dios. En la oración debemos vivir nuestra real y verdad dimensión humana y divina por la gracia de Dios (Mt 5,23).

La transfiguración del Señor nos debe situar ante la verdad que viene de Dios: «Si ustedes permanecen fieles a mi palabra, serán verdaderamente mis discípulos, entonces conocerán la verdad y la verdad los hará libres» (Jn 8,31). Libres de las tinieblas, que es el infierno (Lc 16,19-31).

En la Transfiguración del Señor, Dios nos habla de que algo nuevo comienza, que lo viejo ha llegado a su fin: “A vino nuevo, odres nuevos” (Mc 2,22). Ahora en la transfiguración apareció el Antiguo Testamento: Moisés y Elías. Ellos son los testigos de que lo antiguo termina y de que ahora comienza una nueva historia. Ya no se dirá “escuchen a Moisés”, sino “éste es mi hijo el amado, mi predilecto: escúchenlo”(Mt 7,5). Ello aplicado a la Cuaresma bien pudiéramos decir que es una invitación a la oración como encuentro con Dios, al encuentro con nosotros mismos, además de un abrirnos a la nueva revelación de Jesús.

Cuestionario de Escucha Activa

  1. El Momento de Pausa: "En medio del tráfico, las cuentas y el ruido de Lima, ¿cuándo fue la última vez que sentiste que el tiempo se detuvo y experimentaste una paz que no era de este mundo?"
    • Objetivo: Identificar sus "momentos de monte Tabor" en la vida cotidiana.
  2. La Ceguera de la Rutina: "Si Jesús se transfigurara hoy frente a ti, ¿qué 'ruido' o preocupación de tu día a día crees que te impediría reconocer su brillo?"
    • Objetivo: Detectar los obstáculos espirituales específicos de su estrato social (ansiedad, materialismo, cansancio).
  3. El Deseo de Permanencia: "Pedro quiso armar chozas para quedarse en la gloria. En tu vida, ¿a qué etapa o momento de éxito te aferras tanto que te impide bajar al llano y seguir caminando?"
    • Objetivo: Explorar el apego y el miedo al cambio o a la pérdida de estabilidad.
  4. La Voz en el Silencio: "La voz del Padre dice: 'Escúchenlo'. Con tanta oferta de información y redes sociales, ¿qué frase o palabra de Jesús es la que tu corazón necesita desesperadamente escuchar de Dios esta semana?"
    • Objetivo: Filtrar el mensaje bíblico hacia una necesidad emocional concreta.
  5. El Rostro Tras la Máscara: "A veces nos presentamos ante los demás con una imagen perfecta. ¿En qué aspecto de tu vida necesitas que la luz de Dios 'transfigure' tus sombras o aquello que te avergüenza?"
    • Objetivo: Conectar con la vulnerabilidad mística; ir más allá de las apariencias.
  6. El Regreso al Llano: "Al bajar del monte, los discípulos volvieron a la realidad pero con una mirada nueva. ¿Qué situación difícil de tu familia o trabajo cambiaría si pudieras verla con los ojos de quien ha visto la gloria de Dios?"
    • Objetivo: Aplicar la mística a la acción social y familiar.

Cómo usar esta información para un mensaje místico

Una vez que recibas sus respuestas, no las uses como estadísticas, sino como puntos de contacto entre el cielo y la tierra. Aquí te sugiero cómo estructurar tu reflexión:

  • La Ascensión: Describe la subida al monte no como un viaje físico, sino como el despojo de las etiquetas sociales limeñas (el cargo, el apellido, el distrito) para quedar a solas con lo Divino.
  • La Visión (Mística): Utiliza sus descripciones de "paz" para explicar que la Transfiguración no es un evento del pasado, sino una irrupción de la eternidad en el presente. Usa la metáfora de la luz que atraviesa la neblina gris de Lima.
  • La Escucha: Si ellos mencionan ruidos urbanos, habla de la "oración del corazón" como el único lugar donde la voz del Padre es audible.
  • El Descenso: Termina con un llamado a la acción. La mística no es para quedarse en las nubes, sino para que, al volver a la Vía Expresa o a la oficina, sus rostros reflejen una luz que otros no pueden explicar.

Nota Espiritual: Recuerda que para el fiel, el reto es entender que lo sagrado no está reñido con su realidad, sino que es lo único que le da sentido a su esfuerzo diario.

Para que el borrador sea lo más profundo y conectado posible con tu comunidad en Lima, cuando tengas las respuestas de tus fieles, fíjate especialmente en estos tres puntos y compártemelos:

  1. Sus "sombras" recurrentes: ¿Qué es lo que más les pesa? (¿El miedo al futuro económico? ¿La soledad en la pareja? ¿El estrés del éxito?). Esto nos servirá para contrastar con la luz del Tabor.
  2. Sus "momentos de paz": ¿Dónde encuentran a Dios fuera del templo? (¿En el mar? ¿En el silencio de la madrugada? ¿En un abrazo?). Esto nos dará las imágenes poéticas para el mensaje.
  3. Sus "ruidos": ¿Qué les impide escuchar? (¿El celular? ¿La autoexigencia?). Esto nos ayudará a proponer una ascesis práctica.

¿Cómo procederemos? Una vez que engamos esos "insumos espirituales", estructuraremos la reflexión siguiendo este hilo místico:

  • El Ascenso: Dejar atrás la Lima gris y ruidosa para entrar en el silencio interior.
  • El Resplandor: Reconocer que la gloria de Dios ya habita en sus fragilidades.
  • La Voz: Qué les dice el Padre hoy, en 2026, en medio de sus desafíos actuales.
  • El Regreso: Cómo ser "luz del mundo" en una oficina, en un aula o en el tráfico de la Javier Prado.

Un tono directo y práctico permitirá que la Transfiguración no se quede en un cuadro bonito del siglo I, sino que se convierta en una herramienta de transformación para su propia casa en San Borja, Surco, o su oficina en San Isidro.

Para que el mensaje sea realmente movilizador, estructuraremos la reflexión bajo esta lógica de "Mística del Compromiso":

  1. El Monte como "Desconexión": Presentar la oración no como un lujo, sino como una necesidad de higiene mental y espiritual frente al estrés limeño.
  2. La Luz en lo Cotidiano: Identificar que el rostro de Cristo resplandece en la honestidad del trabajo y en la paciencia con la familia, no solo en el incienso.
  3. El Examen de Escucha: Un llamado directo a apagar las notificaciones del mundo para escuchar la voz del Padre que nos dice quiénes somos realmente (hijos amados), más allá de nuestros logros económicos.
  4. Bajar al Llano con Tarea: Un compromiso concreto. Si viste la luz, no puedes seguir tratando igual al subordinado en la oficina, al vigilante de la cuadra o al pariente con el que no te hablas.

Con estos puntos de referencia: economía, inseguridad, inestabilidad familiar y crisis de fe tenemos el "presupuesto" real que vamos a transfigurar con la luz del Evangelio. En Lima, estas preocupaciones no son solo noticias; son el ruido de fondo que no deja dormir a un padre o madre de familia de clase media y trabajadora.

"El Tabor en medio del asfalto"

1. El Ascenso: Dejar el "ruido de la calle" abajo

  • Punto práctico: Subir al monte con Jesús no es ignorar que Lima es insegura o que los precios suben; es tomar distancia para no dejar que el miedo sea quien tome las decisiones en casa.
  • Mensaje: "Hermanos, subir al monte hoy significa apagar el celular, dejar de contar los soles por un momento y permitir que Dios nos recuerde que somos más que nuestro presupuesto o nuestro miedo al robo".

2. La Transfiguración: Ver la luz en la crisis

  • Punto práctico: Jesús se transfigura para mostrar que el final no es la Cruz (el fracaso, la quiebra, la separación), sino la Gloria.
  • Mensaje: Nuestra fe no es ciega. Reconocemos que la situación familiar es inestable, pero la Transfiguración nos dice que esa no es la última palabra. Hay una luz que puede brillar incluso en una sala de casa donde ya no se habla, o en una billetera ajustada. Es la luz de la esperanza que nos hace creativos para solucionar problemas en lugar de rendirnos.

3. "Escúchenlo a Él": El antídoto contra la falta de fe

  • Punto práctico: La falta de fe suele ser falta de escucha. Escuchamos más a los noticieros sobre la inseguridad que la promesa de Dios de estar con nosotros.
  • Compromiso: Proponer un ayuno de "noticias trágicas" o de "quejas constantes" durante la semana, para sustituirlo por 5 minutos de lectura de la Palabra. "Si escuchas más al mundo que a Dios, es normal que tu fe se debilite".

4. Bajar al llano: Transfigurar el entorno (Compromiso Social y Familiar)

  • Punto práctico: No nos quedamos en la "choza" de la misa. Bajamos a una Lima que nos necesita.
  • Acciones concretas:
    • En la familia: Si hay inestabilidad, mi compromiso es ser "luz": menos gritos, más escucha, más perdón. Transfigurar mi hogar con paciencia.
    • En lo social: Frente a la inseguridad y la crisis, no cerrarnos en el egoísmo. Ayudar al que tiene menos, ser honestos en el trabajo (no alimentar la corrupción que genera inseguridad).
    • En la fe: La fe se fortalece dándola. Si veo a un vecino desanimado por la economía, mi palabra de aliento es mi "momento Tabor" para él.

Conclusión para el mensaje: "No podemos cambiar la economía del país mañana, ni eliminar la inseguridad de un plumazo, pero sí podemos transfigurar nuestra manera de vivirlas. Al salir hoy de esta misa, que tu familia note que has visto a Jesús: que traes paz donde había pleito y confianza donde había temor".

Vamos a darle cuerpo a este esquema. He redactado esta reflexión pensando en ese fiel que se sienta en la banca un domingo en Lima, con la mente dividida entre el Evangelio y la preocupación por el lunes.

Título: Transfigurar el miedo en esperanza: El Tabor en la Lima de hoy

El cansancio de la subida: Hermanos, subir al monte con Jesús no es un paseo de descanso; es un esfuerzo. Para nosotros, ese "monte" es llegar hoy a misa dejando atrás el tráfico de las calles de Lima, la preocupación por el recibo de la luz que sube, el temor por la inseguridad en nuestra calle o la tensión que se respira en la mesa de nuestra propia casa.

Venimos cargados. Pero Jesús nos invita a subir para que, por un momento, dejemos de mirar el suelo y miremos su rostro glorificado.

1. La Luz que atraviesa nuestra neblina: En el Tabor, los discípulos vieron a Jesús resplandeciente. No es que Jesús cambió, es que ellos por fin lo vieron como realmente Jesús es (Dios mismo).

Nuestra Lima a veces se siente gris, no solo por el cielo, sino por la falta de fe. Nos han hecho creer que solo somos lo que tenemos en el banco o lo que podemos perder en un robo. Pero la Transfiguración nos dice: "Tú eres más que tus problemas económicos". La luz de Cristo nos recuerda que, aunque la situación familiar sea inestable, hay una chispa de divinidad en nosotros que ninguna crisis puede apagar. La fe no es negar que hay problemas; es saber que los problemas no tienen la última palabra, el mal no triunfa sino el bien. El resplandor de la fe hará que el mal disipe y resplandezca el bien.

2. El peligro de las "chozas" (El compromiso): Pedro quiso armar chozas para quedarse allí. Es la tentación de la clase media: encerrarnos en nuestro "condominio espiritual", en nuestro grupo pequeño, y olvidarnos de la realidad de afuera.

Pero Jesús nos dice: "No se queden aquí". La mística de hoy no es para flotar en las nubes, es para bajar al llano, pisar tierra y fortalecer la fe de la familia.

  • Si te preocupa la economía, transfigúrala siendo honesto y solidario, no cayendo en la viveza o la avaricia.
  • Si te preocupa la inseguridad, transfigura tu barrio siendo un buen vecino, creando comunidad, dejando de vivir con el corazón cerrado bajo siete llaves.

3. Escuchar en medio del ruido: El Padre dice: "Escúchenlo a Él". ¿A quién escuchas tú durante la semana? ¿A los profetas del desastre en la televisión? ¿A los que dicen que todo está perdido en el Perú? O ¿al maestro que te hace ver la luz de esperanza?

La falta de fe nace de escuchar demasiado al mundo y muy poco al Maestro. El compromiso práctico de esta semana es este: Busca 5 minutos de silencio real. Apaga el celular. Deja que la voz de Jesús sea más fuerte que tu ansiedad por el dinero. Escúchalo decirte: "Levántate, no temas, Yo estoy contigo".

4. Bajar al llano: El rostro transfigurado: Hermanos, el éxito de esta misa no se mide por lo bien que nos sentimos aquí dentro, sino por cómo vamos a volver y entrar a nuestra casa dentro de un rato.

  • Si hay inestabilidad familiar, tu tarea es ser el primero en llevar la luz: menos crítica, más abrazo y ternura.
  • Si hay falta de fe, que tu confianza en Dios —a pesar de las dificultades— sea el milagro que convierta a los tuyos en una familia donde todos se sientan bien y digan en familia, que bien se está aquí.
Conclusión: Bajemos del monte o salgamos de la misa. La sociedad, familia nos espera con sus ruidos y sus sombras, pero nosotros bajamos distintos. Que cuando mañana te vean en la oficina o en la calle, no vean a alguien derrotado por la coyuntura, sino a alguien que ha visto la Gloria y sabe que, con Dios, siempre hay un camino nuevo.

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